Jorge Valín
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Las negociaciones mundiales de libre comercio cuelgan de un hilo de algodón
Por Scott Miller en The Wall Street Journal.

Los espléndidos subsidios que los gobiernos de Estados Unidos y Europa otorgan a sus productores de algodón, desde hace mucho un tema de conflicto con muchos de sus socios comerciales, atravesarán por momentos decisivos en los próximos días.

El miércoles, los ministros de agricultura de la Unión Europea iniciaron lo que parece ser la ronda que pondría fin a un año de negociaciones acerca de cómo revisar las concesiones por más de US$1.070 millones que los 15 países miembros de la UE pagan a sus productores de algodón. Y el próximo lunes se espera que la Organización Mundial de Comercio dictamine en la demanda puesta por Brasil contra Estados Unidos sobre los US$2.000 millones que los contribuyentes estadounidenses pagan en subsidios a los cultivadores de algodón.

Aunque se trata de una parte pequeña de los US$300.000 millones que las naciones más desarrolladas pagan al año en ayudas a sus agricultores, los subsidios al algodón han tomado un gran protagonismo en las negociaciones para la liberalización del comercio mundial. Los países pobres argumentan que los subsidios impulsan a la baja los precios y les impiden competir en una industria que podría significar una importante fuente de ingresos.

En septiembre pasado, cuatro países africanos convirtieron los subsidios al algodón en un caso ejemplar durante una reunión ministerial de la OMC en la que dijeron que la negativa a recortar los subsidios era una prueba de que EE.UU. y la UE no tenían intenciones serias de utilizar el comercio para reducir la pobreza.

"Si quieren mejorar las condiciones de vida en los países pobres, tienen que eliminar esos subsidios", dijo Chebet Maikut, presidente de la Federación Nacional de Agricultores de Uganda. "Incluso con nuestros bajos costos de producción no podemos competir con esos subsidios".

Cualquier decisión que se tome en los próximos días en favor de una reducción de los subsidios al algodón ayudaría a impulsar las negociaciones de liberalización del comercio mundial, pero distará mucho de ser una panacea.

El fallo de la OMC sobre la demanda de Brasil contra EE.UU. podría tener un impacto muy importante sobre la industria global de algodón. Brasil alega que los subsidios de EE.UU. y las ayudas a las exportaciones violan las leyes comerciales al otorgar a los productores una ventaja injusta en los mercados globales. Según datos de Oxfam, una ONG, los subsidios estadounidenses al algodón cuestan a los países africanos unos US$300 millones al año en exportaciones no realizadas, una cifra muy superior al monto de ayuda externa que EE.UU. da a países pobres como Mali.

Washington responde que ya ha eliminado los subsidios de gran parte de su producción de algodón. No obstante, Estados Unidos sigue ofreciendo ayudas a la exportación, algo que la UE ya no otorga en el caso del algodón.

Es difícil decir quién lleva las de ganar, ya que los procedimientos legales preliminares están cerrados al público. Pero históricamente en la OMC los países que plantean una demanda han ganado más del 90% de las veces. Tampoco queda claro si Estados Unidos eliminaría los subsidios en caso de que la OMC dictamine en su contra. Es probable que Washington pueda retrasar cualquier eliminación de subsidio mientras presenta una apelación, un proceso que podría durar más de un año. E incluso entonces podría elegir ignorarlo y pagar los aranceles de penalización que la OMC le imponga.

En Europa, se espera que la reestructuración de las ayudas lleve a los agricultores a basar su producción en los precios del mercado y termine por impulsarles a elegir otros cultivos. International Cotton Advisory Committee en Washington, un grupo intergubernamental que estudia la industria del algodón, estima que la producción de algodón de la UE caería entre un 10% y un 20% si se otorgaran menos subsidios vinculados con la producción.

Según las propuestas de la Comisión Europea, un 60% de los subsidios europeos al algodón ya no estarían vinculados con la producción. Así, si bien los productores seguirían recibiendo la misma cantidad de dinero, ya no dependería de cuánto producen. El 40% restante de la yuda de la UE estaría basado en la extensión de los cultivos, no en la producción. La Comisión ha propuesto eliminar vínculos similares para otros cultivos, como el tabaco.

De adoprtar la UE estos planes, podría caer la producción europea de algodón, lo que crearía una mayor demanda en otras regiones del planeta. Pese a ello, los cambios seguirían siendo insuficientes para crear ese mercado abierto del algodón que quisieran ver algunos productores.

No queda claro si se va a adoptar la propuesta de la Comisión. Aunque está respaldada por los países del norte de Europa, que no producen algodón, otros, como Grecia, están luchando por preservar las ayudas directas de la UE.


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