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| 19/04/2003
La mafia consentidaEn todos los países del mundo existen fuertes leyes contra aquellos grupos que obligan a otras personas, o empresas, a someterse a sus mandatos vejatorios o a pagar dinero para que se les proteja de ellos mismos. A estos grupos se les llaman mafias. Pero, ¿quien nos protege de la otra mafia; la mafia consentida? La mafia consentida no es sólo el estado, sino también son aquellos otros grupos de presión que, por medio de una tácita violencia y evidente coacción, impiden expresar la libertad individual, la creatividad empresarial y el libre desarrollo del mercado. Este grupo de mafiosos son los sindicatos, los bancos centrales y las organizaciones supranacionales como el FMI o el Banco Mundial. Todos ellos siempre apadrinados bajo el consentimiento del estado. Mediante el juego democrático, y atropello del individuo, esta mafia se autoproclama “la representante del pueblo y sus intereses”. Los sindicatos defienden a los trabajadores, la patronal a los empresarios, los reguladores financiaros a los inversores… Pero, sin duda alguna, tanto el mercado como la sociedad son totalmente capaces de defenderse por si mismos, mediante, por ejemplo, “la mano invisible” de Adam Smith. Nadie necesita de ningún altruista colectivo para defenderse, y es que nadie puede defenderse mejor que uno mismo. A esto, y por si la intromisión de estos órganos colectivistas en el mercado y las vidas de los individuos no fuera suficiente, se sobre-financian con nuestro dinero coaccionándonos y amenazándonos si mostramos rechazo ante tal robo. Posteriormente, el dinero, lo gestionan con desidia y desgana quedando al margen del único “control real” que sólo el mercado libre puede otorgar. Pero ¿bajo que autoridad actúan estas fuerzas coercitivas para impedir la libre movilidad de las personas (inmigración), el libre mercado, libre pensamiento…?. Nos lo justifican diciendo que ellos expresan la voluntad de la mayoría, esto es: la democracia. Pero ¿democracia fue, como muy bien apunta Tullock en Governament Failure, la victoria de Allende con sólo el 36% de los votos?, En todos los países cada vez se ejerce menos el derecho al voto, y es que, la búsqueda de intereses del funcionario, el logrolling del político, o la irracionalidad del sindicalista son cada vez más evidentes creando un mayor desprecio hacia estas fuerzas colectivas en una sociedad que sólo reclama, según la trayectoria actual, mayor libertad. De ninguna otra forma se explica la creciente Globalización, movilidad de capitales, aumento de organizaciones no gubernamentales… en los últimos años. Todavía la mafia consentida está ampliamente extendida por doquier donde vayamos, ésta toma diferentes formas pero siempre tiene la misma finalidad: auto-enriquecerse de forma coercitiva a través de la sociedad y economía privada protegiendo sus intereses y el de los suyos con un absoluto desprecio por la libertad y dignidad de los individuos. Existe un hecho diferencial que les separa de la mafia comúnmente entendida y que la hace aún más aborrecible. Éste es el continuo intento de tildar de sociópatas, traidores o antisociales a aquellos quienes luchan contra ella. Quien está en contra de los fuertes impuestos que es un egoísta, el que aboga por una sanidad o educación privada, competitiva y libre es una persona cruel… Pero qué no hay más cruel que un sistema que obliga a las empresas pequeñas a sumergirse porque no pueden pagar los altos costes de transacción e impuestos que impone el estado, sindicatos… Qué no más cruel hay que matar la libertad empresarial levantando monopolios públicos como el de la enseñanza o sanidad a pesar de existir un importantísimo mercado privado latente. Todo ello restringiendo, además, a los individuos de la libre elección al consumo e inversión. El único sistema realmente democrático y efectivo sólo será lo que Mises llamó el Plebiscito del Consumidor y no la dirección de unos pocos burócratas que carecen de información y ganas de hacer nada positivo. El estado, con el dinero usurpado a la economía privada, crea escuelas donde sólo se enseñan los valores que justifican y explican de forma arbitraria la existencia del estado quedando excluidos los valores de libertad, individualidad y libre empresa. La mejor muestra la encontraremos, por ejemplo, en las universidades públicas de economía. Un vistazo por la biblioteca nos mostrará libros de Marx, Keynes, Galbraith, Stiglitz, Samuelson… Sumémosle los educadores universitarios, defensores en su gran mayoría del socialismo, la coacción gubernamental o la injusta redistribución de la renta. Económicamente defienden en su mayoría la metodología abstracta y son amantes, pese a sus evidentes incapacidades, de la teoría del equilibrio general o parcial. Olvidan los valores y métodos de Bastiat, Say, Menger, Mises, Hayek, Rothbard… algunas veces, incluso, sin conocerlos siquiera. Bajo la única premisa de la búsqueda de los propios intereses, como insiste continuamente el Public Choice, estas organizaciones criminales drenan impunemente factores al mercado (que sin duda serían mucho más ventajosos, productivos y eficientes, en manos privadas) restringiendo la libertad de elección. Mediante los impuestos, tasas, tributos o como quieran llamarlos (ya que las diferencias de éstos no son más que una excusa para conseguir más dinero) el estado consigue montos de dinero que gestiona a sus anchas y de forma arbitraria operando siempre de forma ineficiente manteniéndose (o des-manteniéndose mejor dicho) con ingresos marginales negativos, muestra de la incapacidad de gestión, (de la que, por otra parte, ningún empresario puede permitirse el lujo) tal y como ya dijo el Premio Nóbel R. Coase. Pero no satisfecho con los ingresos recaudados por los impuestos el estado necesita más aún. Incurre, entonces, en déficits crónicos aumentando irresponsablemente su deuda desestabilizando la oferta monetaria, creando ciclos “maniaco-depresivos”, como arguye Jesús Huerta de Soto, con tremendas alzas y fuertes shocks impidiendo la libre decisión del agente económico sobre el ahorro y la inversión. La principal justificación con la que siempre se ha escusado la mafia consentida de la presión y ahogo sobre el individuo y la empresa privada es la redistribución de la renta y el estado del bienestar. Y es que parece mentira que después de 70 años de continua ineficacia y comprobación empírica del fallo de las políticas enfocadas desde la demanda estos grupos aún se escuden en estas teorías (como la del sub-consumo o la del multiplicador) para seguir actuando y usurpando el dinero al individuo con el único fin de conseguir más votos. Ciertamente este hecho se vuelve más evidente en épocas de elecciones cuando estos grupos, como los partidos políticos, sindicatos, reguladores financieros… se vuelven irracionalmente proteccionistas y populistas prometiendo absurdos imposibles de cumplir. El ejemplo más claro es el que ha ocurrido actualmente en Alemania, donde incluso la oposición quería interponer una querella al SPD de Schröder por incumplimiento de sus promesas electorales. Es curioso ver como, además, estos grupos siempre se separan de los criterios que ellos mismos imponen al resto de la sociedad, como por ejemplo la máxima de transparencia. Todos los estados regulan continuamente a la empresas privadas para que estas tengan mayor transparencia frente a sus clientes (como si ellas mismas no fueran las principales interesadas en este menester para poder vender más) y en cambio las mafias consentidas siempre tienen unas opacas políticas de funcionamiento, ¿en que “invierten” (a parte de en ellos mismos) mi dinero pagado mediante impuestos?, ¿cómo gestiona la seguridad social mi dinero expropiado, o quien más se beneficia de éste?, ¿dónde va el dinero otorgado a los sindicatos para formación?, cursos, que por otra parte, no llegan a impartir nunca (tal y como se ha visto recientemente en España donde una gran cantidad de fondos de la Unión Europea destinado a los sindicatos para formación a desaparecido. Sin más). Pero estos privilegios no sólo se extienden al ramo económico sino también al legal. Qué tiene de especial un diputado español, por ejemplo, que no tenga cualquier otra persona para que no pueda ser encarcelado por la violación de una ley. Sin duda, esto no es justificable desde ninguno de los puntos de vista posibles. Ningún sistema basado en la coacción, el robo o en una élite impuesta puede ser un sistema duradero y efectivo, aunque se quiera camuflarlo con el nombre de estado del bienestar o democracia. Sólo el orden espontáneo de la sociedad y el mercado puede dar la suficiente libertad e igualdad a todos los individuos y empresas. Sin duda, la sociedad, para seguir adelante y desarrollar al máximo
sus posibilidades lo que menos necesita son grotescos intervencionistas
colectivos, que bajo la máscara de altruistas benefactores intenten
solucionar los problemas (que muchas veces ellos mismos crean), y más
aun, cuando detrás de esta máscara sólo existe un
grupo de desalmados mafiosos interesados únicamente en sus propios
intereses. |
| [*] Jorge Valín. Economista seguidor de La Escuela Austriaca y Paleo-Liberalismo filosófico. Articulista y autor de un manual sobre la Teoría de Elliot y de un Manual de Bolsa. Colaborador habitual del Instituto de Libre Empresa (ILE), Poder Limitado y Liberalismo.org entre otros. |
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