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30/07/2004
Una constitución atea para Europa[*]
Pero el resultado ha sido precisamente el contrario. Los enemigos del proyecto han acusado a sus creadores de hacer una revolución encubierta en contra del espíritu original de Europa, otorgando un increíble poder central al estado que pisotea el autogobierno y la tradición nacional. Las protestas están creciendo en contra de éstos, y se espera que el proceso de ratificación se haga más largo. Lo más llamativo, es que el documento ha sido condenado por dar soporte a las contribuciones de la Europa Clásica y “humanismo”, mientras que no dice ni una sola palabra sobre la Cristiandad. El Vaticano ha protestado, así como los judíos, protestantes y grupos musulmanes. Pero las omisiones, también se extienden a los no creyentes. “Soy un ateo, y todo el mundo lo sabe”, dijo el presidente de Polonia Aleksander Kwasniewski; “pero no hay excusa para hacer referencia a los antiguos griegos, a Roma y al Siglo de las Luces, y no mencionar los valores cristianos que tan importantes han sido en el desarrollo de Europa. El rasgo más significativo de cada ciudad y pueblo de Europa es cada una de sus catedrales e iglesias”. Así el prefacio de la constitución empieza con una falsa historia que levanta sospechas: “Con la inspiración de las herencias culturales, religiosas y humanistas de Europa, alimentadas primero por las civilizaciones de Grecia y Roma, caracterizadas por un impulso espiritual siempre presente en su herencia, y posteriormente por los filósofos del Siglo de las Luces, se ha establecido dentro de la sociedad la percepción principal del ser humano y de sus derechos inviolables e inalienables, así como el respeto de la ley”. El debate aquí no está en si el texto menciona o no una fe religiosa en particular; no importa cuan arraigada pueda estar. Tiene que ver con los valores en los que Europa ha sido unida. ¿Esa unión viene a través de la dirección central de los órganos legislativos de Bruselas? ¿O más bien, es la unidad que brota de los valores comunes sustentados por la gente de varios países que han construido Europa? Los autores de la constitución, evitando la principal fuente de unidad (es decir, la religión), parecen abrazar la visión que la unidad no es orgánica, sino legislativa. ¿Puede la tradición Cristiana —y no simplemente como un vago “impulso espiritual”— tener algo que ver con las personas humanas y la idea de los derechos humanos? Esta omisión es tan absurdamente llamativa que nos hace dudar del proyecto. Dentro de las aisladas cámaras de los ministros y tecnócratas de la UE, ¿es realmente un tabú mencionar la palabra “Cristiandad”, o se han de inventar vagos eufemismos para evitar ofensas? ¿Si el comité no puede hablar al mundo Cristiano, por no mencionar el menor papel de este colectivo en la creación de la moderna Europa, realmente puede el comité estar seguro de escribir una constitución que gobierna a 25 estados y 480 millones de personas? Si uno se mira en retrospectiva la historia de la unidad europea, encuentra que el mayor campeón de la paz entre las naciones y sobre el respeto del derecho individual ha venido de la mano de la Iglesia Católica, en la cual, hoy día aún triunfa la idea de unidad. Este papel de la fe ha sido agresivamente rechazado dando una bofetada a la auténtica historia y cultura de Europa —un insulto político que avanza hacia lo “políticamente correcto” hasta llevarlo al máximo grado de sinrazón. La constitución evita mencionar la Cristiandad recurriendo a palabras como solidaridad y subsidiariedad, que realmente se han forjado de las enseñanzas sociales Cristianas, mientras que de forma extraña la constitución cambia su sentido. Solidaridad significa aquí, no los medios de la cooperación humana, sino del colectivismo bajo un indefinido órgano legislativo. La subsidiariedad significa, según los valores Cristianos, que el poder superior no ha de intervenir cuando el poder menor puede encargarse de sus propios asuntos. Sin embargo, en el proyecto de la constitución de la UE, la subsidiariedad se aplica sólo “en los ámbitos que no sean de competencia exclusiva la Unión” —es decir, asume la competencia del poder superior. El gobierno de la UE, bajo esta lectura, asume “competencia exclusiva” en todas partes. Los creadores del proyecto se comparan con los de los Padres Fundadores de los Estados Unidos, pero su centro de atención es totalmente diferente. No sólo destacan los poderes del estado, sino que también crean un proyecto que el filósofo británico Michael Oakeshott ha calificado como estado “teleocrático” —es decir, un gobierno creado, no para hacer cumplir la ley sino para decretar propósitos de antemano. Los objetivos de la nueva constitución confirman este intento: “La Unión obrará en pro del desarrollo sostenible de Europa basado en un crecimiento económico equilibrado, en una economía social de mercado altamente competitiva, tendente al pleno empleo y al progreso social, y en un nivel elevado de protección y mejora de la calidad del medio ambiente, y promoverá el progreso científico y técnico. […] Combatir la marginación social y la discriminación y fomentará la justicia y la protección sociales, la igualdad entre mujeres y hombres, la solidaridad entre las generaciones y la protección de los derechos del niño […] fomentando la cohesión económica, social, territorial y la solidaridad”. No hay en la propuesta de la constitución de la UE un espíritu de auténtico liberalismo o de libertad, sino, que más bien, hay un espíritu de aumentar los mandatos legislativos, dictámenes, regimenes, y la burocracia. Todos sabemos que en Europa este proceso se ha mantenido a nivel doméstico, nacional. Pero el proyecto de constitución muestra las peores tendencias del momento consagrando tales valores por ley. El proyecto es un símbolo creciente de las elites de la UE para convertir el estado central en el auténtico dios de Europa. Los euro–escépticos tienen razones más que suficientes
para temer que su peor miedo, se les viene encima. |
Traducido por Jorge
Valín
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Artículo del Reverendo Robert A. Sirico, presidente del Acton
Institute, publicado originalmente el 17 de julio de 2003 en “The
Providence Journal” con el título “A
godless constitution for Europe”.
[**] El Reverendo Robert A. Sirico es presidente del Acton Institute (también en castellano) y cuenta con una carrera impresionante siendo “Master of Divinity” por la Catholic University of America; “Doctor Honoris Causa en Ética Cristiana” por el Franciscan University of Steubenville; “Doctor Honoris Causa en Ciencias Sociales” por la Universidad Francisco Marroquin; y actualmente es miembro de la Sociedad Mont Pèlerin, American Academy of Religion y Philadelphia Society, entre otras. El Padre Sirico ha publicado en diversos medios de comunicación como el New York Times, Wall Street Journal, Revista Forbes, el London Financial Times y Washington Times entre otros; es autor de varios libros, de los que se han traducido al castellano: "Agenda Social: Colección de textos del Magisterio", "Una Comunidad Libre y Virtuosa" y "La Vocación Empresarial". |
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