| | |
| 26/02/2003
Hacia un total Laissez–Faire financieroSegún Jerry L. Jordania de la Reserva Federal de Cleveland, “la globalización está haciendo los bancos centrales obsoletos”. Ya muchos economistas de renombre se están preguntando cuan eficaz es una política monetaria dictada por un órgano central y la negativa repercusión de tales instituciones coercitivas sobre la economía. Así el mismo Jerry L. Jordania también dijo: “si la soberanía o la independencia monetaria -de los bancos centrales- no es digna de los mercados de capitales globales de hoy día y el señoraje es absolutamente pequeño en un mundo no inflacionista, entonces los costes y los riesgos asociados a un banco central y a una divisa nacional se convierten en un lastre difícilmente justificable para la economía”. Sin duda alguna la existencia de los bancos centrales sólo garantizan al sistema económico y financiero un aumento de riesgos y un estancamiento en la dinámica financiera que repercute sobre el ciudadano de a pie y sobre la economía en general. En 1991 George Benston identificó algunos de estos riesgos: Primero, las regulaciones de los bancos centrales limitan una variada y libre cartera reduciendo la flexibilidad de la banca ante situaciones adversas siendo, muchas veces, incapaces de maniobrar ante shocks no previstos. Segundo, los bancos centrales, forzando impuestos implícitos reducen los beneficios bancarios, y por tanto, reducen las plusvalías o dividendos para los accionistas así como provocan un encarecimiento de los productos y servicios destinados al consumidor final. Tercero, la creciente regulación crea un evidente riesgo moral (moral hazard) anteponiendo los beneficios del banco central al del sector bancario y al del usuario final. Además, el riesgo moral es también discrecional ya que muchas veces parece que las directivas o leyes del banco central no tienen la misma fuerza para bancos pequeños o grandes, teniendo estos últimos más libertades que los primeros en la aplicación de tales leyes. Cuarto, la continua supervisión de los bancos centrales, para evitar el fraude, promover la estabilidad financiera… sólo crea altos costes de transacción que endurecen más aún la labor de los bancos para su buen funcionamiento y rendimiento. A este punto hemos de añadir que es técnicamente imposible “controlar” toda la información resultante del conjunto global de las entidades crediticias y a la vez tomar mediadas rápidas para solucionarlas. Y es que estas mediadas siempre son a posteriori y sólo saben “arreglar el problema” burocratizando y complicando más toda la dinámica bancaria, creando, por supuesto, un mayor grado de riesgo moral, aumento del coste, y un decremento de opciones para el cliente del banco privado. En este punto quiero hacer hincapié en la enorme cantidad de factor humano y capital que se invierte en poner en marcha los decretos del banco central, y es que en ningún momento este órgano coactivo piensa en las repercusiones económicas que derivan de su mandato encareciendo en un nivel muy alto, y bajo pena de altas multas, el producto y servicio final. A estos puntos podemos añadir otros que repercuten de una forma más directa sobre la economía general: Primero, los desproporcionados costes de los bancos centrales sólo drenan dinero de la economía privada no aportando ningún beneficio directo o indirecto a ésta (proyectos, estudios…). Los presupuestos de estos órganos no sólo son inexplicables sino que además muchas veces no cumplen su presupuesto inicial. Podemos poner, por ejemplo, el caso de del Banco Central Europeo (BCE), donde en noviembre de 2000, el Consejo de Gobierno del BCE aprobó un presupuesto inicial de 336 millones de euros (cifra equivalente en dólares americanos) para el ejercicio 2001 quedando definitivamente el presupuesto final en 511 millones de euros, lo que representa un incremento de 175 millones de euros, es decir, más de un 52% del presupuesto inicial. Segundo, el papel del banco central, en su rol de banco de bancos y prestamista en última instancia, crea una evidente ineficiencia negativa en el management de los bancos privados ya que, en situaciones de inestabilidad o dificultad, la gestión se vuelve irresponsable. La razón es simple y es que, en un posible caso de quiebra, cualquier banquero sabe que el banco central siempre tendrá que salir en su defensa. Estas políticas de ayuda no siempre son claras y la intervención suele ser innecesaria aumentando un adicional riego irresponsable, la historia nos muestra un claro ejemplo en el caso del Long-Term Capital Management (LTCM) acaecido en 1998, cuando la FED salió al rescate del mismo creando más problemas que soluciones como nos muestra Kevin Dowd en un briefing paper llamado “Too Big to Fail? Long-Term Capital Management and the Federal Reserve”. Evidentemente si se impusiera un sistema de banca libre y no existiese este salvador todas las entidades tendrían que tener una gestión mucho más prudente en términos de riegos marginales. Tercero, los bancos centrales sirven a los gobiernos de instrumento para financiar de forma sucia o poco transparente sus déficits. El nacimiento de los bancos centrales fue en un principio para sufragar los gastos del estado, y es que los políticos han encontrado una forma ideal de financiarse sin necesidad de subir los siempre impopulares impuestos teniendo, de esta forma, engañada a la sociedad civil. Tengamos en cuenta que la creación de déficit para un país es tan o más perjudicial aún que las subidas de impuesto ya que, al aumentar la oferta monetaria se crea inflación crediticia repercutiendo ésta sobre la, mal llamada, economía real (cuando la financiera también es real) y alterando la dinámica económica. Cuarto, las políticas monetarias de los bancos centrales no respetan el ciclo relativo de producción entendiendo la dinámica productiva como un esquema estático y simplista (tal como el flujo circular de la renta) relativamente jerárquico, y no relativo. No todas las empresas tienen el mismo ciclo y no a todas les repercute por igual una variación en los tipos de interés impuestos unilateralmente por el banco central, a saber, sin respetar el tipo de interés natural, que éste no es más que el que impondría el mercado de no existir un banco central, obteniéndose así un pleno desajuste continuo. Quinto, y relacionado con el punto anterior, los bancos centrales al regular la política montería de forma arbitraria fuerzan los ciclos creando periodos de fuertes alzas económicas y largos periodos de estancamiento. Este punto merece que lo comentemos un poco más. Las herramientas usadas para el control de la economía, muchas veces son usadas a través del estudio de la macroeconomía, estudios que debido a su amplitud nos ocultan la realidad económica no permitiendo diferenciar entre tipos de inversión, consumo, preferencias… A este punto añadir que muchas variables que se usan actualmente no son ciertas como la suposición que el agente económico es siempre un ser racional en sus decisiones. Tal y como dice el último Premio Nóbel de economía, el Dr. Kaneman, ¿qué pasa cuando las decisiones del agente económico no son racionales? Esto nos muestra la arbitrariedad en las decisiones de los bancos centrales, estos organismos centrales intentan tener una radiografía exacta de la economía intentando controlar o medir los agregados monetarios. Pero éstos realmente no expresan la totalidad de la circulación monetaria de un país y como ejemplo nos referiremos, por ejemplo, al actual y creciente dinero privado (dinero electrónico básicamente). El gran problema añadido es que no hay técnica suficientemente avanzada para medir el dinero exacto que hay en un país, preferencias del consumidor, del inversor… ya que muchas variables se escapan del control. También hemos de sumar, además, que si ya somos incapaces de conocer las variables presentes tampoco será posible saber el comportamiento futuro de los agentes económicos o, aún más, los acontecimientos intrínsicos y extrínsecos de la economía, ¿o es que alguien del banco central predijo el crac del 87, la crisis tequila…?. Sólo el mercado es capaz de reaccionar con la suficiente rapidez como para dar solución a estos problemas y no un banco central que toma medidas cuando el problema ya está arreglado. Sencillamente el control de la economía es imposible ya que la información a medir es muy dispersa y variada. Como ya dijo J. Chamberlain “…es como saber cuanto dinero se gastará un niño en caramelos sin saber el precio de los caramelos, que preferencia tiene por ciertos caramelos o siquiera, el dinero que lleva el niño en el bolsillo”. El hecho que las políticas monetarias impuestas distorsionen el ciclo económico creando periodos de fuertes alzas y bajas económicas y financieras es un tema ampliamente estudiado y denunciado por los economistas de la escuela austriaca, enfatizado por Ludwig von Mises y F.A. Hayek. Esta visión se versa en el mecanismo de Wicksell donde la creación de crédito (que luego generan depósitos y no al revés) son las causas de las crisis económicas. Nosotros, por otra parte, defendemos la posición de G. Selgin y L. White, donde el autentico culpable de estas crisis no son los bancos privados, sino los bancos cenarles. Son estos y no otros los que modificando la oferta monetaria arbitrariamente crean un exceso de base monetaria (incrementando el crédito) originando booms económico que no están respaldados por un crecimiento real. Por el contrario un sistema de banca libre, sin banco central, puede mitigar la contracción monetaria presionando al alza los tipos y eliminado así el desequilibrio mientras también se provee al mercado de la disciplina necesaria (estabilidad) para prevenir los excesos de la creación de dinero, es decir, se crea una libre auto-regulación monetaria en el mercado. En conclusión, y tal como hemos podido ver en esta breve descripción,
podemos decir que ya es totalmente innecesaria la existencia de un banco
central tal y como defienden muchos otros estudiosos de la economía.
Y es que sólo un sistema de banca libre y privada puede permitir
la estabilidad de precios y el perfecto funcionamiento de la economía
siguiendo en todo momento una perfecta adecuación al ciclo económico
evitando periodos de booms y crisis o inflaciones innecesarias
manejadas al gusto de los bancos centrales. La experiencia, en estos sentidos,
nos enseña que un banco central muy lejos de estabilizar la economía
sólo genera distorsiones, altos costes y pérdida de libertad
y calidad debilitando la innovación financiera y las enormes posibilidades
de la banca y del mercado. |
| [*] Jorge Valín. Economista seguidor de La Escuela Austriaca y Paleo-Liberalismo filosófico. Articulista y autor de un manual sobre la Teoría de Elliot y de un Manual de Bolsa. Colaborador habitual del Instituto de Libre Empresa (ILE) y Poder Limitado entre otros. |
Enviar a un amigo
| Web Configurada para resolución óptima de 1024x768 | |