
No todo son malas noticias en la obsesión del estado para desproteger al ciudadano. Mientras que los políticos de San Francisco (Estados Unidos)
pretenden prohibir a sus ciudadanos el derecho fundamental a defenderse, en
Nueva Zelanda han parado su reforma para el control de armas.
Según Don Kates (abogado americano especializado en temas constitucionales), Canadá en 1995, en un plan para el 2004, iba a gastar 2 millones de dólares para registrar todas las armas del país. El coste total ha superado los 1.000 millones de dólares. Los resultados: entre el 40 y 50% de las armas siguen sin estar registradas.
La prohibición de armas sólo favorece a los delincuentes y al estado. Cuando el estado, bajo pena de castigo o muerte, desarma al ciudadano garantiza a las bandas y delincuentes que cualquiera sea un objetivo fácil para sus crímenes. Los atracadores, violadores, asesinos… no entienden de control armamentístico. Ellos siempre van armados.
Cuando el estado se asegura que todos los ciudadanos están desarmados tiene carta blanca para armar a sus burócratas y convertir la seguridad en un monopolio por ley, ineficiente, corrupto y prepotente. “La policía está para proteger y servir”, pero a ellos mismos, no al ciudadano. ¿Quizá evitaron que los “okupas” destrozaran Barcelona? ¿Acaso han evitado la proliferación de bandas violentas? (fenómeno desconocido en España hasta hace pocos años) ¿Han evitado los asesinatos producidos por ex combatientes de la Europa de Este que han venido a España? (la desarmada Europa occidental es un paraíso para ellos) ¿Han disminuido los crímenes en las zonas más marginales de las ciudades? No. Más bien las medidas contra la defensa individual han incentivado todos esos actos criminales.
En un estado policial, como el actual, no ha sido difícil para la ley y el estado prohibir aquellos actos “no criminales”, marginar la iniciativa empresarial, restringir la libertad individual, crear y mantener monopolios estatales…
La seguridad pertenece al terreno de la producción, y como todo bien y servicio “productivo” siempre será más eficiente en manos privadas y bien alejada de la extorsión estatal. El estado ha fallado otra vez. Sólo los políticos, y el resto de delincuentes están a salvo.
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