Jorge Valín
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Jorge 

Valín

domingo, septiembre 27, 2009

Libros sobre Liberalismo. Gratis. Partido Libertario.

Un miembro del Partido Libertario de España me facilita una página donde hay libros sobre el liberalismo donde cualquiera puede acceder:

Los libros van de Ayn Rand, hasta Huerta de Soto, Hayek o Mises, entre otros.

Información relacionada del P. Libertario:

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viernes, abril 10, 2009

1934. Viñeta del Chicago Tribune. La historia se repite.



martes, abril 15, 2008

El crimen que dio origen a la policía. Michael Gilson de Lemos

Rescato del pasado una traducción de Toni Mascaró, El Crimen que Dio Origen a la Policía:

Hace casi tres años, en la época añorada del Laissez Faire Electronic Times, Michael Gilson de Lemos escribió un artículo sobre los orígenes privados de la policía y del servicio de correos y de cómo el sector público persiguió a esos bienhechores y, cual parásito, se apoderó de sus invenciones. He aquí la traducción, imprescindible para ancaps pero, como siempre con las lecturas de MG, que nadie se espere una lecturita previsible y políticamente correcta:

El crimen que dio origen a la policía
Jonathan Wilde: Detective, emprendedor y mártir
por Michael Gilson De Lemos
traducción de Antonio Mascaró Rotger

artículo aparecido en el The Laissez Faire Electronic Times, Vol 2, No 15, Abril 14, 2003

Ésta es la historia del cínico asesinato judicial del hombre que creó un segmento crítico de los servicios policiales modernos en forma de institución privada, y de la expropiación de los servicios de correos que lo precedió, servicios tan eficientes y dirigidos a las necesidades individuales que no han tenido igual hasta el día de hoy. Eso permitió que el gobierno se apoderara de ellos, dando origen a la policía tal como la entendemos hoy en día. Con ello, se expropiaron y asesinaron las primeras innovaciones proto-liberales[1] en servicios postales y policiales: y no es solamente lo que existe en la actualidad una monstruosidad menos eficiente construida a partir de sus cadáveres, sino que es la historia del asesinato del propio concepto de los servicios privados y voluntarios que se dirigen a las necesidades del individuo y por ende de la gente.

¿Porqué, se pregunta a veces, ha habido un sesgo cultural e intelectual a favor de la policía pública? Incluso con la vasta propaganda pública, ¿acaso no debería el mercado haberlos privatizado ya todos? O, al menos, ¿no debería haber algunas alternativas privadas bien conocidas, especialmente al principio? Particularmente en la tradición angloamericana, ¿acaso no prueba eso que algo está errado en la teoría? ¿O es que en algún momento se borró de nuestra conciencia histórica, como ahora que se acusa a los jurados de descarriarse y que la prensa deifica a los jueces anónimos? ¿Qué hay de los servicios auxiliares, tales como correos? ¿Acaso no fueron siempre, y de alguna medida inherentemente, gubernamentales?

Un método habitual de análisis social liberal no consiste en seguir la moda de empezar una discusión con el último papel de trabajo o institución, sino en indagar en la causas. Invariablemente, los liberales se encuentran con que en el fondo de cada institución “obviamente” gubernamental, yace algo completamente diferente. Rothbard y Gabriel Koldo, al exponer como empezó la regulación mercantil en Estados Unidos, desde diferentes ángulos usó este método en un modo clásico: en el gobierno, las cosas suelen ser lo opuesto de lo que aparentan.

En el caso de la génesis de la policía, ha tenido que esperarse hasta el reciente acceso público a los archivos de la Old Bailey, la famosa ciudadela del mal del sistema judicial británico en el siglo XVII. De hecho, numerosas innovaciones fueron creadas por personas privadas (los servicios de policía, los sellos de correos, las compañías de bomberos, las compañías aseguradoras) para ser luego incautadas y confiscadas por el gobierno una vez probaron que eran provechosas y populares.

La policía nació del crimen

En Gran Bretaña, el proceso fue similar al que se siguió después en América. Desde la época medieval, había una serie de policías privadas y empresas de guardias vecinales (empezando con la simple voz de alarma cuando se descubría un problema) que ofrecían servicios a bajo coste cercanos a y controlados por la gente que los usaba, y por ello, estaban existían tensiones con el gobierno central, que por razones monetarias, de poder y religiosas pensó en crear un sistema obligatorio y uniforme independientemente de que así se solventaran los problemas o no.

Así, en nombre de la “mejora” y la “regulación” de la acción privada, se impusieron leyes que elevaron sus costes y crearon distorsiones.

Esas leyes destruyeron el voluntariado al requerir una desmesurada y creciente cantidad de horas de papeleo y al incentivar a contratar “profesionales” del gobierno. La gente dispuesta a ofrecerse como voluntarios unos pocas horas al mes se encontrar de repente con que se les exigía trabajar muchas horas al día y al empezaron a faltar al trabajo, lo que el gobierno usó entonces como prueba de la necesidad de impuestos regulares, el fracaso de la libertad, de la avaricia general y de la vagancia, así como de la necesidad de lo que hoy llamaríamos la “profesionalización” pública. Los abusos criminales por parte de los que estaban de guardia fueron ilógicamente magnificados para demostrar que todo el sistema de la participación comunitaria estaba errado. El control por parte de la comunidad y de la vecindad quedó deshecho por los jurados distantes y por los juzgados centrales.

Se dio un proceso similar en el entrenamiento de las milicias. Las antiguas repúblicas entrenaban a sus soldados como parte de la educación para adolescentes (una edad en la que a los jóvenes les encantan este tipo de ejercicios) de una forma tan eficiente que las crónicas andan repletas de historias de los jóvenes Alcibíades o Cesar dominando situaciones complejas con un perfecto autocontrol siendo todavía adolescentes. Pero en los Estados Unidos, fueron un ímpetu de los militares modernos los ejercicios obligatorios de maniobras militares, el retraso en el entreno cuando la gente ya había empezado sus carreras, y la hostilidad del gobierno hacia los clubs de milicias, resultando todo ello en el “problema” de tener a gente que no se presentaba a los entrenamientos y en llamamientos para instaurar el servicio militar obligatorio. De hecho, los gobiernos estaban horrorizados cuando el sistema seguía funcionando: la nacionalización en “Guardias Nacionales” y la creación de armerías y la legislación del control de armas en cada ciudad reflejó el rechazo de las milicias a disparar contra manifestantes sindicales, a que las milicias y las patrullas privadas arrestaron a cobradores de impuestos federales y que los negros se defendieron con éxito ante las turbas que iban a lincharles apoyadas por el gobierno. Ahora hay quien pide que se restablezca el servicio militar obligatorio para subsanar las ineficiencias del gobierno mientras se sigue intentando asfixiar un enfoque natural en el entreno y la autodefensa.

El porceso no fue, de hecho, muy diferente al de cómo el gobierno regula las empresas hasta dejarlas inactivas, hasta abocarlas a comportamientos aberrantes, o hasta promover el mal comportamiento sensacionalizado de unos pocos (generalmente ignorando el papel desempeñado por los funcionarios públicos corruptos), lo que después se presenta como prueba no de cómo la regulación y la coerción pública resultan contraproducentes sino de que se necesita todavía más. Entonces el gobierno, con su recién estrenado monopolio, no se dispone a solventar el problema sino a perseguir aquellos que desafían su inútil monopolio o a los que violan sus “standards” abstrusos y rebuscados.

Estamos viendo esto en los últimos vestigios de vigilancia ciudadanas hoy en los Estados Unidos y en el Reino Unido. Tras varios incidentes en los que la gente no ayudó a otros que estaban en peligro (bien porque tenían muy buenos motivos o bien debido a la inacción de los funcionarios públicos o por la confusión creada por los responsables), se establecieron leyes para obligar a los ciudadanos a prestar su ayuda. La policía se ha encargado después de perseguir, como se está viendo en Florida, a los que no ayudaron suficientemente pronto, animando así a la gente a no ayudar en absoluto, y justificando así una mayor “profesionalización” de los empleados públicos. Los que se defienden de los ladrones o de los atracadores callejeros, se encuentran perseguidos por el uso o tenencia ilícita de armas, abuso de fuerza en la respuesta, o similares.

El sitio web de la Old Bailey, si uno lee entre líneas, tiene problemas para esconder la historia de la siniestra corrupción. Caso a caso, se ve no una evolución sino una nueva imposición de control público y reacción ciudadana a lo largo de siglos.

Como resultado, a principios del siglo XVIII, empleados casi públicos desearon apoderarse de los “caza ladrones” que actuaban como detectives, negociaban la devolución de bienes y ofrecían numerosos servicios de arbitraje, y poner el proceso bajo el control de los tribunales permitiendo así el encarcelamiento rentable y el transporte de ciudadanos bajo cargos no demostrados de “posesión de bienes robados” lo que operaba de un modo similar a la posesión de marihuana de nuestros días (en cambio, el secuestro, difícil de simular, era castigado levemente). Esto culminó, un siglo más tarde, en la fundación por parte de Peel de la “honesta” policía pública, que los “Bobbies” inevitablemente corrompieron para dar a luz a la policía sin opción a elegir, centralizada, burocrática y cada vez más adversa al ciudadano como la que existe hoy.

El problema radicaba en que a principios del siglo XVIII el trabajador Jonathan Wilde había desarrollado, partiendo de un pasado un tanto granujilla, la práctica detectivesca hasta nuevas cumbres, creando la vigilancia comunitaria y muchas técnicas avanzadas y prácticas que actualmente usa la policía cuando realmente entra en la comunidad. Él propuso, en ataques satíricos, que las cárceles realmente aumentaban el crimen y abogó por un enfoque más sensato. Frustró varios amagos de los policías públicos contra prostíbulos y por encarcelar a gente en prisiones provechosas, por lo que fue denunciado por los puritanos locales en el gobierno. En su “Relato verídico” entendió el asunto perfectamente en términos nozickianos o de competencia friedmanita:

Cuando dos de una misma profesión se encuentran en disensión, el mundo realiza muchos descubrimientos importantes; y […] surge naturalmente una expectativa de algún vilipendio”.

Simplemente, la gente se dirigía a él y no a los empelados públicos si lo que querían eran resultados. Su brillante integración de comunidad, proacción, mediación, y alternativas de defensa completamente trascendieron las actuales ideas liberales de, por ejemplo, competencia entre varias agencias de defensa, por las que estudiosos bien intencionados como Friedman laboriosamente teorizan sobre lo que podría pasar en vez de (que, como dice Aristóteles, es el primer paso del método científico) ser conscientes de lo que pasó y lo que, por tanto, puede ser fácilmente perfeccionado y repetido.

Destacan, entre sus innovaciones:

· Un servicio de negociación para obtener de los criminales los objetos robados por un porcentaje y devolvérselos a los propietarios.

· Grupos de comunidad para organizar turnos que interactuaban a los largo de la ciudad.

· Ofrecer consejo a la gente sobre cómo evitar robos.

· Según varias tradiciones orales, tenía los principios de una agencia de bienestar para ayudar a los ladrones a reformarse y, de la misma manera, dispuso el arresto o ejecución pública de auténticos malhechores.

· Un método alternativo para tratar el tema del crimen cuando el gobierno era su principal causa.

Esto último es particularmente importante. Los impuestos y las regulaciones en aumento no sólo estaban empobreciendo la Gran Bretaña, sino que el gobierno descubrió que condenar a la gente por robo basándose en pruebas que hoy se expulsarían a carcajadas de un juzgado (y los castigos draconianos, incluyendo lo que era en realidad la esclavización y deportación durante un determinado número de años de sus ciudadanos y disidentes que, al empobrecer a las familias, indujo a muchos a robar para poder alimentarse con lo que se creó un círculo vicioso) resultaba altamente rentable y consolidaba su tambaleante poder tras la restauración de la Monarquía.

Las deportaciones eran la esclavización: muchos de los deportados como sirvientes por un periodo determinado se encontraron con que esos periodos duraban, de hecho, de por vida pues eran alargados por infracciones menores según el capricho exclusivo del amo. De hecho, uno de los secretos sucios de la Revolución Americana fue que ésta era la principal forma de esclavitud existente en esa época que muchos de los Padres fundadores estaban intentando eliminar, de la que la esclavitud africana era una variante: para comprender cuan extendida estaba, muchos blancos fueron esclavizados por negros libertos hasta el siglo XIX; sus presuposiciones y procesos draconianos siguen corrompiendo el sistema legal (un prisionero es técnicamente un esclavo del gobierno, y una vez más el castigo en los Estados Unidos, a pesar de las desconcertantes fórmulas de castigo “justo” que toman en consideración cada factor excepto la dirección del viento y, sin embargo, dan lugar a sentencias desproporcionadas) hasta el día de hoy.

Peor todavía: el sistema legal británico alimentó y fue alimentado por la miseria que creaba y por la facilidad con la que el inocente era condenado: alguna gente era víctima de acusaciones de robo por parte de aquellos que querían deshacerse de familiares molestos, de sirvientes que no accedían a sus deseos sexuales, de cónyuges inconvenientes, de acreedores difíciles, de los discapacitados, de vecinos agobiantes, por simples deseos de venganza y de gente que alarmaba al gobierno al reclamar cosas tales como sus derechos.

A medida que uno lee las transcripciones del sitio web de la Old Bailey, uno lee no la historia cutre de una Inglaterra que de repente se vuelve loca de lujuria por robarle los candelabros y la mantelería al vecino, sino la magnificación de los dramas vecinales, domésticos y vengativos por parte de un gobierno guiñando el ojo feliz de enviar, tras un juicio de diez minutos, a sus víctimas a cumplir condena de servidumbre durante años y de destruir clanes enteros a mayor gloria de su propia grandeza y poder. La mera acusación de que algo poseído era robado llevó a muchos a la ruina, y esto operaba de la misma manera que las bárbaras y criminales leyes actuales sobre la posesión y pérdida, tan queridas por los fiscales, que ignoran la intención, el efecto o la evidencia. No fue una era gloriosa esta del nacimiento de la policía pública y de los tribunales públicos, sino la espiral mortal de una sociedad corrupta que alumbró la Revolución Americana y que, sin embargo, sigue viva mediante los estudiosos y la propaganda que colorean el pensamiento de hoy no sólo en el Reino Unido, sino en todos los países que han sido influenciados por la Gran Bretaña.

¿Un proceso judicial moderno?

Si bien en un principio usó sus servicios, el gobierno pronto se dirigió a Wilde de otro modo. Sus negociaciones fueron denunciadas por inducir al robo a los ladrones. Se le acusó de formar un régimen mafioso con sus concejos ciudadanos. Aparentemente, algunos también robabas de sus opresores y se acusó a Wilde de hacer la vista gorda en este asunto; como la estaba haciendo, si es que era eso cierto, el propio gobierno. En su juicio, Wilde sugirió que al menos algunos de sus acusadores le estaban acusando de lo que ellos mismos estaban haciendo; y estaban alarmados, presumiblemente, de ver como se reducía su parte del beneficio a medida que Wilde reducía el crimen.

La trascripción del juicio, ahora desenterrada, revela la estratagema horripilante que el gobierno usó para pararle, apoderarse de su reputación, y destruir su servicio: no sólo le acusó de robar para hacerse quedar bien al conseguir recuperar fácilmente los bienes, sino que afirmaron que él dirigía una colosal operación en la que él directamente dirigía los robos que después decía haber resuelto. Pero en realidad le apuntaron con una ley fantástica, propuesta por el principal responsable legal de la City, el Recorder, que era uno de los jueces. Se estableció esta ley específicamente contra él de modo que podía, aberrantemente, condenársele de conspirar consigo mismo para robar por el simple hecho de aceptar una recompensa. En efecto, con esta ley, el gobierno británico al completo se le echó encima.

Éste es el contexto adecuado para comprender el registro histórico. Pues esa fue, como cada vez más lo es hoy, la era del “Código Bloody [2]” y de los castigos severos por ofensas menores basados en escasas pruebas.

Los ladrones arrepentidos no solían admitir nada y la gente era reticente a acusar por miedo a que una muerte injusta cayese sobre sus conciencias.

La gente respondió al sistema que tenía Wilde de negociar para la devolución de los bienes al tiempo que les animaba a tomar medidas preventivas y, pronto surgieron otros grupos por doquier desarrollando este sistema. El gobierno estaba especialmente horrorizado de que él hubiese organizado a la gente en concejos judiciales casi democráticos en cada distrito donde ellos se procuraban su propia justicia en una suerte de franquicia y la gente solventaba sus disputas sin invocar los castigos draconianos del gobierno o las multas provechosas.

En efecto, había empezado a privatizar la capital entera para la gente en una disciplinada organización en red en una era en la que el hombre medio todavía no podía votar. Si la gente tomaba un control activo para eliminar a los ladronzuelos, no se requería mucha imaginación por parte de los burócratas para preguntarse que pasaría cuando los ladrones mayores del gobierno fuesen los siguientes de la lista. Cuando el gobierno comprendió lo que estaba aconteciendo, reaccionó. Habla por sí mismo el escandaloso sermón con el que el juez contestó a Wilde cuando éste pidió justicia y expuso lo que estaba realmente sucediendo.

Como los fiscales de hoy en día, el gobierno no se arriesgó y amontonó un cargo sobre otro con la espera de que alguno colaría. Le arrestaron por robo con once acusaciones que iban a inflamar seguro al público según las cuales él dirigía una mafiosa “corporación de ladrones” que no estaba tanto eliminando ladrones sino lanzando ataques de pandillas contra los ladrones de la competencia y que, incluso, vendía sangre humana. Wilde protestó diciendo que el gobierno estaba en efecto compinchado con los criminales para destruir la auténtica protección policial y que iban a por él, pues ladrones que él había sido incapaz de apresar aparecían ahora como testigos del gobierno.

¿Y Wilde? Bajo los impetuosos procesos judiciales de la época, la defensa no podía llamar a testigos y ni tan siquiera tenían derecho a saber cuando sería el juicio, de manera que a los testigos de la defensa generalmente les resultaba imposible testificar. Su abogado sólo podía sacar a colación puntos legales; a la defensa de los acusados de algún crimen se les prohibía tener abogados ya que “siendo serio el crimen, ellos podían adecuadamente estar motivados para defenderse a sí mismos”. En cambio, el sistema de Wilde estaba abierto a testigos.

Y no es que los testigos del gobierno demostraran nada. Wilde había recuperado un rollo de tela que había sido robado de una tienda y lo había hecho sin esperar recompensa. Cuando la tendera intentó recaudar la recompensa para los ladrones para recompensar el artículo, él no se lo dejó hacer. El testigo era claramente reticente y pensaba bien de Wilde. El juez entonces emprendió una discusión metafísica con el abogado de Wilde sobre si uno es un criminal cuando no un ladron, basándose en el significado de la ley establecida para atrapar a Wilde y cuya calidad de Alicia en el país de las maravillasse hace más profunda a medida que uno la relee varias veces; mientras bloqueaba los intentos para interrogar al posible ladrón para evitar que salieran a la luz los hechos que podrían ayudar a Wilde.

Wilde casi se salvó. Ésta era la época en que los jueces dejaban claro de qué parte estaban y que encarcelaban a los jurados que llegaban a veredictos inconvenientes. El jurado se enfrentó al gobierno, absolvió a Wilde por el robo pero no vio manera de absolverle por recuperar una propiedad robada y aceptar una recompensa (aparentemente, esperaba que le conmutarían la pena de muerte, como solía hacerse) y el gobierno no perdió el tiempo: si bien los ladrones condenados eran normalmente exiliados o multados, colgaron a Wilde y los compinches de la corte se apoderaron de su negocio. Panfletos escritos por Don Nadies llenaron las calles con cuentos cada vez más horribles de sus presuntos crímenes, posteriores calumnias oficiales crearon un circo contra él en su ahorcamiento. Tramas de robo y recuperación de objetos prosperaron con impunidad y el crimen floreció, a juzgar por la calidad decreciente de los juicios en la Old Bailey y cargos exagerados. Y los testigos del proceso judicial fueron discretamente ejecutados en juicios igualmente cuestionables y silenciados para siempre. Con el tiempo, los Bow Street Runners se apoderaron de muchas funciones, imitaron las innovaciones de Wilde tales como estar fácilmente disponible y enviar investigadores inmediatamente y, si bien eran eficientes, eran la élite que reemplazaba a los ciudadanos que se habían procurado su propia justicia mediante la negociación.

El mismo día de su juicio, el gobierno no dudó en realizar más de sesenta juicios más donde envió a gente en pocos minutos a años de servidumbre o los sentenció a muerte, la mayoría con alegaciones que no se sostenían de llevarse pequeñas piezas de ropa o explicaciones desarticuladas de mercaderes que muy bien podrían tratarse de inventarios mal hechos. Las defensas fueron de lo más revelador: una letanía de contraacusaciones de venganza, malas identificaciones, sugerencias de que el artículo había sido vendido por orden del acusador y después se les acusaba del precio resultante, el artículo había sido devuelto o afirmaciones de que el artículo había sido tomado prestado como de costumbre. En algunos casos resulta que la gente, como en el caso de Wilde, fue condenada a pesar de que a los acusadores sólo les faltó proclamar la inocencia del acusado.

Se dice que mientras era abucheado yendo a la horca, en un postrer testimonio de la hipocresía de la época y de lo que a él le estaba sucediendo, re negó a hablar. En cambio, ostensiblemente metió la mano en el bolsillo del cura abstemio y sacó un sacacorchos que mostró con una divertida mirada al público confuso y a las futuras generaciones que tal vez le iban a comprender.

Los estudiosos, incapaces de concebir la naturaleza de las innovaciones de Wilde y su restauración de la policía privada de la common law, sin el menor criticismo acatan las acusaciones y las memorias de sus enemigos y universalmente le denuncian en el mejor de los casos como un granujilla y en el peor como un maquinador monstruo del robo, dando el asunto por zanjado. Estos estudiosos y escritores se andarían con mucho cuidado de cualquier trascripción de juicios e historias de gobiernos si se tratase de los nazis persiguiendo a los judíos por gestionar un servicio de justicia, los comunistas a algún empresario, o la Inquisición a alguna bruja basándose en cargos exagerados de robos, y nos darían una obra maestra de “lectura concienzuda” poniendo el asunto en perspectiva y mostrando que lo que realmente estaba pasando entre bastidores; más si cabe, supone uno, si el jurado nazi, comunista o vaticano hubiese absuelto al acusado y hubiese intentado reprender al gobierno por condenar a una persona por realizar una buena acción. No los intelectuales estatalistas, que aparentemente no pueden concebir algo tan fundamental, como un pez que no es consciente del agua en el que vive, como mostrar que se cuestiona al propio Estado.

El asunto no está zanjado. Leer entre líneas y entender que tuvo que ocurrir, comprender la naturaleza de las instituciones coercitivas reaccionando contra el cambio, leer los alegatos extremadamente perspicaces de Wilde, eso lleva tiempo. Tal vez, Wilde añadió algo de robo en sus operaciones pero pudo haber sido del modo en que los departamentos de policía a menudo permiten que sus informantes mojen sus picos para desvelar un asunto mayor. Pero al fin y al cabo, lo que sobresale del caso como el Coloso de Rodas es que él fue absuelto del único y fundamental cargo mediante la common law: el jurado, lejos de dejar que cayese todo el peso de la ley sobre él, rehusó a condenarle por robo y le halló culpable sólo de la buena obra de recuperar bienes robados bajo la desconcertante y absurda ley; una ley tan rara que técnicamente también hacía igualmente culpable al juez y a la fiscalía.

Mientras otros como Vidocq (quien ochenta años más tarde fundó la primera agencia de detectives para fastidio de la policía oficial francesa, la Sûreté), estudió a Wilde, viendo en él a un gran innovador y pareció haber entendido lo que aquel intentaba hacer; entre sus contemporáneos nadie estaba interesado en un juicio político complicado o entendía el concepto de la innovación privada voluntaria que devolvió el sentido de público a los servicios “públicos”.

Así fue cómodamente transformado en un rebelde pintoresco en cuentos como “La ópera del mendigo” e historias ambiguas de Fielding, quien se benefició de la destrucción de Wilde, salió a la palestra y creó la “primera fuerza policial efectiva” y Defoe (incluyendo su ensayo al estilo burlesco de Bastiat Everybody’s Business is Nobody’s Business[3]contra la libre empresa mencionando a Wilde) que observó que si él era un criminal, entonces los había mucho mayores en el gobierno y sus regulaciones.

En el siglo XIX, Ainsworth, echó más leña al fuego, redibujó a Wilde como una comadreja en Jack Sheppard e incluso el Profesor Moriarty de Sherlock Holmes y la obra y canción Mack the Knife están basadas en él.

¿Y hoy? Que Wilde no espere ninguna ayuda de los pseudointelectuales que creen que toda la historia es fácilmente explicable como una conspiración de patriarcas, racistas y antisemitas por el estilo oponiéndose al progreso del iluminado gobierno colectivo con alocadas ideas sobre la libertad, la objetividad y la atención seria a los hechos, y que no sólo ciencia social sino también el arte ha de avanzar de este modo. Así, actualmente, y como era predecible, el Conspiracy Paper de Liss extrae la moraleja de que Wilde muestra lo que pasa en ausencia de una fuerza policial, “la algo vaga noción de libertad”, el patriarcado, y lleva sus asuntos judaicos más allá de “la muy estúpida idea de que la ficción histórica debe ser seria”.

Así, ciertamente, la literatura es testigo del robo... de la historia.

Un tipo distinto de pionero

¿Porque deberíamos sorprendernos?

Juana de Arco salvó a Francia y fue condenada por traición. Galileo fue un gran científico y fue acusado de confundir al público y llevarlos a la ignorancia. La ciencia médica está repleta de grandes descubridores encarcelados ser por farsantes.

Los primeros defensores de la libre empresa fueron quemados en la hoguera en la Plaza Mayor de Madrid por la Inquisición. Se enseña la historia no como la crónica de los innovadores sino de los grandes ladrones gobernando países mostrándolos como si fuesen hombres nobles. Incluso este mes, un tal Peter Thiel va más allá de todos los conceptos de servicios postales del gobierno y crea Paypal y, en vez de darle una medalla, se le desprecia por ser “meramente” un capitalista ladrón y se le persigue indirectamente bajo una ridícula ley antiterrorista. Los verdaderos pioneros de las alternativas gubernamentales fueron y son incomprendidos y enterrados en medias verdades como los primeros usuarios de la penicilina fueron quemados como brujas, a la espera de su Will Durant.

¿Acaso fue único el caso Wilde? No. La expropiación de Wilde, desde sus esfuerzos hasta su memoria, no fue única en su momento. Si bien es típico que las fuentes actuales atribuyan el servicio postal a los servicios militares de todo el mundo desde el faraón Necho hasta varios duques chinos, la verdad es que el primer sistema genuino fue una empresa privada por el prácticamente desconocido William Dockwra.

Unos pocos años antes de Wilde, él desarrolló un servicio competitivo junto al trasto viejo del servicio general y creó, en un breve periodo, cada una de las innovaciones que hoy damos por descontadas: oficinas locales, buzones, prepago y entrega urgente… por un penique. Eso sucedió en la época en que, gracias a los métodos del gobierno, uno podía enviar una carta a Holanda, pero no de Londres a Londres.

Después de un periodo de confusión, el gobierno reaccionó viciosamente. Declaró que Dockwra había violado un monopolio de servicios que jamás ofreció, fue juzgado y el gobierno se apoderó de su organización que, por aquel entonces, en una ciudad era mucho mayor que todo el sistema estatal del reino. Cuando más estudiamos el pasado, más vemos el presente: una motivación consistió en que con el servicio de correos en manos privadas, la censura y el espionaje resultaban muy difíciles.

Hubo un tiempo en que mucho del correo en los Estados Unidos era entregado por servicios privados; en un proceso similar, fueron asfixiados por los burócratas del gobierno jaleados por una sección de científicos sociales que afirmaban que tales “monopolios naturales” sólo los podía gestionar el gobierno.

Esta tendencia, bajo la influencia de las ideas liberales y la creación del correo electrónico y de servicios tales como Federal Express ha empezado a revertir; y varios de los pioneros de los servicios de entrega en 24 horas se definían como liberales.

De hecho, se ha señalado que el servicio público de correos y los monopolios públicos parecen caras de la moneda menos eficientes e incompletas. Uno ve por qué cuando mira a los servicios sin parangón que ofrecía Dockwra: no sólo ofrecía servicio puerta a puerta como la Federal Express, ¡sino que esto lo hacía mediante rutas que entregaban y recogían correo diez veces al día! Existían nada menos que quinientas oficinas (y el número crecía) en la ciudad de Londres, muchas más de las que hay hoy en una ciudad de ese tamaño.

Revelando su verdadera motivación, el gobierno no sólo prohibió su negocio, sino que lo expropió, apoderándose de las oficinas que no había construido durante siglos de monopolio pero que Dockwra sí había construido en cuestión de meses[4].

Al pertenecer a la pequeña aristocracia, no sufrió el horrendo destino de Wilde pero, si bien el clamor popular le valió un empleo remunerado con pensión, cuando el asunto se hubo calmado fue acusado de nuevo, como sucedió con Wilde, de lo opuesto a la verdad: de mala gestión. Lo perdió todo. No fue hasta el último siglo que algunas entregas consiguieron ser tan eficientes; dice la Enciclopedia Británica de 194 de un servicio extinto desde hacía casi trescientos años:

“Esta empresa realmente destacable dotó a Londres de un servicio postal que, en algunos sentidos, jamás ha sido igualado ni antes ni después.”

Las fuentes suelen ignorar o distorsionar su existencia. Incluso la arquitectura civil perpetua la censura: uno va a la Oficina Central de Correos de Nueva Cork y ve cincelado en magnifico esplendor sobre el edificio colosal la famosa cita de Heterodoxo sobre los mensajeros que realizaban sus entregas a pesar del mal tiempo y de la oscuridad de la noche; no que después de trescientos años, el Monopolio de Correos de los Estados Unidos sigue sin poder entregar el correo de forma tan barata, rápida y agradable como el hombre que sus antecesores institucionales borraron de la existencia y cuyo monopolio ellos usaron para encarcelar a cualquiera que se atreviese a reintroducir la idea de que el monopolio público es una pía estafa, un fraude.

Y sin embargo, la gente, como este comentario titulado Can we trust e-envoy? del jefe de TeleWest, David Docherty, que cuestiona el actual sistema se encuentran como se expande su conocimiento y como sus suposiciones dan un giro radical cuando aprenden un poco de Dockwra. “¿Acaso has oído hablar siquiera de Dockwra?” empieza preguntándose, cual Schliemann desvelando la increíble y desconcertante verdad de que Troya realmente existió, de que todo lo que a él, un líder de nuestra sociedad, le enseñaron sobre el asunto es de repente obviamente falso y a duras penas puede darse cuenta de ello.

Wilde y Dockwra, como el César, aunque muertos e injustamente vilipendiados, seguís siendo grandes. Así nació la actual era de la policía pública y de los “servicios” urbanos: culminando en el asesinato de Jonathan Wilde para justificar las fuerzas policiales del gobierno, la captura y la destrucción en el olvido de sus innovaciones (excepto en las tradiciones familiares de aquellos que le conocieron y le entendieron, muchos de los cuales fueron criminales transportados a América por los mismos jueces y quienes, a su vez, influyeron con esa actitud a sus hijos, los revolucionarios de la Guerra de la Independencia Americana, sobre el gobierno contra la policía de la comunidad); y la difamación de que, a juzgar por el sitio web de la Old bailey, continúa a día de hoy.

Incluso por implicación en los sitios web políticos, como el laborista, piden “más policía” así como más profesores (incluso cuando el gobierno lanza una Yihad contra las innovadoras escuelas privadas de bajo coste tales como Summerhill) y más enfermeras (ocasionado, según los consejeros de sanidad con los que he hablado en el Reino Unido, por la brillante decisión del gobierno de reducir las enfermeras o agobiarlas con tanto trabajo que renuncien pronto a él para así poder justificar los crecientes salarios de los doctores mientras se “reducen costes” con sus tareas expandidas y, en adelante, así será en los Estados Unidos).

¿Equivale más policía a menos crimen? ¿Acaso más células blancas significan más salud, o que un cáncer de la sangre ha colapsado el sistema?

Una nueva erudición liberal

Murray Rothbard afirmó que el liberalismo es, en último término, una ciencia interdisciplinaria. Conviene tomárselo en serio.

En cierta ocasión, Ayn Rand incorrectamente afirmó que un sistema liberal significaría que las fuerzas policiales se exterminarían unas a otras. Se quedó bastante sorprendida cuando le hice notar que lejos de ser una objeción, crear paz entre los puntos de vista enfrentados es el problema que esta llamada a solucionar la filosofía política, donde todas las teorías políticas no terminan sino empiezan, y un método voluntario es el único camino seguro.

Es más, existían precedentes históricos referentes a fuerzas policiales enfrentadas en la misma calle donde ella vivía, a saber: fuerzas públicas compitiendo entre sí y las revueltas entre las fuerzas policiales politizadas de Nueva York en tiempos de la Guerra de Secesión (un hecho relativamente desconocido incluso entre liberales, pero ahora llevado a la gran pantalla por Scorcese en Gangs of New York).

Esto es peor. La verdad es que es asunto del gobierno el exterminar la libertad de la gente para crear servicios alternativos bajo una common law. Este Ur-crimen de la policía pública y servicios urbanos es tan fundamental que, sigue en nuestros días en la distorsión de los hechos. Debe seguir siendo negada y trivializada por el gobierno, los estudiosos y los escritores porque, de ser cierta, la historia desde entonces es falsa.

A pesar de que murió hace tres siglos y su cuerpo fue misteriosamente eliminado, los sitios web del gobierno no escatiman esfuerzos para esconder la memoria de un hombre detrás de quien se alza la verdad de que hubo un tiempo en que la policía no era una función del gobierno sino una organización voluntaria de ciudadanos, que evolucionaba en saltos cuánticos y naturales hacia una organización para protegerse de aquel.

El hecho es que estos precursores liberales son como manchas en los libros de historia y están siendo ahogados por doquier a nuestro alrededor; sólo para reaparecer pues expresan la lógica espontánea de la libertad en la ayuda mutua. La erudición liberal a duras penas ha empezado: incluso cuando una Ayn Rand puede que no comprenda las plenas implicaciones de lo que ella misma está diciendo, así los estudiosos liberales deben aceptar como primer paso de su trabajo que toda la historia que nos han enseñado no es una mera mentira, sino una que está enfocada hacia lo incorrecto y, cual arqueólogos y perspicaces abogados debemos reconstruir y desvelar el eslabón perdido de la ciencia social: un gobierno voluntario, tan reprimido y tan esencial como en las ciencias naturales una vez la investigación anatómica fue un crimen e, incluso hoy, si un doctor se desvía demasiado de los puntos de vista establecidos, puede arruinar su carrera.

La tarea del joven estudioso liberal es la de descubrir estos precursores en cada cultura, e identificarlos y documentarlos a medida que suceden en la actualidad en lo que será una nueva historia y la ciencia social nacerá tras un comienzo fallido como prostituida glorificadora del gobierno coactivo; y sus compinches en la empresa, la universidad, la religión, los sindicatos y en cada clase social.



[1] [N. del T.] El autor usa la expresión americana “Libertarian” y “proto-Libertarian” que he traducido por liberal y proto-liberal. Véase “La nomenclatura liberal”.

[2][N. del T.] Bloody, en inglés británico “maldito”, pero también “sangriento”.

[3][N. del T.] Los asuntos de cada cual no son asunto de nadie.

[4] Para saber más sobre esta triste historia, la fascinante William Dockwra and the Rest of the Undertakers, The Story of the London Penny Post 1680-1682, de T.Todd, publicada por C.J. Cousland and Sons Ltd., Edinburgh, 1952. Así mismo, un investigador liberal sobre el tema: Summers, “The Postal Monopoly”.

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viernes, julio 13, 2007

Hoppe en español!! Y vienen más

Rodrigo Betancur ha traducido tres escritos de HHH:

Además, Betancur está planeando traducir más trabajos de HHH y está ayudando a crear el "Mises Institute Portal in Spanish" (Portal del Instituto Mises en Español). Fantástica notica!!

Vía: Mises Institute.

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sábado, julio 07, 2007

Gerard Casey: La Irlanda sin estado

Se ha publicado la discusión del filósofo Gerard Casey sobre la anarquía de Irlanda: "Reflections on Legal Polycentrism" (PDF 241 KB):

"Irish society in the historic period up to the 17th century constitutes one of the best examples of a functioning anarchic society. Irish law was the product of a body of private and professional jurists (called brithim or brehons) and was flexible and capable of development to response to evolving social conditions. Law was a (largely) family business, enjoying high status. It is important to note that Irish law did not distinguish between what we now distinguish as tort and criminal law, in this respect resembling most systems of customary law that seem to come late, if at all, to this distinction. From the point of view of traditional law, crimes against the person tend to be regarded a special kind of offence against property". Más>>

Vía: Roderick T. Long.

Relacionados:

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13 textos Anarcocapitalistas

  1. The Ego and Its Own, Max Stirner, Otto Wigand, 1844. Traducido del alemán por Steven T. Byington y publicado por Benjamin Tucker in 1907.
  2. Mr. Spooner's Island Community, Edward Stanwood, The Radical Review - Noviembre, 1877.
  3. Anarchist Individualism as Life and Activity, E. Armand (1907). European Individualist Anarchists.
  4. Dear Tucker: The Letters from John Henry Mackay to Benjamin R. Tucker 1905-1933
    (pdf). Editado y traducido por Hubert Kennedy, Peremptory Publications, 2002.
  5. Benjamin Tucker and His Periodical, Liberty (pdf), por Carl Watner, Journal of Libertarian Studies, Vol. 1, No. 4, 1977.
  6. The Radical Libertarian Tradition in Antislavery Thought, Carl Watner, (pdf) Journal of Libertarian Studies, Vol. 3, No. 3, 1979.
  7. Individualist Anarchism v. Communist Anarchism and Libertarianism Part I
    & Part II, Wendy McElroy, Charla transcrita de Individualist Anarchism, 1981.
  8. The Proprietary Theory of Justice in the Libertarian Tradition, Carl Watner, (pdf) Journal of Libertarian Studies, Vol. 6, No. 3/4, 1982.
  9. "Oh, Ye Are For Anarchy!": Consent Theory In the Radical Libertarian Tradition (pdf), Carl Watner, Journal of Libertarian Studies, Vol. 8, No. 1, 1986.
  10. American Anarchism, Wendy McElroy, Charla ofrecida en el Ludwig von Mises Institute, Noviembre 20, 2000.
  11. Egoism and Anarchy, Roderick Long, Strike-The-Root, February 27, 2004.
  12. Gustave de Molinari and the Anti-statist Liberal Tradition: Part 1 , Part 2 , Part 3 (pdf), David M. Hart - Journal of Libertarian Studies, Vol. 5, No. 3 & 4 / Vol. 6, No. 1, 1981/1982.
  13. Rothbardian Ethics, Hans-Hermann Hoppe, Lew Rockwell.com, May 20, 2002.

Vía: Ação Humana.

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sábado, junio 30, 2007

Hoppe. La Justificación Última de la Ética de Propiedad Privada

Dante Bayona sigue traduciendo textos de Hans-Hermann Hoppe. El siguiente texto pertenece al Capítulo 10 de The Economics and Ethics of Private Property, Second Edition (2006). Chapter 10: On the Ultimate Justification of the Ethics of Private Property [PDF en ingles]. Publico la traducción entera. Gracias Dante.

La Justificación Última de la Ética de Propiedad Privada

H.H. Hoppe


Ludwig von Mises, en su obra maestra "La Acción Humana" presenta y explica el cuerpo completo de teoría económica como implicada en, y deducible de, la comprensión conceptual del significado de la acción (además de unos supuestos generales explícitamente introducidos sobre la realidad empírica en la que la acción se realiza). Él llama este conocimiento conceptual el "Axioma de la Acción", y demuestra en qué sentido el significado de acción —valores, fines, medios, elección, preferencia, ganancia, pérdida, y costo— del cual la teoría económica se deduce debe ser considerado como conocimiento a priori: no es derivado de impresiones en nuestros sentidos sino por reflexiones mentales (uno no ve acciones, sino que interpreta ciertos fenómenos como acciones). Más importante, no puede ser invalidado por ninguna experimentación, porque todo intento de hacerlo presupone ya la existencia de acción y la compresión del actor de las categorías de acción (hacer experimentos es, después de todo, una acción intencional en si misma).

Después de reconstruir la Economía como derivada de una proposición a priori verdadera, Mises dice haber alcanzado el fundamento último de la Economía. Él, denominó a este tipo de Economía "Praxeología", La Lógica de La Acción, para enfatizar el hecho de que sus proposiciones —las leyes económicas— pueden definitivamente ser probadas en virtud del indisputable axioma de acción y las igualmente indisputables leyes de razonamiento lógico (como las leyes de identidad y contradicción) completamente independiente de cualquier tipo de prueba empírica (como se emplea, por ejemplo, en Física). Mises, sin embargo, a pesar de que su idea de Praxeología y de la construcción de un cuerpo completo de pensamiento praxeológico —la Economía— se ubica entre los grandes de la tradición occidental de racionalismo y su búsqueda de fundamentos ciertos, no cree que este tipo de proposiciones puedan ser hechas en asuntos éticos. De acuerdo a Mises, no existe justificación última en asuntos éticos en el mismo sentido que existe para proposiciones económicas. La Economía nos puede informar si ciertos medios son apropiados para alcanzar ciertos fines, pero si los fines son justos no puede ser decidido por la Economía u otra ciencia. No hay justificación para elegir esta meta en lugar de esa otra meta. En última instancia, la meta elegida es arbitraria desde un punto de vista científico, un asunto subjetivo, incapaz de justificación alguna más allá del simple hecho de ser del gusto del que la propone.

Muchos libertarios (y ni que decir de los no–libertarios) han seguido a Mises en este punto. Como Mises, ellos han se han rendido a la posibilidad de un fundamento racional de la ética. Por supuesto, como él hace, ellos han hecho todo lo posible en Economía para demostrar que la propiedad privada produce un nivel de vida más alto que cualquier otro sistema. Pero al final, como Mises ciertamente entendía, tales consideraciones pueden sólo convencer a alguien que previamente ha aceptado la meta 'utilitarista' de maximización general del bienestar. Para esos que no comparten esa meta, ellos no pueden convencerlos de nada. Y por tanto, al final del análisis, el liberalismo está basado en nada más que un arbitrario acto de fe (por muy popular que sea).

En el siguiente paper quiero delinear un argumento que demuestra por qué esa proposición es insostenible, y cómo, de hecho, la ética de propiedad privada del Liberalismo —sencialmente lockeana— puede ser últimamente justificada. En efecto, este argumento apoya la posición de derechos naturales del liberalismo como expuesta por el otro gran pensador del moderno movimiento libertario, Murray N. Rothbard —especialmente en su "Ética de la Libertad". Aún así, el argumento que establece la justificación última de la propiedad privada es diferente al que típicamente ofrece la tradición de derechos naturales. En lugar de esta tradición, es Mises, y su idea de Praxeología y pruebas praxeológicas, quien nos provee del modelo.

Quiero demostrar que sólo la ética libertaria de propiedad privada puede ser justificada argumentativamente porque es la pre-suposición praxeológica de argumentación en sí misma; y porque cualquier propuesta ética no libertaria que se desvía puede ser mostrada en violación de la preferencia revelada. Tal tipo de proposiciones pueden ser hechas, por supuesto, pero su contenido proposicional entraría en contradicción con la ética con que uno demuestra preferencia en virtud de su propio comportamiento, esto es, el acto de entrar en argumentación. En la misma forma en que uno puede decir "la gente es y siempre será indiferente para hacer las cosas," porque uno se contradice con el mismo hecho de hacer tal proposición, porque eso de hecho demuestra una preferencia subjetiva (de decir esto en lugar de decir algo diferente o de no decir nada), entonces las propuestas éticas no libertarias son falseadas por la hecho de ser propuestas.

Para alcanzar esa conclusión y para entender correctamente su importancia y fuerza lógica, dos observaciones son esenciales.

Primero, debe notarse que la cuestión de justo o injusto —o de forma más general, el asunto de qué es una proposición válida— sólo aparece porque soy capaz, y el resto también, de intercambiar proposiciones, es decir: soy capaz de argumentar. Tal pregunta no aparece en las piedras o los peces, porque esos seres son incapaces de entrar en tales intercambios proposicionales y más aún, son incapaces de producir ese tipo de proposiciones. Si ése es el caso -y nadie puede negar eso sin entrar en contradicción, de la misma forma que uno no puede argumentar que no puede argumentar- entonces debemos asumir que cualquier propuesta ética, como cualquier otra proposición, debe poder ser validada por medios argumentativos. De hecho, cuando uno piensa y crea proposiciones y/o argumenta externa o internamente, uno demuestra su preferencia por entrar en un debate argumentativo para convencer al resto sobre algo. Y entonces debe ser considerado el fracaso último de una propuesta ética si uno puede demostrar que el contenido de tal propuesta es lógicamente incompatible con lo que hace el que la propone.

Segundo, debe notarse que la argumentación no consiste en proposiciones que flotan libremente, sino que es una forma de acción que requiere el empleo de medios escasos; y además, que los medios que una persona demuestra preferidos al entrar en debate son los medios de propiedad privada. Por eso mismo, nadie podría proponer nada, y nadie podría ser convencido de una proposición por medios argumentativos, si el derecho de una persona de hacer uso exclusivo de su propio cuerpo físico no estuviera pre-supuesto antes. Es el reconocimiento del control exclusivo que cada uno tiene de su propio cuerpo lo que explica el carácter distintivo del intercambio de proposiciones que, aunque uno no concuerde con lo dicho, hace incluso posible acordar por lo menos en el hecho de que hay desacuerdo. Y obvio, también: tal derecho de propiedad sobre el cuerpo de uno mismo debe ser justificado a priori. Para que alguien trate de justificar alguna norma, se ha presupuesto el derecho exclusivo sobre su cuerpo como una norma válida para poder decir "yo propongo esto y esto." Y cualquiera que dispute este derecho, estaría atrapado en una contradicción práctica, porque al argumentar eso implícitamente habría aceptado la norma que está tratando de negar.

Además, sería igualmente imposible mantener una argumentación en el tiempo, y basarse en la fuerza de los argumentos de uno mismo, si uno no estuviera permitido de apropiarse los medios escasos que están cerca de uno mediante una acción de apropiación originaria, es decir de ponerlos en uso antes que el resto los tome. y si tales medios, y los derechos de control exclusivo sobre ellos no estuvieran definidos en términos objetivos y físicos -si nadie tuviera el derecho a controlar algo excepto su propio cuerpo, entonces todos dejaríamos de existir y los problemas de justificar nuestras normas -así como todo los otros problemas humanos- simplemente no existirían. Entonces, en virtud del hecho de estar vivos, los derechos de propiedad sobre las cosas deben ser pre-supuestos como válidos también. Nadie que está vivo podría argumentar lo opuesto.

Y si una persona no adquiriera el derecho de control exclusivo sobre tales bienes por acción de apropiación originaria -estableciendo un vínculo objetivo entre una persona en particular y un recurso escaso en particular antes que alguien más lo haga- sino que, en lugar de eso, se asumiera que los que llegan últimos tienen la propiedad, entonces literalmente nadie estaría permitido de hacer algo con los recursos porque uno tendría que tener el consentimiento de todos los últimos en llegar antes de utilizar los recursos. Ninguno de nosotros, o nuestros abuelos o nuestros hijos, podríamos, hubieran podido o podrían, sobrevivir si alguien siguiera esta regla. Pero para que una persona -en el pasado, presente o futuro- pueda argumentar algo debe ser posible sobrevivir antes y ahora. Para hacer justicia, estos derechos de propiedad no pueden ser considerados sin referencia al tiempo, y tampoco pueden estar referidos a un número no específico de personas. Al contrario, deben necesariamente ser considerados como originados a través de acciones en puntos específicos del tiempo por individuos específicos que actúan. De otra forma, sería imposible para alguien decir primero algo sobre un tiempo específico, y sería imposible para otro responder. Decir, entonces, que la regla del primer-usuario-primer-dueño del liberalismo puede ser ignorada o es injustificada, implica una contradicción, porque la capacidad de uno de poder decir eso presupone la existencia de uno como una unidad independiente de toma de decisiones en un punto específico del tiempo.

Y finalmente, actuar y hacer proposiciones sería imposible si las cosas adquiridas por apropiación originaria no fueran definidas en términos objetivos y físicos (y si correspondientemente, agresión no estuviera definida como una invasión a la integridad física de la propiedad de otra persona), sino que fuera definida en términos de evaluaciones subjetivas. Porque mientras una persona puede tener control sobre si sus acciones causan cambios sobre la integridad física de algo, el control sobre si las acciones de uno afectan el valor de la propiedad de otro depende de las evaluaciones de otra gente. Uno tendría que interrogar y llegar a un acuerdo con la población mundial entera para estar seguro que las acciones planeadas de uno no cambiarán las evaluaciones de otra persona sobre su propiedad. Y ciertamente, todos estarían muertos antes de que esa tarea sea terminada. Además, la idea que el valor de la propiedad debe ser protegida es argumentativamente indefendible: porque incluso para poder argumentar eso, debe pre-suponerse que las acciones deben ser permitidas antes de entrar en un acuerdo real, porque si no fuese así uno ni siquiera podría hacer esa proposición. Pero si uno puede hacerlo, entonces eso es sólo posible por los límites objetivos de la propiedad, es decir las fronteras que cada persona puede reconocer como de su propiedad, sin tener que acordar primero con todo el resto respecto al sistema de valoración y evaluaciones de uno.

Por el hecho de estar vivos y de formular proposiciones, entonces, uno demuestra que cualquier ética excepto la ética libertaria de propiedad privada es inválida. Porque si no fuese así y los últimos en llegar pudieran tener reclamos legítimos sobre las cosas o si las cosas poseídas fuesen definidas en términos subjetivos, nadie podría sobrevivir como una unidad de toma de decisiones físicamente independiente en un punto dado del tiempo, y por tanto nunca nadie podría preguntarse sobre la validez de una proposición.

Esto concluye mi justificación a priori de la ética de la propiedad privada. Unos pocos comentarios sobre un tópico tocado con anterioridad, la relación de esta prueba praxeológica del liberalismo con la posición utilitaria y la de derechos naturales, completará esta discusión.

Con respecto a la posición utilitaria, la prueba praxeológica contiene su refutación última. La prueba demuestra básicamente que para proponer la posición utilitaria, derechos de control exclusivo sobre el cuerpo de uno mismo y los bienes adquiridos con apropiación originaria deben ser pre-supuestos como válidos. Y, de forma más específica, respecto al aspecto consecuencialista de algunos libertarios, la prueba muestra su imposibilidad praxeológica: la asignación de derechos de control exclusivo no puede depender resultado -beneficioso o lo que sea- de ciertas cosas. Uno nunca podría proponer nada, a menos que existieran derechos de propiedad previamente a cualquier resultado. Una ética consecuencialista es praxeológicamente un absurdo. Cualquier ética debe ser "apriorística" e "instantánea" para poder hacer posible que uno pueda actuar aquí y ahora proponiendo esto o aquello, antes que tener que suspender nuestro actuar y esperar hasta después. Nadie que aboga por una ética de espera-por-el-resultado podría estar aquí si esa persona se aferra a su ética. Y dado que los utilitaristas aún están con nosotros, entonces, ellos han demostrado a través de sus acciones que su doctrina consecuencialista es, y debe ser, observada como falsa. Actuar y dar proposiciones requiere derechos de propiedad privada ahora mismo, y no puede esperar a que ellos los asignen después.

Respecto a la posición de derechos naturales, la prueba praxeológica, que también apoya la posibilidad de una ética racional en total acuerdo con las conclusiones alcanzadas por esta tradición (específicamente por M. N. Rothbard), tiene al menos dos ventajas distintivas. La tradición de derechos naturales se ha enredado, e incluso ha apoyado, la idea de que la naturaleza humana es muy difusa para permitir la derivación de un determinado grupo de reglas de conducta. La aproximación praxeológica resuelve este problema al reconocer que no es el amplio concepto de naturaleza humana, sino el estrecho concepto de intercambio de proposiciones y argumentación, lo que debe servir como punto de partida para la derivación de una ética; además, que existe una justificación a priori para elegir este criterio mientras el problema de verdadero o falso, de correcto o incorrecto, no aparezca fuera del intercambio de proposiciones y nadie, entonces, podría retar tal punto de partida sin contradecirse; y finalmente, que es la argumentación la que requiere el reconocimiento de propiedad privada, y que un reto argumentativo a la validez de la ética de la propiedad privada es entonces praxeológicamente imposible.

Segundo, hay una separación entre las afirmaciones sobre "lo que es" y "lo que debería ser" que los seguidores de los derechos naturales, por lo menos de acuerdo a la opinión extensa, no han llegado a superar -excepto por el avance en el análisis de la dicotomía entre hechos-reales y valoraciones-subjetivas. Aquí la prueba praxeológica del liberalismo tiene la ventaja de ofrecer una justificación libre-de-valoraciones-subjetivas de la propiedad privada. La prueba praxeológica se mantiene completamente en el campo de lo-que-es, y por ningún lado trata de derivar lo-que-debería-ser a partir de lo-que-es. La estructura del argumento es la siguiente: a) justificación es justificación por medio de proposiciones [esta es una afirmación del tipo lo-que-es, y es verdadera a priori-antes de empezar cualquier debate, sino no se podría debatir]; b) la argumentación presupone propiedad sobre el cuerpo de uno mismo y el principio de apropiación originaria -[esta es una afirmación del tipo lo-que-es, y es verdadera a priori]; c) entonces, ninguna desviación de esta ética puede ser argumentativamente justificada [esta también es una afirmación del tipo lo-que-es, y es verdadera a priori]. Y la prueba también ofrece una clave para entender la naturaleza de la dicotomía entre hechos-reales y valoraciones-subjetivas: afirmaciones sobre lo-que-debería-ser no pueden ser derivadas de afirmaciones sobre lo-que-es. Ellas pertenecen a diferentes campos lógicos. También se puede reconocer, sin embargo, que uno no puede ni siquiera decir que existen hechos-reales y valoraciones-subjetivas si no hubiera intercambio de proposiciones, y que esta práctica de intercambio de proposiciones entonces, por su parte, presupone la aceptación de la ética de la propiedad privada como válida. El conocimiento y la búsqueda de la verdad como tales tienen un fundamento normativo. Y el fundamento normativo sobre el cual el conocimiento y la verdad restan es el reconocimiento de los derechos de propiedad.

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domingo, junio 24, 2007

Lysander Spooner. Recuperada segunda carta a Thomas F. Bayard

Roderick T. Long anuncia que se ha podido recuperar una segunda carta que Spooner envío al jurista y senador Thomas Bayard. A continuación, paso los enlaces de las dos cartas:

  1. Carta a Thomas F. Bayard.
  2. Segunda carta a Thomas F. Bayard.

En ambas, Spooner recrimina la legitimidad de la constitución y de los políticos con tono duro contra Bayard.

"Sir, that your own 'simplicity' is a little 'sublime', when you tell us that this paper, the constitution, which nobody ever signed, which few people ever read, which the great body of the people never saw, and about whose meaning no two persons ever agreed, is 'the Supreme Law of the Land?'".

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sábado, junio 23, 2007

Hoppe. La Conexión Liberal-Marxista

Dante Bayona envía la traducción de una conferencia realizada por Hans-Hermann Hoppe en el Mises Institute1.

Resumen.

La teoría Liberal-Austriaca y la teoría Marxista coinciden en varias ideas. Ambas son muy críticas del Estado, al que reconocen como agente opresor. Ambas teorías reconocen el imperialismo, y ambas llegan a conclusiones anarquistas. ¿Qué tienen de común ambas teorías? Si la teoría Marxista de Explotación es reemplazada por la teoría Liberal de Propiedad y unos axiomas de Acción Humana, el resultado es una sola teoría.

Lucha de Clases:

Análisis Marxista y Análisis Austriaco

Primero presentaremos una serie de tesis que son el fundamento de la teoría marxista de la historia. Veremos que son en esencia correctas, pero que han sido derivadas de una premisa incorrecta. Luego mostraremos que la teoría libertarian puede dar una explicación correcta de tales tesis.

1. La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases entre una minoría de opresores y una mayoría de explotados. La forma básica de explotación es económica. La clase opresora expropia parte de la producción de los explotados y la usa para sus propios fines.

2. La clase opresora está unificada en su interés común de mantener su posición explotadora y de maximizar su explotación. Nunca ceden a sus intereses voluntariamente sino por conflicto con la clase explotada. La resistencia y lucha de los explotados depende de su toma de conciencia como clase explotada.

3. Las diferencias de clase se manifiestan a través de la asignación de derechos de propiedad [relaciones específicas de producción, en terminología marxista]. Para proteger esas relaciones de producción, los explotadores crean y están a la cabeza del Estado que es un aparato de coerción. El Estado ayuda a mantener las relaciones de clase y asiste en la creación de una superestructura ideológica que mantenga a los explotados dormitados de su conciencia de clase.

4. Internamente, la competencia dentro del Estado tiende a la concentración de poder en cada vez menos manos. Externamente esa concentración lleva a imperialismo, guerras entre Estados y la expansión del territorio explotado.

5. Con su tendencia a la concentración de poder a nivel mundial, la explotación se volverá incompatible con la evolución y mejoramiento de las fuerzas productivas. Las crisis económicas serán cada vez más comunes y crearán las condiciones para la aparición de una conciencia de clase entre los explotados. La situación será propicia para la aparición de una sociedad sin clases, sin Estado, sin explotación del hombre por el hombre y por tanto una situación de prosperidad nunca antes vista.

Todas estas tesis pueden ser justificadas de forma satisfactoria, como mostraré más adelante.

Lamentablemente, el marxismo ha descreditado estas tesis al hacerlas partir de un punto errado: la teoría de la explotación.

La teoría marxista de explotación.

Según Marx, los sistemas pre-capitalistas como el esclavismo y el feudalismo estaban caracterizados por la explotación. Cierto. En ambos sistemas los intereses del explotado y el explotador son antagonistas. El esclavo no puede ganar en un intercambio que no es libre, y por tanto el beneficio del explotador es la pérdida del explotado [un juego de suma cero]. Lo mismo se puede decir del señor feudal que extrae rentas de las tierras que el campesino legítimamente se apropió con su trabajo. Las ganancias del 'lord' son las pérdidas del campesino.

Y es claro que ambos sistemas impedían el desarrollo de mejores formas productivas. El esclavo y el siervo no eran tan productivos como hubieran podido serlo en ausencia de tales sistemas. Si al esclavo le hubieran 'pagado' según su productividad, entonces hubiera trabajado con más ganas.

Pero Marx sigue creyendo que las condiciones no han cambiado en el capitalismo. En el capítulo 24 del Capital —"Sobre la Apropiación Originaria"— Marx da un recuento histórico de cómo el capitalismo emergió a partir de conquistas, robos y asesinatos. De la misma forma, en el capítulo 25, "Sobre la Teoría Moderna del Colonialismo", la invasión del tercer mundo es fuertemente enfatizada. Todo eso es correcto, nadie puede negar la conquista imperialista. Pero no tiene nada que ver una invasión violenta con intercambio voluntario [Capitalismo].

En este punto Marx entra en un juego lógico. A través de recuentos históricos y apelando a la indignación de los lectores frente a la forma en que unas riquezas capitalistas fueron creadas, Marx mueve la discusión en su favor con un tema que no era su tesis básica. Marx no explica el origen de la propiedad 'limpia', es decir, la propiedad que fue adquirida por apropiación originaria cuando un hombre cultivó una tierra antes no poseída por nadie. Marx simplemente describe el robo de propiedad, pero no el origen. No habla de la propiedad que no fue robada a nadie. Según Marx, el hombre que adquirió propiedad limpiamente —porque antes no había sido poseída por nadie— sigue siendo un explotador sin importar que ahora las transacciones sean voluntarias entre hombres libres.

Esto me hace recordar la famosa afirmación de Proudhon de que la propiedad es robo. Eso es una contradicción porque todo robo presupone propiedad.

¿Cuáles son las 'pruebas' que Marx presenta para demostrar que el capitalista sigue siendo un explotador? [Y Marx consideraba esto su mayor aporte al análisis económico].

Su prueba de esto es que el salario es menor que el precio de venta del producto. Por ejemplo, si el obrero crea valor trabajando por 5 días, sólo recibe el valor de tres días de trabajo. El resto del valor creado -la plusvalía- es apropiado por el capitalista, luego —según Marx— se prueba que hay explotación. Esa explicación es incorrecta.

¿Qué está mal en ese análisis?

La respuesta es clara cuando uno se pregunta: ¿por qué el obrero acepta tal oferta?

Para esta sección necesitamos los conceptos básicos de Acción Humana desarrollados por los austriacos:

La acción humana y las categorías de acción.

Hay una característica que todos tenemos en común, y esa es la característica que nos hace hombres.

El hombre es el ser que puede comparar su situación actual con una situación futura más deseada, y que dado esto, el hombre es capaz de distinguir entre los medios disponibles que tiene que le permitirían alcanzar tales fines. El hombre no puede dejar de 'imaginar' mejores situaciones, el hombre no puede dejar de actuar.

Esta proposición de Acción Humana no puede ser demostrada falsa, porque el mismo intento de querer demostrarla falsa implica el uso de tales facultades. Si un filósofo quiere probar que el hombre no actúa, sólo por el simple hecho de querer demostrar eso, el filósofo está demostrando que él, como hombre, actúa por sus propios motivos [de alcanzar una situación mejor, de demostrar que él está en lo correcto].

Según los austriacos, siguiendo a Mises, ése es el fundamento de las ciencias sociales. Las leyes de economía pueden derivarse lógicamente de ese axioma. La Economía es una ciencia cómo la lógica, que parte de verdades axiomáticas.

Y los mismos axiomas de Acción Humana nos permiten hacer el análisis Lucha de Clases.

Basados en ese axioma de Acción con motivos, podemos derivar otras conclusiones.

Como ya hemos mencionado, el hombre no puede dejar de actuar. Y a esto se suman motivos biológicos. El hombre no puede dejar de alimentarse por varios días. El hombre, desde el momento que bajó del árbol, nunca ha dejado de imaginar mejores situaciones para él.

El 'interés'.

El interés es una categoría de acción humana.

Cuando el hombre actúa, el hombre no sólo demuestra que busca una situación mejor, además demuestra que prefiere más a menos. El hombre siempre quiere más de eso que considera bienes; no puede pedir lo opuesto. Pero, muy importante, también debe considerar cuándo alcanzará esa situación más deseada. Imaginemos un hombre que vive sólo de recolector de frutas y bebiendo agua de un río que queda lejos de su casa. Tal hombre se da cuenta que puede desviar el río para que llegue cerca de su casa. Y el hombre decide iniciar sus tareas de ingeniería para desviar el río. El hombre tiene dos alternativas:

1- Si deja de recolectar frutas y dedica todo su tiempo a desviar el río, entonces puede terminar su proyecto en un mes, y

2- Si recolecta una cantidad mínima de frutas para mantenerse vivo, y emplea todo el tiempo restante el desviar el río, entonces terminará su proyecto en 3 meses.

El hombre prefiere más a menos, cierto. Pero el hombre está restringido por su consumo para mantenerse vivo. Si el hombre no respetara este último asunto y sólo prefiriera más a menos [más bienes a menos bienes], entonces eso significaría que el hombre dejaría de comer un mes completo, y eso es imposible. La primera alternativa es inviable [el modelo se puede completar con la introducción del 'ahorro', pero es básicamente lo mismo].

Entonces, dado que el hombre no puede dejar de consumir, sólo estará dispuesto a renunciar a parte de ese consumo presente cuando pueda recibir algo más en el futuro.

Nadie que tiene la comida contada dejaría de comer un pan hoy para recibir un pan dentro de un mes. Y así aparece la categoría de interés. Es una característica propia de la acción humana. El hombre no puede dejar de pedir interés, el hombre no puede de dejar de pensar en el futuro, no puede de imaginar situaciones beneficiosas para él.

El ejemplo que hemos planteado anteriormente es un ejemplo del tipo 'Robinson Crusoe', es decir, es un ejemplo de un hombre solo, sin sociedad. Y por tanto al no existir otro ser humano cerca, nuestro Robinson Crusoe no puede estar explotando a nadie. De la misma forma hemos demostrado que 'el interés' es una característica natural del hombre, incluso sin sociedad.

La tasa de interés es positiva para todos los hombres.

Si el hombre no quisiera producir para el futuro y quisiera consumir todo hoy, entonces la tasa de interés sería muy alta porque nadie estaría dispuesto a renunciar a su consumo presente.

En sociedades con mucho ahorro, las tasas de interés tienden a ser más bajas que en sociedades primitivas donde la gente a penas tiene para consumir en el presente.

La diferencia en el precio de venta de un producto y el costo de los factores para producirlo siempre será —y tiene que ser— positiva dada la preferencia de consumo en el tiempo.

Si el empresario no estuviera seguro de que puede recibir algo más en el futuro, simplemente no produciría nada.

De la misma forma, el obrero sabe que puede recibir más bienes en el futuro, pero lo que le interesan son los bienes en el presente.

El hombre tiene necesariamente que decidir cuánto consume hoy, y cuánto en el futuro —el hombre no puede dejar de actuar.

¿Por qué el obrero decide intercambiar?

El obrero, como el resto de hombres, decide intercambiar porque a través del intercambio mejora su situación.

Si tengo sed, y el vendedor de la esquina me ofrece una Coca-Cola por medio dólar, al comprar la Coca-Cola demuestro que saciar mi sed vale más para mí que el medio dólar. Mientras que para el vendedor mi medio dólar vale más que la Coca-Cola, que obviamente le costó menos de medio dólar. Al final ambas partes han ganado porque ambas partes han obtenido más por algo que valoraban menos. Si no hubiera beneficio para ambas partes el intercambio voluntario sería imposible. A partir de este ejemplo podemos observar también que 'el valor' se crea en la cabeza de los individuos.

¿Y por qué el obrero acepta intercambiar su salario —una cantidad menor de bienes- por una cantidad mayor de bienes— el fruto completo de su trabajo?

Por el tiempo que tardarán en llegar los bienes futuros.

Si el obrero quiere recibir el fruto completo de su trabajo, entonces necesita esperar más tiempo ya que al no aceptar el empleo, el obrero puede dedicarse a producir para él mismo. Y al final no recibiría tres días de paga salarial, sino que recibiría los cinco días de valor que le corresponde. Pero tiene que esperar más.

El obrero acepta porque el salario que recibe representa bienes de consumo presente, mientras que su trabajo representa bienes de consumo futuro.

¿Por qué el capitalista decide entrar en negociaciones con el obrero?

¿Por qué el capitalista está dispuesto a adelantar pagos salariales por un producto que estará listo mucho después?

Obviamente el capitalista, no pagaría $100 hoy para recibir los mismos $100 luego de un año. En ese caso sería mejor no entrar en negociaciones con nadie y tener absoluto control sobre los $100. El capitalista espera recibir más dinero en el futuro.

¿Por qué el capitalista no contrata más obreros si por cada obrero puede obtener más plata en el futuro? Porque el capitalista tiene que consumir hoy [el capitalista también está sujeto al interés]. El capitalista también es un consumidor y no puede dejar de serlo. Su inversión está restringida por su consumo. Su inversión está restringida por la cantidad de consumo que él considera necesario mientras dure el proceso productivo. Ese consumo presente es más valorado que todo el futuro valor de la producción.

Lo que está mal en la teoría de Marx es que el no comprende el axioma de "preferencia intertemporal" como una categoría básica de acción humana.

Que el obrero no reciba el valor completo de su trabajo no tiene nada que ver con explotación sino que es un reflejo de su preferencia intertemporal, la idea de que es imposible para el hombre recibir la misma cantidad de un bien hoy y dentro de 3 años a menos que esté descontada por un valor.

Es imposible para el hombre intercambiar bienes presentes y bienes futuros al mismo valor, sino que tiene que descontarlos.

Contrario a lo que ocurre en esclavitud donde el esclavista se beneficia a expensas del esclavo, la relación entre el capitalista y el empleado es mutuamente beneficiosa. El empleado entra al cuerdo porque, dada su preferencia de tiempo, él prefiere un monto menor de bienes hoy frente a un monto mayor de bienes en el futuro. Y el capitalista entra en el acuerdo porque, dada su preferencia intertemporal, él tiene una preferencia intertemporal en reversa y valora un mayor monto de bienes en el futuro más que una menor cantidad de bienes en el futuro. Los intereses no son antagonistas sino armoniosos. Si el capitalista no tuviese preferencia intertemporal, el empleado estaría peor, porque tendría que esperar más de lo que está dispuesto a esperar para recibir el fruto de su trabajo. Y si el empleado no tuviese preferencia intertemporal, el capitalista estaría peor porque tendría que recurrir a procesos más largos e ineficientes de producción. Pero con el intercambio ambas partes ganan.

El sistema capitalista no puede considerarse un impedimento para el desarrollo de las fuerzas productivas, como Marx afirma, porque si al empleado no se le permitiera vender su trabajo libremente, y al capitalista no se le permitiera comprar el trabajo, la producción sería menor porque la producción tendría que ser llevada a cabo con menores niveles de acumulación de capital.

De la misma forma, si el capitalista no tuviese control exclusivo sobre propiedad, y esta fuese propiedad colectiva, el empresario no esperaría que la producción al final del periodo sea mayor, sino que podría ser menor. Esto haría que la tasa de interés sea muy alta, porque nadie quiere ahorrar, y que la sociedad produzca con menores niveles de capital, y eso llevaría al empobrecimiento.

Ahora pasaremos a describir la correcta teoría Autro-Misesian-Rothbardian de 'explotación', y veremos cómo las tesis marxistas toman forma y sentido cuando parten de esta teoría.

Luego veremos las afinidades intelectuales entre la teoría marxista y la austriaca, partiendo de la convención común de que existe tal cosa como explotación y clase dominante.

El punto de partida de la teoría austriaca de explotación es clara y simple, como debe ser.

Y ya la hemos mencionado implícitamente en nuestro previo análisis marxista de clases.

Explotación caracterizaba la relación entre esclavo y esclavista, y entre el siervo y el señor feudal. Pero explotación no hay en un capitalismo 'limpio'.

La diferencia básica aquí es el reconocimiento del principio de apropiación originaria:

El campesino en el sistema feudal es explotado
porque no tiene control exclusivo sobre la tierra de la que él se apropio legítimamente. De la misma forma el esclavo es explotado porque no tiene control exclusivo sobre su cuerpo. Las ganancias del esclavista son las pérdidas del esclavo —un juego de suma cero. Pero si al contrario, cada uno tiene control sobre su propio cuerpo, si cada uno es un trabajador libre, y todos actúan respetando el principio de apropiación originaria, respetando las reglas de propiedad, entonces no puede haber explotación. Es lógicamente absurdo que una persona que se apropió de bienes antes no poseídos por nadie y que emplea tales bienes en la producción de más bienes está explotando a alguien. Crusoe no explota a nadie. Nada ha sido tomado de alguien en ese proceso y al contrario, más bienes han sido creados.

Y sería igualmente ilógico argumentar que en un acuerdo voluntario entre propietarios hay explotación.

Explotación sólo existe con cualquier desviación del principio de apropiación originaria.

Hay explotación cuando una persona reclama —y logra— control sobre recursos de los que no es dueño originario, que no ha producido o que no ha intercambiado voluntariamente con el anterior dueño del recurso.

Explotación es la expropiación de los bienes de los dueños originarios por unos que llegan después que no son dueños originarios, que no son los productores o que no tienen un contrato con ellos.

Explotación es la expropiación de bienes de gente que se apropió de ellos legítimamente a través de su fuerza de trabajo por gente que simplemente 'reclama' propiedad basados palabras.

Explotación en este sentido es de hecho una parte integral de la historia humana.

Uno puede adquirir propiedad intercambiando voluntariamente, o robando. Ambos métodos son conocidos por toda la humanidad. Siempre han existido ladrones. Y de la misma forma que los empresarios pueden hacer compañías grandes para el intercambio voluntario de bienes, los explotadores ladrones también pueden crear compañías inmensas para explotar al resto: los gobiernos y los Estados.

La clase dominante es parte de esa compañía explotadora. Esa clase explotadora se adueña de un territorio y empieza a explotar a los que viven en ella.

La historia humana es de hecho la historia del conflicto entre los explotados y los explotadores. La historia es, correctamente entendida, la historia de las victorias y derrotas de los explotadores en sus ansias de maximizar su explotación, y las victorias y derrotas de los explotados en sus intentos de invertir esas tendencias. Es en esta interpretación de la historia que los austriacos y los marxistas están de acuerdo. Y hay un notable parecido intelectual entre las investigaciones históricas austriacas y marxistas. Para ambas escuelas la historia debe ser entendida en términos de libertad y explotación, parasitismo y empobrecimiento, propiedad privada y su destrucción. De otra forma la historia como ciencia es falsa. La historia no puede ser estudiada de forma 'neutral' sino que se necesitan juicios de valor.

Mientras las empresas productoras aparecen y desaparecen porque la sociedad así lo pide, la clase dominante nunca aparece porque la gente pide alguien que los domine, y tampoco desaparecen a pesar de que la gente les pide que desaparezcan.

Nadie puede decir que los dueños originarios y los contratistas piden ser explotados. Ellos deben ser forzados a aceptarlo.

La clase dominante adquiere su ingreso mediante transacciones no voluntarias y por eso no puede desaparecer con boicots que los consumidores puedan organizar, como sí desaparecerían las empresas productoras de bienes. Lo único que puede hacerla desaparecer es la masiva opinión pública, o en términos marxistas "la conciencia de clase".

Un explotador crea víctimas, y las víctimas son enemigos en potencia.

Es posible que los explotadores logren dominar por fuerza a los explotados cuando numéricamente son similares. Pero se necesita más que fuerza física cuando hay que dominar poblaciones que son miles de veces más grandes que la clase dominante. Se necesitan 'ideas'. Se necesita que los explotados acepten la explotación como legítima. Los explotados pueden ponerse del lado de los explotadores o ser pasivos frente a los abusos. Y de esta forma la mayoría deja de resistir la explotación. Mientras esa situación se mantenga, entonces habrá explotación.

Sólo cuando los explotados tomen conciencia de su situación y se unan con los otros miembros de la misma clase explotada a través de un movimiento ideológico, la situación será revertida.

Sólo cuando la mayoría de los explotados sean integrados y entren en oposición contra la clase explotadora ladrona, la explotación terminará.

El crecimiento capitalista anti-feudalista en Europa y Norte-América fue el resultado de una expansión ideológica del individualismo en la clase explotada. En esto, marxistas y austrians están de acuerdo.

Pero el incremento en explotación de los últimos 100 años —y en esto marxistas y austrians desacuerdan— fue debido a una pérdida de conciencia de clase. Y en este sentido, los marxistas deben ser culpados por esta pérdida de conciencia de clase por haber redireccionado equivocadamente a los explotados de la explicación correcta de la explotación.

La Clase Dominante y la Constitución.

La clase dominante protege su posición de clase explotadora con la creación de una Constitución que protege su funcionamiento. Por un lado, formalizando el funcionamiento de la clase explotadora sobre la clase explotada —"el presidente manda sobre todos los ciudadanos", la constitución crea cierto tipo de estabilidad legal. Las leyes privadas más comunes que todos respetan son incorporadas en esas constituciones para que la opinión pública acepte la Constitución. Por otro lado, la constitución libra a la clase dominante de seguir el principio de apropiación originaria y le da status legal para adquirir propiedad de forma no-voluntaria. Y finalmente terminan superponiendo la ley pública sobre la ley privada.

No es, como Marx afirma, que el reconocimiento de la propiedad privada en las constituciones crea una justicia diferente para la clase dominante. Sino que la justicia 'especial' para la clase dominante es creada cuando se crea una ley pública que destruye las reglas de la propiedad privada.

El Estado no es explotador porque protege la propiedad privada, sino porque el Estado está exento [queda libre] de cumplir la reglas de la propiedad privada. Pero Marx interpreta correctamente al Estado como explotador. A diferencia de la Escuela Política de Public Choice [J. Buchanan] que cree que el Estado es como una firma cualquiera que produce bienes. Marx reconoce claramente las tendencias redistributivas del Estado.

La clase dominante siempre está interesada en que los explotados no tengan conciencia de clase. Y las políticas redistributivas son los instrumentos que usan la clase dominante para dividir a los explotados. Los ciudadanos pelean unos contra otros, en vez de luchar contra el Estado.

La clase explotadora redistribuye también el poder a través de la democracia, dándole a todo el mundo el derecho de 'participar' o votar por los empleados públicos, y de esa forma debilita la resistencia de los explotados. El Estado les promete ser partícipes del botín.

El Estado es también, como Marx reconoce, el centro ideológico de propaganda y mistificación. El Estado nos enseña que explotación es libertad, que los impuestos son 'contribuciones voluntarias', que constituciones no-firmadas son acuerdos 'implícitos', que nadie es gobernado sino que 'todos nos gobernamos a nosotros mismos', que sin el Estado nadie tendría seguridad y los pobres morirían, etc. todo eso es parte de la super-estructura ideológica creada para legitimizar a la clase dominante.

Y finalmente, los marxistas también están en lo correcto cuando notan la clara asociación entre el Estado y ciertas élites empresariales, especialmente la élite bancaria, pero su explicación es errada. No es que los burgueses apoyan al Estado para que les proteja sus derechos de propiedad, sino que las empresas quieren ser parte del gobierno para participar de la ley pública que les garantice un monopolio. La clase dominante está interesada en los bancos por su poder financiero. Como clase dominante, el Estado siempre está interesado en poder para falsificar dinero —crear dinero de la nada, crear dinero sin valor. Y ofreciendo a los bancos ser partícipes de las ganancias por falsificación de dinero —permitiéndoles emitir dinero sobre el falso dinero creado por el Estado con un sistema de reserva fraccionaria— el Estado logra tener dominio sobre el monopolio del dinero.

Conflictos entre diferentes clases dominantes, entre diferentes Estados, tiene una tendencia hacia la concentración, guerra e imperialismo. Sin embargo la errada teoría de explotación marxista encuentra la explicación en el lugar equivocado. Marx ve esa tendencia como natural en el sistema capitalista.

Pero como explica Rothbard, la idea de que el capitalismo lleva al monopolio no es correcta. Todo y así, imaginemos que esa idea es correcta, imaginemos que un grupo de hombres ricos se hacen dueños de todas las empresas. Todas las empresas en manos de los ricos. Eso implicaría la posesión de todos los recursos, integración vertical y horizontal completa. Si eso ocurriera, ese monopolio sufriría la misma falla del comunismo [el único caso histórico de monopolio y monopsonio]: imposibilidad de cálculo económico. La empresa sufriría inmensas pérdidas y tendría que desmembrarse. "Un gran monopolio" es inestable.

La explicación correcta del la concentración de explotadores es que la explotación estatal requiere un monopolio territorial y la competencia entre explotadores ladrones es eliminativa —un juego de suma cero. Los poderes del Estado se concentran cada vez más. En el caso norteamericano, por ejemplo, el Estado Federal destruyó la soberanía de los Estados individuales en la guerra civil. Y con la creación de los bancos centrales, los Estados lograron intervenir todo el sistema productivo de las naciones.

Por su naturaleza explotadora, los Estados tienen intereses contrarios entre ellos. Y dado que pueden hacer que los ciudadanos paguen por las guerras, los Estados siempre tendrán tendencias hacia la agresión entre ellos. El Marxismo, a diferencia del resto de escuelas, apunta correctamente el punto: hay una tendencia hacia el imperialismo en la historia. Y las Estados más imperialistas son de hecho las naciones más desarrolladas. Sólo los Estados que controlan muchos recursos pueden entrar en guerra. Y por esa misma razón los Estados destruyen la riqueza de los pueblos. Sólo la sociedad civil produce riqueza.

Pero la explicación marxista es errada, es el Estado quien es por naturaleza agresor, no el capitalismo.

Mientras más libre sea la economía, más rico el Estado, y más puede darse el lujo de entrar en guerras. Eso explica porqué los países más ricos, antes Inglaterra y hoy USA, son los más imperialistas. No es porqué la expansión de los mercados requiera explotación, sino porque la clase explotadora quiere extender su robo a otras naciones.

El Estado a través del Banco Central busca un imperialismo monetario, un banco central mundial, para crear dinero falso sobre otras monedas, y de esa forma expropiar recursos de otras naciones. Hoy el dólar como moneda mundial facilita al gobierno norteamericano crear inflación a nivel mundial, y por tanto expropiar riqueza a nivel mundial.

El incremento en la concentración de poder de la clase explotadora, su concentración económica monopólica lleva hacia el estancamiento de la producción e impide el desarrollo de las fuerzas productivas, y por tanto crea las condiciones objetivas para su auto-destrucción y el establecimiento de una sociedad sin clases —sin clase dominante— que será capaz de crear prosperidad económica como nunca antes.

Pero a diferencia de lo que Marx afirma, esto no es resultado de "leyes históricas" —no existen tales leyes—, no es tampoco que exista una tendencia decreciente en las tasas de ganancias con un incremento en la composición orgánica de capital, sino que los monopolios estatales empobrecen a todos. Y con eso el Estado crea su propio fin.

La 'propiedad social' colectiva de los medios productivos es imposible sin la existencia de un Estado que dirija, si asumimos de forma realista que todos los hombres no pensaran lo mismo sobre cómo asignar los recursos productivos, tendrá que aparecer un gobierno.

La abolición de la explotación es el establecimiento de una sociedad donde se respete la propiedad privada, y donde no exista ley pública, esto es: una sociedad Anarco-Capitalista.

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1 Marxist and Austrian Class Analysis (MP3). Es también el Capítulo 4 de la segunda edición de libro de Hoppe "The Economics and Ethics of PrivateProperty".

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