Jorge Valín
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Jorge 

Valín

martes, agosto 31, 2004

Traducción del libro "Man, Economy and State" de M. Rothbard

ESEADE ha publicado una traducción parcial del libro de Murray N. Rothbard, “El Hombre, la Economía y el Estado”.

La edición incluye prólogo de Alberto Benegas Lynch (h) disponible a través de Web. El libro se puede adquirir en formato digital en Libronauta; y en formato impreso en ESEADE.

¡Una buena noticia!

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jueves, agosto 26, 2004

Hacia una sanidad libre y eficiente

Acabo de publicar un nuevo artículo sobre los males y las soluciones de la sanidad pública:

Teniendo en cuenta la longitud del artículo también lo podéis descargar en formato pdf (147 Kb) para imprimirlo.

El artículo esta estructurado en 8 puntos:

  • Los problemas de la sanidad pública: ineficiencia, colapso e inmoralidad. Donde se identifican los problemas de la sanidad pública.

  • Por qué la sanidad es económicamente ineficiente en manos del estado. En este punto explico como se crean las valoraciones de una sociedad, y la imposibilidad económica del estado para aplicarlas.

  • Paralelismo conceptual con la nacionalización del sector automovilístico. Este punto explica con un ejemplo el punto anterior, y cómo se han llegado a muchas de las conclusiones falaces en el campo de la sanidad.

  • Más allá del ahorro personal. Más soluciones de mercado. En una economía de mercado pura la división de trabajo no sólo actúa verticalmente, sino horizontalmente también desarrollando toda la economía.

  • La visión “teleocrática” y “tecnocrática” del estado en la sanidad. Explicación por qué estos dos conceptos no tienen sentido en una sociedad libre.

  • La sanidad privada incrementa y refuerza los valores morales humanos. En general cómo actúa una sociedad libre que siempre consigue valores más humanos que no una sociedad con mandatos impuestos.

  • Información y responsabilidad civil de las empresas de sanidad privadas. Que otras consecuencias positivas tiene la privatización de la sanidad.

  • Cómo sacar la producción de sanidad de las manos del estado de forma inmediata. La solución de Hans-Hermann Hoppe. Cuatro puntos para empezar a privatizar la sanidad pública.

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miércoles, agosto 18, 2004

Rothbard y Kuwait


¿Por qué la guerra? La conexión Kuwait
Por Murray N. Rothbard (1926–1995)



‘The Irrepressible Rothbard’ —descripción del libroArticulo publicado en mayo de 1991 con el nombre "Why the war? the Kuwait connection" y recogido en el libro "The Irrepressible Rothbard". Rothbard fue uno de los máximos pensadores de la Escuela Austriaca de economía, autor de unos 25 libros y literalmente miles de artículos, Rothbard (PhD, Columbia University) es considerado como el principal economista libertario (o anarcocapitalista) norteamericano, además de gran filósofo e historiador.


¿Por qué, exactamente, fuimos a la guerra en el golfo? La respuesta permanece confusa pero tal vez podemos encontrar una explicación examinando a la fuerte y ominosa Conexión Kuwait en nuestro gobierno. (Estoy en deuda con un excelente artículo en un oscuro tabloide de Nueva York, Downtown, por Bob Feldman, “El Caso Kissinger,” 27 de marzo). La Sabahklatura que controla el gobierno de Kuwait es inmensamente acaudalada, al tono de cientos de miles de millones de dólares, derivados del botín de impuestos/”regalías” extraídos de los productores de petróleo simplemente porque la tribu Sabah alega tener “soberanía” sobre ese valioso trozo de territorio. La tribu Sabah no tiene ninguna demanda legítima sobre los ingresos petroleros; no descubrió ni mezcló su labor o cualquier otro recurso con el petróleo crudo.

Es razonable asumir que la familia Sabah se encuentra lista para usar una modesta porción de su mal habida riqueza para comprar defensores y abogadores en el poderoso Estados Unidos. Ahora enfocamos nuestra atención en la siniestra pero casi universalmente Querida figura, el Dr. Henry Kissinger, un portavoz, consultor y servidor de por vida del Imperio Mundial Rockefeller. Kissinger es tan Querido, de hecho, que cuando quiera que aparece en Nightline o Crossfire, aparece solo, ya que parece lese–majeste (o incluso blasfemia) que cualquiera contradiga los banales y ponderosos pronunciamientos teutónicos del Grande. Sólo un puñado de quejones y descontentos de la extrema derecha y la extrema izquierda disturban este cómodo consenso.

En 1954, Kissinger, a los 31 años, experto en ciencias políticas y admirador de Metternich, fue arrancado de su oscuridad académica para convertirse en un consultor —para siempre—, de política exterior del gobernador de Nueva York, Nelson Aldrich Rockefeller. Doctor K continuó en ese augusto rol hasta que asumió el dominio de la política exterior durante toda la gestión de las administraciones de Nixon y Ford. En ese rol, Kissinger tuvo un papel muy importante en prolongar y extender la guerra de Vietnam y en el asesinato en masa de civiles que significaron los bombardeos de terror en Vietnam, los bombardeos secretos en Camboya y la invasión a Laos.

Desde que dejó su posición en 1977, el Dr. Kissinger ha continuado jugando un rol de alta influencia en la política de los Estados Unidos, en la prensa y en el imperio mundial Rockefeller. Fue Kissinger, junto a David Rockefeller, quien fue decisivo en la desastrosa decisión del Presidente Carter de admitir dentro de Estados Unidos al que había sido recientemente depuesto, el Shah de Irán, viejo amigo y aliado de los Rockefeller, una decisión que condujo directamente a la crisis del secuestro en Irán y a la caída de Carter. Hoy en día, Kissinger continúa sirviendo como síndico del poderoso Rockefeller Brothers Fund, como un consejero del Chase Manhattan Bank de Rockefeller y como un miembro del Comité Consultativo Internacional de Chase. La influencia de Kissinger en la prensa es evidente, por haber servido él en el consejo de dirección de CBS, Inc., y por haber sido un consultor pagado de Noticias NBC y Noticias ABC. Eso cubre a las tres redes.

Pero el principal y más lucrativo rol de Kissinger ha sido en la ciudad de Nueva York como cabeza de Kissinger Associates, fundada por un préstamo obtenido en 1982 de la firma de banca internacional, E.M. Warburg, Pincus and Company. Nominalmente, Kissinger Associates (KA) es una “firma consultora internacional” pero “consultor” cubre muchos pecados y, en el caso de KA, esto significa el uso de influencia política internacional para sus dos docenas, aproximadamente, de importantes clientes corporativos. En el reporte más completo sobre KA, Leslie Gelb, en la Revista New York Times del 20 de Abril de 1986, revela que en ese año, de 25 a 30 corporaciones pagaron a KA entre US$ 150.000 y US$ 420.000, cada una, por influencia política y “acceso”. Como Gelb suavemente lo pone: “Los consultores internacionales super estrellas (en KA) eran ciertamente gente cuyas llamadas telefónicas eran devueltas por altos oficiales del gobierno americano, y eran también capaces de dar entrada a los ejecutivos a reuniones con líderes extranjeros.” Yo me atrevo a decir que mucho más que mero acceso podía ser ganado de ese modo. Las oficinas de KA en Nueva York y Washington son pequeñas pero acarrean un fuerte impacto. (¿Es mera coincidencia que las oficinas centrales de KA, en Park Avenue, estén en el mismo edificio que las oficinas locales de la subsidiaria del Chase Manhattan Bank, el Banco Comercial de Kuwait?)

¿Quiénes eran estos “consultores internacionales super estrellas”? Uno de ellos, que en 1986 fue vicepresidente de KA, no es otro que el General Brent Scowcroft, ex consejero de seguridad nacional bajo el Presidente Ford, y jugando exactamente el mismo rol bajo George Bush, sirve como jefe arquitecto de la Guerra del Golfo. Uno de los más altos clientes del General fue la Kuwait Petroleum Corporation, perteneciente al gobierno de Kuwait, que pagó a Scowcroft por sus servicios por lo menos desde 1984 hasta 1986. Además, Scowcroft llegó a ser un director de Santa Fe International (SFI) a principios de los años 80, no mucho después que SFI fuera comprada por la Kuwait Petroleum Corporation en 1981. Juntándose con Scowcroft en el consejo de dirección de SFI, estuvo el viejo jefe de Scowcroft, Gerald Ford. Una de las actividades de SFI es perforar pozos de petróleo en Kuwait, una operación que, por supuesto, tuvo que ser suspendida después de la invasión de Irak.

Brent Scowcroft, está claro, ha disfrutado una larga y lucrativa conexión con Kuwait. ¿Es coincidencia que fue la presentación de Scowcroft, a nombre del Consejo de Seguridad Nacional, el 3 de agosto de 1990, la que de acuerdo al New York Times (21 de febrero), “cristalizó el pensamiento de la gente y consolidó el apoyo” para una “respuesta fuerte” a la invasión de Irak sobre Kuwait?

Scowcroft, a propósito, no agota la puerta giratoria de administraciones Republicanas para ejecutivos de Kissinger Associates. Otro máximo oficial de KA, Lawrence Eagleburger, subsecretario de estado bajo Reagan, ha retornado a una alta posición —después de un laburo en KA—, como vicesecretario de estado bajo George Bush.

También son vitalmente importantes en KA los miembros de su consejo de directores. Un director es T. Jefferson Cunningham III, quien también es un director del Midland Bank de Gran Bretaña, que también ha sido un cliente de KA. El punto fascinante aquí es que 10,5 por ciento de este banco de 4 mil millones de dólares pertenece al gobierno de Kuwait. Y Kissinger, como cabeza de KA, está por supuesto interesado en avanzar los intereses de sus clientes, que incluyen el Midland Bank y por lo tanto el gobierno de Kuwait. ¿Tiene esta conexión algo que ver con los puntos de vista ultraduros de Kissinger respecto a la Guerra del Golfo? Mientras tanto, Kissinger continua sirviendo en el Consejo Consultativo de Inteligencia Exterior del presidente Bush, lo cual da a Kissinger no sólo un canal para dar consejos sino también un acceso a información de seguridad nacional que podría resultar útil para los clientes corporativos de KA.

Otro cliente de KA es la Fluor Corporation, que tiene un interés especial en Arabia Saudita. Poco antes de la invasión del 2 de agosto, Arabia Saudita decidió comenzar un proyecto de 30 a 40 mil millones de dólares para expandir la producción de petróleo y otorgó dos enormes contratos petroleros a las corporaciones Parson y Fluor (New York Times, 21 de agosto).

Un miembro del consejo de directores de KA es el presidente de ARCO, Robert E. Anderson; ARCO, también uno de los clientes de KA, tiene compromisos de exploración y de perforación petrolera en el mar de China, en asociación con Santa Fe International, la subsidiaria del gobierno de Kuwait.

Otros miembros del directorio de KA son William D. Rogers, subsecretario de estado en la administración de Eisenhower, de la línea Dewey–Rockefeller, y líder Republicano de mucho tiempo en Nueva York; el ex presidente de Citibank (Rockefeller), Edward Palmer; y Eric Lord Roll, economista y presidente del directorio del London international banking house de S.F. Warburg.

Quizás el miembro más interesante del directorio de KA es una de las figuras más queridas en el movimiento conservador, William E. Simon, secretario del tesoro en las administraciones de Nixon y Ford. Cuando Simon dejó el puesto en 1977, se convirtió en un consultor de Bechtel Corporation, que ha suscrito los importantes, inmensos contratos de construcción para construir refinerías de petróleo y ciudades en Arabia Saudita. Adicionalmente, Simon se convirtió en un consultor de Suliman Olayan, uno de los más acaudalados y poderosos empresarios en Arabia Saudita. Habiendo sido durante mucho tiempo un cercano asociado de la petrolera y rica familia real saudita, Olayan había servido bien a Bechtel al conseguirle el multimillonario contrato para construir la ciudad petrolera de Jubail. En 1980, además, Olayan contrató a William Simon para que sea presidente de dos firmas de inversiones que pertenecían conjuntamente a él y al influyente príncipe saudita, Khaled al Saud.

Bechtel, los Rockefeller y la familia real saudita, han tenido por mucho tiempo una íntima conexión. Después de que los sauditas otorgaron al consorcio de Aramco Oil, dominado por Rockefeller, el monopolio de petróleo en Arabia Saudita, los Rockefeller trajeron a sus amigos de Bechtel para que formen parte de los contratos de construcción. La corporación Bechtel, por supuesto, también ha contribuido a George Schultz y Cap Weinberger para altos cargos en administraciones Republicanas. Para completar el circulo, Suliman Olayan, el antiguo jefe del director de KA, Simon, fue, en 1988, el más grande accionista en el Chase Manhattan Bank después del mismo David Rockefeller.

La secuencia es clara. Un viejo eslogan de la Nueva Izquierda mantenía que “no necesitas que un hombre del tiempo te diga en que dirección está soplando el viento.” De la misma manera, tú no necesitas ser un “teórico de la conspiración” para ver que está sucediendo aquí. Todo lo que tienes que hacer es estar dispuesto a usar tus ojos.

Traducido por John Leo Keenan





jueves, agosto 12, 2004

La ayuda externa, y Estados Unidos de Pat Buchanan


Ayuda Externa y Abdicación Republicana

Por Patrick J. BuchananPat Buchanan


Artículo publicado originalmente el 26 de marzo de 2002 con el nombre
Foreign aid and Republican abdication”. Patrick Buchanan es columnista desde 1962 y autor de 8 libros. Trabajó con los presidentes Richard Nixon, Gerald Ford y Ronald Reagan, de este último fue Director de Comunicaciones en el periodo 1985-1987. Fue candidato presidencial en las elecciones de 1992, 1996 y 2000. Recientemente fundó la revista, The American Conservative ("El Conservador Americano").


Con el compromiso del Presidente Bush de elevar la ayuda externa de Estados Unidos en un 50 por ciento, durante los próximos tres años, ¿puede alguien explicarme otra vez la diferencia entre un conservador compasivo y un liberal Clintoniano?

A lo largo de 40 años, más de un billón de dólares ha sido extraído de los pagadores de impuestos de Estados Unidos y despachado en ayuda externa, gran parte de ella a déspotas que la han desperdiciado o robado. A través de África y del mundo islámico, la pobreza y el despotismo están más profundamente arraigados que en la era Kennedy–Johnson, cuando la ayuda externa era una nueva y osada idea.

Si la política americana va a basarse en la sabiduría de la experiencia, ¿cuál es el argumento para duplicar la ayuda externa ahora? Sin embargo, eso es exactamente lo que el Consenso de Monterrey, firmado por 171 naciones, ordena a Estados Unidos hacer. En lo que respecta a los que distribuirán esta pila fresca de dólares americanos, ellos exhibieron su amor por Estados Unidos en la manera que dieron la bienvenida a Monterrey a la Gran Enchilada. Escribe el Financial Times:

"[Fidel] irrumpió en el centro de conferencias con traje de combate, calculando su llegada para confligir directamente con la conferencia de prensa dada por... los sumos sacerdotes del orden capitalista mundial. Después de un breve apretón de manos con el [Presidente] Fox, [Castro] fue recibido con un aplauso estruendoso al declarar que el prestigio de las organizaciones internacionales está en un rango ‘menor a cero.’ Siete minutos más tarde, él anunció que tenía que volver directamente a Cuba y prontamente se fue llevando a un grupo ruidoso de reporteros a cuestas."

Asombroso. En una conferencia de las Naciones Unidas, llamada a dirigirse a la crisis de los pobres y perseguidos del mundo, los gritos de apoyo más fuertes van hacia un criminal político bajo cuya dictadura de 43 años miles de patriotas cubanos han perecido en la prisión, y el estándar de vida ha caído del primer lugar al último en Latinoamérica.

Primer finalista en popularidad en Monterrey fue el camarada venezolano de Fidel, Hugo Chávez: “El líder, de muchas palabras, invocó el espíritu de Simón Bolívar... e hizo un llamado retórico a que el FMI sea reemplazado por un Fondo Humanitario Internacional, indicando que los [programas del] FMI habían sido ‘veneno mortal’ para la gente del mundo en desarrollo.”

¿Por qué podría ir el Presidente Bush a una conferencia de las Naciones Unidas —donde Castro y Chávez son celebrados—, para anunciar que los Estados Unidos duplicará la ayuda externa y distribuirá gran parte de ella a través de la misma gente que vitoreó a los dos demagogos? ¿Hemos perdido todo nuestro respeto propio?

Seguro que el presidente no desconoce el carácter de tales conferencias en las Naciones Unidas. En el cónclave de las Naciones Unidas sobre racismo en Durban, el odio a Estados Unidos era tan grueso que podías cortarlo con un cuchillo. No obstante, aquí tenemos a nuestro nuevo presidente en Monterrey, usando los mismos argumentos de antaño, para la misma política de antaño, a la misma gente de antaño.

Esta vez, dijo Bush, nosotros insistiremos en que la ayuda externa vaya solamente a regimenes que se reforman y que la usan de manera concienzuda. Lo siento, señor, estuvimos ahí, hicimos eso. Los gorrones de Monterrey saben que eso es una broma. El Occidente no tiene ninguna credibilidad porque, como el mundo lo sabe, el Occidente está demasiado entontecido por un sentimiento de culpa, y tiene muy pocas luces para dejar fuera a los parásitos.

El premio al rastrero Occidental en Monterrey, sin embargo, va al Primer Ministro de Bélgica, Guy Verhofstadt, con esta pequeña muestra de autoflagelación: "El egoísmo colectivo del mundo rico" ha contribuido a "la desesperanza de cientos de millones de habitantes - solos, desposeídos, impotentes -." De acuerdo a Guy, aquellos árabes y africanos están todos sufriendo no debido a los regimenes que los han gobernado mal, sino debido a que los Estados Unidos y el Occidente han escatimado sus cuotas de ayuda externa.

¿No van a enfermarse nunca de esto los americanos? ¿No vamos nunca, nunca a pararnos, ignorar a esta gente y abandonar la sala?

¿Qué ha sucedido con el Partido de Reagan? Si los conservadores creen que el camino a la prosperidad para la gente yace a través de menos gobierno y bajos impuestos, ¿por qué piensan que el camino a un estándar de vida ascendente en el Tercer Mundo es a través del engrandecimiento de unos regimenes con billones de dólares frescos en ayuda externa americana?

Si el Partido Republicano puede terminar la “participación de ingresos” con los 50 estados por ser contraria a su filosofía, ¿por qué continua compartiendo los ingresos de impuestos con regimenes extranjeros que son infinitamente más corruptos?

No tiene ningún sentido, excepto desde el punto de vista de la incapacidad moral del Partido de plantarse por sus principios, de cara a la opinión mundial y al abuso de la prensa. El Partido Republicano abandonó una vez los principios al firmar su aprobación a la enorme expansión, por parte del presidente Bush, del Departamento de Educación. Si va con él en su incremento del 50 por ciento en la ayuda externa, confirmará una verdad: No hay ningún partido conservador en Washington. No hay un partido de los pagadores de impuestos, solamente hay dos alas del mismo Partido del Gobierno, el mismo pájaro de rapiña.

Traductor: John Leo Keenan.



martes, agosto 10, 2004

Anarquía e historia por Joseph Sobran

Anarquismo, Razón e Historia
Por Joseph Sobran


Sobran --Las auténticas noticias del mes

Artículo publicado originalment el 24 de enero de 2002, con el nombre "Anarchism, Reason, and History". Joe Sobran es un conocido escritor americano que ha sido destacado por primeras filas de la economía, política y filosofía. Puedes visitar su Web en www.sobran.com.



¿Puede cualquier estado tener un "derecho a existir"? La pregunta ha sido planteada nuevamente por el profesor Hans-Hermann Hoppe, en su libro "Democracia: El Dios Qué Falló". Él la responde con un vehemente No.

Hoppe solamente es el más reciente pensador en la tradición del anarquismo filosófico. Su maestro, el fallecido Murray Rothbard, fue otro. Ambos deben sus ideas a un gran, pero poco conocido, americano del siglo diecinueve, Lysander Spooner.

La posición de Spooner era simple. Hay una ley moral, la cual en esencia todos aprendemos temprano en la infancia, incluso antes de que conozcamos nuestras tablas matemáticas. Es básicamente esta: No lastimes a otra gente. El principio es simple, aún si su aplicación pueda ser dificultosa ocasionalmente.

Spooner razonó que de éste se deduce que ningún estado debería existir. Nadie puede arrogarse el poder de cambiar la ley moral o un monopolio de la autoridad para hacerla valer. Mas el estado se arroga el derecho de hacer ambas cosas. Trata de cambiar la ley moral a través de la legislación, la cual se considera - falsamente - que añade algo al deber moral de sus súbditos, e insiste de que sólo él puede definir, proscribir y castigar la injusticia.

Las consecuencias de los derechos asumidos por el estado incluyen la guerra, la tiranía, la esclavitud y los impuestos. La comunidad estaría mejor sin el estado.

El mejor argumento a favor del anarquismo es el siglo veinte. Un académico, R.J. Rummel, calcula que los estados en ese siglo asesinaron aproximadamente a 177 millones de sus propios ciudadanos y esa cifra no toma ni siquiera en cuenta a guerras internacionales. Es inconcebible que criminales privados pudiesen matar a tantos. Sería interesante saber cuanta riqueza ha sido confiscada y desperdiciada por estados.

¿Pero podría la sociedad existir sin el estado? ¿Es un mal necesario de la existencia humana? ¿Puede incluso ser algo positivo?

Aristóteles dijo que el hombre es un animal político pero su concepción de la comunidad, o "polis", era muy diferente de lo que es el estado moderno. El pensaba que la comunidad debería ser lo suficientemente pequeña como para que todos sus miembros pudiesen conocerse el uno al otro. ¿Suena como algún estado que conozcas?

San Agustin veía al estado, junto con la esclavitud, como una consecuencia del Pecado Original. Nunca podía ser una buena cosa pero era inevitable para el hombre pecaminoso. Mas nosotros podemos preguntar si eso es así realmente. En el tiempo de San Agustin, la esclavitud parecía ser un mal necesario de la vida social y un mundo sin esclavitud era difícil de imaginar. Nadie podía recordar, y pocos podían concebir, una economía sin esclavos.

¿Será posible que nosotros de igual manera hayamos asumido que el estado es inevitable, solamente porque estamos acostumbrados a él y difícilmente podemos imaginarnos un mundo sin él? Así como trabajos serviles, que alguna vez fueran realizados por los esclavos, son ahora repartidos diferentemente entre hombres libres, quizás, como los anarquistas argumentan, las funciones del estado podrían ser repartidas entre agencias voluntarias.

El filósofo del Renacimiento, Thomas Hobbes, pensaba que la anarquía - el "estado de la naturaleza" -, sería "una guerra de todos contra todos," haciendo que la vida humana sea "solitaria, pobre, fea, tosca y corta". Su solución fue el estado, el cual reprimiría los conflictos entre los hombres. El no anticipó que el estado mismo pudiese agravar los conflictos y hacer que el orden social sea mucho más miserable de lo que la anarquía jamás podría ser.

John Locke, casi contemporáneo de Hobbes, ofreció una alternativa más atractiva: el estado limitado, el cual tendría el poder de asegurar los derechos naturales del hombre pero que carecería del poder de violarlos. Mas tal estado nunca ha existido por un tiempo prolongado. Una vez que un monopolio del poder llega a existir, tiende a degenerarse hasta convertirse en una tiranía. Los anarquistas argumentan que esta decadencia es inevitable debido a que la tiranía es inherente a la naturaleza misma del estado.

Por extraño que parezca, el gran conservador, Edmund Burke, empezó su carrera con un panfleto anarquista, argumentando que el estado era destructivo de la sociedad humana, de la vida y de la libertad - por naturaleza e históricamente -. Más tarde, explicó que había querido que su argumento fuese una ironía pero muchos han dudado eso. Su argumento a favor de la anarquía fue demasiado poderoso, apasionado y convincente para ser una broma. Posteriormente, como político profesional, Burke parece haberse reconciliado con el estado, creyendo que por más sangrientos que hubiesen sido sus orígenes, podía ser amansado y civilizado, como en Europa, por "el espíritu de un caballero y el espíritu de la religión". Pero incluso mientras él escribía eso, el viejo orden que amaba se estaba ya deshaciendo.

Cualquiera que sea la verdad, los anarquistas tienen mucha razón de su lado. Y mucha historia.


Traductor: John Leo Keenan

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lunes, agosto 02, 2004

La Gran Ficción de la Independencia Periodística

Gran artículo de Jesús Cacho, en “El Confidencial” sobre la “independencia periodística”.

“El estilo de hacer periodismo que el Grupo Prisa ha impuesto en España ha tenido efectos letales para la salud moral, incluso mental, del oficio. Porque el resto de los grupos se ha dedicado a hacer polanquismo, a tratar de marcar la agenda política del gobierno de turno, a hacer favores a los poderosos, a esconder los escándalos de esos amigos poderosos, y así sucesivamente…”

“[…] también el periodismo económico está siendo víctima de los efectos devastadores de la falta de independencia empresarial y del encamamiento entre los editores y los grandes grupos de poder económico y financiero. La concentración empresarial ha resultado, a estos efectos, nefasta para la libertad de expresión”. [Más]



Pat Buchanan y el imperio americano

¿Qué precio el imperio americano?
Por Patrick J. Buchanan

Pat Buchanan
Artículo publicado originalmente el 29 de mayo de 2002 con el nombre
What Price the American Empire?”. Patrick Buchanan es columnista desde 1962 y autor de 8 libros. Trabajó con los presidentes Richard Nixon, Gerald Ford y Ronald Reagan, de este último fue Director de Comunicaciones en el periodo 1985-1987. Fue candidato presidencial en las elecciones de 1992, 1996 y 2000. Recientemente fundó la revista, The American Conservative ("El Conservador Americano").


La semana pasada, el vicepresidente Cheney y el secretario Rumsfeld advirtieron que más ataques de terror son una certeza y que puede que involucren la detonación de un arma atómica en suelo americano. Ellos han concentrado a la mente maravillosamente. Incluso un pequeño, crudo artefacto nuclear, explosionado en un puerto o ciudad de Estados Unidos, podría matar a muchos miles más de los que murieron el 11 de septiembre.

Correctamente, el gobierno de Estados Unidos está enfocado en cómo anticipar un ataque semejante, en evitarlo, prepararse para él. Pero no ha habido ningún debate sobre la cuestión más crítica. ¿Por qué? ¿Por qué estos radicales islámicos nos odian tanto que están dispuestos a suicidarse si es que pueden llevarse a cientos o miles de nosotros con ellos?

Ellos no nos conocen. No pueden vencer o destruir a los Estados Unidos, ni aún con una bomba atómica. ¿Qué pueden esperar conseguir? ¿Son simplemente unos lunáticos?

Dentro de nuestro enfoque en la obtención de un mejor servicio de inteligencia, en ataques preventivos, alertas en códigos de colores y planes de evacuación, ¿no hemos pasado por alto un curso de acción que podría terminar la amenaza de un terror catastrófico? Como en "La Carta Substraída" de Poe, ¿no hay una salida justo ahí, sobre la repisa de la chimenea delante nuestro?

Considera: Si bien ninguna nación occidental ha sufrido un acto de terror en la escala de Septiembre 11, todas han conocido el terror. Los británicos fueron emboscados por los irlandeses en la guerra de independencia, de 1919 a 1921. Civiles británicos fueron explosionados por sionistas en el Hotel King David en 1946. Colonos fueron asesinados por Mau-Mau en Kenya. Hasta 1962, los franceses fueron masacrados en teatros de cine y cafés por el FLN de Algeria. Los Marines de los Estados Unidos fueron atacados con bombas en Beirut en 1983. Desde Netanya a Jerusalén a Tel Aviv, israelitas hoy en día mueren en ataques de terror y atentados suicidas.

En todas estas atrocidades, el terror fue un arma de los débiles y apátridas contra poderes occidentales a los que no podían vencer por las armas. En cada caso, el terror fue utilizado para expulsar a un poder imperial o para echar a tropas extranjeras. En cada caso excepto uno, el terror acabó cuando el poder occidental se fue a casa.

El dinamitazo del Hotel King David convenció a los británicos de acelerar su salida de Palestina. El terror sionista se acabó. El terror de Mau-Mau acabó cuando los británicos abandonaron Kenya. Cuando De Gaulle cortó su dominio sobre Algeria, el terror del FLN se acabó. Cuando Reagan retiró a sus Marines de Beirut, el terror antiamericano se acabó en el Líbano.

¿Lección? El precio del imperio es el terror. El precio de la ocupación es el terror. El precio del intervencionismo es el terror. Como Barry Goldwater acostumbraba decir, es tan simple como eso. Cuando Israel partió del Líbano, los ataques de Hezbollah decrecieron a casi nada. Pero por el tiempo en que los israelitas ocupen a Cisjordania, la cual el Primer Ministro Barak aceptó que pertenece por lo menos en un 95% a los palestinos, Israel será golpeada por ataques de terror.

O Israel se marcha o paga el precio de quedarse: terrorismo.

Mas esta columna no es acerca de Israel - es acerca de nosotros -. Es acerca de porqué nuestros líderes nos están diciendo, en tonos de resignación y fatalismo, que no se trata de si va a suceder, sino de cuando sucederá el próximo acto de terror catastrófico aquí, y sobre porqué debemos aceptar la posibilidad de que un arma nuclear será explosionada aquí.

Mas cuando los americanos preguntan, "¿por qué nos odian?" y "¿por qué estos radicales islámicos en el otro lado de la tierra quieren venir aquí y cometer haraquiri matándonos?", recibimos respuestas que no deberían satisfacer a un niño de segundo grado. Ellos nos odian, se nos dice, porque nosotros somos democráticos y libres y buenos y tenemos bajos tipos impositivos.

Bueno, eso ya no es suficiente. Antes, no después, del próximo ataque de terror contra este país, los líderes de América deberían empezar a decir la verdad: Por más perversos que sean, asesinos islámicos están aquí porque nosotros estamos allá. Ellos no están tratando de matarnos porque les disgustan nuestras políticas domésticas, sino porque detestan nuestra política exterior.

Quince de los 19 secuestradores vinieron de Arabia Saudita. No volaron contra esas torres mellizas para protestar el sufragio universal o para avanzar la autodeterminación del pueblo palestino. Como dijo Osama Ben Laden, ellos quieren que dejemos de apoyar al régimen saudita que odian, y que salgamos del suelo sagrado saudita donde se asientan los santuarios más santos del islam. Quieren a nuestras tropas fuera de Arabia Saudita y si no nos salimos, ellos están viniendo acá a matarnos de cualquier manera que puedan.

Esa es la realidad. Ahora, si bien América debería utilizar todas las armas en su arsenal, desde el espionaje hasta la diplomacia, hasta la guerra, para evitar el terror y castigar al terror, debemos dirigirnos al tema central: El terror en suelo americano, y un eventual terror catastrófico y atómico en suelo americano, es el precio del imperio americano.

¿Vale el imperio la pena? Franceses, británicos, incluso soviéticos dijeron que no. Ellos se fueron a casa. Y nada por allá - no petróleo, no bases en Arabia Saudita, no hegemonía global -, vale la pena como para arriesgar un terror nuclear aquí. Puede que sea el único derechista en América que ama el Distrito de Columbia, mas yo crecí aquí. Washington es mi ciudad natal. Viene primero y un imperio no es ni siquiera un cercano segundo.

Traductor: John Leo Keenan.



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