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| 29/09/2003
Propiedad Privada, Transgénicos y José Bové—Carta abierta a Josep Maria Bayona—
Apreciado Sr. Josep Maria Bayona, No puede evitar el otro día leer su artículo intitulado “Astérix contra los transgénicos”[§] publicado el 29 de agosto del presente año, en el periódico gratuito Metro. Siendo franco, permítame decirle que encontré su artículo malo, muy malo. Su breve escrito está cargado de una gran dosis de dogmatismo científico haciendo, además, apología de la violencia en contra de las empresas privadas, y por extensión de la propiedad privada del individuo. Me gustaría a continuación comentarle una serie de puntos que creo que son de vital importancia sobre su artículo.
Usted descalifica a las empresas que elaboran productos transgénicos aduciendo que éstas usan “…a los ciudadanos como conejitos de Indias […] vulnerando nuestro derecho a comer sano y a tener una producción agrícola diversificada que preserve el medio ambiente”. En primer lugar, creo que no ha acabado de entender el objetivo que tienen las empresas privadas en nuestro sistema. Las empresas privadas no sacan beneficio alguno haciendo experimentos con sus clientes, más bien la empresa privada siempre intenta satisfacer al consumidor lo mejor que puede para conseguir así una recompensa. La empresa que mejor se adapte a su cliente será la que el consumidor premiará con sus votos, es decir, con su dinero. Este no es un proceso coactivo o criminal, sino un acto totalmente libre y democrático donde el consumidor siempre tiene la última palabra. Si todo el mundo piensa como usted, es decir, que estas firmas privadas son desastrosas inevitablemente acabarán fracasando y los productos transgénicos desapareciendo, aunque realmente mucho me temo, a pesar de sus sentimientos, que los alimentos transgénicos están siendo cada vez más aceptados, y por lo tanto, teniendo cada vez más éxito. Por otra parte, y siguiendo con la referencia que he realizado anteriormente, usted también añade que las empresas que elaboran productos transgénicos están “vulnerando nuestro derecho a comer sano”. Sinceramente nunca había oído hablar de tal derecho, ya sea como derecho legal o natural. De aquí se deduce su pretensión de crear una ilimitada lista de derechos del hombre dictada por algún “órgano superior”, como por ejemplo el estado usurpando, de esta forma, la libertad al individuo y convirtiéndolo en un esclavo de este jerarca (estado), donde nadie, excepto el jerarca, tiene derecho a opinar o actuar. Éste es uno de los muchos puntos del artículo donde se descubren sus intenciones, donde por medio de la demagogia, intenta parametrizar y dictar al individuo lo que no ha de hacer, lo que sí, y como ha de hacerlo, es decir, se muestra su intención de planificador social i económico considerando que sólo puede haber una élite auto–elegida para gobernar al resto de hombres. Usted añade que tal derecho —obtenido ex nihilo— nos ha de garantizar “una producción agrícola diversificada que preserve el medio ambiente”. En este sentido, no es la expropiación o el férreo control estatal lo que nos puede garantizar una rica producción agrícola y diversidad ambiental, más bien al contrario. El uso de la coacción estatal o la imposición de las voluntades tecnócratas sólo perjudican a un grupo en contra del otro en el corto plazo, y a ambos en el largo plazo. Más bien es la libertad de acción y elección lo que garantiza la prosperidad, de lo contrario corremos el riego de caer en la tragedia de los bienes comunales que definió Garret Hardin. En este caso, como en todos, sólo la privatización y la libertad individual absoluta nos pueden garantizar que las empresas cuiden de su producto —producción agrícola— para podérselo ofrecer a su demanda, el consumidor. Siempre que haya una necesidad real (demanda) siempre existirá alguien dispuesto a ofrecerla al mejor precio (oferta). Sobre este punto me gustaría comentar no sólo la vertiente teleológica de la producción agrícola, sino también uno de sus elementos causales, es decir, el producto transgénico en si mismo. Y es que precisamente es el propio producto transgénico el que nos puede permitir “tener una producción agrícola diversificada que preserve el medio ambiente”. Como dice Gregory Conko, director de Política de Seguridad Alimenticia en el Competitive Enterprise Institute en Washington, D.C.: “Los beneficios —de la biotecnología— han sido tan grandes que los agricultores han hecho que las semillas diseñadas biológicamente sean la tecnología agrícola adoptada más rápidamente en la historia. Para el 2002, tan sólo siete años después de su introducción al mercado, unos 5,5 millones de agricultores en más de una docena de países han plantado más de 145 millones de hectáreas con cosechas alteradas biológicamente, o transgénicas. Ese año, el 34% del maíz, 71% del algodón y el 75% de los frijoles de soja cultivados en Estados Unidos fueron variedades transgénicas. Esta clase de maíz, algodón y soja han incrementado los rendimientos, reducido el uso de químicos agrícolas y han ahorrado tiempo, recursos y dinero a los cultivadores. El incremento de la productividad hecho posible por estos avances ha permitido que los agricultores cultiven mucho más alimento y fibra en menos tierra, y cada uno de esos beneficios ayuda a atenuar la huella ecológica de la agricultura[1] .” Otro aspecto totalmente positivo de la creación de productos transgénicos es la posibilidad del desarrollo del tercer mundo[2]. Es evidente que el desarrollo de los productos transgénicos pueden ser la puerta de salida de la pobreza de los países subdesarrollados, pero no sólo basta la idea, sino que es necesaria la acción, y está jamás tendrá que ser impuesta por la fuerza pública, sino por el libre desarrollo privado básicamente mediante la inversión extranjera. Lo que realmente necesitan estos países es capitalización privada para desarrollar un tejido productivo no centralizado que cree riqueza de verdad, es decir, valor. Lo contrario sólo llevará a una continuación de la situación actual. Incluso la rígida OMC (Organización Mundial del Comercio) acepta que África sería la región más beneficiada por el desarrollo de los productos transgénicos permitiendo hacer frente a la propagación de enfermedades como el sida, la malaria, la tuberculosis entre otras. Efectivamente no sólo los productos transgénicos pueden permitir alimentos mejores en calidad y precio, sino también reducir enormemente los problemas de salud que asolan los países subdesarrollados. Como dice el Profesor Thomas R. DeGregori: “If technology is killing us, why are we living longer?” (si la tecnología nos está matando, ¿por qué vivimos más tiempo?). Pero en contra de todo este proceso usted, seguramente, quiera mantener la actual situación de servidumbre de unos grupos respecto a otros, llevando a toda la sociedad europea al inevitable ocaso al que nos dirigimos. Gracias al estatismo actual cada familia española paga una media de 20 euros semanales para mantener el desfasado y rígido sistema de agricultura creando un importante riesgo moral (moral hazard) y por lo tanto dando lugar a estafas sobre las subvenciones. Además, el actual estatismo, también impone cuotas a los productos agrícolas extranjeros elevando su precio para el consumidor y permitiendo que los países exportadores (generalmente subdesarrollados) se vean por fuerza más empobrecidos ya que no pueden colocar la totalidad de sus excedentes en el extranjero. Esto, inevitablemente, obliga a que los trabajadores submarginales —niños por ejemplo— se vean impulsados a cultivar y recoger otro tipo de productos como, por ejemplo, aquellos que generan las tan conocidas drogas ilegales y que posiblemente también quiera usted regular.
Su artículo se centra básicamente en la figura del conocido militante anti–globalización José Bové ya quiera llamarlo Astérix de Larzac o más propiamente Atila el Huno. Francamente, la demagogia triunfalista que hace de esta desalmada figura sindicalista no tiene parangón alguno. Exagera y distorsiona la realidad cuando se refiere a él justificando sus despreciables actos violentos contra la propiedad privada y contra la libertad. En su artículo intenta disculpar al sindicalista radical apuntando: “…la condena se le ha impuso por la destrucción simbólica de una plantación de arroz transgénico propiedad de un laboratorio de investigación”. Primero de todo hemos de recordar que decenas de simpatizantes de varias ONG’s ya habían ocupado los mismos terrenos causando daños materiales. Justificando esta acción, y en la misma línea de argumentación cualquiera está autorizado, pues, a instalarse en su casa y a hacer una “destrucción simbólica” en la misma, teniendo usted que dormir, de forma simbólica también, en la calle. La propiedad privada es el logro de cada individuo, y jamás puede haber una violación de la misma, ya provenga del estado o de cualquier otro grupo de presión minoritario, y es que como ya he comentado anteriormente si una empresa con ánimo de lucro o sin él (laboratorio de investigación privado por ejemplo) no ofrece lo que reclama su cliente o benefactor inevitablemente el productor o investigador se verá forzado al cierre obligado, y eso no es un acto coactivo ni opresivo como los del señor Bové, sino que es un acto individual, pacífico e interpersonal donde, de mutuo acuerdo, actúa el consumidor y el oferente, es decir, interviene la acción humana sin la coacción o amenaza de terceros. Tal vez los actos del señor Bové, y de los anti–globalización por extensión, le parezcan muy modernos y saludables para “ajustar” el sistema actual, pero desde mi punto de vista están atrasados veinte siglos. En ningún sentido se puede aceptar el destrozo o mutilación de la propiedad privada, y cualquier defensa, cualquiera, ante este ataque es legítimo. Como usted muy dice el señor Bové no tuvo el castigo adecuado, porque a lo que a mi respecta la pena se la tenían que haber multiplicado por cien. Tal individuo es un terrorista consentido por una minoría radical, un demagogo egocéntrico y narcisista capaz de llevar su ideología a sus últimas consecuencias a cualquier precio. Por otra parte, tampoco es cierto como usted apunta: “que casi todo el mundo en Francia esperase su liberación”. ¿Cómo sabe realmente si todo el mundo esperaba su liberación? En Francia hay más de 53 millones de habitantes legales, y en dicha manifestación, en el mejor de los casos, hubo 200.000 personas, muchas de ellas no francesas por cierto. Lo que es una vergüenza es que el señor Chirac acabase cediendo a los grupos de presión, circunstancia también previsible teniendo en cuenta el modelo de político europeo, el cual está demasiado interesado en sus propios logros personales cediendo sistemáticamente a la sinrazón de pequeños grupos chillones.
Ningún planificador social ni económico es capaz de desarrollar el crecimiento y bienestar de un país, ni tampoco es capaz de redistribuir la eficiencia o riqueza, sólo la libertad en sí, y la libertad por excelencia, la libertad individual pueden guiar a un país, a sus oferentes y a sus demandantes a una total situación de satisfacción.
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| [*] Jorge Valín. Economista seguidor de La Escuela Austriaca y Paleo-Liberalismo filosófico. Articulista y autor de un manual sobre la Teoría de Elliot y de un Manual de Bolsa. Colaborador habitual del Instituto de Libre Empresa (ILE), Poder Limitado y Liberalismo.org entre otros. |
[§] El artículo del señor Bayona, por lo que veo ahora (20.06.04), ha sido cambiado. Ahora se llama "José Bové no és un terrorista" (el artículo está escrito en catalán). No se si se ha modificado también el contenido.
[1] Gregory Conko. —Los Beneficios de la Biotecnología—. Revista Regulation, Primavera 2003. Las negritas son mías.
[2] Transgenic Plants and World Agriculture. Documento preparado por: La Royal Society of London, la US National Academy of Sciences, la Brazilian Academy of Sciences, la Chinese Academy of Sciences, el Indian National Science Academy, la Mexican Academy of Sciences y el Third World Academy of Sciences. Aunque el estudio acierta en el uso de los productos transgénicos para la disipación de la pobreza falla totalmente en el medio para desarrollarla, es decir, a través de medios públicos.
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