Jorge Valín
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miércoles, agosto 09, 2006

Gene Callahan. El problema del minarquismo. Es asesinato, robo…

Tomo de The Swamp Land Exile el artículo escrito por Gene Callahan, “La Más Crucial De Las Brechas Políticas”. Traducido al castellano por Manuel Lora y Fernando Barrera. Callahan es investigador adjunto del Ludwig von Mises Institute, miembro del Society for the Development of Austrian Economics y colaborador de LewRockwell.com. También autor de Economics for Real People, y de la novela PUNK.

La más crucial de las brechas políticas
Gene Callahan

Libertatis_AequilibritasImagínese dentro de una sala atestada de hombres, cada uno de ellos ansioso por argüir su posición en lo concerniente al tema del maltrato a las esposas. Algunos de los asistentes defienden el derecho a maltratar a sus mujeres siempre que les hayan molestado. Otros consideran que esa postura es demasiado severa y afirman que sus esposas sólo deben ser maltratadas en ocasiones más importantes, tales como, por ejemplo, las relacionadas con la economía doméstica. Por último una tercera facción sostiene que el abuso conyugal sólo esta justificado en los casos más cruciales y solamente de no encontrarse medios menos drásticos para garantizar el resultado deseado: por ejemplo, cuando su esposa no contribuye tanto como uno cree que debería a la seguridad familiar.

Sin embargo, usted encuentra tales acontecimientos totalmente aberrantes, ya que considera que el maltrato a cualquier persona es inmoral, aun si fuera la única manera de alcanzar un fin deseable e importante. Usted cree que la violencia contra el prójimo sólo está justificada como autodefensa y solamente en la intensidad necesaria para detener al agresor.

Imagine su asombro si los miembros del grupo que aboga por el abuso contra las mujeres solamente en circunstancias extremas le declaran que son sus aliados naturales, proclamando que la diferencia entre su posición y la de ellos no tiene mucha importancia comparada con la gran brecha que separa a los abusadores mínimos de los que están más entusiasmados con la práctica.

Usted, discrepando, diría que lo que tienen en común los "pequeños" agresores con el resto de la asamblea es la voluntad de maltratar a su esposa si es que con ello obtienen el fin que han determinado como valioso, y que esto tiene mayor trascendencia que el hecho de que la cantidad de palizas descargadas sobre sus mujeres por estos "pequeños" agresores (digamos, unas cinco al año) esté más cerca a su total ideal (cero) comparado con el resto de los agresores (que le darían una paliza diaria).

La situación descrita anteriormente es análoga a la que me encuentro cuando, por ejemplo, estoy en una conferencia y oigo a un liberal minarquista afirmando que la diferencia entre el minarquismo y la anarquía está separada por una estrecha barrera que es casi indetectable si es que se mira desde una perspectiva global que tenga en cuenta el amplio abanico de las actuales posiciones políticas. Dice, por ejemplo: "Cuando reduzcamos las responsabilidades del estado a tan solo proveer defensa y protección de la vida y la propiedad, nosotros los minarquistas y Ustedes los anarquistas tendremos bastante tiempo para poder discutir la posibilidad de deshacer el estado completamente."

Aunque estoy perfectamente dispuesto a cooperar con cualquier persona que comparta un objetivo político conmigo, creo que el concepto señalado, que los minarquistas y los anarquistas son prácticamente indistinguibles fuera de un pequeño e irrelevante desacuerdo, es profundamente erróneo. De hecho, en cuanto traigo a colación la cuestión política más importante, la brecha entre los minarquistas y los anarquistas es gigantesca, mientras que la separación entre los minarquistas y, por ejemplo, los estalinistas, es relativamente pequeña: Los anarquistas rechazan la noción de que está permitido emplear la violencia contra alguien que no ha cometido un acto de agresión, independientemente de cuánto se desee que esa persona inocente coopere con sus fines o cuán importantes sean. Los minarquistas, empero, defienden el derecho a iniciar la agresión bajo cualquier circunstancia donde ellos decidan que el uso de la coacción es realmente útil. La diferencia entre minarquistas y totalitarios es sólo de grado: el totalitario considera bastantes más fines políticos de tal importancia como para ser obtenidos mediante la violencia contra individuos pacíficos que los que reconocerían los liberales partidarios del estado mínimo. El socialista argumentaría que proveer a cada ciudadano con cuidado médico gratis es tan valioso que requiere que se use el omnímodo poder del estado para forzar la cooperación hacia ese fin, mientras que el minarquista no reconoce ningún fin fuera de la provisión de defensa contra agresores no-estatales o de un estado extranjero, y estará dispuesto a usar la violencia para que apoyen ese fin.

Sin embargo, los dos están de acuerdo en que, si uno de los fines se considera suficientemente útil y valorado, entonces es aceptable la iniciación de la violencia contra aquellos ciudadanos que no compartan voluntariamente esa idea, y también contra los que la valoren simplemente menos que uno mismo. (Que esto último es verdad puede vislumbrarse considerando que aunque dos personas estén de acuerdo en que el estado deba mantener un ejército para la defensa de una posible invasión, pueden diferir sobre cuánta riqueza dedicar a tal empresa. El que apoya mayores gastos militares debe estar dispuesto a emplear la fuerza contra el otro simplemente para convencerle de que aumente su contribución más allá del nivel que elegiría libremente, libre de cualquier amenaza.)

Nada de lo que he dicho previamente implica que un minarquista, o cualquier persona que apoye la existencia del Estado sea necesariamente una mala persona. Es más, creo que la gran mayoría son probablemente personas decentes con ideas erróneas. De hecho, un anarquista puede ser en otro aspecto de su vida más miserable que un estatista, a pesar del hecho de que esté en lo correcto en el asunto atinente a la existencia del Estado.

Así pues, yo veo que la distinción entre anarquista y estatista es la más fundamental brecha política. Una vez que uno acepta la noción de que iniciar la agresión es aceptable bajo algunas circunstancias, queda abandonado el fundamento de la libertad humana y todo lo que nos queda es discutir qué grado de esclavitud es aceptable. Habiéndose aventurado en tal camino, los liberales minarquistas no deberían sorprenderse ante las dificultades que afrontan al intentar contener el constante crecimiento de su Estado Gendarme.

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9 Comments:

Anonymous Iván Moreno said...

El post es bastante interesante... acabado con una frase pobre:

los liberales minarquistas no deberían sorprenderse ante las dificultades que afrontan al intentar contener el constante crecimiento de su Estado Gendarme

Al leer la frase, a la vista del resto del artículo parece que tradicionalmente ha sido muy fácil contener el uso del a violencia en las anarquías, y que ha sido el Estado minárquico el que ha hecho aumentar el Estado.

Esa frase pone de relieve el gran fallo del artículo. El minarquista no cree que esté justificada la violencia en ciertos casos. Cree que la violencia es inevitable. Así, un minarquista defiende que ninguna cuestión ajena a los derechos de propiedad debe ser impuesta, pero necesita que esa libertad esté asegurada y considera que la libertad es imposible defenderla desde una anarquía. ¿De qué sirve defender una libertad imposible?

Así, el minarquista lo que no cree es que la anarquía sea estable... cree que ésta más bien tiende a degenerar o bien en un Estado , como ha ocurrido de manera natural en todas las partes del planeta, o bien en una situación de pseudo estados, dominados por clanes o mafias, donde la libertad individual desaparece en mayor nivel que en aquellas zonas donde existen los estados.

Creo así, que la diferencia entre el anarquista y el minarquista, no es una razón de principios, en los que ambos coinciden plenamente (como sí ocurre con el socialista que sí necesita intervenir en las relaciones interpersonales libres), sino que es una cuestión de fe. Unos creen que la anarquía puede ser estable y otros creen que no. Así, al contrario que Callahan, creo que la diferencia entre el socialista y el minarquista es muchos niveles superior a la diferencia entre el anarquista y el minarquista.

Entre el socialista y el minarquista la difernecia es de base. Entre el minarquista y el anarquista es de fe... de fe ante lo que aún no se ha podido demostrar. Al socialista la demostración de una anarquía capitalista estable no le permitiría abrazarla. Al minarquista sí.

Un saludo

15:15  
Anonymous Manuel Lora said...

No estoy de acuerdo, porque no estamos nunca hablando de cuan factible es o no un sistema. No somos positivistas o empiricistas, y menos utilitaristas.

Leer, por ejemplo, esto: http://www.vanguardist.org/archives/274-Lo-que-significa-ser-anarcocapitalista.html

17:08  
Anonymous Anónimo said...

Entonces hablais del sexo de los angeles supongo...

18:30  
Anonymous Iván Moreno said...

Manuel, voy a intentar responderte respondiendo a la pregunta de Kinsella:

Es hora de que los liberales se definan. ¿Estás a favor o en contra de la agresión?

Un minarquista estaría siempre completamente en contra de la agresión. Pero no cree en que exista la ausencia de la misma, por lo que deberá buscar el óptimo que garantice una mayor libertad individual. Un minarquista considera que un estado mínimo es capaz de mantener un sistema liberal y defenderlo frente a amenazas externas, mientras que una anarquía carece de esa fuerza.

Tú explicas perfectamente tu punto de partida: ni positivista, ni empiricista ni utilitarista. Tu base es tu creencia exclusiva en tus dogmas de fe (lo digo como hecho objetivo, sin pretender quitarle ni un ápice de valor). El problema es que tus dogmas no son adoptados por la sociedad como universales. Y lo que es peor, en el mundo en que vivimos no se defienden por sí solos. Se puede decir que vivimos en un mundo donde las únicas leyes universales (sean estas del signo que sean) los marca la fuerza... el uso de la violencia. La aplicación de tus dogmas, impidiendo a nadie impedir, no puede ser hecha si no es por el uso de la fuerza. Un minarquista únicamente indica que en la anarquía renuncias a la fuerza de tal forma que eres incapaz de mantener tus libertades.

Como dice anónimo, obviar este debate no es más que hablar del sexo de los ángeles. Y es más, plantearlo tal como tú haces, dentro de un plano exclusivamente teórico, no hace sino aproximar más aún a los minarquistas con los anarquistas. No creo que exista un sólo minarquista que no considere como éticamente perfecta una situación de ausencia total de agresión.

Resumiendo: Lo que niega un minarquista no es la legitimidad teórica del anarquismo, sino su bondad práctica.

Si te reduces al plano exclusivamente teórico desde el punto de vista ético, la coincidencia de minarquistas y anarquistas será completa. Si, como dices, no se trata de debatir sobre lo factible o no de un sistema, no creo que haya ninguna discrepancia. Pero en el mundo real ese debate es completamente inútil. Fíjate, lo curioso de las notas finales de Kinsella: necesita volver al mundo real para reafirmarse. No puede, al final, sostener su argumentación sin hablar de la posibilidad de existencia del estado minarquista (de una manera que me parece bastante pobre, dicho sea de paso).

Un saludo, Manuel

20:13  
Blogger Jorge Valín said...

Hola Iván,

Estás mezclando muchas cosas y sólo te contesto a las más comunes. Manuel, Callahan, Kinsella y resto no nos basamos en dogmas de fe, sino en deducciones lógicas (lógica aristotélica) y/o apriorísticas. Para explicar esto no basta un post, ni un cometario, sino un libro.

El Minarquismo es perecedero en el tiempo, recuerda que nunca en la historia se ha producido, en todo caso se produjo su vertiente clásica, el del “gobierno limitado” que se aleja en lo más importante del Minarquismo.

El Minarquismo tiene carencias incluso para los partidarios del gobierno limitado, éste en el terreno teórico es más fuerte —gobierno fuerte pero pequeño— mientras que el Minarquismo es un gobierno débil. La princial acusación de los defensores del gobierno limitado es que el Minarquismo no deja de ser, por su propia esencia, un gobierno títere que degenera rápidamente ante grupos de presión creando monopolios sociales y económicos.

El Anarcocapitalismo elimina la fuente del problema, la coerción unilateral, ya que considera que todos los servicios y productos materiales de la sociedad están incluidos en el mundo de la producción, incluso la seguridad, justicia y “servicios públicos”. Todos son praxeológicos. En todo caso, demuestra por qué la seguridad no es un ramo de la producción y puede ser servida por empresas privadas, cuando en realidad ya ocurre. Yo he escrito en otras partes sobre este problema, y no digamos autores extranjeros. Si la sanidad ha de ser privada para los minarquistas, también lo ha de ser en consecuencia la seguridad y justicia que también pertenecen al mundo de la producción.

Esta última pregunta, jamás ningún minarquista ni partidario del laissez faire clásico me la ha sabido responder.

Saludos.

20:58  
Anonymous Iván Moreno said...

Jorge, creo que has desviado completamente el debate. Yo pensé que se estaba discutiendo sobre la radical diferencia entre minarquistas y anarquistas, cuando de repente empezamos a hablar sobre la posibilidad de existencia de un estado minarquista.

Yo no he tomado posición por nadie. He procurado hablar siempre en tercera persona, y no me interesa en absoluto dentro de este debate la posibilidad o no de existencia de un tipo de Estado o de otro. Entre otras cosas porque, si como tú indicas no podemos aceptar un tipo de estado perecedero, no podremos aceptar ninguno, pues todos seguramente lo sean.

Lo único que pretendí decir es que la base tanto de minarquistas como de anarquistas es idéntica. No existe esa diferencia tan radical que se pretende argumentar, al realizar apreciaciones distintas en función de si introducimos o no la realidad en el debate. Si se elimina la realidad, minarquistas y anarquistas piensan igual. Si se introduce, adquieren diferecias... pero en ningún caso de base, como se pretende inducir en el artículo. Simplemente, diferencias en cuanto a la posibilidad de existencia de un determinado sistema, y su potencial defensa de las libertades.

De nuevo expongo: un socialista parte de unas bases opuestas al liberalismo. Para el socialista la desigualdad es injusticia, y por lo tanto la violencia está justificada para su erradicación. Para el liberal no... únicamente la agresión es injusta, y por lo tanto la violencia puede ser utilizada para reducirla al máximo. No hay diferencia con respecto a esta base entre anarquistas y minárquistas...

Un saludo Jorge.

PD: Manuel, Callahan, Kinsella y resto no nos basamos en dogmas de fe, sino en deducciones lógicas (lógica aristotélica) y/o apriorísticas

Las deducciones parten de bases, que como bases no pueden ser deducidas lógicamente. Vuestra visión, al ser completamente pura, o alejada de la experiencia, únicamente está formada por la deducción a partir de creencias subjetivas (o dogmas de fe), y separada de toda medida empírica. Es lo único que intenté expresar con ello... Eso sí, con ello no quiero decir que sea errónea... es más coincide casi completamente con mi "voluntad". Pero vamos, no necesitas un libro para explicar la verdad de tus bases... necesitas un milagro.

23:51  
Blogger Jorge Valín said...

Hola Iván,

te he contestado a una parte del argumento que has expuesto, era un paréntesis. Respondiéndote a la post data sólo apunto una cosa, el Anarcocapitalismo, al menos el nacido de la vertiente lógico–deductiva no se apoya en creencias subjetivas (dogmas de fe), sino en axiomas en última instancia. Precisamente los dogmas de fe nacen del empirismo entre otros que ni menciono porque no son el tema. La historia es contingente, por eso no tiene porque ser universal, atemporal ni necesaria. Todo y así toda deducción lógico–deductiva ha de ser verificada por la realidad, es decir, tampoco se excluye totalmente el empirismo en su sentido más extenso. Si digo “todos los socialdemócratas son de izquierdas, luego todos los de izquierdas son socialdemócratas” es falso si lo testeamos con la realidad.

A lo que apuntas de: “[l]o único que pretendí decir es que la base tanto de minarquistas como de anarquistas es idéntica”, no tiene porque ser así. De minarquismos hay muchos, de hecho es una concepción bastante escalable. De Anarcocapitalismos básicamente hay dos, uno más “práctico” (no me atrevo a caer en el tópico de decir utilitarista), como el de David Friedman, y otro más sustentado en las ideas o antipragmático, que es en el que se encuentra Callahan. Decir que las bases del Minarquismo y Anarcocapitalismo son iguales es relativo, pero si nos ceñimos a lo expuesto por Callahan, que es lo que nos interesa, la diferencia entre los dos sistemas (Minarquismo y Anarcocapitalismo) es enorme. La defensa del axioma de la no–agresión no tiene excepciones, no hay relativismo aquí. El Minarquismo sí que las tiene como tu mismo has expuesto de forma acertada. De hecho los minarquistas no creen en el axioma de la no–agresión como también hay anarcocapitalistas que no creen (Dhun por ejemplo, y lo dice así de claro). Lo que no es coherente es exponer directamente que los minarquistas están contra la agresión, para luego añadir que el concepto de agresión tiene matices. Los conceptos tienen una sola definición, si los extendemos, o les incluimos “pero” ya dejan de serlo para convertirse en otras cosas a los que se les ha de dar diferente nombre.

En otras palabras, el Anarcocapitalismo de Callahan se basa en una serie de axiomas (que no menciona en el texto), y que como tales son inamovibles, por eso son axiomas. El Minarquismo al que haces referencia sí que modifica ciertos principios axiomáticos para conseguir un fin mejor, el de la libertad porque por si misma es insostenible. No es un punto de discordancia baladí, sino de fundamento, de hecho eso es lo que intenta explicar el autor. Hay un momento en el que comentas:

“Un minarquista estaría siempre completamente en contra de la agresión. Pero no cree en que exista la ausencia de la misma, por lo que deberá buscar el óptimo que garantice una mayor libertad individual.”

Lo que no entiendo es cómo se puede encontrar un óptimo de libertad ex ante mediante un sistema de agresión–defensa monopolístico, de hecho es imposible. Para eso necesitas una fórmula de maximización de utilidades como las que puede usar una empresa para medir su máximo técnico. Este óptimo que comentas, en realidad sólo se basa en la esperanza y en valores totalmente subjetivos. Dicho de otra forma, necesitas una fórmula que defina la historia. En el momento, que de una forma u otra se aplique, se vulnera el axioma de la no–agresión. Y a eso se refiere Callahan.

Por otra parte, nadie niega que no exista la agresión, ni el más recalcitrante de los pacifistas. El problema está en no institucionarla en un monopolio, y esa es la gran diferencia del Anarcocapitalismo con el resto de ideologías. Hay una frase muy conseguida de Lenin (sus discursos eran sinceros, claros y directos): “El estado es una máquina para mantener la dominación de una clase sobre otra” (discurso “Sobre El Estado” [1919]). Lenin no engaña a nadie, el estado aplicó la fuerza en pro de la burguesía, con el socialismo se ha de usar en pro del proletariado para conseguir un fin mayor. Como todos sabemos no fue así porque todo estado, ya exista para defender a los burgueses, proletarios, la libertad, la igualdad… siempre lo abandona todo para defender la elite económica y oligarquía política. Los Minaquistas creen en mitos estatistas, como que el estado es capaz de defender la vida, la propiedad privada, y la libertad —famosa tríada del laissez faire decimonónico.

Desde el momento en que el Minarquismo defiende la no–agresión y aboga por un estado se vuelve una contradicción lógica e histórica. Recuerda, el laissez faire es un concepto teórico que jamás se llegó aplicar, ni en el S. XIX. El Mianrquismo en el fondo parte de la misma concepción socialista como ya había apuntado Lenin: el estado, da igual la finalidad que se le quiera dar, defiende a unos de los otros unilateralmente y mediante monopolios. A eso se refiere Callahan al decir “…la separación entre los minarquistas y, por ejemplo, los estalinistas, es relativamente pequeña”.

Saludos.

07:03  
Blogger Jorge Valín said...

Perdona Iván, se me olvidó algo importante a lo que hacías referencia y que es lo que te interesa creo: “[l]o que niega un minarquista no es la legitimidad teórica del anarquismo, sino su bondad práctica.”

Esta afirmación es una contradicción inadmisible. Teoría y práctica son los mismo, desde el momento en que no casan, es que la teoría está mal planteada y se ha de reformular urgentemente. Una teoría plena no puede tener doble personalidad, de ser así, no tiene sentido alguno y se desmonta por si sola. Es la antítesis de la ciencia.

Saludos.

07:16  
Anonymous Iván Moreno said...

Jorge, obviamente la base de toda tu argumentación serán axiomas (por definición). Si a lo que te refieres con axioma es que son bases autoevidentes, yo también podría definirlos como tales, pues así me lo parecen. Pero en el fondo, todos, absolutamente todos dichos axiomas, pueden ser rebatidos (o mejor dicho puestos en duda) sin mucha dificultad, quedándose en meras creencias subjetivas, que no tienen por qué ser tan claras como para ser compartidas.

Pero vamos... tampoco es un debate que vaya mucho más allá... Acepto tu punto de vista, pues es el mío también.

Con respecto al resto, vamos a ver un par de puntos:

1. Lo que no entiendo es cómo se puede encontrar un óptimo de libertad ex ante mediante un sistema de agresión–defensa monopolístico

Yo ni siquiera sé como se puede encontrar un óptimo de libertad ex ante a secas. Pero eso no quita para que partiendo del análisis se pueda adquirir una aproximación.

2. [l]o que niega un minarquista no es la legitimidad teórica del anarquismo, sino su bondad práctica.”

Esta afirmación es una contradicción inadmisible.


No hablo de teoría y práctica, sino de legitimidad teórica y bondad práctica...

Añado un ejemplo que me sirve para iluminar ambos puntos.

Un hombre sufre un ataque de corazón y queda inconsciente. Puedo salvarle practicándole un RCP, aunque para ello necesite romperle alguna costilla. No hay nadie que me dé consentimiento para practicarlo. Romper una costilla a alguien sin consentimiento es una agresión.

Esto creo que ilumina los dos puntos (especialmente el segundo):

1.- Si salvo la vida a ese hombre, yo he aplicado una agresión a partir del sentido común y de la experiencia. Si únicamente me hubiera basado en una ética de no agresión (pura, ajena a toda experiencia), no hubiera podido realizarla. Si aceptas la agresión en dicho caso... ¿pasas a estar más cerca del socialismo que del anarquismo? En este caso, bien es cierto que no se busca un máximo de libertad... Pero esto lo pone todavía más a mi favor. Si desde un punto de vista anarquista se pueden aceptar actuaciones que no garanticen la no agresión, y no como búsqueda de una mayor libertad... ¿cómo obligar en la práctica a eliminar las acciones agresivas que busquen un máximo de libertad (es decir, que reduzcan al máximo la agresión)? Puede que estas no existan, y que lo mejor desde el punto de vista de la libertad sea el anarquismo. Pero de nuevo, es una cusetión de fe.

2.- Legalmente, practicar un RCP a alguien (rompiéndole una costilla, por ejemplo) sin consentimiento expreso, está penado (siempre y cuando el afectado denuncie, claro está). Obviamente, desde un punto de vista teórico liberal, practicar el RCP es ilegítimo. Pero... ¿crees que su bondad práctica no justifica esa actuación del médico o enfermera? Como comprobarás, hay una diferencia sustancial entre la legitimidad teórica y la bondad práctica...

Quiero destacar que no quiero decir con ello que el minarquismo tenga una forma análoga al ejemplo... Simplemente que no todo puede basarse en una teoría pura, que se mantega alejada de la experiencia (en el ejemplo, la experiencia indica que la gran mayoría de las personas perfieren la vida a la muerte). Si así lo hiciéramos, quedaríamos fuera del mundo, aislados. El anarquismo que se basa puramente en la razón quedaría en el plano teórico, como diría Schopenhauer, como una isla de la que no se puede salir y a la que nadie puede entrar. Completamente inservible para los que están fuera... Inexpugnable, imposible de derribar argumentalmente, pero completamente prescindible para el resto del mundo.

Desde el momento en que el Minarquismo defiende la no–agresión y aboga por un estado se vuelve una contradicción lógica e histórica.

Sí. Pero no es más contradictorio que defender una anarquía si crees que esta lleva a una situación de menor libertad y mayor Estado. ¿No crees?

Un saludo, Jorge

10:11  

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