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| 30/01/2005
La responsabilidad del estado y Herbert Spencer
“Si un alumno de farmacia, después de escuchar la descripción de ciertos dolores que atribuye erróneamente a un cólico, cuando son producidos en realidad por una inflamación del caecum, prescribe una purga enérgica y ocasiona la muerte al enfermo, será declarado culpable de homicidio por imprudencia temeraria. No le valdrá como excusa su buena intención, ni le salvará decir que todo ha sido un simple error en el diagnóstico. Se le dirá que no tenía derecho para exponer al enfermo a desastrosas consecuencias, entrometiéndose a ejercer una profesión sin conocimientos suficientes para ello. Se desechará su alegación de que ignoraba cuan grande era su ignorancia, pues la experiencia común a todos hubiera debido enseñarle que aun las personas competentes, y mucho más las que no lo son, cometen errores en el diagnóstico de las enfermedades y en los remedios que prescriben, y habiendo desatendido la advertencia dada por esta experiencia común, es responsable de las consecuencias.” “Es juzgada con excesiva diligencia la responsabilidad de los legisladores por los males que puedan causar. En la mayor parte de los casos, lejos de creer que merecen castigo por los desastres que acarrean con leyes inspiradas tan sólo en su ignorancia, casi no les creemos dignos de censura. Se admite que la experiencia común habría debido enseñar al alumno de farmacia, poco instruido, a no dar un medicamento; pero no se admite que la misma experiencia debería enseñar al legislador a no intervenir en aquello que no entiende. Aunque multitud de hechos, tomados de la historia de su propio país y de la historia de los demás, habrían debido convencerle de los inmensos daños causados por la apreciación errónea de los males sociales y su tratamiento, no se estima censurable que haya olvidado estas advertencias comunes contra una injerencia poco inteligente y prematura. Por el contrario, se reputa como un mérito en él, que no bien salido del colegio, o cuando sólo debe su encumbramiento, bien a poseer una jauría de perros que le ha hecho popular en su comarca, o a haberse labrado una fortuna en alguna oscura población de donde acaba de llegar, bien a haber adquirido un nombre en la tribuna forense, recién abandonada, entre en el Parlamento y comience inmediatamente a facilitar o a impedir con ánimo ligero tal o cual ensayo sobre el cuerpo político. En tal caso no es necesario alegar por él la excusa de que desconoce su ignorancia, porque el público, en general, piensa con él que es inútil saber de los puntos debatidos más de aquello que la discusión parlamentaria pueda enseñarle.” “No obstante, los males producidos por los legisladores ignorantes, muy superiores en número a los causados por los curanderos atrevidos, son visibles para cualquiera que eche una mirada a la historia.” Tras varias páginas donde Spencer enumera una larga lista de ejemplos históricos, finaliza: “Volviendo a la analogía establecida al principio,
debemos decir que el legislador será moralmente irreprochable
o moralmente censurable, según se dé o no cuenta de estas
varias clases de hechos. No puede ser perseguido criminalmente el médico
que, tras muchos años de estudio, ha adquirido conocimientos
bastantes en fisiología, patología y terapéutica,
si tiene la desgracia de que se le muera un enfermo: por su parte ha
hecho todo lo posible. De igual modo el legislador, cuyas medidas produzcan
males en vez de bienes, no obstante la extensión y método
de los conocimientos que iluminan su juicio, sólo puede ser acusado
de haber incurrido en un error de razonamiento. Por el contrario, el
legislador que ignora totalmente o en gran parte esos hechos que es
deber suyo examinar para que su opinión acerca de una ley pueda
tener algún valor, y que, no obstante, contribuye al establecimiento
de la misma, no puede ser absuelto, si esta ley aumenta la miseria y
la mortalidad, como no puede ser absuelto el mancebo de botica si el
remedio que prescribe por ignorancia causa la muerte del que lo toma.” |
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| [*] Jorge Valín. Economista seguidor de La Escuela Austriaca y Paleo-Liberalismo filosófico. Articulista y autor de un manual sobre la Teoría de Elliot y de un Manual de Bolsa. Colaborador habitual del Instituto de Libre Empresa (ILE), Poder Limitado, Liberalismo.org y Libertad Digital entre otros. |
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