“Discriminación positiva: un oxímoron” ¿Cómo…?
Me habían dicho que Red Progresista tenía un nivel intelectual muy bajo, pero hasta ayer no lo descubrí con mis propios ojos. Sólo leí una nota llamada “Discriminación positiva: un oxímoron” de un tal Judas. El título me sorprendió, pero pensé que sería en clave de cinismo, la sorpresa fue cuando empecé a leerlo. El autor dice en las primeras líneas que la “discriminación positiva” es “…[buena] en todo caso, para el que no es discriminado por el objeto de dicha positividad”. Y luego dice “…en fin, se esta poniendo la base a una discriminación. Positiva o no, depende si eres hombre o mujer” [!].
Apreciado Judas, a la “discriminación positiva” no se le llama así por que sea “buena”, “moderna” o de “izquierdas”, sino porque implica “derechos positivos”. ¿Y que es un derecho positivo? Cito un pie de página de un artículo que escribí hace un tiempo (La ética bien entendida):
“El derecho positivo es aquel que corresponde a las obligaciones y ayudas obligatorias: si el individuo ‘A’ tiene un derecho positivo, por ejemplo, sobre el bien o servicio ‘X’, entones alguien (como el gobierno) tiene la obligación (positiva) de proveer a ‘A’ con el bien o servicio ‘X’. El derecho positivo se enfrenta, por su contra, al llamado, de forma odiosa, derecho negativo. El derecho negativo corresponde a obligaciones de abstención: si ‘A’ tiene un derecho negativo sobre un bien o servicio ‘X’, entonces nadie tiene la capacidad de interferir sobre el disfrute de ‘A’ hacia su bien o servicio, a saber, ‘X’.”
Es cierto que el adjetivo es nocivo, horrible y parece suponer algún tipo de valor moral (algo que sería técnicamente terrible) —por eso quise llamar la atención en la explicación anterior hablando de los derechos negativos— ya que da lugar a la mala interpretación, pero el que intenta dar “clases” al resto de personas ha de saber el origen de los términos, su definición e implicaciones.
El texto entero del Sr. Judas está lleno de contradicciones lógicas. Una de las más graves, por las implicaciones a posteriori que tiene, es criticar negativamente la discriminación positiva: “el cumplimiento y aplicación de los principios y valores [positivos] (…) en el sistema educativo [están] destinados a fomentar la igualdad real ente hombres y mujeres”.
Es francamente sorprendente que alguien de “izquierdas” critique esto, porque esto implica eliminar de un plumazo todos los derechos positivos, y por extensión toda la ideología “socialista” o de izquierdas. Sr. Judas, no está atacando una ley con esa reflexión, sino todo el universo socialista. Precisamente los liberales pre–clásicos y los posteriores basados en el “derecho natural” siempre han arremetido contra estos “derechos positivos” porque significan el uso de la fuerza, la exclusión discrecional a costa de otros grupos indirectos, acatación obligatoria y el robo; ya sea en forma de capital humano [trabajo] o físico [de stock en sentido amplio de Böhm-Bawerk].
Uno de los inmensos errores que comete el autor, Judas, es confundir, también, ética con moral. Aunque no lo dice directamente (porque dudo mucho que sepa la diferencia entre los dos) mezcla los dos conceptos continuamente tratándolos como si fueran lo mismo. No es de extrañar que estos “pensadores” de domingo después se escandalicen, o no entiendan textos puramente éticos. Porque para ellos, ética es igual a moral (una falta realmente grave que los deja en muy mala posición). Sólo tienen una visión de la vida, y ésta es francamente estrecha. No se por qué critican a los conservadores, realmente, los dos grupos son igual de doctrinarios.
Por último me gustaría apuntar una cosa. A diferencia de lo que creen muchos, los fundadores del derecho positivo no fueron socialistas ni izquierdistas, sino los liberales clásicos —y es por eso, entre otras cosas, porque son tan criticados por los liberales del derecho natural. El derecho positivo fue impulsado por dos autores básicamente, John Austin y Jeremy Bentham. Fue Austin, en la primera mitad del S. XIX, el auténtico artífice del concepto de “derecho positivo” con un libro asombrosamente pequeño llamado “Sobre la utilidad del estudio de la jurisprudencia”. Aquí, realmente, empezó todo. Frédéric Bastiat, en el S. XIX ya se adelantó a las consecuencias nefastas de esta forma de pensar con lo que se ve y lo que no se ve:
“En el ámbito económico, un acto, un habito, una institución, una ley, no produce sólo un efecto, sino una serie de efectos. De éstos únicamente el primero es inmediato, y dado que se manifiesta a la vez que su causa, lo vemos. Los demás como se desencadenan sucesivamente no los vemos; bastante habrá con preverlos.
La diferencia entre un mal economista y uno bueno se reduce a que, mientras que el primero se fija en el efecto visible, el segundo tiene en cuenta el efecto se ve, pero también aquellos que es preciso prever.
Sin embargo, esta diferencia es enorme, pues casi siempre ocurre que, cuando la consecuencia inmediata es favorable, las consecuencias ulteriores resultan funestas, y viceversa.” [Las cursivas del último párrafo son mías. "Obras Escogidas de Frédéric Bastiat".]
Lo que me ha dejado más atónito han sido los comentarios de algunos lectores —los de izquierdistas, porque los que no lo son es lógico que estén de acuerdo— que han llegado a decir del texto de Judas que es “impecable, sensato e inteligente” [!]. El texto es una divagación mundana como la que podemos escuchar en el metro o por la calle, no tiene sentido alguno, es incoherente y confuso. No comento siquiera las respuestas de aquellos que han atacado a Judas que aún son peores, como el de un tal Akin, que sus “reflexiones” son aún más incoherentes y vagas hasta el grado de calificarlas de subrealista (sí con “b”, y no surrealista).
Sr. Judas, no estoy en contra que muestre sus opiniones, eso es evidente. Es más, dentro de todos los errores que ha cometido tiene un trasfondo de razón. Pero lo que no puede hacer es inventarse la ciencia o renunciar a sus principios sin al menos explicarlo.



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Recientemente el Sr. Octavio Rodríguez Araujo y yo nos estuvimos enviando unos mails a raíz de 
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