Jorge Valín
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Jorge Valín

17/05/2003

El detestable negocio del estado: los impuestos

Jorge Valín*

 

Ya ha empezado la recaudación de los impuestos de la renta en la mayoría de países occidentales. El estado anuncia por prensa, televisión y radio la obligación de todos los ciudadanos a pagar su deuda con la sociedad (el estado mismo). Es la obligación de todo buen ciudadano, y si no lo haces serás castigado. Las acciones humanas son insatisfactorias para hacer una buena redistribución de rentas, sólo el estado puede repartir el dinero de forma eficaz y justa, ellos son Dios, y como tal no han de dar explicaciones de sus actos. Mediante su pseudo-economía keynesiana estatista reparten el supuesto pastel de la economía.

La recaudación de los impuestos directos, como el de la renta, y los indirectos, los que se asignan a los productos y servicios, no son más que un robo injustificado a la propiedad privada. Nadie sabe donde irá el dinero pagado al estado, ni siquiera como lo gestionará. En este sentido, la transparencia es nula. La condena por no hacer esta “contribución voluntaria” y solidaria está castigada con duras penas, pero, ¿la solidaridad no es un acto voluntario e individual?, cuando se refiere a impuestos está claro que no.

La imposición obligatoria de pagos al estado mediante impuestos es, pura y simplemente un robo. Es una expropiación forzosa a la propiedad privada tal como puede serlo un atraco a mano armada en la calle. Imagínese que cada año, por estas fechas, viene a su casa una persona y sin explicación alguna, ni posibilidad de diálogo o negociación, le ordena que le pague una cantidad de dinero determinada antes de un periodo de tiempo que él establece. Si usted se niega a pagar, entonces, será castigado.

El dinero pagado en impuestos es dinero perdido, pasa de ser un factor productivo a ser un factor inerte, muerto, estéril. Bajo ningún precepto se puede aceptar, moral ni económicamente, esta expropiación indiscriminada al individuo. Las transferencias obligatorias, y sin contrapartida directa, de la economía privada al sector público son un abuso de poder donde se castiga a la persona trabajadora arrebatándole la riqueza que se ha ganado con su esfuerzo y trabajo.

Pero más detestable resulta pensar que todo este montante se destina al engorde del estado y a los beneficios particulares de los funcionarios y burócratas. No satisfechos con esta recaudación puntual sobre las rentas obtenidas anualmente el estado quiere más aún. Para aumentar su recaudación usa dos sistemas adicionales. 1) gravando los productos y servicios a los que tiene acceso el consumidor mediante los impuestos indirectos penalizando los esfuerzos de las empresas y ralentizando el ciclo productivo. 2) entrando en continuos déficits y duras deudas estatales hipotecando, en consecuencia, las decisiones económicas de sus ciudadanos. Con los déficits y deudas estatales se mal gestiona la economía haciéndola entrar en periodos de fuertes “booms”y largas crisis. Este tipo de ciclo económico que dirige el estado y sus allegados (como bancos centrales, organizaciones financieras internacionales…) condicionan el ahorro, la inversión y gasto del consumidor impidiéndole disponer del dinero que legítimamente es suyo.

Cualquier robo a la propiedad privada e individual es injusto e inadmisible, y más aún si este se hace por la fuerza, amenaza o coacción. Cualquier método que pueda usar una persona, o la sociedad entera, contra este abuso es totalmente lícito: evasión fiscal, economía sumergida, o la pura defensa personal. El estado, y sus burócratas son unos ladrones, y ante tal acto de injusta usurpación cualquier individuo ha de poder defenderse mediante las herramientas que mejor considere, sean éstas legales o no.

 



[*] Jorge Valín. Economista seguidor de La Escuela Austriaca y Paleo-Liberalismo filosófico.
Articulista y autor de un manual sobre la Teoría de Elliot y de un Manual de Bolsa. Colaborador habitual del Instituto de Libre Empresa (ILE), Poder Limitado y Liberalismo.org entre otros.

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