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| 04/09/2004
Arnold Schwarzenegger, la Convención Republicana de Nueva York y el liberalismo. La mentira del político.
Al principio del discurso, Schwarzenegger también ha dicho resumiendo:
Pero un momento. ¿Nixon defensor de la libertad?, ¿reforzar el ejército? Fue Nixon quien dijo: “ahora todos somos keynesianos”, fue Nixon quien acabó del todo con el Patrón Oro, y fue Nixón quien se dedicaba a espiar a sus adversarios con dinero público (Watergate). Hay algo que no encaja aquí con mi idea de libertad y responsabilidad. “Estoy orgulloso —dice Schwarzenegger— de pertenecer al partido de Abraham Lincoln, Teddy Roosevelt, Ronald Reagan y George W. Bush (enfatizando la ‘W’)”. Lincoln, el asesino que desató una guerra, el primer gran falsificador de dinero americano (creador de inflación), el que permitía el esclavismo discrecional, el que subió los impuestos, o incluso llegó a decir “que los efectos proteccionistas de las tarifas convertían los productos en más baratos”. Lincoln fue el primer proto–socialista americano que empezó el fin del pacífico legado jeffersoniano de una América Libre. Lincoln re–implemento el intervencionismo (llamado viejo mercantilismo entonces). Recordemos qué es el intervencionismo, según Rothbard:
Con esa definición en mente, ¿qué diferencia hay entre Kerry y Bush? ¿O entre el partido del gobierno español, argentino, venezolano, francés, alemán… y sus respectivas oposiciones? Schwarzenegger en su discurso también ha dicho estar orgulloso del legado de Teddy Roosevelt. "No quiero usurpar el poder —dijo Roosevelt— pero he expandido el uso del pode ejecutivo”. ¡Ostras! Pues para no querer expandir su poder algo ha hecho muy mal. Teddy Roosevelt consideraba al Gobierno de la Nación como “el gran árbitro en la economía” y así fue conocido como “el administrador de la gente” —especialmente en el campo de la distribución de la riqueza y “creación de trabajo” ¡Su visión era superior a los simples mortales! T. Roosevelt también fue el campeón de la lucha contra los monopolios que llamaron “trust-busting” —impulsando la famosísima “Sherman Act”; y todo economista conoce las consecuencias de esa nefasta ley. Sus leyes reforzaron el noviazgo entre empresa y estado en decremento a la natural relación entre empresa y consumidor. La consecuencia de sus leyes dieron como resultado todo lo contrario a lo que había dicho y pretendido en un principio. No puedo calificar mejor a Ronald Reagan. Otro que tenía discursos emotivos como los de Schwarzenegger. Pero los actos de Reagan no fueron menos criminales que los de cualquier otro político. ¿Qué significan las palabras de los políticos? Nada. ¿Cuánto perjudican sus actos a la libertad individual y a la libre empresa? Demasiado. Las palabras como libertad, solidaridad, bienestar, libre empresa… son palabras carentes de significado cuando las usa un político, tecnócrata, o cualquier otro que pretenda hacer ver que su robo y sus asesinatos son mejores porque son para el bien común. Es cierto que en Europa y América Latina los políticos son peores aún, si cabe, que en Estados Unidos. Pero, ¿hemos de pensar que el asesino ocasional, es “mejor” que el asesino en masa y a la vez defender al primero? ¿Hemos de pensar que el ratero que atraca a punta de navaja es menos ladrón porque no está dirigido por la Mafia que atraca con armas de fuego automáticas, y otra vez, defender al primero (al ratero)? Precisamente porque creo en la libre empresa, solidaridad voluntaria, en la libertad individual y la responsabilidad de cada uno soy liberal. Cualquiera que me obligue a hacer ver, y obligue a acatar sus ideas y actos que no comparto porque según él, estas ideas e imposiciones, son más elevados que mi propia persona aun perjudicándome en nombre de algún fin superior, y a la vez, canalizarlo todo a través de un “intermediario, administrador o árbitro elegido por la mayoría” sólo está defendiendo una idea muy nociva y antigua que tiene muchos nombres: tiranía, esclavitud, servidumbre… Y la mejor forma para llevarlas a cabo, sólo es el gobierno o estado (omnipotente y limitado también). El estado y gobierno no son mi conciencia, sino la representación violenta y organizada de los grupos de presión. La mejor arma para combatir esta opresión es la ausencia de aparato opresor, esto es, el no–estado y la no–política. Éstas han de ser sustituidas por las decisiones pacíficas de la sociedad y libre mercado capitalista. Aunque a alguien pueda parecerle “mala” la libertad individual, la realidad es que su ejecución sólo afectará a quienes realizan tales acciones sin involucrar a nadie más. Y más allá aún, las decisiones libres y descentralizadas mayoritariamente siempre son en pro del progreso, cooperación y bienestar —articuladas por la mano invisible smithiana del libre mercado. Pero no lo son por mandato de un "gobierno sensato", ese concepto es imposible de alcanzar, sino por la interacción voluntaria de la gente en sociedad y la actual evolución del capitalismo. Los valores del estado nacen de un solo concepto antihumano: el socialismo. Se le puede llamar como quieran: tercera vía, camino intermedio, proteccionismo, pragmatismo… y se puede disfrazar a este antihumanismo con las palabras que quieran también: igualdad, solidaridad impuesta, discriminación positiva, o incluso libertad. Pero sólo hay una libertad, la libertad individual; y ésta
es la que expresa el liberalismo. Ser liberal simplemente es no admitir
la agresión
de los demás y también, pensar que cuando esta agresión
se produce, podrá ser respondida sin involucrar a nadie que no
lo desee. |
| [*] Jorge Valín. Economista seguidor de La Escuela Austriaca y Paleo-Liberalismo filosófico. Articulista y autor de un manual sobre la Teoría de Elliot y de un Manual de Bolsa. Colaborador habitual del Instituto de Libre Empresa (ILE), Poder Limitado y Liberalismo.org entre otros. |
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