| 29/05/2004
Nicolás Oresme y el primer tratado monetario
El resultado práctico de la teoría austriaca del dinero
es que la producción de dinero ha de ser dejada al libre mercado.
Las intervenciones del estado no mejoran los cambios monetarios, sino
que simplemente enriquecen a unos pocos a expensas de del resto de los
usuarios. El resultado de esto es, por supuesto, el completo desastre:
en lugar de tratar con preciosas monedas de plata u oro, los ciudadanos
están obligados a mantener por ley unas impropias notas de papel.
Los economistas austriacos actuales no son los primeros en apuntar que
el intervencionismo hace al dinero desagradable y poco fiable. Más
bien, la idea mantiene una larga tradición de varios siglos ilustrado
por economistas como Murray Rothbard, Ludwig von Mises, Carl Menger, Frédéric
Bastiat, William Gouge, John Wheatley, Etienne de Condillac, y Tomás
de Azpilcueta. De hecho, esta tradición se remonta al primer padre
fundador de la economía monetaria, el gran Nicolás
Oresme.
Oresme nació alrededor de 1.320 cerca de Caen, Francia. Después
de una distinguida carrera como erudito y confesor del rey Carlos V, llegó
a ser obispo en 1.377 y murió en Lisieux en 1.382. Oresme fue un
brillante matemático, físico, y economista. En algún
punto anterior a 1.355, escribió un tratado sobre ética
y economía sobre la producción del dinero. El libro se tituló
Tratado sobre el Origen, Naturaleza, Ley, y Alteración de las
Monedas, y consolidó su fama como economista para siempre.
El título más adecuado al que se podría traducir
hoy día es "Tratado sobre la Inflación." De hecho,
Oresme fue pionero en la economía política de la inflación.
Oresme marca unos parámetros que podrían haber perdurado
durante varios siglos, y por los cuales, y hasta cierto punto, aún
no han sido superados. Una detallada visión a su libro nos muestra
que el estudio sobre la moneda ha sido sano desde el comienzo y que los
actuales economistas de la Escuela Austriaca son los herederos de la ortodoxia
monetaria en el auténtico sentido de la palabra.
En Contra de la Teoría Monetaria del Estado
La primera pregunta sobre la teoría monetaria sin duda es: ¿qué
es el dinero? Oresme responde que el dinero es una mercancía; más
concretamente es 1) una cantidad de metal precioso con 2) una estampa
que certifica la finura metálica del contenido. El certificado
puede ser proveído por un particular, o bien, por una organización
privada, aunque también puede ser suministrado por alguna agencia
del estado.
En el tiempo en que Oresme escribía, el estado ya se había
apropiado de la las empresas certificadoras desde hacia más de
1.500 años, pero Oresme insistió que la intervención
del estado no pertenecía a la naturaleza del dinero. De este modo,
Oresme rechazó la teoría estatista del dinero por la cual
fue el estado y no el mercado quien había decidido qué era
realmente el dinero.
La teoría estatista del dinero triunfó con los escritos
de Platón y Aristóteles. Fue de hecho expresado en el propio
lenguaje en que esos filósofos escribieron; la palabra griega que
designa el dinero es "noumisma"—forma de "nomos",
que significa "ley".
En el siglo XIV, Oresme enfatizó que la palabra latina para el
dinero—"moneta"—tiene una raíz etimológica
diferente. No tiene nada que ver con la ley y el estado, sino con la información
de la certificación. Su raíz fue "moneo" (te informo)
"porqué el certificado nos informa que no haya fraude ni en
el metal ni en su peso." La producción de dinero no fue por
tanto —en su esencia— un acto burocrático, sino al
revés, una actividad del mercado. Fue el productor (privado) de
dinero el que creó el servicio de certificación. Él
informaba a los posibles usuarios de moneda sobre la finura que contenía
el metal. Este tipo de información fue de gran utilidad porqué
reducía la incertidumbre y el coste de la medición. En palabras
del propio Oresme:
Cuando los
hombres empezaron a comerciar, o a comprar bienes con dinero, éste
carecía de estampa o imagen. La cantidad de plata o bronce era
intercambiada por carne, bebida y medida por su peso. Desde que empezó
a ser molestado recurrir constantemente a escalas o patrones y determinar
la equivalencia exacta del peso, y desde que el vendedor no estaba seguro
del grado de pureza del metal ofrecido fue prudentemente dispuesto por
los sabios de ese tiempo que los trozos de dinero habían de ser
de un metal dado con un mismo peso y todos debían ser estampados
con una marca conocida por todo el mundo para indicar la calidad y peso
de la moneda. Por lo tanto, las sospechas serían evitadas y el
valor aceptado de buena gana.
Nótese que Oresme dice que no fue el estado quien ordenó
sabiamente la creación de monedas, sino que fueron “los sabios”—élites
naturales en una sociedad libre— quienes la crearon. Por lo tanto,
¿dónde entra en juego el estado aquí? Oresme aplica
la función del estado a algún tipo de gobierno mínimo
que interviene en el dinero. Su punto de vista es que el príncipe
disfruta de la confianza de los ciudadanos; después de todo, ellos
siguen sus juicios sobre temas como la guerra y la paz, y por lo tanto,
confían muy probablemente en la estampa que impronta en las monedas.
Sin embargo, Oresme se apresura a apuntar que los príncipes no
poseen ninguna moneda, sino que sólo estampan su sello,
y esa es la espléndida ventaja de estampar el dinero, es decir,
que realmente sólo es un tipo de convivencia. Es una ventaja derivada
del hecho que el dinero “es esencialmente establecido y elaborado
para el bien de la comunidad”.
Los economistas austriacos de hoy día están ampliamente
de acuerdo con estas consideraciones. Ellos simplemente añaden
que la competencia es el mejor camino para identificar la confianza de
los certificados. También añaden que, hoy día, la
función del estado oresmaniano para el caso del estado mínimo
en el dinero no se mantiene porqué no se aplica a ninguno de nuestros
líderes políticos actuales. La confianza pública
en los políticos es en todo momento baja, y eso no sólo
(sino que también) para que ninguno de ellos nos conduzca más
a ninguna otra guerra.
Como veremos más adelante, hay buenas razones para estar de acuerdo
con Oresme. Si él hubiese vivido en nuestros tiempos, probablemente
habría calificado nuestro sistema como tiránico y al que
le urge una reforma inmediata.
El Caso de Monedas Paralelas
Oresme no vio las virtudes de la competencia en la producción
de dinero, pero él no fue un ingenuo constructivista. Oresme no
abogaba por un único sistema de medición monetario. Reconoció
que los metales preciosos eran monedas superiores por sus características
físicas, y por lo tanto centró sus consideraciones en la
moneda metálica. Pero se quedó muy lejos de idear un óptimo
sistema monetario, el cual, debe o puede ser elaborado de una vez por
todas. Particularmente, para Oresme era lo más normal que las monedas
de oro, plata, cobre y las diversas monedas signo conviviesen paralelamente
en su uso, y las tasas de cambio entre esos medios de cambio pueden ser
determinados por el mercado.
La Inflación es Innecesaria
La cuestión más importante sobre la teoría del
dinero es si hay alguna razón por la cual la oferta monetaria tenga
que ser manipulada por los políticos. ¿Sería la oferta
de monedas de oro y plata producidas de forma espontánea y suficiente
en un mercado libre? O por el contrario, ¿esperamos algún
tipo de fallo de mercado en la producción de dinero, y por lo tanto,
una necesaria intervención del gobierno?
La posición austriaca es bien sabida: en el dinero la cooperación
competitiva del mercado, como en cualquier otro campo de la producción,
puede conseguir innumerables mayores logros que no el estado. La intromisión
del estado en material monetaria lleva a una expansión de la oferta
de dinero más allá del nivel que hubiese conseguido ésta
a través del libre mercado. En otras palabras, el estado provoca
la inflación. Tal política es antisocial: no provee al conjunto
de la sociedad con más dinero, sino que beneficia a algunos miembros
de la sociedad a expensas de otros, por lo tanto, se aprovecha de unos
a costa de otros. La inflación inevitablemente implica explotación
y conflictos sociales. Pero eso no es todo. La inflación no es
un tipo de explotación de suma cero en el cual unos ganan y otros
pierden. Realmente genera perdidas netas porqué deteriora
el vehiculo de la cooperación social. La inflación pervierte
el dinero y eso crea que la gente intercambie menos, por lo tanto, coopera
menos, que significa a la vez que no se produce de la misma forma que
se habría hecho de no existir la inflación.
Esto lo podemos encontrar en el tratado de Oresme. El autor no usa la
palabra inflación, sino que de forma más acertada
habla de fenómeno de inflación. En su tiempo, la
alteración de las monedas era la única técnica para
la inflación. El gobierno no controlaba la reserva fraccionaria
bancaria y papel moneda, pero podía alterar la estampación
de los certificados en las monedas, o bien cambiar el contenido de las
monedas manteniendo el mismo certificado. Imaginémonos una economía
monetaria donde predomine el uso de la moneda de una onza
de cobre que tenga impreso: “esta moneda contiene una onza de cobre
fino”. Ahora el estado se inclina por la inflación y cambia
la impresión anterior por “esta moneda contiene dos onzas
de cobre fino”. De esta forma se ha aumentado la oferta monetaria
nominal más allá del nivel que hubiese tenido en
el mercado libre. Normalmente este comportamiento permitió al estado
pagar sus deudas acordando letras en términos nominales, pero de
hecho, estafando a sus creditores en términos reales. En los días
de Oresme, el gobierno seguía ese tosco comportamiento. Hoy en
día, se usa el papel moneda.
Oresme remarcó que esa manipulación no servia a ningún
buen propósito. Un simple cambio en el valor nominal de la oferta
monetaria, tomada como conjunto, no puede ayudar a la economía.
Simplemente variarán todos los precios en tanto estén expresados
en esa moneda. La oferta monetaria nominal es por si misma irrelevante
a los efectos de los intercambios monetarios. Los cambios en la oferta
monetaria nominal —la “alteración de los nombres”—
no puede hacer el dinero más apropiado para ser usado en el intercambio
indirecto, y menos aún, que tales cambios afecten los términos
de los pagos diferidos (contratos crediticios):
Y si ningún otro cambio fuese realizado, los bienes han de
ser necesariamente vendidos a una tasa proporcionalmente mayor. Pero
tal cambio no tiene ningún propósito, ni debe ser realizado,
porqué sería vergonzoso y una falsa denominación…
Ninguna otra impropiedad sobrevendría de eso [aumento del precio
acorde al aumento de oferta monetaria] menos en esos lugares donde las
pensiones o las rentas fuesen fijadas en términos de dinero.
Por lo tanto, Oresme de forma clara, se dio cuenta de que la oferta
monetaria nominal, en realidad, es poco trascendente. La economía
puede operar con una oferta virtual y ninguna oferta nominal de dinero.
A mayor oferta, los precios subirán más; y a menos oferta
los precios serán más bajos.
La Inflación conduce a la Explotación y a la Tiranía
Si la inflación es totalmente innecesaria, la evidente pregunta
es: ¿por qué se infla la oferta nominal de dinero
después de todo? Hoy en día, ni la gente ni los mismos economistas
no tienen idea alguna de por qué ocurre. Pero fue en el S. XIV
cuando Oresme anticipó la respuesta austriaca: la inflación
beneficia a aquellos que crean la inflación. La inflación
no afecta a todos los usuarios de dinero a la misma vez, sino en diferentes
momentos del tiempo. Se crean por lo tanto ganadores y perdedores. Los
políticos inducen cambios en la oferta nominal de dinero enriqueciendo
al estado a expensas de los ciudadanos. Oresme remarcó que el estado
saca buen partido de la inflación. Dice que la codicia del estado
fue la raíz del nacimiento de la inflación; y que, una vez
que el estado cayó en esa tentación, desde cualquier punto
de vista, se volvió un tirano. En un inmortal pasaje de su Tratado
escribió:
Soy de la opinión que la principal y causa final de por qué
el príncipe pretende tener el poder de alterar la acuñación
es debida al beneficio que puede obtener de ella aunque, por otra parte,
es una tarea totalmente inútil. Propongo, pues, dar plena muestra
de que tal beneficio es injusto. Por cada cambio sobre el dinero, excepto
en casos muy raros […], la manipulación significa falsificación
y engaño, y éste no es el derecho que pueda tener el príncipe
como se ha visto anteriormente. Por lo tanto, desde el momento en el
que el príncipe, de forma injusta, se hace con este indebido
privilegio, es imposible que sea justificado como beneficio. Además,
la cantidad de beneficio que ha tomado el príncipe es necesariamente
la pérdida de la comunidad. Cualquier pérdida que el príncipe
imponga a la comunidad es injusto y un acto digno de un tirano y no
un príncipe tal y como dijo Aristóteles. Y si el tirano
miente diciendo que tal beneficio es en favor público, no ha
de ser creído, porqué de igual forma podría tomar
mi abrigo alegando que lo ha hecho para la necesidad pública.
San Pablo dijo haz el bien y evita el mal. Nada obtenido mediante la
farsa será usado con buenos propósitos jamás. Otra
vez, si el príncipe tiene el derecho de realizar una simple alteración
en la acuñación e ingresar algún beneficio de tal
acción, también tendrá el derecho de hacer mayores
alteraciones y obtener mayores beneficios, y al hacer esto más
de una vez lo seguirá repitiendo en el futuro… Y es muy
probable que el príncipe o sus sucesores sigan haciéndolo
lo mismo cada vez que lo deseen o también por deliberación
de su consejo tan pronto como les sea posible ya que la naturaleza humana
está inclinada a amontonar riquezas que vengan fácilmente.
Por lo tanto, el príncipe no dudará en sacar casi todo
el dinero o riquezas de sus súbditos hasta reducirlos a la esclavitud.
Éste es un acto tiránico; realmente es una absoluta tiranía
como ya han dicho los filósofos y sus antecesores en la historia.
No es difícil adivinar que el Obispo Oresme hubiese calificado
nuestro actual sistema monetario como el más monstruoso (o más
bien: diabólico) esquema jamás creado para empobrecer a
los “súbditos y reducirlos a la esclavitud”. Y ciertamente
no habría errado mucho. Otra cosa diferente es que sus alegatos
hubiesen sido acallados por nuestros actuales gobernantes como lo fueron
por Carlos V en esos oscuros tiempos del S. XIV. Desafortunadamente, no
es exagerado asumir que si Oresme hubiese escrito hoy día los ya
acostumbrados expertos pagados por el estado le rechazarían tratándolo
como un lunático —acercando así las relaciones entre
gobernantes e intelectuales de nuestra era progresista.
La inflación es Destructiva
Oresme comprendió que la inflación no era un juego de
suma cero entre el estado y sus súbditos, sino que genera pérdidas
netas. Apuntó cuatro razones: la Ley de Gresham, la falsificación,
la disminución del comercio, y el engaño que conduce al
derroche. Veámoslos brevemente uno a uno. Primero de todo, aquí
está la formulación que hace Oresme sobre la Ley de Gresham:
…Semejantes alteraciones y falsificación disminuyen
la cantidad de oro y plata en el reino y de metal precioso. A pesar de
cualquier prohibición, es trasladado al exterior donde tiene mayor
valor. Los hombres intentan llevar su dinero a aquellos lugares donde
creen que será más valioso, y esto reduce la cantidad material
de dinero en el reino.
Fijémonos que Oresme apunta correctamente que el “mal dinero
desplaza al buen dinero” sólo bajo el impacto del control
de precios fijos: los ciudadanos están obligados por ley a aceptar
las nuevas monedas de peor calidad en las mismas condiciones que las antiguas
monedas buenas. Si excluimos, entonces, las leyes del curso legal, el
mercado de dinero se comportaría exactamente igual que cualquier
otro mercado. En una economía libre, el mejor producto siempre
desplaza al peor.
Oresme también observó que la falsificación oficial
puede invitar a los falsificadores extranjeros a aprovechar la oportunidad
presentada por la confusión general de este envilecimiento de la
moneda “y de este modo robar al rey los beneficios con los cuales
él había pensado hacerse”. Pero la alteración
que ha sufrido el mercado haya sido probablemente forjada por esta larga
destrucción. Oresme dice:
Otra vez, a razón de estas alteraciones, las buenas mercancías
o riquezas naturales dejan de entrar en el reino donde se comercia,
ya que los mercaderes —quedando el resto de cosas igual—
prefieren pasar de largo a esos lugares en los cuales reciban dinero
sano y bueno. Más aún, en tal reino el comercio interno
se ve perturbado y entorpecido en muchos sentidos debido a tales cambios;
y mientras éstos permanecen, las rentas del dinero, pensiones
anuales, alquileres, cesiones y similares, como ya es bien sabido, no
pueden ser justamente tasados o valorados. Tampoco el dinero puede ser
prestado ni tomado, y muchos se niegan a hacer obras caritativas en
este entorno. Así pues, la buena cualidad del metal en las monedas,
los mercaderes y todas estas cosas son necesarias o de gran utilidad
para la humanidad; y su opuesto es perjudicial y dañino para
la comunidad civil entera.
Incluso anticipó la idea básica de la moderna teoría
austriaca de los ciclos económicos.
…El príncipe puede sacar casi todo el dinero a la comunidad
y empobrecer terriblemente a sus sirvientes. Y como una enfermedad crónica
ésta es más peligrosa que no otras porqué actúa
de forma casi inapreciable. Y es que la extorsión cuanto más
disimulada más peligrosa ya que su lenta opresión no parece
que sea tal. Por lo tanto, ningún gravamen puede llegar a ser
más pesado, más general o más severo.
Para resumir, Oresme se percató que la oferta nominal de dinero
puede enriquecer al príncipe a expensas de la comunidad. Realmente
—salvando algunas excepcionales situaciones de emergencia—
este beneficio no tendría que haberse producido jamás.
La Inflación es Peor que la Usura
Las consideraciones económicas, importantes como pueden ser, fueron
para Oresme sólo la puntadle iceberg. Su auténtico interés
yacía en los factores morales de la producción
de dinero. Para él la falsificación era un tema mucho más
trascendental desde el punto de vista moral que no el pecado asociado
al uso del dinero, esto es, el cambio de dinero y la usura. El cambio
de dinero y la usura pueden ser aceptados bajo ciertas circunstancias
especiales. Pero la falsificación era inherentemente injusta de
raíz, y por lo tanto, nunca se tenía que permitir. Él
mantenía que el “cambio de nombres” (envilecimiento)
era un escándalo y jamás debía ser producido. La
alteración en el peso sin un inmediato cambio en el nombre de la
moneda era algo “repugnante y un fraudulento robo”. Las alteraciones
del curso legal de dinero eran “opuestas a la forma de actuar de
la naturaleza”. Son peores que la usura, porqué la usura,
al menos, nace de la voluntad contractual entre el deudor y el
creditor, mientras que las alteraciones se hacen sin ese acuerdo contractual
y ponen en entredicho el dinero anterior. Oresme dice:
El usurero presta su dinero a alguien para que éste lo tome
sobre su libre voluntad y para que disfrute del uso del mismo y alivie
sus necesidades; y el excedente que devuelva sobre el principal habrá
estado determinado bajo la libertad de contrato entre las partes. Pero
un príncipe, por medio de un innecesario cambio en la acuñación,
toma de forma evidente el dinero a sus súbditos en contra de
su voluntad substituyendo el viejo dinero por el nuevo como si fuese
mejor, y nadie lo quiere. Los súbditos innecesariamente y sin
ninguna posible alternativa tomarán el dinero de peor calidad…
Y en la medida en la que el príncipe recibe más dinero,
en contra y más allá de la naturaleza del propio dinero,
ese dinero ganado es igual a la usura; pero peor que ésta ya
que no versa en un acto voluntario sino que va en contra de la voluntad
de los súbditos, incapaces de sacarle beneficio y siendo un acto
totalmente innecesario. Mientras que el interés del usurero no
es excesivo, o más generalmente injusto a la mayoría,
este impuesto impone tiranía y fraudulencia en contra de la voluntad
de la comunidad entera. Dudo si a esto no se le tendría que llamar
robo con violencia o extorsión fraudulenta.
Inflación y el Declive de la Civilización
Así pues la inflación es un acto moral repugnante, económicamente
destructivo, y lleva a la explotación y a la tiranía. Estas
consecuencias no van en favor de ningún beneficio social. La inflación
es totalmente innecesaria. Así pues, la alteración de la
acuñación, según Oresme:
…no evita la calumnia sino que la crea… y tiene muchas
consecuencias peligrosas, algunas de las cuales ya han sido mencionadas,
mientras que otras aparecerán después, pero no hay ninguna
necesidad ni conveniencia en hacerlas ni pueden éstas reportar
ninguna ventaja a la comunidad.
La única ventaja de la inflación sólo parece repercutir
sobre el estado. Oresme apunta que en el largo plazo el estado no ha prosperado
gracias a la inflación. Observa que en sus tiempos, la alteración
de la acuñación fue un fenómeno reciente. “Jamás
se han producido en las ciudades [cristianas] o reinos antiguos o en aquellas
[comunidades] bien gobernadas”. Pero la consecuencia de esta reciente
evolución fue probablemente la misma que existió en el caso
del Imperio Romano. Oresme dice:
Si los italianos o romanos hicieron al final tal alteración,
como parece ser por las monedas antiguas encontradas en el país,
ésta fue probablemente la razón por la que ese noble imperio
acabó desapareciendo. Así pues, esos cambios en la moneda
son tan funestos que resultan ser totalmente inadmisibles.
Oresme llegó a la misma conclusión sobre el papel crítico
de la inflación en la decadencia de la civilización clásica
que Ludwig von Mises en sus “Consideraciones sobre las causas de la
decadencia de la civilización clásica”.
Y es que probablemente nuestra civilización tome el mismo camino.
La Solución:
Ninguna Intervención Sobre el Dinero
El devastador análisis de Oresme sobre la inflación nos
lleva a una simple pregunta política: ¿se puede frenar la
inflación? ¿Cómo se puede evitar? La respuesta de
Oresme se ve anunciada en el título de su libro: la alteración
de la moneda. Porqué tales alteraciones son innecesarias y dañinas,
y por lo tanto, tales alteraciones no deben ser permitidas pues (la introducción
de un nuevo tipo de monedas no era a su ver una alteración, si
ésta no prescribía la moneda vieja). Más concretamente,
Oresme dijo que el estado jamás debe alterar el dinero.
Ni el estado ni ningún tipo de grupo concreto o individuo está
legitimado para cambiar la acuñación. Para hacer estas alteraciones
es necesario el consenso de la comunidad entera de los usuarios de dinero
porqué el dinero es de la propiedad de la comunidad. Sin embargo
Oresme no fue un campeón de la desenfrenada democracia. Un mero
acuerdo de la totalidad de la comunidad no otorga automáticamente
legitimidad a los políticos (por ejemplo, dice que el dinero jamás
debe ser degradado por el hecho de conseguir beneficios). Sólo
si la alteración es el único medio para tratar
una gran emergencia, como podría ser derrotar el ataque
de un enemigo repentino, entonces podrá ser lícita. En cualquier
caso, el estado no tiene derecho alguno a alterar las monedas, a pesar
que actúe como un mero instrumento de los ciudadanos. La comunidad
entera, no el estado, ha de dar su consentimiento.
De forma muy similar, Ludwig von Mises argumentaba que la inflación
por su propia naturaleza contradice el principio de soberanía popular.
La única forma de mantener el estado a raya es controlar los recursos
estatales. Si el estado necesita más dinero se tendrán que
subir los impuestos a los ciudadanos. Es ampliar la oferta monetaria en
la misma medida en la que los ciudadanos realmente están contribuyendo.
Conclusión
El lector superficial creerá que el análisis de Oresme
no aporta aplicaciones directas a los tiempos de hoy día. Eso es
cierto en la medida que la inflación de hoy día tiene una
forma muy distinta a la de aquel entonces. Pero su análisis sobre
las causas y efectos de la inflación, y de su naturaleza moral
y política, son prueba de la verdad actual. Los sucesores de Oresme
refinaron y expandieron este análisis en los últimos 700
años confirmando sus seis puntos básicos:
1) La inflación es predominantemente una criatura del estado.
2) Daña el comercio y la economía, y conduce al ocaso de
la civilización.
3) No es necesaria desde ningún punto de vista social —no
cumple ninguna función social, más bien:
4) Crea ganadores ilegítimos y perdedores. Beneficia al estado
y a sus aliados a expensas de los ciudadanos.
5) De esta forma prepara el terreno a la tiranía.
6) La forma de deshacerse de la tiranía es impedir al estado que
intervenga en asunto monetario alguno.
No es nada sorprendente que el trabajo de Oresme encontrase hostilidad
en aquellos que defendían el actual sistema de régimen inflacionario.
Lo ridicularizaron como un manifiesto “metalista” cuando de
hecho su obra fue un monumento al sentido común. Poniéndolo
en su “contexto histórico” insinúan que su mensaje
está trasnochado. Pero el Tratado Sobre la Alteración
de las Monedas es un hito en la ciencia económica monetaria,
una ciencia de las leyes universales. Los campeones del dinero sano del
siglo diecinueve como Léon Wolowski y Wilhelm Roscher dieron totalmente
en el blanco en otorgarle un gran valor duradero a Oresme. Todos los amigos
de la libertad debemos celebrarlo hoy también.
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