Jorge Valín
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Jorge 

Valín

sábado, octubre 24, 2009

Respetando las opiniones sobre las armas


Traducción:

Mi vecino de al lado quiere ¡PROHIBIR todas las ARMAS!

¡En su casa NO HAY ARMAS!

En respeto a su forma de pensar, prometo NO usar MIS ARMAS para PROTEGERLE.

HT: Toni Mascaró via Theo Spark.

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viernes, abril 10, 2009

Los prejuicios ‘pijoprogre’ contra la libertad de armas

Todo buen "pijoprogre" ha de mostrarse siempre políticamente correcto. Su pensamiento sólo va hasta donde la bandera ideológica de turno le permite (que suele ser donde empiezan las ideas). Son establishment al 100% (no piensan, no analizan, no evalúan, no estudian). En esta nota nos daremos un paseo por el "zoo pijoprogre" para ver cómo actúan con un tema que es de su especial atención: la Libertad de Armas.

RIPIO ha colgado una noticia en Menéame donde se informa que estudiantes y empleados podrían llevar armas de fuego en las universidades públicas (en las privadas, como son privadas, la ley no les afectaría).

Un tal "musica-gratis" (gran Nick), para quedar bien delante de la manada, se apresura a decir:

"madre mia la que se va a liar, eso va a parecer el Oeste, en hora del recreo hasta habra duelos para ver quien es el mas rapido." (Faltas de ortografía originales).

Su lógica es fácil. Estados Unidos tiene fama de muchos muertos por arma de fuego, por tanto, si dan más libertad sobre estas, los muertos van a crecer. Es constructivismo cartesiano a tope. Primero, "musica-gratis", tendría que revisar sus creencias sobre el Oeste (sólo conoce una, la de Hollywood y políticos). La fama de continuos tiroteos en las fronteras se debe básicamente a las exageradas novelas de la época y películas posteriores. Adrià Pérez Martí escribió un artículo sobre este tema, La Ley del Oeste, donde muestra una visión diferente a la del establishment. En inglés, también hay un libro interesante llamado "The Not So Wild, Wild West" de Terry L. Anderson. También podría leerse las biografías de algunos de pistoleros famosos como Wild Bill Hickok, los Hermanos Earp, el sociópata de Johnny Ringo o Doc Holliday. Practicamente, cualquier asesino en serie de hoy día —ya sea americano o europeo— ha matado a más gente que uno de esos pistoleros, y no por eso sería lógico decir que el S.XX fue una época de asesinos psicópatas. Todo dependerá de las películas que hagan sobre el tema ya que parece ser la única fuente de cultura pijoprogre.

Otro genio, "Caquilla23", dice:

"Vale. La próxima moda en las aulas yankes son las armas... Josea, mi papá me compró una Glock diseñada por Gucci".

La pregunta es ¿y? Matan a más gente los coches en Estados Unidos que las armas. A no, eso es diferente. El pijoprogre tiene coche, no quiere que se lo prohíban. Este individuo está criminalizando los estilos de vida de los demás porque sí. Tal vez no le guste que la gente tenga el derecho a defenderse, practicar deporte o coleccionar armas, pero no por eso se les ha de prohibir. ¿Las armas convierten a la gente en asesina? Si es así, lógico que todos los policías lleven un arma siempre: su función es matar a la gente. Un arma es un instrumento. Depende de su propietario usarla bien o no. De hecho, el crimen es ilegal en todos los países del mundo, en Estados Unidos especialmente. Tener armas, no incentiva al crimen. Ha matado más gente Farruquito con su coche que yo con todas las armas de fuego que he tenido. A propósito, conozco a muchos usuarios de arma de fuego, jamás han matado a nadie.

"nena.mala" nos dice lo siguiente:

"Guay, luego que le echen la culpa a Marilyn Manson, a los videojuegos o a la homosexualidad cuando haya alguna masacre".

Curioso que "nena.mala" aplique la misma medicina que critica. Las armas son un instrumento, las personas matan. Así como ni Marilyn Manson, ni los videojuegos ni la homosexualidad tiene la culpa de que haya masacres, tampoco lo tienen las armas de fuego. Si a un loco le sacas las armas, matará con otra cosa o se bajará "Libro de cocina del Anarquista" para crear explosivos. De hecho, estas grandes masacres famosas se hacen siempre en "Gun Free Zones" (zonas libres de armas). Robos a mano armada continúan sin cesar en todos los "Gun Free Zones". (Esta imagen es especialmente ilustrativa). Han sido los estudiantes precisamente quienes han pedido llevar armas a la universidad para protegerse de los locos. El propio hecho que haya gente armada en la universidad ya parará a los locos. Fíjese que las matanzas no se hacen en comisarías, centros federales ni lugares donde todo el mundo va armado ¿Por qué será?

"Arkilem", hace un apunte que demuestra un notable desconocimiento del derecho natural:

"Qué buena noticia, llevar armas es un derecho inalienable y universal".

No tiene porque ser inalienable ya que eso implica que es concedido por algún ente creador al nacer el individuo. Llevar armas de fuego, independiente que lo permita una constitución o no, es un derecho. Es un derecho natural, es un "derecho negativo" concretamente. El absoluto desconocimiento de Arkilem sobre la filosofía del derecho natural, le hace reírse de los propios derechos del hombre.

En todas estas, saltó el aprendiz de tirano, eboke, que ya tardaba:

"Espero que Obama tenga el poder suficiente como para no permitir tal bestialidad".

Típico síntoma pijoproge: ¡que el político nos salve, que aplique la censura, la fuerza, regule los estilos de vida, aumente las prohibiciones, el estado policial sobre "los del otro bando", qué aumente las multas…! La idea básica es que los políticos, mediante la violencia de la ley, oficialice como delito actitudes y estilos de vida que no gustan a la progresía cool.

RIPIO, además de colgar la noticia, la comenta con una de cal y otra de arena:

"Despues de esta noticia:meneame.net/story/texanos-podran-llevar-armas-trabajo.eeuu. Ahora rizamos el rizo y dejamos que en los centros de educacion tambien se lleven armas.Llama muchisimo la atencion la hipocresia de la frase "...debidamente escondidas...".Y luego por posesion de "algo" para fumar,te encarcelan.Estan enfermos". (Faltas de ortografía originales).

La expresión "debidamente escondidas" no es una frase hipócrita. RIPIO lo tendría que saber si hubiese mirado algo la legislación americana. En casi todos los estados es ilegal, y Texas es uno de ellos, llevar las armas a la vista. Sólo los oficiales del Estado pueden hacerlo. Desde hace un tiempo, Texas está estudiando una ley para que se levante esta prohibición, pero de momento es ilegal. No es hipocresía, simplemente es una ley antigua. Llevar las armas a la vista desincentiva el crimen. Cualquier ladrón que vea a alguien con un arma, se va.

En lo que sí tiene razón RIPIO, es en esta doble moral americana, pero no nos engañemos, eso pasa en todas partes. Aunque no por eso tenga que ser bueno.

Hay una expresión que dice "Dios creó al hombre y Samuel Colt los hizo iguales". Las armas de fuego son un peligro dependiendo de las manos en las que estén. Son un peligro en las manos de militares, policías o cualquier otro delincuente, pero no lo son si están en manos de personas decentes, que suelen ser el 99% de la sociedad. Si los delincuentes saben que sus ciudadanos están armados, se van a otra parte. Si usted en su casa pone un cartel que diga: "esta casa está protegido por un Winchester", no entrará nadie ahí. Si usted cuelga un cartel que diga: "aquí no hay armas", tenga cuidado al caer la noche.

Mike Tyson no necesita un arma. Su corpulencia, estatura, fuerza y aspecto hacen que cualquier delincuente se lo piense dos, tres… cuarenta veces antes de agredirlo. Las cosas cambian si se trata de una chica de 17 años de 55 kilos con un bolso lleno. Es el objetivo perfecto de los agresores. Las armas de fuego permiten que una persona indefensa pueda plantar cara a un delincuente o al menos tenga esa opción. El drama viene cuando los pijoprogres prefieren ver a esa chica violada, degollada y muerta antes que verla empuñar un arma de fuego contra su agresor.

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martes, marzo 17, 2009

Seguridad privada antipiratas en España

Según El Confidencial Digital:

"Los pesqueros españoles están incorporando seguridad privada para sus viajes a Somalia. No se sienten suficientemente protegidos con la intervención naval del Ejército. La empresa Eulen busca personal cualificado para ampliar su línea de negocio".

"Las mismas fuentes explican a ECD que desde el secuestro del 'Playa de Bakio' los trabajos en buques nacionales es una 'práctica habitual cada vez más extendida'".

"Eulen, por ejemplo, ofrece este servicio a los atuneros españoles. Los contratos tienen una duración de tres meses para los escoltas embarcados que cobran mensualmente unos 4.500 euros. Suelen ir en parejas, uniformados y armados "con escopetas del calibre 12", explican". Más>>

Ahí donde el Estado es incapaz de dar servicio, surge la iniciativa privada. Al menos hasta que el burócrata de turno la prohíbe por ser más eficiente que la estatal.

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viernes, marzo 13, 2009

Albert Castillón aboga por acabar con el deporte y desproteger a las víctimas

El periodista sensacionalista Albert Castillón ha escrito un artículo en La Vanguardia típico de una persona que no conoce el tema que está tratando. En este caso, las armas de fuego.

El autor se apunta a la moda que las armas son las causantes del crimen y muertes, no las personas. No apunta Albert que en España, el número de muertos por accidente de coche el año pasado quintuplicó el de armas de fuego. ¿Se han de prohibir los coches? No apunta que la prohibición a las armas de fuego sólo significa desproteger a la víctima porque los criminales siempre van armados. Incluso, aboga por restringir aún más las armas para el deporte. Para él, el Tiro Olímpico, es un crimen. Después se quejan que no ganamos medallas olímpicas. Albert afirma que se ha de fiscalizar y criminalizar tanto a poseedores de armas legítimos por ley (con licencia) como a aquellos "ilegítimos".

Gracioso lo de Albert al decir: "en España se producen 400 muertes al año por armas de fuego". ¿Y quiénes son los que han disparado? ¿Honrados padres de familia? ¿Policías contra delincuentes? ¿Delincuentes contra inocentes? ¿Pandilleros contra otros pandilleros? El FBI cada año muestra una estadística que informa del número de personas muertas por arma de fuego, donde el que disparaba conocía a la víctima. Cuando este informe sale, todo el mundo piensa de un amigo ha disparado a otro. Un marido a su mujer. Un niño a un compañero… El 80% de esas muertes son de miembros de bandas que matan al jefe de otra banda, ladrones que matan a otro, etc. Son ganas de explicar la verdad a medias. Tanto que le gustan las estadísticas a Albert tendría que conocer que en Estados Unidos, es diez veces más probable que un niño se ahogue en la piscina de un amigo de que le dispare. A propósito, ahogarse en la piscina de un amigo ya es una probabilidad pequeña.

Más allá aún, el periodista criminaliza a la gente que viste con ropa militar, a los "tienen padres con afición al tiro", a los "malos estudiantes", a los aficionados al "cine de terror" y peor aún, los "obsesionados" con "los videojuegos más violentos". Quien vea Ver Viernes 13, es un potencial asesino por lo visto.

Nos suelta otra perla. Afirma que en Japón y Australia las muertes por armas de fuego son menores. Es cierto. Japón es un Estado totalitario. El Gobierno hace informes sobre la pureza (sexual) de las chicas. Tiene montañas de denuncias de Amnistía Internacional sobre el maltrato a los presos y juicios irregulares. La prohibición a las armas en Japón, no es más que otra muestra del Estado tirano y omnipotente que es. El caso de Australia es diferente. Si Castillón se hubiese molestado en investigar el tema, vería que en los últimos años se han realizado fuertes restricciones a las armas de fuego. Cada restrucción iba acompañada de más actos criminales. Las consecuencias han sido dantescas. Parafraseo un texto que escribí en 2007 sobre Australia y las armas de fuego:

"Hay otros datos curiosos […] como el de Australia. En la tabla se ve que hay un alto número de armas, en cambio el número de homicidios y accidentes producidas por las mismas es bajo. El gobierno de Australia, a raíz de un loco que se lió a tiros, empezó en el 1999 un fuerte control de armas, la consecuencia fue evidente: en los dos años siguiente los robos a mano armada aumentaron un 73%, los cometidos sin armas de fuego un 28%, los secuestros un 38% y un largo etcétera…" Más>>

Parece que al autor le entusiasma esta situación. Normal, se dedica a los sucesos. Una sociedad donde el hombre medio tiene libertad para comprar y portar armas de fuego es una sociedad segura para la ciudadanía e insegura para el criminal. Las intrusiones en Estados Unidos de ladrones en las casas por la noche es muy bajo a diferencia de los países de Europa, como España. ¿Sabe la razón? Los ladrones en Estados Unidos saben que el propietario de la casa puede estar armado y no se atreven a entrar. En España los ladrones saben que el propietario estará indefenso. Es más, en países como España, los ladrones saben que si entran con el propietario dentro, éste les dará el dinero y facilitará la combinación de la caja fuerte o les dirá donde están las joyas. Castillón prefiere ver al propietario de una casa destrozado por las palizas de sus agresores o muerto antes que admitir que un arma de fuego podría haber evitado tal situación. Le va bien para sus escritos y programas de crónica negra.

Señor Castellón, siempre habrá locos. Si no tienen armas de fuego, se bajarán de internet el Libro de cocina del Anarquista para crear explosivos, quemarán casas con mecheros (¡hemos de prohibirlos también!), o con un cuchillo de cochina se dedicarán a degollar a la gente. El problema no son las armas, son los dementes. Prohibir las armas, no nos salva de los dementes; todo lo contrario, les facilita el trabajo. Todas las matanzas se producen en lugares donde la gente está desarmada, no en cuarteles de policía. En Estados Unidos el mayor contribuyente a los asesinatos en masas son los "espacios libres de armas".

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martes, marzo 03, 2009

What if...?



Video origial (sin subtítulos): "What if...". Si clicais en "Ver en HD", se os mostrará con mejor definición.

HT: Tom Palmer.

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lunes, enero 05, 2009

Ejecución policial

Un chico negro, Oscar Grant de 22 años, es ejecutado por la policía en Oakland. Por nuestra seguridad…




Noticia: Man dies in BART officer-involved shooting

Hat-tip: Manuel. Video original, KTVU California.

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lunes, diciembre 08, 2008

Reino Unido. Prohibido vender packs de cubiertos a menores

¿Cree que un cuchillo de mantequilla es un arma peligrosa? Para los políticos de Reino Unido, sí. No descarto que en breve pidan licencia para untar mantequilla.

Según el cartel de abajo, estos cubiertos no se pueden vender a menores de edad según la Offensive Weapons Act 1996 (cuya original es anterior). Ley que, junto a otras que se fueron aprobando después, trajo un aumento de la delincuencia espectacular.


[Click para hacer más grande]


Curiosamente ayer salió en Reino Unido un artículo totalmente opuesto, "Think tank: If each of us carried a gun . . . we could help to combat terrorism", de Richard Munday: más armas en manos privadas para combatir el terrorismo. Para saber el daño que han creado las leyes anti-seguridad en Reino Unido, recomiendo el libro Guns and Violence: The English Experience, de Joyce Lee Malcolm.

Hat Tip Manuel.

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lunes, noviembre 17, 2008

Cita del día: “Estamos para imponer la paz en un lugar de conflicto”

Carme 'warmonger' Chacón ha justificado la ocupación por parte del Estado español en Afganistán con la cita del título. Si nos salimos de las habituales banderas políticas (la ocupación de Afganistán es buena porque la autoriza Naciones Unidas, y la de Irak mala porque la hizo Bush directamente), sólo encontramos lo mismo: guerras inútiles con altos costes en vidas y económicos.

Chacón actúa igual que cualquier necon a los que tanto repudia. A igual que ellos, y según se desprende de su cita, la democracia, valores humanos y paz en el mundo se han de imponer a punta ametralladora y obús. Así es fácil encontrar la paz, al final todos muertos o lisiados.

Las tropas españolas, y resto de países, llevan 7 años "imponiendo la paz" a base de bombas en Afganistán con un resultado que supera el millar de muertos. Todos muertos por la paz, eso sí. El otro resultado es que el país está sumido en la miseria y la inestabilidad política como el primer día. El propio ministro de Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, lo ha dicho: "el debate no debe ser enviar más soldados, sino cómo llevar a cabo una estrategia que ponga fin a la inestabilidad". No sólo eso, este año es el que más soldados han muerto. Es evidente que la situación, lejos de mejorar, empeora.

'Warmonger' Cahcón tendría que ser algo más honesta. Dejar de escudarse en la ONU, comerse el orgullo y hacer lo que hicieron con Irak, largarse de ahí ya. No es un problema de España. No es una guerra de España. No es asunto de España lo que ocurra fuera de sus fronteras. La inútil guerra de Afganistán está dilapidando dinero, vidas y pone en peligro a los españoles por las represalias de los musulmanes radicales. En temas de defensa, los gobiernos izquierdistas son los perros asesinos de la ONU. Ésta dice ataca y ellos se creen moralmente justificados para matar a niños, mujeres, hombres y dilapidar millones de euros de nuestros bolsillos. Eso sí, cuando muere un soldado español, lo cubren de honores y medallas.

No es menos criminal Bush que Cachón. Independientemente del color político de los gobiernos, la guerra sigue siendo la salud del Estado.

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sábado, septiembre 20, 2008

Así funciona el "No Guns Allowed"

Ocurrió en Columbus, Ohio. La policía está buscando a un ladrón que golpeó a una chica de 16 años con un arma y disparó contra el dependiente de la tienda. ¿Cómo pudo pasar algo así? Miren la imagen y se darán cuenta. El ladrón tenía una invitación en escaparate de la tienda.


Via The War on Guns, de David Codrea.

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domingo, agosto 03, 2008

Cómo ‘hackear’ una cámara gubernamental de la calle

En Samizdata han encontrado el sistema:

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miércoles, junio 11, 2008

DGT: responsable de muertes y lesiones irreparables [Video]

Sí, lo único que sabe hacer el Estado es insultar al ciudadano y multarlo para ingresar más dinero. Como muestra el video, es evidente que la seguridad para los burócratas no es más que la excusa para la recaudación.

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viernes, mayo 02, 2008

Atuneros sobre el ‘Playa de Bakio’: ‘los piratas irán a por nosotros hasta con chalupas’

Según El Confidencial Digital:

"Los pescadores están que trinan, y lo comentan. Consideran que el Gobierno debió actuar con contundencia contra los secuestradores del 'Playa de Bakio', el atunero capturado por piratas en aguas internacionales y liberado seis días después tras el pago de un rescate".

"'Desgraciadamente, en África estos comandos sólo entienden un lenguaje, que es el que aplicó Francia', destacan en fuentes de sector, en referencia a la reacción de Sarkozy con el secuestro de un velero francés. Los propietarios del barco pagaron el rescate para liberar a los 30 tripulantes secuestrados, pero el dinero estaba marcado y un comando especial de la Gendarmería capturó después en Somalia a seis de los piratas y se los llevó a Francia para juzgarlos".

"'…A partir de ahora los piratas y todo aquel que se quiera enriquecer irá a por nosotros hasta con chalupas'".

"'¿Qué habéis hecho los españoles? ¿Acaso no sabéis que os van a secuestrar aún más todavía?', preguntan asombrados los pescadores galos a sus colegas españoles". Más>>

Las "funciones básicas" del gobierno son asegurar la seguridad (ciudadana, nacional) y la justicia. Son lo mínimo, por eso son responsabilidades básicas. De algo así está a favor desde los socialistas hasta los conservadores pasando por los liberales del gobierno limitado (aunque algunos de estos últimos, los herederos de la tradición francesa y americana, que convergieron en una sola, quieran restricciones al gobierno en estos campos). La calidad o cumplimiento de estas funciones básicas son unos de los escándalos más grotescos de cualquier gobierno, y es que en definitiva, el gobierno no puede asegurar nada experto la extorsión al débil, al ciudadano libre.

Si el gobierno asegura nuestra seguridad física, sólo nos hace más vulnerables; si asegura nuestra salud, sólo crea interminables colas que no nos sanarán; y si asegura nuestra educación corremos el riesgo de ser el país más retrógrado de Europa, como ya demuestran los informes internacionales.

Se ha dicho que los seguros antipiratas son muy caros y encarecen los precios de los productos, pero no lo es menos que el estado pegue 1,2 millones de dólares, enviar una fragata a las costas somalís ni todo el tinglado burocrático-administrativo-diplomático del gobierno. Es que cuando hay una necesidad el mercado siempre provee. La respuesta no es más estado ni delegar las responsabilidades al gobierno, porque no tiene incentivo alguno para cumplir con su cometido; él seguirá cobrando impuestos, desmintiéndolo todo y en las próximas elecciones les volverán a votar. Más vale prevenir que curar y provechar las oportunidades de empresarios que sí tienen incentivos reales para cumplir con su deber. Me refiero a empresas privadas de seguridad y a los ya conocidos anti piratas privados.

ACTUALIZACIÓN:

El gobierno ha sido denunciado por encubrimiento al impedir que la fragata actuara después de pagar el rescate.

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lunes, abril 28, 2008

Tráfico de armas en la ONU

Parece ser que las tropas de pacificación de la ONU tienen más misiones de lo que los políticos nos dicen. Según EcoDiario.es:

"La cadena de radiotelevisión estatal británica BBC ha reunido pruebas de que 'cascos azules' paquistaníes e indios de la misión de paz de la ONU (MONUC), han intercambiado armas y municiones por oro con los grupos rebeldes que operan en el este de la República Democrática del Congo (RDC)".

La ONU hizo una investigación interna sobre esto, ¡y sorpresa!, no encontró nada. A los de la BBC no les ha costado demasiado tiempo desmantelarlo todo:

"La ONU ya había abierto el año pasado una investigación sobre este presunto tráfico de armas, pero el secretario general adjunto de la ONU, Jean Marie Guéhenno, aseguró posteriormente que no se habían encontrado pruebas y que el caso había sido archivado".

"Los dos comandantes de este grupo armado, Kung Fu y Dragon, encarcelados en Kinshasa, confirmaron en sus declaraciones a la BBC que los 'cascos azules' paquistaníes les habían entregado armas".

"Joël Bisubu, de la organización de Derechos Humanos Justice Plues, declaró a la cadena británica que durante una misión, él y sus colegas habían sido testigos de transacciones ilícitas de armas en un aeropuerto". Más>>

Un puñado de periodistas, y sólo preguntando, han vuelto a poner en evidencia a esta organización inútil.

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martes, abril 15, 2008

El crimen que dio origen a la policía. Michael Gilson de Lemos

Rescato del pasado una traducción de Toni Mascaró, El Crimen que Dio Origen a la Policía:

Hace casi tres años, en la época añorada del Laissez Faire Electronic Times, Michael Gilson de Lemos escribió un artículo sobre los orígenes privados de la policía y del servicio de correos y de cómo el sector público persiguió a esos bienhechores y, cual parásito, se apoderó de sus invenciones. He aquí la traducción, imprescindible para ancaps pero, como siempre con las lecturas de MG, que nadie se espere una lecturita previsible y políticamente correcta:

El crimen que dio origen a la policía
Jonathan Wilde: Detective, emprendedor y mártir
por Michael Gilson De Lemos
traducción de Antonio Mascaró Rotger

artículo aparecido en el The Laissez Faire Electronic Times, Vol 2, No 15, Abril 14, 2003

Ésta es la historia del cínico asesinato judicial del hombre que creó un segmento crítico de los servicios policiales modernos en forma de institución privada, y de la expropiación de los servicios de correos que lo precedió, servicios tan eficientes y dirigidos a las necesidades individuales que no han tenido igual hasta el día de hoy. Eso permitió que el gobierno se apoderara de ellos, dando origen a la policía tal como la entendemos hoy en día. Con ello, se expropiaron y asesinaron las primeras innovaciones proto-liberales[1] en servicios postales y policiales: y no es solamente lo que existe en la actualidad una monstruosidad menos eficiente construida a partir de sus cadáveres, sino que es la historia del asesinato del propio concepto de los servicios privados y voluntarios que se dirigen a las necesidades del individuo y por ende de la gente.

¿Porqué, se pregunta a veces, ha habido un sesgo cultural e intelectual a favor de la policía pública? Incluso con la vasta propaganda pública, ¿acaso no debería el mercado haberlos privatizado ya todos? O, al menos, ¿no debería haber algunas alternativas privadas bien conocidas, especialmente al principio? Particularmente en la tradición angloamericana, ¿acaso no prueba eso que algo está errado en la teoría? ¿O es que en algún momento se borró de nuestra conciencia histórica, como ahora que se acusa a los jurados de descarriarse y que la prensa deifica a los jueces anónimos? ¿Qué hay de los servicios auxiliares, tales como correos? ¿Acaso no fueron siempre, y de alguna medida inherentemente, gubernamentales?

Un método habitual de análisis social liberal no consiste en seguir la moda de empezar una discusión con el último papel de trabajo o institución, sino en indagar en la causas. Invariablemente, los liberales se encuentran con que en el fondo de cada institución “obviamente” gubernamental, yace algo completamente diferente. Rothbard y Gabriel Koldo, al exponer como empezó la regulación mercantil en Estados Unidos, desde diferentes ángulos usó este método en un modo clásico: en el gobierno, las cosas suelen ser lo opuesto de lo que aparentan.

En el caso de la génesis de la policía, ha tenido que esperarse hasta el reciente acceso público a los archivos de la Old Bailey, la famosa ciudadela del mal del sistema judicial británico en el siglo XVII. De hecho, numerosas innovaciones fueron creadas por personas privadas (los servicios de policía, los sellos de correos, las compañías de bomberos, las compañías aseguradoras) para ser luego incautadas y confiscadas por el gobierno una vez probaron que eran provechosas y populares.

La policía nació del crimen

En Gran Bretaña, el proceso fue similar al que se siguió después en América. Desde la época medieval, había una serie de policías privadas y empresas de guardias vecinales (empezando con la simple voz de alarma cuando se descubría un problema) que ofrecían servicios a bajo coste cercanos a y controlados por la gente que los usaba, y por ello, estaban existían tensiones con el gobierno central, que por razones monetarias, de poder y religiosas pensó en crear un sistema obligatorio y uniforme independientemente de que así se solventaran los problemas o no.

Así, en nombre de la “mejora” y la “regulación” de la acción privada, se impusieron leyes que elevaron sus costes y crearon distorsiones.

Esas leyes destruyeron el voluntariado al requerir una desmesurada y creciente cantidad de horas de papeleo y al incentivar a contratar “profesionales” del gobierno. La gente dispuesta a ofrecerse como voluntarios unos pocas horas al mes se encontrar de repente con que se les exigía trabajar muchas horas al día y al empezaron a faltar al trabajo, lo que el gobierno usó entonces como prueba de la necesidad de impuestos regulares, el fracaso de la libertad, de la avaricia general y de la vagancia, así como de la necesidad de lo que hoy llamaríamos la “profesionalización” pública. Los abusos criminales por parte de los que estaban de guardia fueron ilógicamente magnificados para demostrar que todo el sistema de la participación comunitaria estaba errado. El control por parte de la comunidad y de la vecindad quedó deshecho por los jurados distantes y por los juzgados centrales.

Se dio un proceso similar en el entrenamiento de las milicias. Las antiguas repúblicas entrenaban a sus soldados como parte de la educación para adolescentes (una edad en la que a los jóvenes les encantan este tipo de ejercicios) de una forma tan eficiente que las crónicas andan repletas de historias de los jóvenes Alcibíades o Cesar dominando situaciones complejas con un perfecto autocontrol siendo todavía adolescentes. Pero en los Estados Unidos, fueron un ímpetu de los militares modernos los ejercicios obligatorios de maniobras militares, el retraso en el entreno cuando la gente ya había empezado sus carreras, y la hostilidad del gobierno hacia los clubs de milicias, resultando todo ello en el “problema” de tener a gente que no se presentaba a los entrenamientos y en llamamientos para instaurar el servicio militar obligatorio. De hecho, los gobiernos estaban horrorizados cuando el sistema seguía funcionando: la nacionalización en “Guardias Nacionales” y la creación de armerías y la legislación del control de armas en cada ciudad reflejó el rechazo de las milicias a disparar contra manifestantes sindicales, a que las milicias y las patrullas privadas arrestaron a cobradores de impuestos federales y que los negros se defendieron con éxito ante las turbas que iban a lincharles apoyadas por el gobierno. Ahora hay quien pide que se restablezca el servicio militar obligatorio para subsanar las ineficiencias del gobierno mientras se sigue intentando asfixiar un enfoque natural en el entreno y la autodefensa.

El porceso no fue, de hecho, muy diferente al de cómo el gobierno regula las empresas hasta dejarlas inactivas, hasta abocarlas a comportamientos aberrantes, o hasta promover el mal comportamiento sensacionalizado de unos pocos (generalmente ignorando el papel desempeñado por los funcionarios públicos corruptos), lo que después se presenta como prueba no de cómo la regulación y la coerción pública resultan contraproducentes sino de que se necesita todavía más. Entonces el gobierno, con su recién estrenado monopolio, no se dispone a solventar el problema sino a perseguir aquellos que desafían su inútil monopolio o a los que violan sus “standards” abstrusos y rebuscados.

Estamos viendo esto en los últimos vestigios de vigilancia ciudadanas hoy en los Estados Unidos y en el Reino Unido. Tras varios incidentes en los que la gente no ayudó a otros que estaban en peligro (bien porque tenían muy buenos motivos o bien debido a la inacción de los funcionarios públicos o por la confusión creada por los responsables), se establecieron leyes para obligar a los ciudadanos a prestar su ayuda. La policía se ha encargado después de perseguir, como se está viendo en Florida, a los que no ayudaron suficientemente pronto, animando así a la gente a no ayudar en absoluto, y justificando así una mayor “profesionalización” de los empleados públicos. Los que se defienden de los ladrones o de los atracadores callejeros, se encuentran perseguidos por el uso o tenencia ilícita de armas, abuso de fuerza en la respuesta, o similares.

El sitio web de la Old Bailey, si uno lee entre líneas, tiene problemas para esconder la historia de la siniestra corrupción. Caso a caso, se ve no una evolución sino una nueva imposición de control público y reacción ciudadana a lo largo de siglos.

Como resultado, a principios del siglo XVIII, empleados casi públicos desearon apoderarse de los “caza ladrones” que actuaban como detectives, negociaban la devolución de bienes y ofrecían numerosos servicios de arbitraje, y poner el proceso bajo el control de los tribunales permitiendo así el encarcelamiento rentable y el transporte de ciudadanos bajo cargos no demostrados de “posesión de bienes robados” lo que operaba de un modo similar a la posesión de marihuana de nuestros días (en cambio, el secuestro, difícil de simular, era castigado levemente). Esto culminó, un siglo más tarde, en la fundación por parte de Peel de la “honesta” policía pública, que los “Bobbies” inevitablemente corrompieron para dar a luz a la policía sin opción a elegir, centralizada, burocrática y cada vez más adversa al ciudadano como la que existe hoy.

El problema radicaba en que a principios del siglo XVIII el trabajador Jonathan Wilde había desarrollado, partiendo de un pasado un tanto granujilla, la práctica detectivesca hasta nuevas cumbres, creando la vigilancia comunitaria y muchas técnicas avanzadas y prácticas que actualmente usa la policía cuando realmente entra en la comunidad. Él propuso, en ataques satíricos, que las cárceles realmente aumentaban el crimen y abogó por un enfoque más sensato. Frustró varios amagos de los policías públicos contra prostíbulos y por encarcelar a gente en prisiones provechosas, por lo que fue denunciado por los puritanos locales en el gobierno. En su “Relato verídico” entendió el asunto perfectamente en términos nozickianos o de competencia friedmanita:

Cuando dos de una misma profesión se encuentran en disensión, el mundo realiza muchos descubrimientos importantes; y […] surge naturalmente una expectativa de algún vilipendio”.

Simplemente, la gente se dirigía a él y no a los empelados públicos si lo que querían eran resultados. Su brillante integración de comunidad, proacción, mediación, y alternativas de defensa completamente trascendieron las actuales ideas liberales de, por ejemplo, competencia entre varias agencias de defensa, por las que estudiosos bien intencionados como Friedman laboriosamente teorizan sobre lo que podría pasar en vez de (que, como dice Aristóteles, es el primer paso del método científico) ser conscientes de lo que pasó y lo que, por tanto, puede ser fácilmente perfeccionado y repetido.

Destacan, entre sus innovaciones:

· Un servicio de negociación para obtener de los criminales los objetos robados por un porcentaje y devolvérselos a los propietarios.

· Grupos de comunidad para organizar turnos que interactuaban a los largo de la ciudad.

· Ofrecer consejo a la gente sobre cómo evitar robos.

· Según varias tradiciones orales, tenía los principios de una agencia de bienestar para ayudar a los ladrones a reformarse y, de la misma manera, dispuso el arresto o ejecución pública de auténticos malhechores.

· Un método alternativo para tratar el tema del crimen cuando el gobierno era su principal causa.

Esto último es particularmente importante. Los impuestos y las regulaciones en aumento no sólo estaban empobreciendo la Gran Bretaña, sino que el gobierno descubrió que condenar a la gente por robo basándose en pruebas que hoy se expulsarían a carcajadas de un juzgado (y los castigos draconianos, incluyendo lo que era en realidad la esclavización y deportación durante un determinado número de años de sus ciudadanos y disidentes que, al empobrecer a las familias, indujo a muchos a robar para poder alimentarse con lo que se creó un círculo vicioso) resultaba altamente rentable y consolidaba su tambaleante poder tras la restauración de la Monarquía.

Las deportaciones eran la esclavización: muchos de los deportados como sirvientes por un periodo determinado se encontraron con que esos periodos duraban, de hecho, de por vida pues eran alargados por infracciones menores según el capricho exclusivo del amo. De hecho, uno de los secretos sucios de la Revolución Americana fue que ésta era la principal forma de esclavitud existente en esa época que muchos de los Padres fundadores estaban intentando eliminar, de la que la esclavitud africana era una variante: para comprender cuan extendida estaba, muchos blancos fueron esclavizados por negros libertos hasta el siglo XIX; sus presuposiciones y procesos draconianos siguen corrompiendo el sistema legal (un prisionero es técnicamente un esclavo del gobierno, y una vez más el castigo en los Estados Unidos, a pesar de las desconcertantes fórmulas de castigo “justo” que toman en consideración cada factor excepto la dirección del viento y, sin embargo, dan lugar a sentencias desproporcionadas) hasta el día de hoy.

Peor todavía: el sistema legal británico alimentó y fue alimentado por la miseria que creaba y por la facilidad con la que el inocente era condenado: alguna gente era víctima de acusaciones de robo por parte de aquellos que querían deshacerse de familiares molestos, de sirvientes que no accedían a sus deseos sexuales, de cónyuges inconvenientes, de acreedores difíciles, de los discapacitados, de vecinos agobiantes, por simples deseos de venganza y de gente que alarmaba al gobierno al reclamar cosas tales como sus derechos.

A medida que uno lee las transcripciones del sitio web de la Old Bailey, uno lee no la historia cutre de una Inglaterra que de repente se vuelve loca de lujuria por robarle los candelabros y la mantelería al vecino, sino la magnificación de los dramas vecinales, domésticos y vengativos por parte de un gobierno guiñando el ojo feliz de enviar, tras un juicio de diez minutos, a sus víctimas a cumplir condena de servidumbre durante años y de destruir clanes enteros a mayor gloria de su propia grandeza y poder. La mera acusación de que algo poseído era robado llevó a muchos a la ruina, y esto operaba de la misma manera que las bárbaras y criminales leyes actuales sobre la posesión y pérdida, tan queridas por los fiscales, que ignoran la intención, el efecto o la evidencia. No fue una era gloriosa esta del nacimiento de la policía pública y de los tribunales públicos, sino la espiral mortal de una sociedad corrupta que alumbró la Revolución Americana y que, sin embargo, sigue viva mediante los estudiosos y la propaganda que colorean el pensamiento de hoy no sólo en el Reino Unido, sino en todos los países que han sido influenciados por la Gran Bretaña.

¿Un proceso judicial moderno?

Si bien en un principio usó sus servicios, el gobierno pronto se dirigió a Wilde de otro modo. Sus negociaciones fueron denunciadas por inducir al robo a los ladrones. Se le acusó de formar un régimen mafioso con sus concejos ciudadanos. Aparentemente, algunos también robabas de sus opresores y se acusó a Wilde de hacer la vista gorda en este asunto; como la estaba haciendo, si es que era eso cierto, el propio gobierno. En su juicio, Wilde sugirió que al menos algunos de sus acusadores le estaban acusando de lo que ellos mismos estaban haciendo; y estaban alarmados, presumiblemente, de ver como se reducía su parte del beneficio a medida que Wilde reducía el crimen.

La trascripción del juicio, ahora desenterrada, revela la estratagema horripilante que el gobierno usó para pararle, apoderarse de su reputación, y destruir su servicio: no sólo le acusó de robar para hacerse quedar bien al conseguir recuperar fácilmente los bienes, sino que afirmaron que él dirigía una colosal operación en la que él directamente dirigía los robos que después decía haber resuelto. Pero en realidad le apuntaron con una ley fantástica, propuesta por el principal responsable legal de la City, el Recorder, que era uno de los jueces. Se estableció esta ley específicamente contra él de modo que podía, aberrantemente, condenársele de conspirar consigo mismo para robar por el simple hecho de aceptar una recompensa. En efecto, con esta ley, el gobierno británico al completo se le echó encima.

Éste es el contexto adecuado para comprender el registro histórico. Pues esa fue, como cada vez más lo es hoy, la era del “Código Bloody [2]” y de los castigos severos por ofensas menores basados en escasas pruebas.

Los ladrones arrepentidos no solían admitir nada y la gente era reticente a acusar por miedo a que una muerte injusta cayese sobre sus conciencias.

La gente respondió al sistema que tenía Wilde de negociar para la devolución de los bienes al tiempo que les animaba a tomar medidas preventivas y, pronto surgieron otros grupos por doquier desarrollando este sistema. El gobierno estaba especialmente horrorizado de que él hubiese organizado a la gente en concejos judiciales casi democráticos en cada distrito donde ellos se procuraban su propia justicia en una suerte de franquicia y la gente solventaba sus disputas sin invocar los castigos draconianos del gobierno o las multas provechosas.

En efecto, había empezado a privatizar la capital entera para la gente en una disciplinada organización en red en una era en la que el hombre medio todavía no podía votar. Si la gente tomaba un control activo para eliminar a los ladronzuelos, no se requería mucha imaginación por parte de los burócratas para preguntarse que pasaría cuando los ladrones mayores del gobierno fuesen los siguientes de la lista. Cuando el gobierno comprendió lo que estaba aconteciendo, reaccionó. Habla por sí mismo el escandaloso sermón con el que el juez contestó a Wilde cuando éste pidió justicia y expuso lo que estaba realmente sucediendo.

Como los fiscales de hoy en día, el gobierno no se arriesgó y amontonó un cargo sobre otro con la espera de que alguno colaría. Le arrestaron por robo con once acusaciones que iban a inflamar seguro al público según las cuales él dirigía una mafiosa “corporación de ladrones” que no estaba tanto eliminando ladrones sino lanzando ataques de pandillas contra los ladrones de la competencia y que, incluso, vendía sangre humana. Wilde protestó diciendo que el gobierno estaba en efecto compinchado con los criminales para destruir la auténtica protección policial y que iban a por él, pues ladrones que él había sido incapaz de apresar aparecían ahora como testigos del gobierno.

¿Y Wilde? Bajo los impetuosos procesos judiciales de la época, la defensa no podía llamar a testigos y ni tan siquiera tenían derecho a saber cuando sería el juicio, de manera que a los testigos de la defensa generalmente les resultaba imposible testificar. Su abogado sólo podía sacar a colación puntos legales; a la defensa de los acusados de algún crimen se les prohibía tener abogados ya que “siendo serio el crimen, ellos podían adecuadamente estar motivados para defenderse a sí mismos”. En cambio, el sistema de Wilde estaba abierto a testigos.

Y no es que los testigos del gobierno demostraran nada. Wilde había recuperado un rollo de tela que había sido robado de una tienda y lo había hecho sin esperar recompensa. Cuando la tendera intentó recaudar la recompensa para los ladrones para recompensar el artículo, él no se lo dejó hacer. El testigo era claramente reticente y pensaba bien de Wilde. El juez entonces emprendió una discusión metafísica con el abogado de Wilde sobre si uno es un criminal cuando no un ladron, basándose en el significado de la ley establecida para atrapar a Wilde y cuya calidad de Alicia en el país de las maravillasse hace más profunda a medida que uno la relee varias veces; mientras bloqueaba los intentos para interrogar al posible ladrón para evitar que salieran a la luz los hechos que podrían ayudar a Wilde.

Wilde casi se salvó. Ésta era la época en que los jueces dejaban claro de qué parte estaban y que encarcelaban a los jurados que llegaban a veredictos inconvenientes. El jurado se enfrentó al gobierno, absolvió a Wilde por el robo pero no vio manera de absolverle por recuperar una propiedad robada y aceptar una recompensa (aparentemente, esperaba que le conmutarían la pena de muerte, como solía hacerse) y el gobierno no perdió el tiempo: si bien los ladrones condenados eran normalmente exiliados o multados, colgaron a Wilde y los compinches de la corte se apoderaron de su negocio. Panfletos escritos por Don Nadies llenaron las calles con cuentos cada vez más horribles de sus presuntos crímenes, posteriores calumnias oficiales crearon un circo contra él en su ahorcamiento. Tramas de robo y recuperación de objetos prosperaron con impunidad y el crimen floreció, a juzgar por la calidad decreciente de los juicios en la Old Bailey y cargos exagerados. Y los testigos del proceso judicial fueron discretamente ejecutados en juicios igualmente cuestionables y silenciados para siempre. Con el tiempo, los Bow Street Runners se apoderaron de muchas funciones, imitaron las innovaciones de Wilde tales como estar fácilmente disponible y enviar investigadores inmediatamente y, si bien eran eficientes, eran la élite que reemplazaba a los ciudadanos que se habían procurado su propia justicia mediante la negociación.

El mismo día de su juicio, el gobierno no dudó en realizar más de sesenta juicios más donde envió a gente en pocos minutos a años de servidumbre o los sentenció a muerte, la mayoría con alegaciones que no se sostenían de llevarse pequeñas piezas de ropa o explicaciones desarticuladas de mercaderes que muy bien podrían tratarse de inventarios mal hechos. Las defensas fueron de lo más revelador: una letanía de contraacusaciones de venganza, malas identificaciones, sugerencias de que el artículo había sido vendido por orden del acusador y después se les acusaba del precio resultante, el artículo había sido devuelto o afirmaciones de que el artículo había sido tomado prestado como de costumbre. En algunos casos resulta que la gente, como en el caso de Wilde, fue condenada a pesar de que a los acusadores sólo les faltó proclamar la inocencia del acusado.

Se dice que mientras era abucheado yendo a la horca, en un postrer testimonio de la hipocresía de la época y de lo que a él le estaba sucediendo, re negó a hablar. En cambio, ostensiblemente metió la mano en el bolsillo del cura abstemio y sacó un sacacorchos que mostró con una divertida mirada al público confuso y a las futuras generaciones que tal vez le iban a comprender.

Los estudiosos, incapaces de concebir la naturaleza de las innovaciones de Wilde y su restauración de la policía privada de la common law, sin el menor criticismo acatan las acusaciones y las memorias de sus enemigos y universalmente le denuncian en el mejor de los casos como un granujilla y en el peor como un maquinador monstruo del robo, dando el asunto por zanjado. Estos estudiosos y escritores se andarían con mucho cuidado de cualquier trascripción de juicios e historias de gobiernos si se tratase de los nazis persiguiendo a los judíos por gestionar un servicio de justicia, los comunistas a algún empresario, o la Inquisición a alguna bruja basándose en cargos exagerados de robos, y nos darían una obra maestra de “lectura concienzuda” poniendo el asunto en perspectiva y mostrando que lo que realmente estaba pasando entre bastidores; más si cabe, supone uno, si el jurado nazi, comunista o vaticano hubiese absuelto al acusado y hubiese intentado reprender al gobierno por condenar a una persona por realizar una buena acción. No los intelectuales estatalistas, que aparentemente no pueden concebir algo tan fundamental, como un pez que no es consciente del agua en el que vive, como mostrar que se cuestiona al propio Estado.

El asunto no está zanjado. Leer entre líneas y entender que tuvo que ocurrir, comprender la naturaleza de las instituciones coercitivas reaccionando contra el cambio, leer los alegatos extremadamente perspicaces de Wilde, eso lleva tiempo. Tal vez, Wilde añadió algo de robo en sus operaciones pero pudo haber sido del modo en que los departamentos de policía a menudo permiten que sus informantes mojen sus picos para desvelar un asunto mayor. Pero al fin y al cabo, lo que sobresale del caso como el Coloso de Rodas es que él fue absuelto del único y fundamental cargo mediante la common law: el jurado, lejos de dejar que cayese todo el peso de la ley sobre él, rehusó a condenarle por robo y le halló culpable sólo de la buena obra de recuperar bienes robados bajo la desconcertante y absurda ley; una ley tan rara que técnicamente también hacía igualmente culpable al juez y a la fiscalía.

Mientras otros como Vidocq (quien ochenta años más tarde fundó la primera agencia de detectives para fastidio de la policía oficial francesa, la Sûreté), estudió a Wilde, viendo en él a un gran innovador y pareció haber entendido lo que aquel intentaba hacer; entre sus contemporáneos nadie estaba interesado en un juicio político complicado o entendía el concepto de la innovación privada voluntaria que devolvió el sentido de público a los servicios “públicos”.

Así fue cómodamente transformado en un rebelde pintoresco en cuentos como “La ópera del mendigo” e historias ambiguas de Fielding, quien se benefició de la destrucción de Wilde, salió a la palestra y creó la “primera fuerza policial efectiva” y Defoe (incluyendo su ensayo al estilo burlesco de Bastiat Everybody’s Business is Nobody’s Business[3]contra la libre empresa mencionando a Wilde) que observó que si él era un criminal, entonces los había mucho mayores en el gobierno y sus regulaciones.

En el siglo XIX, Ainsworth, echó más leña al fuego, redibujó a Wilde como una comadreja en Jack Sheppard e incluso el Profesor Moriarty de Sherlock Holmes y la obra y canción Mack the Knife están basadas en él.

¿Y hoy? Que Wilde no espere ninguna ayuda de los pseudointelectuales que creen que toda la historia es fácilmente explicable como una conspiración de patriarcas, racistas y antisemitas por el estilo oponiéndose al progreso del iluminado gobierno colectivo con alocadas ideas sobre la libertad, la objetividad y la atención seria a los hechos, y que no sólo ciencia social sino también el arte ha de avanzar de este modo. Así, actualmente, y como era predecible, el Conspiracy Paper de Liss extrae la moraleja de que Wilde muestra lo que pasa en ausencia de una fuerza policial, “la algo vaga noción de libertad”, el patriarcado, y lleva sus asuntos judaicos más allá de “la muy estúpida idea de que la ficción histórica debe ser seria”.

Así, ciertamente, la literatura es testigo del robo... de la historia.

Un tipo distinto de pionero

¿Porque deberíamos sorprendernos?

Juana de Arco salvó a Francia y fue condenada por traición. Galileo fue un gran científico y fue acusado de confundir al público y llevarlos a la ignorancia. La ciencia médica está repleta de grandes descubridores encarcelados ser por farsantes.

Los primeros defensores de la libre empresa fueron quemados en la hoguera en la Plaza Mayor de Madrid por la Inquisición. Se enseña la historia no como la crónica de los innovadores sino de los grandes ladrones gobernando países mostrándolos como si fuesen hombres nobles. Incluso este mes, un tal Peter Thiel va más allá de todos los conceptos de servicios postales del gobierno y crea Paypal y, en vez de darle una medalla, se le desprecia por ser “meramente” un capitalista ladrón y se le persigue indirectamente bajo una ridícula ley antiterrorista. Los verdaderos pioneros de las alternativas gubernamentales fueron y son incomprendidos y enterrados en medias verdades como los primeros usuarios de la penicilina fueron quemados como brujas, a la espera de su Will Durant.

¿Acaso fue único el caso Wilde? No. La expropiación de Wilde, desde sus esfuerzos hasta su memoria, no fue única en su momento. Si bien es típico que las fuentes actuales atribuyan el servicio postal a los servicios militares de todo el mundo desde el faraón Necho hasta varios duques chinos, la verdad es que el primer sistema genuino fue una empresa privada por el prácticamente desconocido William Dockwra.

Unos pocos años antes de Wilde, él desarrolló un servicio competitivo junto al trasto viejo del servicio general y creó, en un breve periodo, cada una de las innovaciones que hoy damos por descontadas: oficinas locales, buzones, prepago y entrega urgente… por un penique. Eso sucedió en la época en que, gracias a los métodos del gobierno, uno podía enviar una carta a Holanda, pero no de Londres a Londres.

Después de un periodo de confusión, el gobierno reaccionó viciosamente. Declaró que Dockwra había violado un monopolio de servicios que jamás ofreció, fue juzgado y el gobierno se apoderó de su organización que, por aquel entonces, en una ciudad era mucho mayor que todo el sistema estatal del reino. Cuando más estudiamos el pasado, más vemos el presente: una motivación consistió en que con el servicio de correos en manos privadas, la censura y el espionaje resultaban muy difíciles.

Hubo un tiempo en que mucho del correo en los Estados Unidos era entregado por servicios privados; en un proceso similar, fueron asfixiados por los burócratas del gobierno jaleados por una sección de científicos sociales que afirmaban que tales “monopolios naturales” sólo los podía gestionar el gobierno.

Esta tendencia, bajo la influencia de las ideas liberales y la creación del correo electrónico y de servicios tales como Federal Express ha empezado a revertir; y varios de los pioneros de los servicios de entrega en 24 horas se definían como liberales.

De hecho, se ha señalado que el servicio público de correos y los monopolios públicos parecen caras de la moneda menos eficientes e incompletas. Uno ve por qué cuando mira a los servicios sin parangón que ofrecía Dockwra: no sólo ofrecía servicio puerta a puerta como la Federal Express, ¡sino que esto lo hacía mediante rutas que entregaban y recogían correo diez veces al día! Existían nada menos que quinientas oficinas (y el número crecía) en la ciudad de Londres, muchas más de las que hay hoy en una ciudad de ese tamaño.

Revelando su verdadera motivación, el gobierno no sólo prohibió su negocio, sino que lo expropió, apoderándose de las oficinas que no había construido durante siglos de monopolio pero que Dockwra sí había construido en cuestión de meses[4].

Al pertenecer a la pequeña aristocracia, no sufrió el horrendo destino de Wilde pero, si bien el clamor popular le valió un empleo remunerado con pensión, cuando el asunto se hubo calmado fue acusado de nuevo, como sucedió con Wilde, de lo opuesto a la verdad: de mala gestión. Lo perdió todo. No fue hasta el último siglo que algunas entregas consiguieron ser tan eficientes; dice la Enciclopedia Británica de 194 de un servicio extinto desde hacía casi trescientos años:

“Esta empresa realmente destacable dotó a Londres de un servicio postal que, en algunos sentidos, jamás ha sido igualado ni antes ni después.”

Las fuentes suelen ignorar o distorsionar su existencia. Incluso la arquitectura civil perpetua la censura: uno va a la Oficina Central de Correos de Nueva Cork y ve cincelado en magnifico esplendor sobre el edificio colosal la famosa cita de Heterodoxo sobre los mensajeros que realizaban sus entregas a pesar del mal tiempo y de la oscuridad de la noche; no que después de trescientos años, el Monopolio de Correos de los Estados Unidos sigue sin poder entregar el correo de forma tan barata, rápida y agradable como el hombre que sus antecesores institucionales borraron de la existencia y cuyo monopolio ellos usaron para encarcelar a cualquiera que se atreviese a reintroducir la idea de que el monopolio público es una pía estafa, un fraude.

Y sin embargo, la gente, como este comentario titulado Can we trust e-envoy? del jefe de TeleWest, David Docherty, que cuestiona el actual sistema se encuentran como se expande su conocimiento y como sus suposiciones dan un giro radical cuando aprenden un poco de Dockwra. “¿Acaso has oído hablar siquiera de Dockwra?” empieza preguntándose, cual Schliemann desvelando la increíble y desconcertante verdad de que Troya realmente existió, de que todo lo que a él, un líder de nuestra sociedad, le enseñaron sobre el asunto es de repente obviamente falso y a duras penas puede darse cuenta de ello.

Wilde y Dockwra, como el César, aunque muertos e injustamente vilipendiados, seguís siendo grandes. Así nació la actual era de la policía pública y de los “servicios” urbanos: culminando en el asesinato de Jonathan Wilde para justificar las fuerzas policiales del gobierno, la captura y la destrucción en el olvido de sus innovaciones (excepto en las tradiciones familiares de aquellos que le conocieron y le entendieron, muchos de los cuales fueron criminales transportados a América por los mismos jueces y quienes, a su vez, influyeron con esa actitud a sus hijos, los revolucionarios de la Guerra de la Independencia Americana, sobre el gobierno contra la policía de la comunidad); y la difamación de que, a juzgar por el sitio web de la Old bailey, continúa a día de hoy.

Incluso por implicación en los sitios web políticos, como el laborista, piden “más policía” así como más profesores (incluso cuando el gobierno lanza una Yihad contra las innovadoras escuelas privadas de bajo coste tales como Summerhill) y más enfermeras (ocasionado, según los consejeros de sanidad con los que he hablado en el Reino Unido, por la brillante decisión del gobierno de reducir las enfermeras o agobiarlas con tanto trabajo que renuncien pronto a él para así poder justificar los crecientes salarios de los doctores mientras se “reducen costes” con sus tareas expandidas y, en adelante, así será en los Estados Unidos).

¿Equivale más policía a menos crimen? ¿Acaso más células blancas significan más salud, o que un cáncer de la sangre ha colapsado el sistema?

Una nueva erudición liberal

Murray Rothbard afirmó que el liberalismo es, en último término, una ciencia interdisciplinaria. Conviene tomárselo en serio.

En cierta ocasión, Ayn Rand incorrectamente afirmó que un sistema liberal significaría que las fuerzas policiales se exterminarían unas a otras. Se quedó bastante sorprendida cuando le hice notar que lejos de ser una objeción, crear paz entre los puntos de vista enfrentados es el problema que esta llamada a solucionar la filosofía política, donde todas las teorías políticas no terminan sino empiezan, y un método voluntario es el único camino seguro.

Es más, existían precedentes históricos referentes a fuerzas policiales enfrentadas en la misma calle donde ella vivía, a saber: fuerzas públicas compitiendo entre sí y las revueltas entre las fuerzas policiales politizadas de Nueva York en tiempos de la Guerra de Secesión (un hecho relativamente desconocido incluso entre liberales, pero ahora llevado a la gran pantalla por Scorcese en Gangs of New York).

Esto es peor. La verdad es que es asunto del gobierno el exterminar la libertad de la gente para crear servicios alternativos bajo una common law. Este Ur-crimen de la policía pública y servicios urbanos es tan fundamental que, sigue en nuestros días en la distorsión de los hechos. Debe seguir siendo negada y trivializada por el gobierno, los estudiosos y los escritores porque, de ser cierta, la historia desde entonces es falsa.

A pesar de que murió hace tres siglos y su cuerpo fue misteriosamente eliminado, los sitios web del gobierno no escatiman esfuerzos para esconder la memoria de un hombre detrás de quien se alza la verdad de que hubo un tiempo en que la policía no era una función del gobierno sino una organización voluntaria de ciudadanos, que evolucionaba en saltos cuánticos y naturales hacia una organización para protegerse de aquel.

El hecho es que estos precursores liberales son como manchas en los libros de historia y están siendo ahogados por doquier a nuestro alrededor; sólo para reaparecer pues expresan la lógica espontánea de la libertad en la ayuda mutua. La erudición liberal a duras penas ha empezado: incluso cuando una Ayn Rand puede que no comprenda las plenas implicaciones de lo que ella misma está diciendo, así los estudiosos liberales deben aceptar como primer paso de su trabajo que toda la historia que nos han enseñado no es una mera mentira, sino una que está enfocada hacia lo incorrecto y, cual arqueólogos y perspicaces abogados debemos reconstruir y desvelar el eslabón perdido de la ciencia social: un gobierno voluntario, tan reprimido y tan esencial como en las ciencias naturales una vez la investigación anatómica fue un crimen e, incluso hoy, si un doctor se desvía demasiado de los puntos de vista establecidos, puede arruinar su carrera.

La tarea del joven estudioso liberal es la de descubrir estos precursores en cada cultura, e identificarlos y documentarlos a medida que suceden en la actualidad en lo que será una nueva historia y la ciencia social nacerá tras un comienzo fallido como prostituida glorificadora del gobierno coactivo; y sus compinches en la empresa, la universidad, la religión, los sindicatos y en cada clase social.



[1] [N. del T.] El autor usa la expresión americana “Libertarian” y “proto-Libertarian” que he traducido por liberal y proto-liberal. Véase “La nomenclatura liberal”.

[2][N. del T.] Bloody, en inglés británico “maldito”, pero también “sangriento”.

[3][N. del T.] Los asuntos de cada cual no son asunto de nadie.

[4] Para saber más sobre esta triste historia, la fascinante William Dockwra and the Rest of the Undertakers, The Story of the London Penny Post 1680-1682, de T.Todd, publicada por C.J. Cousland and Sons Ltd., Edinburgh, 1952. Así mismo, un investigador liberal sobre el tema: Summers, “The Postal Monopoly”.

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sábado, abril 12, 2008

¿Quién es el terrorista?

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lunes, enero 07, 2008

IJM. Comentarios contra la proporcionalidad en la defensa

El Instituto Juan de Mariana ha publicado mi último artículo llamado Comentarios Contra La Proporcionalidad En La Defensa. Es una explicación sobre el tema que abrió Juan Morillo anotando los defectos evidentes de la proporcionalidad en la defensa, que no en la pena. Estoy preparando un estudio más extenso sobre este tema ya que en un simple artículo no se puede explicar nada, por lo que el comentario del Instituto Juan de Mariana, como indica su título, sólo son algunos comentarios sueltos:

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jueves, diciembre 27, 2007

Sobre la proporcionalidad en la defensa. Juan Morillo

En el Instituto Juan de Mariana han publicado el primer artículo de Juan Morillo, alguien que sin duda dará mucho que hablar en los próximos años. El ensayo de Morillo es un ataque frontal al clásico postulado de la proporcionalidad tan introducido en la ética política. Recomiendo encarecidamente su lectura. En el liberalismo aún hay mitos que han de ser destruidos:

"Lo que se deduce de forma lógica del principio de proporcionalidad en la defensa es que se establece una ordenación de mis propiedades de forma jerárquica en función de su valor. Es decir, se entiende que tenemos unas propiedades que tienen más valor que otras, y esto determinará los medios que utilizo en mi defensa…"

"…Lo que habría que preguntarse es quién establece el valor de mis propiedades cuando me agreden, quién es el que valora mis propiedades en ese momento. La aberración principal implícita en el argumento de la proporcionalidad es que la valoración de mis propiedades no la realizo yo. Me es ajena. El acto subjetivo que establece la importancia que tienen mis distintas propiedades para mí lo realizan los demás".

Sobre la proporcionalidad en la defensa. Juan Morillo Bentué. Instituto Juan de Mariana.

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viernes, diciembre 07, 2007

Otro "Gun Free Zone" es el escenario de la matanza

Todos nos hemos enterado del caso del chalado de Nebraska, Robert Hawkins, que se lio a tiros en un centro comercial de Omaha. Desde un año que a los comercios en Omaha les ha dado poner carteles de "prohibido llevar armas" y Westroads Mall era uno de ellos. Tal vez así creían que no les atracarían, lo que no sólo ha provocado el efecto contrario, sino incluso que un desequilibrado haya decidido pasar el día matando gente ahí.

El diario El País nos muestra un artículo sobre los asesinatos en Estados Unidos y nos recuerda que una matanza similar ocurrió en el Trolley Square Mall, Salt Lake City (Utah). El centro comercial en cuestión también era un "gun free zone", algo que el periódico olvida convenientemente (así como también el nombre del centro comercial). También nos recuerda la matanza de la Universidad de Virginia Tech, otro "gun free zone". Ayer en Cuatro, Gabilondo mostró la noticia y nos dijo que en Finlandia también ocurrió lo mismo. La reportera añadió que ahí habían más de un millón de armas sueltas, razón por la que la gente mata [!]. La periodista no encontró conveniente, o directamente ni lo sabe, que según la Guardia Civil (que es la responsable del control de armas en España) hay más de un millón de armas ilegales pululando en nuestro país, todas ellas con propietario. ¡Atención! ¿Cómo puede haber tantas armas ilegales en este país que las controla tanto? Para los socialistas sólo hay una explicación lógica: los ladrones y criminales no se han leído el código penal ni la ley de armas, por tanto, no saben que están prohibidas.

Este tipo de ataques no sólo se producen en Estados Unidos, sino también en otros países donde el control de armas es similar al de la antigua URSS, como Reino Unido, Francia, Italia, Alemania o Australia. A la prensa también se le olvida detallar esos casos en los que las armas han salvado vidas, de hecho, ocurre cada día y no aparece en ningún medio convencional, ni siquiera en Estados Unidos. Para enterarnos hemos de leer los periódicos locales americanos o webs como Keep and Bear Arms que cada día suele detallar varios casos.

El pensamiento único socialista sigue apostando por el desarme civil para que así todos los criminales vayan a sus anchas al cometer crímenes. También encuentran lógico, que por casos francamente aislados, se prohíba a la gente su derecho a defenderse y a poseer armas. Prefieren ver a alguien asesinado, o a una chica brutalmente violada, a enfrentarse a la imagen de una víctima empuñando un arma de fuego contra su agresor. Las armas, por sí mismas, no cometen crímenes, son las personas, igual que no son los coches quienes matan a personas, sino los conductores. Como siempre, confunden medios con fines y recurren a su respuesta estándar: prohibición y represión contra la sociedad civil, contra el inocente.

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sábado, noviembre 17, 2007

El estado policial del PP

Tiempo de elecciones y tiempo de promesas. Ahora el PP promete que si sale elegido (¡ja!) subirá el sueldo a la policía y Guardia Civil considerablemente. Además, promete aumentar la presencia policial en las calles. Es una muestra más de cómo funciona el mundo de la burocracia gubernamental y el libre mercado. En el libre mercado nadie necesita promesas de un burócrata para aumentar su bienestar material, sino su esfuerzo. A más trabajo y más dedicación, mayor posibilidades de escalar en un trabajo o mayor éxito de de que su empresa crezca. En el mundo de la política, eso no tiene sentido ya que las posibilidades de acceder a un mayor estar material son regalos del gobierno.

Que de golpe, el estado suba el salario a la policía ¿hará que los polis sean mejores? Evidentemente que no. Podría tener sentido si creasen algún sistema de retribución variable, pero subidas de sueldo masivas son percibidas como derechos o regalos, por lo tanto, no tienen contraprestación en el trabajador con un aumento de la productividad, o calidad en este caso. Y es que, ¿cuál es el principal incentivo para que alguien se alguien se haga policía hoy día? Un trabajo fijo y para toda la vida, evidentemente. A esto añadamos el tipo de justicia que tenemos hoy día. ¿Qué le ocurre a usted si trabajando en una empresa ve que todo lo que hace es denegado sistemáticamente? Que perderá interés por su trabajo y sólo se limitará a hacer las horas necesarias para cobrar a final de mes. ¿Y si eso ocurre, y además usted tiene un trabajo que implica cierto peligro qué pasará? Lo mismo pero de forma más acentuada. El trabajo de un policía en ciertos momentos implica un cierto nivel de riesgo. Si apresado un delincuente vulgaris, el policía sabe que ese mismo día el caco saldrá a la calle y el juez no reprimirá la mala actuación del delincuente, evidentemente la labor del oficial irá perdiendo eficiencia, porque además, sabe que haga lo que haga seguirá cobrando lo mismo. En todo caso, lo primero a revisar es la justicia y no aumentar la policía que es una medida puramente populista y con una clara intención de compra de votos.

Veamos un ejemplo. En Cataluña también aumentaron el número de efectivos policiales y esto se ha traducido en un ligero aumento de la delincuencia (2006) y un nada despreciable aumento de las multas a ciudadanos honrados en más de un 50%. La Generalitat tomó esta medida hace dos años y ciudades como Barcelona tienen la misma inseguridad que antes. A esto apuntemos que estamos ahora en una buena situación económica, que cuando empeore, algo que ya tenemos casi encima, la delincuencia aumentará.

El estado policial sólo repercutirá en más presión sobre el ciudadano honrado al que van a multar y fiscalizar más. Y no sólo eso, sino que el aumento en el salario de los polis tendrá un repercusión directa en un aumento de la presión fiscal sobre los ciudadanos, no sólo estaremos peor, sino que además nos costará más.

Por otra parte es claro también, que reforzar un monopolio gubernamental, sin dar margen a un sistema de competencia, y aún más el de la policía que es tan cerrado, sólo hará aumentar la corrupción interna y la burocratización.

Si los del PP quisieran el bienestar de sus ciudadanos, establecerían un sistema policial, como ocurre en Estados Unidos, basado en la privatización con agencias privadas de seguridad, además de leyes que reforzaran la propiedad privada y libertad individual. Esto significa la despenalización efectiva de la defensa personal, la libertad para portar armas y evidentemente la disminución de efectivos policiales que son una potencial agresión al hombre libre. Si un delincuente sabe que cualquiera puede ir armado y es libre de responder a una agresión sin miedo a la justicia, el delincuente verá en cada ciudadano un policía.

Como siempre, las respuestas del PP a los problemas de la gente sólo implican más gasto, ellos mismos lo han dicho con la instauración de un "macroprograma", más poder gubernamental sobre el hombre libre y más caos a una situación que ya es delicada por si misma.

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miércoles, junio 20, 2007

Yo espío, pero tú también

En la sesión de control al gobierno, los "populares" han preguntado a De la Vega sobre los espías que, presuntamente, se dedicaban a seguir a Manuel Pizarro (presidente de Endesa). De la Vega no ha contestado, ni siquiera ha tildado al PP de machista como suele hacer cuando no sabe qué decir, sino que ha respondido con otra acusación: "sobre el CNI pregunten a los familiares del Yak a los que ustedes espiaban".

Esto es, "yo he espiado, pero tú más". Resuelto el asunto, ya está. Otra vez donde la democracia muestra ser un estado totalitario "orwelliano". La única función del CNI, y cualquier otro cuerpo de seguridad estatal, sólo es fiscalizar al hombre honrado, controlarlo y hacer de martillo contra él para satisfacer al gobierno de turno, al estado. La "seguridad pública" es un oxímoron cuando se pretende usar como sinónimo de seguridad ciudadana. Y por lo visto, ahora también es una buena herramienta para ganar votos.

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miércoles, mayo 30, 2007

Cincuenta peligrosos criminales han caído en toda España. Respiremos tranquilos

Entre ellos se encuentran:

  • 10 peligrosos y desarmados administradores de páginas web que no paraban de programar.
  • 16 "capos" organizados, que creaban redes locales de cable.
  • 2 responsables de comunidades de vecinos que pretendían extender cables por todas partes con nuestro consentimiento.
  • Además, iban armado con 22 distribuidores de descodificadores pirateados, que si se tiran a la cabeza de alguien, pueden doler mucho.
  • Desgraciadamente, los traficantes de ondas de televisión ya habían distribuido más de 1.000 aparatos con el software alterado, que si te lo comes, pueden ser tóxico (o no).
  • También, se han cerrado 14 páginas web donde se distribuían programas y claves activas que permitían decodificar la señal de televisión digital y que en malas manos, habría permitido a alguien el gran crimen de ver la televisión.

Por todo esto:

Doy gracias al Ministerio de Cultura, a la Entidad de Gestión de Derechos de los Productores Audiovisuales (EGEDA) y especialmente, doy gracias a Digital Plus que ha sabido desviar el dinero de nuestros impuestos para sus propósitos e intereses en lugar de gastarse su pasta.

Gracias también al gobierno de España por hacer las calles más seguras y gastar tan prudente y sabiamente nuestro dinero. Gracias a la policía por malgastar, ¡perdón!, quiero decir, invertir su tiempo en este tipo de crimen y no en sacar de una vez por todas a los violadores, atracadores, rateros, carteristas, okupas y demás especies en auge de nuestras calles y casas. Ya podemos retirar el pasador de nuestras puertas y desconectar las alarma. Por fin podemos dormir tranquilos, el gobierno ha vuelto a invertir correctamente nuestro dinero en aras de nuestro interés (y el de Digital Plus) para que estemos más seguros.

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viernes, mayo 25, 2007

Los políticos defienden la brutalidad policial... otra vez

Hoy Joan Saura, conseller de Interior, “ha acudido a una reunión ordinaria de los mandos de los Mossos d'Esquadra para mostrar el apoyo de su consellería a la labor y profesionalidad del cuerpo de la policía catalana, tras las polémicas en las que se han visto envueltos en las últimas semanas”, según La Vanguardia. En otras palabras, los mossos son cuestionados por la sociedad civil y medios de comunicación por un montón de irregularidades graves. ¿Reacción de Suara? Les felicita. Ni la juez encargada de la instrucción de la muerte de un joven se ha fiado de los mossos y encargó la investigación a la Guardia Civil. En realidad es evidente la reacción de Saura, defiende a sus trabajadores. Los mossos no se deben al ciudadano, sino al jefe, ya sea el estado o las diferentes administraciones.

Pero atención a los políticos de la oposición. Empezamos con CiU. Josep Antoni Duran Lleida pidió ayer la dimisión de Saura, no por dejar que los mossos se comporten como unos cuatreros sin control, sino “por no defender al cuerpo de policía de Cataluña”. Palizas en los cuarteles, humillación de ciudadanos por las buenas, presunta irresponsabilidad con los detenidos con resultado de muerte, uso de armas no estipuladas en el código por parte de los mossos, represión violenta contra congregación de ciudadanos pacíficos en la calle, disparos “accidentales” a la gente, etc. y a Durán Lleida le preocupa la imagen del cuerpo de policial.

Pero Durán fue más allá incluso. Criticó que las imágenes de las palizas fuesen difundidas a los ciudadanos. Calificó la información a los ciudadanos como “una exhibición pornográfica”. No dice mucho de la calidad democrática de este hombre. Es decir, para Durán, las atrocidades gubernamentales han de ser escondida a los ciudadanos. Que estos sean como los tres monos que no pueden ver, oír ni hablar. El gobierno siempre obliga al resto de ciudadanos, organizaciones y empresas a ser transparentes, por el contrario, ellos se mantienen abiertamente en las sombras y no paran de decirnos mentiras.

En el PP, Josep Piqué, dijo algo similar a lo expuesto por Durán, “lo único que hace [la información de la prensa] es generar desconfianza en los ciudadanos y en el propio cuerpo de seguridad que se ve permanente cuestionado”. Lógico, pero eso no implica esconderlo ni defender ciegamente a la policía. En este mismo sentido han ido las quejas de los mossos que se han defendido atacando a la prensa, como siempre. La culpa siempre es de otro. Los medios de comunicación y la libertad de expresión siempre tienen la culpa de todo, incluso de que los policías cometan actos criminales. También tendrá la culpa Amnistía Internacional que denunció anteayer “tortura y malos tratos policiales en España”, especialmente contra los inmigrantes.

Los políticos nos presentan un escenario determinista: la seguridad corre a cargo de la policía que sólo depende del estado. Ocurra lo que ocurra, eso es inamovible. La solución que toman los políticos cuando la ciudadanía descubre lo que esto significa sólo es taparlo, no tomar soluciones reales ni en favor de la gente. Y es que la policía sólo es el brazo represor del estado que sirve para controlar a las personas —y no a los delincuentes y menos en España—. la policía también es la encargada de financiar a la administración con la continua y creciente imposición de multas por cualquier tontería: ir en bici escuchando música, aparcar la bici, aparcar el coche en doble fila, vender discos en la calle, mendigar, multar a los bañistas, a los andamios “mal” colocados (¿y dónde quieren que los pongan si no hay espacio?), multar por el área verde, la azul, por hacer trabajos poco cristianos, por fumar cigarros, porros, por no usar el catalán, por tender la ropa, por cubrir áticos cuando el propio ayuntamiento también lo hace, y en fin, ya me he cansado. Mientras tanto, excarcelan al 'violador del Eixample' pese a que se cree que no está rehabilitado o dejan que unos vándalos okupen una casa mientras su dueña está en una residencia sin mencionar el constante incremento de la delincuencia. A toda esta situación siempre se la ha llamado estado policial y sólo es característica de los estados totalitarios e intransigentes. España no está fuera del totalitarismo porque podamos cambiar de amo cada cuatro años.

Tal vez sea el momento de exigir un cambio de modelo real. La policía estatal no es la solución, más bien es parte del problema. La seguridad privada ha dado muy buenos resultados donde se ha aplicado y nos resultaría mucho más barata. La libertad de armas por parte de los ciudadanos también puede hacer disminuir el crimen como ya han escrito no sé cuantas veces especialistas del tema (los criminales siempre van armados, las leyes anti armas, sólo desarman a la gente honesta). Todo se resume en abolir leyes, privatizar y otorgar más libertad al ciudadano para sacársela al estado, porque sólo éste, es el culpable de la situación actual.

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miércoles, mayo 23, 2007

AI. Tortura y malos tratos policiales en España

Tras los escándalos de la brutalidad policial que sufre Cataluña donde los mossos se dedican a apalear a la gente porque sí, reprimen por medio de la violencia concentraciones pacíficas, usan armas no reglamentarias (no especificadas en el código) o utilizan a los ciudadanos como instrumento de diversión macabra; ahora Amnistía Internacional (AI) ha denunciado que los casos de inseguridad civil por parte de la policía se extienden por toda España:

"(AI) ha expresado su preocupación por la existencia de 'informes sobre tortura y malos tratos' policiales en España y por la situación que afrontan los inmigrantes y los solicitantes de asilo en el país".

"El informe de la organización… destaca que 'siguió habiendo informes de tortura y malos tratos a manos de funcionarios encargados de hacer cumplir la ley', en una situación acompañada 'en muchos casos de impunidad'. Entre los ejemplos que ha incluido la organización se encentra el 'caso Roquetas'".

"Esta circunstancia se ha visto agravada 'por la falta de investigaciones sistemáticas e independientes', dice AI, que se remite a un estudio publicado por SOS Racismo, según el cual en uno de cada tres casos de violencia racista en España 'los responsables eran funcionarios del Estado encargados de hacer cumplir la ley'". Más>>

Hay un grave problema cuando los encargados de nuestra seguridad son los que contribuyen a nuestra inseguridad. Y es que la policía no deja de ser el brazo represor del estado y no hace más que acatar órdenes. No es una cuestión aislada de España. En otros países "civilizados" como Reino Unido están ocurriendo cosas similares. Por ejemplo, esta semana, según La Razón, "la policía británica reconoce arrestos ridículos para cumplir los objetivos del gobierno":

"…Unos agentes de Kent detuvieron a un chaval por arrojar una rodaja de pepino de su bocadillo a un vecino después de que sus padres le denunciaran por 'asalto'. Mientras tanto, un hombre recibió una amonestación oficial por 'posesión de un huevo con intención de arrojarlo', un nuevo tipo legal que ha indignado a los fustigadores del intervencionismo estatal". Más>>

El pasado viernes, en Nueva York, Estados Unidos, ocurrió otro atropello policial con resultado de muerte. Un policía, que iba sin uniforme, asesina a un ciudadano desarmado y por la espalda por querer irse del escenario de un accidente de tráfico. No fue un tiro intimidatorio, sino cinco contra el cuerpo de la víctima. Para colmo, el policía alegó que: "sólo estaba haciendo mi trabajo". Pues sí, ese es el problema.

Quien vaya siguiendo los acontecimientos relacionados con la seguridad habrá advertido que desde hace unos años la represión policial cada vez es mayor, y no sólo aquí, sino que parece ser un problema global. Mientras tanto, los políticos, lejos de permitir al ciudadano defenderse con sus propios medios de los criminales y dar mayor libertad a las empresas de seguridad, sólo hacen que incluir más malhechores estatales entre nosotros.

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ACTUALIZACIÓN (26.05.07)

Barcepundit ha dejado una nota interesante en su bitácora sobre AI, que enlaza con un artículo de
Gerald Steinberg llamado Scrutinize Amnesty International.

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sábado, mayo 12, 2007

Más abusos de los ‘mossos’. Se mofan de un hombre semidesnudo

Los mossos están más cerca de ser una banda callejera que un cuerpo de protección civil. Según La Vanguardia:

"Las cámaras ocultas que el Departamento de Interior instaló en la comisaría de los Mossos d'Esquadra de Les Corts grabaron a un agente mofándose de un detenido de raza negra y en ropa interior, aunque esas imágenes no fueron enviadas a la Fiscalía".

"En las imágenes se observa a un mosso d'esquadra mofándose y bailando delante del detenido, que se encontraba en ropa interior, pero por el momento no consta que la víctima haya presentado denuncia contra los mossos por esas presuntas vejaciones".

"La División de Asuntos Internos de la policía autonómica descartó enviar esas imágenes a la fiscalía…" Más>>

No sólo son los mossos, sino que sus policías, Asuntos Internos, también hacen lo que les da la gana. ¿Cuántos casos más habrá que nos intentan ocultar?

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Más brutalidad policial de los ‘mossos’.

Según El Periódico, una detenida por los mossos salió de comisaría con 38 hematomas:

"[Una joven de 23 años] entró en las dependencias policiales sin lesiones importantes --solo molestias en las muñecas por las esposas-- y salió de allí con 38 hematomas repartidos por el cuerpo, según constató, a las pocas horas, el servicio de urgencias del Valle Hebrón".

"[La joven] asegura que no entiende porqué fue detenida. 'Eran las 12 más o menos de la noche y venía de mi fiesta de cumpleaños. No podía entrar en mi casa porque no encontraba las llaves y piqué a la puerta para que me abrieran', explica esta licenciada en Márketing y Relaciones Públicas, que trabaja en el sector de seguros. Algún vecino llamó a los mossos y estos se personaron en el inmueble. 'Me metieron en el ascensor a la fuerza y me dieron dos bofetadas en la cara. Yo solo pedía explicaciones. Me llevaron en el coche a comisaría'".

BURLAS

"En las dependencias policiales, según su relato, le llevaron a una habitación. No recuerda si una de las dos mossas que estaban le pegó o no una bofetada --aparece en el video de asuntos internos-- porque estaba 'muy asustada', pero sí que la tiraron al suelo y que le quitaron a la fuerza la ropa. 'Me rompieron la chaqueta, el pantalón y hasta el sujetador'".

"Se reían y burlaban de mi acento, de mi ropa interior, de mi manicura. Tumbada boca abajo en el suelo me cogían de las hebillas del pantalón y las esposas, me levantaban y me tiraban. Me decían: te acordarás toda la vida de este cumpleaños. Me sentí humillada". El día 5 de abril al mediodía, cuando salió en libertad con la ropa destrozada y un tacón del zapato roto, llovía. Su novio la llevó al hospital de Vall d'Hebron y luego a la comisaría de los mossos en Sant Andreu para presentar una denuncia. Precisamente allí se topó con la mossa que la detuvo". Más>>

Ya empieza a ser algo habitual en Cataluña entrar en una comisaría y salir hecho un cromo. Los mossos no han impedido más delitos, por lo que parece, ellos son parte de los criminales.

ACTUALIZACIÓN:

Otro caso en el mismo día: Más abusos de los ‘mossos’. Se mofan de un hombre semidesnudo.

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domingo, abril 29, 2007

Utah permite llevar armas a la universidad

Vía de The Olympian, Utah allows guns on college campuses:

"Brent Tenney dice que se siente muy seguro cuando va clase en la Universidad de Utah, pero no toma riesgos. Lleva consigo una 9 mm semiautomática cargada cada día".

"Después de la masacre de Virginia Tech donde hubo 33 muertos, algunos han sugerido que la carnicería habría sido menor si un estudiante o profesor hubiese estado armado".

"Mucha gente en Utah están orgullosos de ser el único estado que permite por ley llevar armas en las Universidades públicas. 'Si el gobierno no nos puede proteger, has de tener el derecho a hacerlo por ti mismo dijo el senador Michael Waddoups". Más>>

Mientas tanto, los políticos siguen siendo responsables pasivos de las muertes de Virginia y otros "Gun Free Zone".

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sábado, abril 28, 2007

Armas, homicidios, suicidios y muy poca información

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La tabla superior está extraída de la Commission on Crime Prevention and Criminal Justice, de Naciones Unidas y muestra la relación de varios países entre armas, suicidios y homicidios. Como se puede apreciar, no parece haber mucha relación entre la tenencia de armas y los homicidios. Por ejemplo, países como Canadá, que tiene un nivel armas similar al de Estados Unidos comparativamente, muestra una tasa de homicidios con arma de fuego baja.

Este documento fue muy famoso cuando se presentó (1997) y hubo una revisión posterior en 1999. De los 11 "expertos" elegidos para realizar el estudio, 6 (3 canadienses, 2 japoneses y 1 ruso) eran reconocidos activistas antiarmas, algo que no dice mucho de la imparcialidad de Naciones Unidas.

Los expertos, se olvidaron de mencionar países donde hay un alto número de ciudadanos civiles armados y bajos niveles de crimen, como por ejemplo Suiza, donde hay una tasa de ciudadanos armados más elevada que en Estados Unidos y no está en la tabla. Sí que mencionan, pero: Suecia, Canadá, Finlandia o Alemania que tienen un alto nivel de ciudadanos armados (algunos comparables porcentualmente a los que hay en Estados Unidos) y las muertes por armas son mucho menores.

El informe favoreció a Japón, ya que el documento concluía que el país a imitar era ese precisamente. Sí, en Japón hay pocas armas de fuego (legales) y aunque también hay numerosos crímenes en números absolutos producidos —el último caso fue el asesinato del alcalde de Tokio hace pocas semanas— el terror viene provocado en el país asíatico por una fuerte represión estatal; y es que el control de armas no deja de ser control sin más. De hecho hay muchas estadísticas que el país no hace públicas a nadie, como por ejemplo, aún no sabemos que pasa exactamente dentro de sus cárceles y ya acumula diversas denuncias de organizaciones humanitarias, como Amnistía Internacional, por su continua represión contra los derechos civiles, libertad de expresión, o sus curiosos estudios semestrales sobre el comportamiento sexual de sus mujeres y cosas así. Es el país ideal para cualquier amante de la represión como los favorables al control de armas.

David Kopel escribió un ensayo sobre la "seguridad" de Japón que ha traducido A.N.A: El Control de Armas en Japón.

Hay otros datos curiosos, que se podrían estudiar en otro momento, como el de Australia. En la tabla se ve que hay un alto número de armas, en cambio el número de homicidios y accidentes producidas por las mismas es bajo. El gobierno de Australia, a raíz de un loco que se lió a tiros, empezó en el 1999 un fuerte control de armas, la consecuencia fue evidente: en los dos años siguiente los robos a mano armada aumentaron un 73%, los cometidos sin armas de fuego un 28%, los secuestros un 38% y un largo etcétera. Los datos son de la Australian Bureau Statistics, enero año 2000.

En reino Unido ocurrió algo similar, pero de forma mucho más pronunciada. Desde 1997, con la aprobación de la Firearms Act, el crimen se disparó. Si en 1997 el número de crímenes era de 4.904, en 2002 ya era de 10.023. A finales de 2004 se denunciaron 10.964 según el informe del House of Commons de 2006. El año 2006 fue peor aún. Los robos a punta de pistola aumentaron un 10% y los atracos a viviendas un 46% respecto al año anterior. Las estadísticas de ese país dan miedo.

Volviendo al tema principal, a pesar de las exclusiones, exageraciones a favor del desarme civil del informe y demás, vemos cómo las armas no son la causa del terror y la muerte como dicen los políticos, prensa y los criminales, que por supuesto, son los más interesados en que se haga una fuerte restricción de armas.

El documento que contiene la tabla, se llama Cross Sectional Study Of The Relationship Between Levels Of Gun Ownership And Violent Deaths de Colin Greenwood del Firearms Research & Advisory Service (UK). Un documento muy interesante. Via FDV y A.N.A. Como apunta la introducción del estudio:

"La propuesta de que 'los lugares con los ratios más altos de tenencia de armas y los más opuestos al control de las mismas son los lugares con los ratios más altos de muertes por arma de fuego' es frecuentemente citada como una inmutable ley de la naturaleza, una aseveración parecida a que el sol siempre sale por el este y se esconde por el oeste".

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Más asesinatos masivos en ‘gun free zones’ fuera de los Estados Unidos

Por qué la prensa sólo cuenta los asesinatos masivos ocurridos en Estados Unidos? Todos lo sabemos. Aparte de la lista que muestra Fernando Díaz Villanueva en su web, John Lott nos cuenta unos cuantos más, que usted no conocerá porque han ocurrido fuera de los Estados Unidos. Todos ellos eran Zonas Libres de Armas:
  • 20 de noviembre de 2006: Sebastian Bosse, de 18 años, empieza a disparar en su antiguo colegio de Emsdetten, Alemania; después se suicida. Cinco personas resultan heridas y docenas hospitalizadas por inhalación de humo después de que él activase unas bombas de humo.

  • 13 de septiembre de 2006: Kimveer Gill, de 25 años, se lía a tiros en la cafetería del Dawson College en Montreal matando a un estudiante e hiriendo a 19 antes de suicidarse.

  • 26 de abril de 2002: Robert Steinhaeuser, de 19 años, que fue expulsado de su escuela en Erfurt, Alemania, mata a 13 profesores, dos antiguos compañeros de clase y policía. Después se suicida.

  • 28 de abril de 1996: Martin Bryant, de 29 años, en una cafetería del Puerto de Arthur en Tasmania, Australia, mata a 20 personas. Mientras se escapa con un vehículo mata a 15 más. Fue capturado y encarcelado.

  • 13 marzo de 1996: Thomas Hamilton, de 43 años, asesina a 16 niños en un jardín de infancia y a la profesora en Dunblane, Escocia. Después se suicida.

  • 6 de diciembre de 1989: Marc Lepine, de 25 años, entra en el Colegio Politécnico de Montreal, mata a una mujer, mata a nueve más y se suicida.

  • 19 de agosto de 1987: Michael Ryan, de 27 años, mata a 16 personas en un pequeño mercado de Hungerford, Inglaterra, y luego se suicida.

Lott ofrece otro caso más. 27 de setiembre de 2001: Un tirador asesina a 14 personas en Suiza cerca de Zurich.

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Delincuentes uniformados. Agresión de los ‘mossos’

El Mundo ha colocado un video en su web donde se ve como unos mossos golpean brutalmente a una persona por las buenas dejándola inconsciente:

La dirección de la policía ha dicho que "son casos aislados" a pesar de haber recibido más denuncias. Curiosamente, ahora colocarán cámaras en los pasillos y calabozos, lo que resta credibilidad a las palabras de la dirección. La cuestión es, sabiendo los policías que hay cámaras en esos lugares, ¿cree alguien que las palizas se frenarán, o se irán al lavabo, por ejemplo, para seguir con su trabajo? Mejor no darles ideas.

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martes, abril 24, 2007

Pierre Lemieux: Virginia Tech

Las armas salvan vidas

Virginia Tech (Blacksburg), Columbine (Colorado), Polytechnique (Canadá), Dunblane (Escocia), Jonesboro (Arkansas), Nickel Mines (Pensilvania), y Dawson College (Canadá). ¿Qué tienen en común todas estas trágicas matanzas masivas de estudiantes y escolares? La respuesta no es obvia.

Lo que resulta obvio, para aquellos de nosotros que vemos más allá de los titulares, es que las matanzas masivas eran inusuales cuando las armas se encontraban fácilmente disponibles, pero se han incrementado a medida que las armas se han vuelto más controladas.

A comienzos del siglo 20, las armas estaban fácilmente disponibles para la gente común en todos los países civilizados, incluida Inglaterra, Canadá, los Estados Unidos y Francia. En muchos casos, los individuos podían portarlas ocultas libremente. Pero todo eso ha cambiado.

La masacre de Dunblane en Escocia en 1996, por ejemplo, la cual se cobró las vidas de 16 niños, ocurrió en un país donde, tras siete décadas de crecientes controles sobre las armas, se había vuelto muy difícil para los ciudadanos comunes poseer armas, especialmente pistolas, e ilegal portarlas virtualmente en cualquier lugar.

De manera similar, los tiroteos en el Dawson College en Canadá en 2006 acontecieron después de 15 años de controles sobre las armas cada vez más rígidos, que tornan ilegal incluso portar armas en su propia propiedad. En los Estados Unidos, donde la mayoría de las trágicas balaceras han ocurrido, los controles federales sobre las armas se han incrementado prácticamente de manera continua desde los años 60. Ninguna de las masacres fue perpetrada por personas a las que se les permitió legalmente tener armas allí donde cometieron sus crímenes, y muchas de las matanzas tuvieron lugar en "zonas libres de armas" por disposición gubernamental.

Lo cierto, tal como nos recuerda la tragedia en Blacksburg, es que resulta imposible estar totalmente protegidos por la policía contra los maniáticos criminales, excepto convirtiendo a la sociedad en una prisión. No obstante, un importante interrogante precisa formularse. ¿Qué tal si alguno de los estudiantes o profesores hubiese estado armado en Virginia Tech, una universidad donde las armas se encuentran vedadas?

Resulta interesante que un proyecto de ley que hubiese permitido a los estudiantes y empleados portar pistolas en los campos universitarios de Virginia fue rechazado en la Asamblea General del estado a comienzos de este año. El vocero de Virginia Tech Larry Hincker elogió el rechazo: "Estoy seguro de que la comunidad universitaria está agradecida de las acciones de la Asamblea General en virtud de que esto ayudará a que los padres, estudiantes, profesores y visitantes se sientan seguros en nuestro predio". ¿Y ahora qué?

Cuando se le preguntó en una conferencia de prensa después de la matanza qué puede hacerse para garantizar la seguridad del campo universitario, el Presidente de la Virginia Tech Charles Steger señaló que no hay manera de colocar a un guardia de seguridad en cada aula o dormitorio. Eso es muy cierto.

Pero contrapónganse los horripilantes tiroteos de Virginia Tech con la matanza de enero de 2002 en la Appalachian Law School de Virginia. A pocos minutos de disparar a tres personas en la oficina del decano, el contrariado estudiante Peter Odighizuwa fue detenido por dos estudiantes que habían sacado pistolas de sus automóviles. Desarmaron al asesino y lo entregaron a la policía.

Obviamente, cuando personas están resueltas a masacrar a estudiantes indefensos, no existe ninguna panacea segura.

Sin embargo, debe haber un motivo por el cual tales matanzas no han ocurrido en sitios como la University of Utah, donde la gente que cuenta con licencia para portar armas puede llevarlas al campo universitario, incluidos los edificios de la universidad. Debería haber un motivo por el cual el asesino del Dawson College, quien tenía un automóvil y aparentemente ninguna razón especial para tomar como blanco a esa escuela en particular, no se dirigió en cambio a la Escuela Nacional de Policía, a unas 100 millas de Montreal, donde todos los estudiantes están armados.

Necesitamos tener una visión más amplia. Algo más que la baja probabilidad de ser detenido antes de cometer tanto daño debe estar en juego. Hace algunas décadas, la mayoría de la gente, incluidos los jóvenes revoltosos, y tal vez incluso la mayoría de los criminales, se encontraban bajo ciertas restricciones morales a las que estaban abochornados de quebrantar. Desde esa época, estas restricciones se han desmoronado, siendo reemplazadas por un nihilismo post modernista y la pesada mano del gobierno.

Siempre han existido maniáticos auto engañados quienes, a efectos de buscar solaz y fama, causan destrucción. Así era Eróstrato quien, en 356 A.C., y precisamente por esta razón, incendió el Templo de Artemisa en Efeso, una de las Siete Maravillas del Mundo. Sin embargo, dudo seriamente que hubiese asesinado a escolares o jóvenes mujeres, aún si hubiese tenido la facultad de hacerlo.

Mientras toleremos una cultura de dependencia en un estado niñera, en el cual las personas sean tratadas como niños, desarmadas e imposibilitadas de protegerse así mismos, las absurdas matanzas masivas continuarán, y tal vez aumentarán.

Traducido por Gabriel Gasave.

Pierre Lemieux es co-director del Economics and Liberty Research Group en la University de Quebec en Outaouais y un Investigador Asociado en The Independent Institute en Oakland, California. Se ha traducido al español su libro La Soberanía Del Individuo (Unión Ed.) y cuenta con varios artículos también traducidos.

Vía El Independent.

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lunes, abril 16, 2007

Otro ‘Gun Free Zone’ contribuye al asesinato de inocentes

Dos formas de protegerte de un ataque violentoHa ocurrido hoy en la Virginia Tech University. Un desequilibrado se ha liado a tiros en la universidad con un trágico balance (muy trágico). La historia ha acabado como siempre: la policía ha matado al desequilibrado después que éste haya producido numerosas víctimas.

Ante esta noticia, como ya estamos acostumbrados, los grupos favorables al control de armas, y por tanto al crimen, empezarán a pedir más restricción a las armas de fuego. Lo que a todos se les olvidará decir es que la universidad es un Gun Free Zone, o lo que es lo mismo: una zona libre de armas. Esto significa que nadie puede ir armado en la universidad, ni alumnos ni empleados. Bueno, todos no, los criminales sí.

Y es que una vez más, este tipo de masacre se perpetra en un Gun Free Zone y no en una zona donde tal normativa no existe, ¿o acaso las matanzas se producen en comisarías donde hay decenas de hombres armados? De hecho, en junio del año pasado se ratificó una reciente prohibición de llevar armas dentro del recinto. El portavoz de la universidad "la clavó" en el discurso de inauguración de la ley:

"Estoy convencido que la gente de la universidad estará agradecida por la medida de la Asamblea General [del Congreso de Virginia], porque esto [la Zone Free Zone] ayudará a los padres, estudiantes, profesores y visitantes a sentirse más seguros en nuestro campus".

Las consecuencias están a la vista. La universidad ya era blanco fácil para cualquier demente. El desarme ha contribuido a que se produjese tal tragedia. Muy probablemente, si la zona no hubiese estado "libre de armas" de fuego, la tragedia habría sido menor.

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martes, febrero 27, 2007

“Chaos Theory” de Robert P. Murphy en Online

Una buena noticia, el famoso panfleto (en sentido anglosajón) de Robert Murphy: "Chaos Theory. Two Essays On Market Anarchy" [PDF 699 KB] está en online.

El ensayo trata sobre los temas capitales del Anarcocapitalismo como la justicia o seguridad privada, en todos sus aspectos. No es un libro completo en sí, sino de introducción ya que sólo da una visión de estos temas. Todo y así es muy recomendable.

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domingo, febrero 18, 2007

Libertad de Armas y Estado

El Sr. Jorge Aspizua Turrión ha tenido la paciencia de leer y comentar mi último artículo en Libertad Digital llamado "La seguridad armada no es ningún crimen". Aspizua, me otorga etiquetas de forma gratuita, como que soy conservador o joven, pero la verdad es que no lo veo mucho mayor que yo (desgraciadamente para mí). Llamarme conservador tiene tanto sentido como decirme que soy socialista o un coche de carreras, probablemente el subconsciente le haya jugado una mala pasada al verme en Libertad Digital, que sólo es uno de los medios donde he colaborado y él asocie de forma directa con la ideología conservadora, o porque defiendo la liberalización de las armas. Es totalmente cierto que en Estados Unidos los más grandes defensores de la libertad de armas no son liberales, sino conservadores, pero yo soy anarcocapitalsita (I, II, III, IV, V, entre muchos más), que pocas coincidencias tiene con el conservadurismo.

Aspizua comenta que las razones que doy en defensa a la libertad de armas para civiles: "no se desarrolla más allá del tradicional juego dialéctico de las derechas en todo el orbe a la hora de definir quién está legitimado y por qué a tener, portar y, en su caso, usar de armas". No acaba de ser cierto del todo. En ningún momento abogo por grupos que no deban estar armados en el artículo.

A diferencia de lo que apunta Aspizua, no defiendo en ningún momento el "derecho a portar armas [de] los grupos sociales, a sueldo o no del Estado". Ahora me extenderé algo más en este punto.

La tenencia de armas es un derecho individual, no colectivo. Firmemente creo, que los únicos que jamás han de llevar armas son los grupos a sueldo del estado, ya que estos se alejan de la estructura del hombre libre siguiendo el método de la coerción y extorsión, o como lo llamó Franz Oppenheimer, de los medios políticos. Siendo así, el estado sólo ha de tener una sola función: desaparecer, y eso sólo ocurrirá cuando las personas quieran vivir sin déspotas (Ley de La Boétie). Por otra parte, y dejando ya los medios políticos para trasladarnos a los económicos y puramente sociales, cualquier individuo está en su derecho de comprar, regalar, heredar y llevar una herramienta, sea cual sea. De aquí no sigue de forma necesaria que aquel que haga mal uso de ella cometiendo un crimen quede exento del peso de la justicia. Nadie (el estado) es el amo del resto de los individuos que integran la sociedad para decidir, como si fuera Dios, qué han de poseer o no los hombres libres. Eso significaría que ha de existir una élite dominante y otra que la obedezca bajo la amenaza del uso de la violencia. Dicho de otra forma, la ley positiva sólo aboga por la esclavitud de una oligarquía política contra una masa de la población. Esta visión de élite tiene menos sentido que en los años de la monarquía absoluta donde el rey lo era por gracia divina. Entonces al menos, podían aducir que la superioridad del "hombre elegido", el monarca, no necesitaba ni debía ser justificada, simplemente era especial y superior al resto de los mortales. La invalidez o ratificación del argumento era imposible de demostrar directamente.

Hoy en día esta visión, que aún se mantiene y donde sólo se ha cambiado el concepto de rey por político, y divino por democracia (formal y no funcional), es aún más inconsistente que la anterior. La visión del derecho positivo, desarrollada inicialmente por John Austin y mezclada históricamente con la entelequia de Hobbes, cree que el hombre es antisocial por naturaleza negando el orden espontáneo y libre albedrío. Aún siendo así, no tiene sentido alguno que uno de estos hombres "antisociales" —todo político es humano y es de la "misma pasta" que el resto— tenga que estar por encima de la humanidad que integra, pudiendo, además, vulnerar la vida, libertad y propiedad privada del resto con el uso de la coerción y la ley. Así como vulneraría la justicia del hombre convertir en ley que el estado, o cualquier otro, nos obligaran a casarnos con alguien concreto, nos impusieran cuánto hemos de ahorrar o gastar, o qué tipo de coche hemos de comprar; no lo es menos que nos impida el acceso a una herramienta, como un arma de fuego, que podemos adquirir para hacer deporte, defensa o coleccionismo. Evidentemente, el libre acceso a las armas no es estar en defensa del asesinato ni crimen, sino al revés. El libre acceso a las armas, a los medios de producción privados de la seguridad sin límite, y el derecho natural, son la garantía para nuestra seguridad y libertad. Por el contrario, la negación total o parcial de los tres pilares antes nombrados —que sería abogar por el control de armas, monopolización de la seguridad y derecho positivo— son la garantía para la semilla del terror, ya sea estatal o privado.

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sábado, enero 27, 2007

ANA: en defensa del caso de Lérida

ANA -- Asociación Nacional del Arma La organización ANA (Asociación Nacional del Arma) ha emitido una nota de prensa en defensa del hombre que ayer en su hogar y para defender la agresión a su hijo por parte de cuatro encapuchados armados disparó a dos de ellos. Podéis verla en la web, la pego aquí también:

Texto íntegro de la nota de prensa enviada a socios y medios de comunicación, sobre los sucesos de Sudanell (Lleida).

NOTA DE PRENSA

A raíz del desgraciado suceso que ha tenido lugar en la localidad de Sudanell (Lérida), nos vemos una vez más obligados a mostrar nuestro apoyo a los ciudadanos honestos que se ven obligados a defender su vida y la de sus seres queridos frente a asaltantes armados y ante la dejadez de una administración incapaz de ofrecer la seguridad que se les demanda.

Maniatados por una ley de Seguridad Ciudadana que impide a los ciudadanos honrados su autodefensa razonable con todos los métodos a su alcance, exigimos de nuevo al Gobierno de España que modifique tanto esta ley como el Reglamento de Armas y el Código Penal, para que de una vez por todas la ley esté de parte del ciudadano que debe defenderse, y no a favor del delincuente, único responsable del acto violento sucedido en esta localidad.

Asimismo, aprovechamos para enviar nuestro apoyo a un ciudadano que ha tenido defenderse tras ver peligrar la vida de su hijo. Cualquiera de nosotros hubiéramos hecho lo mismo, ante la incapacidad de las fuerzas del orden de ofrecer la protección que le es exigible.

Presidente

ANA.

Los Mossos d’ Esquadra han dejado en libertad por el momento al hombre. Ahora, las diligencias pasarán al juzgado que decidirá en última instancia en que situación procesal queda el propietario según informa La Vanguardia. Esperemos que por una vez apliquen el sentido común y la ley no tome represalias contra un hombre que se encontró con una situación que no buscó y que sólo quería defender a su familia.

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viernes, enero 26, 2007

Un hombre evita un acto criminal en su casa con su arma cuando los asaltantes agredían a su hijo

Un hombre de la población de Lérida, Cataluña, ha repelido la agresión de unos criminales que pretendían robarle con su arma de fuego. Los asaltantes iban armados también:

“Alertado por el ruido, el dueño de la vivienda, que estaba durmiendo en la planta superior de la casa, ha bajado las escaleras con un arma de fuego para la que dispone de licencia, ya que es aficionado al tiro olímpico”.

“En el interior de la casa se ha producido entonces un intercambio de disparos entre el propietario de la casa y las personas que estaban intentado reducir a su hijo, que se ha saldado con dos heridos de gravedad, uno de los cuales ha muerto posteriormente”.

“Tras el suceso, el propietario de la casa ha salido semidesnudo, pantalón de pijama y torso desnudo, y se ha dirigido al ayuntamiento para denunciar los hechos”.

“A raíz del tiroteo, han resultado heridos de gravedad dos de los jóvenes que habían entrado en la casa mientras que un tercero, que levaba una pistola, ha sido detenido por los Mossos d' Esquadra poco después en un pueblo cercano Albatàrrec, gracias a la colaboración ciudadana”. Más>>

Las leyes de desarme civil (control de armas) sólo benefician a los criminales, pero esta vez los cacos no contaban con que el propietario fuese armado. Más armas de fuego en casa de la gente honrada disminuyen los crímenes y ponen las cosas más difíciles a los asaltantes que no entienden de leyes y siempre van armados, éstos no entran en las casas ajenas para demostrar su hombría, sino para robar, y si las cosas se ponen feas, se van a otra casa. Si en la ventana de su hogar advierte que la casa está protegida por un Smith & Wesson por ejemplo, ningún ladrón le entrará. Aunque aquí en España nadie se lo creerá. En este sentido, según recomiendan, si alguien posee un arma de fuego es recomendable tener la primera bala de fogueo, al primer disparo los cacos salen por patas. Es evidente, no son héroes de la patria, sino vulgares ladrones.

En este sentido, John Lott, en su libro More Guns, Less Crime, compara los allanamientos de morada de Estados Unidos, Canadá y Reino Unido, este último a propósito, es uno de los países donde los crímenes más han aumentado de forma más evidente cada vez que los políticos han restringido el acceso a las armas de fuego a la población civil —ver Guns and Violence: The English Experience de Joyce Lee Malcolm. Desde la última restricción de 1.997, la criminalidad ha aumentado un 40% en Reino Unido.

Según Lott, los criminales en Estados Unidos no tienden a entrar en las casas de noche porque saben que un porcentaje alto de la población americana está armada, de todos los asaltos, sólo el 13% se producen en hogares de noche. Pero en Reino Unido y Canadá por ejemplo, donde hay un fuerte control de armas, estos representan el 50% de los asaltos totales. En estos países, como en España, los ladrones saben que tienen un trabajo fácil y seguro: las víctimas duermen, están desarmadas y la ley encima les protege.

Ahora falta ver si la víctima, el propietario de la casa, será enviado a la cárcel por defenderse y hacer uso legítimo de una herramienta de la que disponía. Sin duda, sería la mejor noticia para la delincuencia, les ratificaría que Cataluña y España son el paraíso de todo caco violento. El lugar donde sólo los criminales van armados, y las víctimas siempre son las culpables.

Actualización:

Y hablando de Reino Unido, Public fear of violent crime fed by rise in robberies with guns:

"Robberies at gunpoint increased by 10 per cent last year in England and Wales, according to Home Office figures published yesterday".

"The figures include armed robberies in the street, which rose by 9 per cent, and armed robberies in homes, which almost doubled".

"The total number of robberies at gunpoint rose to 1,439 and the number of gun robberies at residential properties jumped by 46 per cent to 645, an increase of 204 and more than five times the level recorded when Labour came to power".
Prestando atención al último párrafo, el crimen se ha disparado desde el 97, año en el que endureció el control de armas. Que le den otra vuelta de tuerca a la ley de armas. El crimen se les disparará aún más.

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martes, enero 09, 2007

Tijuana y un buen control de armas: desarmar a la policía

Según The Seattle Times una de las iniciativas del nuevo presidente de México ha sido requisar las armas de los policías de Tijuana ya que muchos de ellos están involucrados en tráfico de drogas, secuestros, extorsión… y sus armas pasarán a una posterior investigación. La corrupción parece realmente altísima entre las “fuerzas del orden”. Lo más curioso es que las 18 horas sin policías armados han pasado sin ningún incidente grave, y la satisfación de la gente ha sido unánime:

"Es fabuloso" dice Alfredo Arias, jefe de un restaurante de La Libertad que fue acribillado a balazos en un encuentro entre pistoleros callejeros y policiales.

Alberto Capella, presidente asesor del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública, ha dicho que el desarme de la policía ha tenido un amplio soporte popular.

Greagorio Martinez, residente de Tijuana desde hace 35 años, ha señalado que “apuesto a que el número de asaltos disminuirán hasta que la policía recobre sus armas. Ahora mismo me encuentro muy seguro [sin policías armados]”. Más>>

Gracias Manuel.


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Más armas menos crímenes. Nuevos datos del FBI 2005

Glock 23C Malas noticias para los prohibicionistas y favorables al control de armas.

Según nuevos datos del FBI, desde 1991, año especialmente violento, hasta 2005, la criminalidad ha bajado un nada despreciable 38%. Por el contrario, desde 1991 hasta el 2005 el número de armas en manos de ciudadanos ha aumentado en más de 70 millones dentro del país.

Según el FBI también, la mayoría de asaltos se cometieron con armas blancas, o a mano descubierta.

Via: Barcepundit

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domingo, diciembre 31, 2006

¿Y si el dueño de la furgoneta secuestrada por ETA hubiese estado armado?

Según el diario El Mundo, el dueño de la furgoneta fue secuestrado en Francia el día 27 y liberado tres días después, por lo visto, era el hombre perfecto: “había preparado [la furgoneta] para acampar, ya que pensaba pasar unos días esquiando”, “no le echaron en falta en su casa porque acostumbra a pasar varios días solo en el monte” y “la matrícula era original porque el robo del vehículo no podía ser denunciado”. Así:

“El dueño de la furgoneta Renault Traffic que explotó en el aeropuerto de Barajas fue secuestrado […] el pasado día 27 por tres encapuchados que se identificaron como miembros de ETA y liberado el 30 entre una y dos horas después del atentado”.

“El joven [español] pasó esa noche en la furgoneta junto a sus secuestradores, que ya por la mañana del día 28 hicieron varias llamadas desde sus teléfonos móviles”. Más>>

Y según Antena3:

“En cuanto al vehículo se sabe que fue robado a punta de pistola el pasado día 27 en Luz Ardiden, Francia”.

Por alguna extraña razón los terroristas no deben saber de la existencia del Reglamento de Armas que establece que no se puede ir armado sin la correspondiente licencia que otorga la Guardia Civil (y dependiendo de la licencia no se puede llevar ni cargada). Los terroristas tampoco se habrán leído ni se habrán asesorado sobre el resto de leyes que prohíben el robo, el secuestro, la tenencia de explosivos a niveles industriales sin la licencia correspondiente, ni la prohibición del asesinato.

Los delincuentes siempre van armados, no les importan las leyes. Los histéricos del control de armas y demás poco informados quieren creer que la libertad de armas genera crimen, mito que ya ha sido más que desmontado por un gran número de pensadores actuales (John Lott, Robert VerBruggen, John Moorhouse, Bruce Benson, Brent Wanner, Gary Kleck, Richard Poe, Abigail A. Kohn, Gary A. Mauser…).

Si el propietario de la furgoneta hubiese podido portar un arma de fuego para su autodefensa —sin que los jueces lo lincharan después— tal vez la desgracia del secuestro, posibles muertos por la detonación de la bomba, destrozo del parking y caos del aeropuerto no se habrían producido. Se habrían salvado vidas, recursos y resto de desgracias quedando el gobierno, además, alertado de la nueva situación de la tregua sin que hubiese muerto ningún inocente. Es más que evidente que el estado es incapaz de protegernos, no sólo del crimen convencional, sino también de aquellos que usan la ideología para matar.

El estado usa el control de armas para monopolizar nuestra seguridad y ceder nuestra libertad a cualquier desalmado sin responsabilidad alguna. Los prohibicionistas, los fanáticos del control de armas, no tienen más excusa que el miedo a lo desconocido para hacernos lo más inseguros posibles ante creencias infundadas contándonos anécdotas que han salido en cualquier medio sensacionalista como si fuesen una verdad aceptada por todos los estudiosos de la seguridad y control de armas. Curiosamente creen que esa noticia catastrofista donde el arma de fuego ha causado una muerte es una muestra estadística representativa de sus inherentes maldades. Ya saben, “las armas las carga el diablo”, aunque a éste no le haga falta arma alguna, sino más partidarios del control de armas para conseguir su propósito.

Así como no son los coches los que matan, sino las personas; a las armas, como cualquier otra herramienta, también les ocurre lo mismo: no son las armas las que matan, sino las personas. De quien nos tendría que proteger la justicia es de esas personas con la fijación de dañar a los demás iniciando la fuerza, no del utensilio con el que podemos defendernos de ellos. Qué contradicción de sociedad y justicia donde los criminales siempre van armados y las personas honestas están totalmente desarmadas por ley.

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domingo, diciembre 24, 2006

Bruce Benson sobre la seguridad privada: reduce el crimen (II)

Muchos de nosotros podemos atribuirnos el mérito por el descenso de la delincuencia
16/12/1999
Bruce L. Benson
Detroit News

Los índices de criminalidad, según el informe preliminar del FBI para el año 1999, cayeron al 10 por ciento por cada 100.000 habitantes. Es una caída considerable, dado que las tasas delictivas habían mermado un 7 por ciento en 1998, y cerca de un 16 por ciento desde su pico entre 1991 y 1997.

Desde el informe del FBI, no han faltado las explicaciones ofrecidas para esta significativa declinación. Los políticos reclaman para sí el crédito en virtud de su apoyo para la construcción de prisiones, la imposición de sentencias más largas, el mayor financiamiento policial, o a las políticas que reducen el desempleo y los incentivos para cometer delitos. La policía cita a las estrategias innovadoras tales como el "patrullaje comunitario."

Sin duda alguna, varios de estos factores ayudan a explicar los índices de criminalidad en baja, pero existe otra causa, tal vez la más importante, que ha pasado largamente sin ser percibida: las crecientes inversiones de parte de ciudadanos privados de tiempo y dinero en materia de seguridad.

El control privado del crimen—incluidos los acuerdos voluntarios de vigilancia, patrullaje y acompañamiento, las alarmas, los cerrojos mejorados y la mejor iluminación, la auto-protección, y el personal de seguridad privada—ha sido una industria en crecimiento durante décadas. Una estimación de 1970 pone al personal de seguridad privada casi en pie de igualdad con la policía pública, pero para 1990 había cerca de 2,5 efectivos de seguridad privada por cada oficial de la policía pública. En la actualidad, la relación probablemente sea al menos de tres a uno. La de la seguridad privada es la segunda industria de más rápido crecimiento en el país, pero el empleo creciente es tan solo una parte de la historia.

Considérese el mercado para las alarmas de seguridad. Las ventas de alarmas subieron a cerca del 11 por ciento al año en 1970, pero esta tasa de crecimiento alcanzó el 15 por ciento en 1990. En 1970, el uno por ciento de los hogares estadounidenses estaban conectados a sistemas de alarma centrales. En 1990, lo estaba uno de cada diez hogares. Y esta tendencia parecería haberse acelerado en la década del 90, al igual que la venta de otro equipamiento electrónico para controlar el acceso, detectar la intrusión, y proteger a los vehículos, junto con los circuitos cerrados de televisión, los detectores de metales, los dispositivos de rayos x, y otra tecnología de seguridad.

El auge en el control privado del delito se encuentra también ilustrado por el número creciente de centros comerciales, complejos de oficinas, y edificios residenciales cerrados, los que han sido creados teniendo a la seguridad como un objetivo de su diseño. Una estimación de 1997 sugirió que 24 millones de estadounidenses vivían en condominios, en complejos de departamentos y en cooperativas de acceso limitado. Más allá de eso, las comunidades residenciales privadas, consistentes en grandes números de hogares uni o multifamiliares sobre calles privadas, son ofrecidas de manera creciente haciéndose hincapié en la seguridad como una ventaja que las hace más atractivas. Una evaluación del año 1997 colocó al número de personas en comunidades "cerradas" en alrededor de los ocho millones. ¿Qué es lo que estos consumidores creen que están recibiendo?

El caso de Starrett City, un gigantesco complejo de 153 acres en la sección de alta criminalidad de Brooklyn, al este de Nueva York, ayuda a explicar la popularidad de tales comunidades. En los años 80 cerca de 20.000 residentes, racial y étnicamente diversos pero mayoritariamente de clase media, vivían en sus 5.881 departamentos distribuidos en 56 edificios. Un estudio de 1986 realizado por los criminalistas de la Pennsylvania State University, Edwin Donovan y William Walsh encontró que los residentes de Starrett City eran en verdad mucho más proclives a efectuar la denuncia de crímenes a su personal de seguridad que los ciudadanos en general, y no obstante ello, Starrett City tuvo solamente 6,57 delitos denunciados por cada 1000 habitantes, en comparación con los 49,86 para el distrito 75º en el cual se encuentra ubicada Starrett City. Al momento del estudio, Starrett City contaba con una fuerza de seguridad privada de 54 personas, incluidos 34 oficiales con responsabilidades de patrullaje en general, una unidad canina de 6 oficiales, y una unidad de 5 oficiales que patrullaban vestidos con atuendos civiles.

Otras comunidades que adoptan la seguridad privada observan una mejoría comparable. Critical Intervention Services (CIS), una agencia de seguridad privada en Florida, le proporciona seguridad a los complejos de departamentos de un precio que atrae a los inquilinos de bajos ingresos. El delito cae en promedio en un 50 por ciento después de que CIS asegura un complejo habitacional (50 de ellos tenían un contrato con la empresa en Miami, Tampa, Jacksonville, y Orlando allá por 1996). Esto puede ser atribuible parcialmente a la prodigiosa labor comunitaria que la agencia emprende. Los empleados de CIS juegan a la pelota con los niños, los ayudan con sus tareas escolares, les distribuyen obsequios navideños a los jóvenes necesitados, y además benefician a los residentes jóvenes. Como lo sostuviera el fundador de la firma, K. C. Poulin, "una vez que usted logra conocer a los niños y a sus padres, el delito se reduce."

Una investigación estadística del año 1992 realizada por Edwin Zedlewski, asesor senior del National Institute of Justice, que compara a la seguridad pública y a la privada en 124 Áreas Estadísticas Metropolitanas Estándar, fortalece adicionalmente a la causa en favor de la seguridad privada. El estudio descubrió que la dedicación de más recursos a la policía pública no pareció disuadir la comisión de más delitos, mientras que el hecho de brindarle más recursos a la seguridad privada si lo hizo. Esto no debería sorprendernos, dado que los empresarios privados—a diferencia de los burócratas públicos—se encuentran bajo la constante presión competitiva para descubrir nuevas maneras de mejorar sus productos y servicios, incluyendo el descubrimiento de nuevas formas de optimizar la cooperación comunitaria. Claramente, los empresarios privados, y el público con el cual ellos trabajan, merecen gran parte del crédito por reducir los índices de criminalidad.

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Traducido por Gabriel Gasave.

Bruce L. Benson es Profesor e Investigador en Economía en la Florida State University, Asociado Senior en The Independent Institute. Autor de libros como: Justicia Sin Estado, o To Serve and Protect: Privatization and Community in Criminal Justice. Visita su página personal de la universidad.

Vía: The Independent Institute. Artículo original en inglés: Many of Us Can Take Credit for the Decrease in Crime.

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Bruce Benson sobre la seguridad privada: reduce el crimen (I)

Los beneficios de privatizar el control del delito
20/8/1999
Bruce L. Benson

Los índices de criminalidad, según informes del FBI, cayeron a cerca del 16 por ciento por cada 100.000 habitantes desde su pico entre 1991 y 1997 y descendieron otro 7 por ciento en 1998. No han faltado las explicaciones ofrecidas para este descenso significativo. Los políticos reclaman el crédito debido a su apoyo para la construcción de prisiones, la imposición de sentencias más largas, el mayor financiamiento policial, o de políticas que reducen el desempleo y los incentivos para cometer delitos. La policía apunta a las estrategias innovadoras tales como el "patrullaje comunitario." Los criminalistas mencionan a estas mismas causas, junto con una reducción de la población de varones jóvenes inclinados a delinquir.

Sin duda alguna, muchos de estos factores ayudan a explicar los índices de criminalidad en baja, pero existe otra causa, tal vez la más importante, que ha pasado largamente sin ser percibida: las crecientes inversiones de parte de ciudadanos privados de tiempo y dinero en materia de seguridad.

El control privado del crimen—incluidos los acuerdos voluntarios de vigilancia, patrullaje y acompañamiento, las alarmas, los cerrojos mejorados y la mejor iluminación, la auto-protección, y el personal de seguridad privada—ha sido una industria en crecimiento durante décadas. Una estimación de 1970 pone al personal de seguridad privada casi en pie de igualdad con la policía pública, pero para 1990 había cerca de 2,5 efectivos de seguridad privada por cada oficial de la policía pública. En la actualidad, la relación probablemente sea al menos de tres a uno. La de la seguridad privada es la segunda industria de más rápido crecimiento en el país, pero el empleo creciente es tan solo una parte de la historia.

Considérese el mercado para las alarmas de seguridad. Las ventas de alarmas subieron a cerca del 11 por ciento al año en 1970, pero esta tasa de crecimiento alcanzó el 15 por ciento en 1990. En 1970, el uno por ciento de los hogares estadounidenses estaban conectados a sistemas de alarma centrales. En 1990, lo estaba uno de cada diez hogares. Y esta tendencia parecería haberse acelerado en la década de los 90, al igual que la venta de otro equipamiento electrónico para controlar el acceso, detectar la intrusión, y proteger a los vehículos, junto con los circuitos cerrados de televisión, los detectores de metales, los dispositivos de rayos x, y otra tecnología de seguridad.

El auge en el control privado del delito se encuentra también ilustrado por el número creciente de centros comerciales, complejos de oficinas, y edificios residenciales cerrados, los que han sido creados teniendo a la seguridad como un objetivo de su diseño. Una estimación de 1997 sugirió que 24 millones de estadounidenses vivían en condominios, en complejos de departamentos y en cooperativas de acceso limitado. Más allá de eso, las comunidades residenciales privadas, consistentes en grandes números de hogares uni o multifamiliares sobre calles privadas, son ofrecidas de manera creciente haciéndose hincapié en la seguridad como una ventaja que las hace más atractivas. Una evaluación del año 1997 colocó al número de personas en comunidades "cerradas" en alrededor de los ocho millones. ¿Qué es lo que estos consumidores creen que están recibiendo?

El caso de Starrett City, un gigantesco complejo de 153 acres en la sección de alta criminalidad de Brooklyn, al este de Nueva York, ayuda a explicar la popularidad de tales comunidades. En los años 80 cerca de 20.000 residentes, racial y étnicamente diversos pero mayoritariamente de clase media, vivían en sus 5.881 departamentos distribuidos en 56 edificios. Un estudio de 1986 realizado por los criminalistas de la Pennsylvania State University, Edwin Donovan y William Walsh encontró que los residentes de Starrett City eran en verdad mucho más proclives a efectuar la denuncia de crímenes a su personal de seguridad que los ciudadanos en general, y no obstante ello, Starrett City tuvo solamente 6,57 delitos denunciados por cada 1000 habitantes, en comparación con los 49,86 para el distrito 75º en el cual se encuentra ubicada Starrett City. Al momento del estudio, Starrett City contaba con una fuerza de seguridad privada de 54 personas, incluidos 34 oficiales con responsabilidades de patrullaje en general, una unidad canina de 6 oficiales, y una unidad de 5 oficiales que patrullaban vestidos con atuendos civiles.

Otras comunidades que adoptan la seguridad privada observan una mejoría comparable. Critical Intervention Services (CIS), una agencia de seguridad privada en Florida, le proporciona seguridad a los complejos de departamentos de un precio que atrae a los inquilinos de bajos ingresos. El delito cae en promedio en un 50 por ciento después de que CIS asegura un complejo habitacional (50 de ellos tenían un contrato con la empresa en Miami, Tampa, Jacksonville, y Orlando allá por 1996). Esto puede ser atribuible parcialmente a la prodigiosa labor comunitaria que la agencia emprende. Los empleados de CIS juegan a la pelota con los niños, los ayudan con sus tareas escolares, les distribuyen obsequios navideños a los jóvenes necesitados, y además benefician a los residentes jóvenes. Como lo sostuviera el fundador de la firma, K. C. Poulin, "una vez que usted logra conocer a los niños y a sus padres, el delito se reduce."

Una investigación estadística del año 1992 realizada por Edwin Zedlewski, asesor senior del National Institute of Justice, que compara a la seguridad pública y a la privada en 124 Áreas Estadísticas Metropolitanas Estándar, fortalece adicionalmente a la causa en favor de la seguridad privada. El estudio descubrió que la dedicación de más recursos a la policía pública no pareció disuadir la comisión de más delitos, mientras que el hecho de brindarle más recursos a la seguridad privada si lo hizo. Esto no debería sorprendernos, dado que los empresarios privados—a diferencia de los burócratas públicos—se encuentran bajo la constante presión competitiva para descubrir nuevas maneras de mejorar sus productos y servicios, incluyendo el descubrimiento de nuevas formas de optimizar la cooperación comunitaria. Claramente, los empresarios privados, y el público con el cual ellos trabajan, merecen gran parte del crédito por reducir los índices de criminalidad.

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Traducido por Gabriel Gasave.

Bruce L. Benson es Profesor e Investigador en Economía en la Florida State University, Asociado Senior en The Independent Institute. Autor de libros como: Justicia Sin Estado, o To Serve and Protect: Privatization and Community in Criminal Justice. Visita su página personal de la universidad.

Vía: The Independent Institute. Artículo original en inglés: Many of Us Can Take Credit for the Decrease in Crime.

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viernes, diciembre 15, 2006

Dejen de criminalizar a las víctimas

Esta semana he escrito en Libertad Digital sobre la creciente inseguridad ciudadana y he apuntado una solución básica, cambiar la "justicia" para dejar de culpar a las víctimas de querer defender su vida y propiedad:

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miércoles, julio 26, 2006

Los españoles preferimos las armas de fuego

Salvavidas Portatil. ¿Ya tienes el tuyo?La respuesta policial en una agresión inminente es ineficaz del todo. Esto junto el aumento de la delincuencia que el estado fomenta ha hecho según el Minuto Digital que los españoles prefieran comprarse armas de fuego para defenderse ya que éste es el mejor sistema para luchar contra la delincuencia real:

"Uno de los delitos que más ha impresionado a los españoles es el asalto a viviendas y el secuestro de sus ocupantes. Tras multitud de denuncias sobre delitos violentos de este tipo, y la respuesta de un ciudadano valenciano que fue capaz de defenderse y deshacerse de los delincuentes, muchos españoles han visto en los deportes con armas de fuego, no solo una modalidad deportiva mas o menos interesante, sino una manera eficaz de conocer el mundo de las armas y la seguridad". Más>>

No es de recibo que sólo los criminales vayan armados, esto es lo que fomenta el control de armas y las leyes. Libertad de armas es seguridad y menos violencia.


Temas relacionados:

La libertad de armas salva vidas por José Carlos Rodríguez
Ciudadanos armados significan una ciudad segura por John R. Lott, Jr.
Indefensos por nuestro bien por Albert Esplugas
Ética y moral de la libertad de armas por José Carlos Rodríguez
Ideas básicas sobre la libertad de armas por José Carlos Rodríguez
El derecho natural de ir libremente armado por Jorge Valín.
El derecho a la autodefensa por Alberto Illán Oviedo
Si apreciamos la seguridad, privaticémosla por Jorge Valín.
Defensa propia por José Carlos Rodríguez
El gobierno omnipotente crea delincuencia por Jorge Valín.
Alce Negro y la libertad de armas. Un relato en primera persona. Alce Negro (inglés).

Otras noticias:

Las armas salvan vidas. Casos reales. Jorge Valín
Italia. La Casa de la legítima defensa. Gabriel Calzada
Los italianos se podrán defender. Jorge Valín
Los brasileños dicen SÍ a las armas. Jorge Valín
Las armas han salvado vidas esta noche en N’Orleans, y la policía saquea. Jorge Valín.
SudÁfrica contra el control de armas. Jorge Valín.
Las armas salvan vidas. Nueve ejemplos. Jorge Valín.
“A más armas de asalto, menos crímenes”. John R. Lott, Jr.
Nueva Zelanda dice NO al control de armas. Jorge Valín.

Páginas de interés:

Ciudadanos por un Uso Responsable de las Armas (España). Accesos directos.
Blogbis. Rubén Benedetti.
El foro del Tirador.
John Lott's Website.
John R. Lott, Jr.: Archives.
Keep and Bear Arms.
National Rifle Association (NRA).

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viernes, marzo 24, 2006

Estado policial en España

En el Blog de El Mundo llamado Ciudadano M aparece una anécdota con el título “¿Policía secreta = Ley de la selva?”:

“El caso es que, al volver a casa esa noche, […] se cruzó de forma violenta en la carretera [un coche] y nos cortó el paso. La maniobra de por sí fue bastante violenta, puesto que esto ocurrió en una rotonda.

Inmediatamente después salieron del coche dos señores de mediana edad: uno calvo y de mediana estatura y otro alto y joven. Nos hicieron señas de que saliéramos del coche y eso hicimos sin dilación alguna. A mí me tocó 'el alto' (siento no poder llamarlo de otra forma, puesto que no se identificaron en persona; se limitaron a enseñar el documento/carné de la policía cuando aún no habíamos salido del coche). Me espetó una frase que no entendí, a lo que respondí ‘¿Perdón?’. Acto seguido me espetó un ‘Que saques todo lo que llevas hostia’.

En esos momentos recuerdo que había unas siete personas en la acera mirando el espectáculo.

Pues bien, tuvimos que pasar un trato absolutamente denigrante. Me abrió la cartera, la examinó y la dejó encima del coche junto a mi móvil. Me cacheó y me volvió a preguntar qué era lo que llevaba. Reseñar que mi forma de vestir es lo más ortodoxo que uno se pueda echar en cara. Nos hicieron sacar las bolsas y abrigos que llevábamos en el asiento trasero, y posteriormente examinaron todo el coche por dentro así como el maletero.

Sin mediar palabra, los dos se miraron y se dirigieron hacia su coche de vuelta, mientras uno 'de espaldas' soltó un ‘Buenas noches caballero’.

Evidentemente, la sensación que uno tiene al encontrarse en medio de una rotonda, con un montón de gente mirando y con las cosas fuera del coche es bastante penosa. No quiero tampoco recordar el dolor que a uno le produce la sensación de impotencia que queda flotando en el aire cuando uno mira a su pareja después de lo ocurrido.” (Negritas originales) Más>>

¿Es esta la seguridad que quieres? Como dijo el filósofo, si un particular hiciese lo que le está permitido al estado sería un criminal.

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domingo, febrero 05, 2006

Falacias de la teoría de los bienes públicos y la producción de seguridad. Hans-Hermann Hoppe

Ensayo publicado originalmente con el nombre Fallacies of the Public Goods Theory and the Production of Security [PDF original], en el Journal of Libertarian Studies, Vol.9, 1, 1989.

Hans-Hermann Hoppe es uno de los teóricos más originales e importantes de la Escuela Austríaca. Como los grandes miembros de esta corriente de pensamiento, ha hecho contribuciones que van más allá de la teoría económica, y que se extienden a la ética y la historia. Discípulo de Habermas, Hoppe parte de la idea de que el hombre adquiere su naturaleza como ser racional, y la demuestra por medio de la argumentación lógica. Con ello ofrece una prueba de la autopropiedad, de la que partió Murray Rothbard. El autor ha hecho contribuciones en la economía de la propiedad privada, la defensa privada, y la teoría política.

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En 1849, cuando el liberalismo clásico era todavía la ideología predominante y los términos "economista" y "socialista" se consideraban (con razón) antónimos, Gustave de Molinari, prestigioso economista belga, escribió: "Si existe en economía política una verdad bien fundamentada, es ésta: En todos los casos, sean cuales fueren los bienes que satisfacen las necesidades materiales e inmateriales del consumidor, lo que más le conviene a este es que el trabajo y el comercio se desarrollen en libertad, porque esto tiene como consecuencia necesaria y permanente la máxima disminución del precio. Y ésta: Sea cual fuere el bien de que se trate, el interés del consumidor'debe prevalecer siempre por sobre los intereses del productor. La observación de estos prihcipios lleva a esta rigurosa conclusión: Que la producción de seguridad debe someterse a la ley de la libre competencia, en interés de los consumidores de este bien intangible. Por consiguiente: Ningún gobierno tiene el derecho de evitar que otro gobierno entre en competencia con él o de exigir a los consumidores de seguridad que acudan exclusivamente a él en procura de este bien"[1]. Y, con respecto a la totalidad de la argumentación, agrega: "Si esto no es lógico y verdadero, los principios sobre los cuales se basa la ciencia económica carecen de valide."[2]

Aparentemente, sólo hay un modo de rehuir esta desagradable conclusión (así, por lo menos, la consideran todos los socialistas): sostener que existen determinados bienes a los cuales no se aplica este razonamiento general, por ciertas razones especiales. Y esto es lo que han decidido probar los denominados teóricos de los bienes públicos[3]. Sin embargo, demostraré que en realidad no existen bienes ni razones especiales, y que la producción de seguridad no plantea un problema diferente del de la producción de cualquier otro bien o servicio, ya se trate de casas, quesos o seguros. Toda la teoría de los bienes públicos, pese a sus numerosos seguidores, es defectuosa, plagada de razonamientos rimbombantes, incoherencias internas y falsas conclusiones, apela a los prejuicios populares y a las creencias aceptadas y se sirve de ellas, pero no posee ningún mérito científico.[4]

Entonces, ¿qué nos ofrece el camino que los economistas socialistas han hallado para escapar de las conclusiones de Molinari? Desde los tiempos de Molinari, la pregunta de si existen bienes a los que pueden aplicarse distintos análisis económicos ha recibido, con creciente frecuencia, una respuesta afirmativa. En realidad, es casi imposible encontrar un solo texto de economía contemporáneo que no destaque la importancia vital de distinguir entre bienes privados, para los cuales se acepta en general la superioridad del orden de producción capitalista, y bienes públicos, en cuyo caso se la niega.[5] Se afirma que ciertos bienes o servicios —entre los que se cuenta la seguridad— poseen la especial característica de que no están limitados a quienes realmente han pagado por ellos. Por el contrario, pueden disfrutarlos aun las personas que no han participado en su financiación. Se los denomina bienes o servicios públicos, en contraste con los bienes o servicios privados, que benefician exclusivamente a los que los han pagado. Y se aduce que esta característica especial de los bienes públicos es la que determina que los mercados no los produzcan, o por lo menos no en la cantidad o con la calidad suficientes, por lo cual se necesita la acción compensadora del estad.[6]

Los ejemplos que ofrecen diferentes autores acerca de los presuntos bienes públicos varían muchísimo. A menudo clasifican de manera diferente el mismo bien o servicio, lo que hace que ninguna clasificación de un bien particular sea irrefutable; esto prefigura claramente el carácter ilusorio de toda la diferenciación.[7] Hay, sin embargo, algunos ejemplos de bienes públicos que gozan de particular aceptación entre el público, como el cuerpo de bomberos, que al apagar un incendio evitan que la casa del vecino sea alcanzada por el fuego, con lo cual éste se beneficia aunque no haya contribuido en absoluto a financiarlo; o la policía, que patrulla las inmediaciones de mi casa e impide así que los ladrones entren en la de al lado, aunque su dueño no coopera para el mantenimiento de ese servicio; o el ejemplo del faro, uno de los preferidos por los economista,[8] que ayuda al barco a hallar su ruta aunque el dueño de éste no haya aportado nada para su construcción o conservación.

Antes de continuar con la presentación y el examen crítico de la teoría de los bienes públicos, investiguemos hasta qué punto resulta útil la distinción entre bienes privados y públicos para ayudar a decidir cuáles deben ser producidos en forma privada y cuáles por el estado, o con ayuda de éste. Ni siquiera el análisis más superficial podría dejar de señalar que si se utiliza el supuesto criterio de no exclusión, en lugar de encontrar una solución razonable, se originarían grandes dificultades. Por lo menos a primera vista parecería que algunos de los bienes y servicios provistos por el estado podrían calificarse verdaderamente como bienes públicos, pero no se ve con claridad cuántos de ellos, cuya producción está realmente a cargo de aquél, pueden incluirse en esa categoría. Los ferrocarriles, los servicios postales, los teléfonos, las calles y otros por el estilo, parecen ser bienes cuyo uso puede ser limitado a las personas que los financian, por lo cual se manifiestan como bienes privados. Lo mismo puede decirse sobre muchos aspectos de un bien tan polifacético como la "seguridad": cualquier cosa pasible de ser asegurada puede calificarse como un bien privado. Con todo, esto no basta, ya que, así como hay un sinnúmero de bienes provistos por el estado que parecen ser en realidad privados, también existen muchos, producidos en forma privada, que podrían incluirse en la clase de los bienes públicos. Es obvio que mis vecinos pueden disfrutar contemplando los rosales de mi jardín, con lo cual se benefician sin haberme ayudado jamás a cuidarlos. Lo mismo puede decirse de todas las mejoras que yo haya hecho en mi propiedad, que al mismo tiempo han aumentado el valor de las aledañas. La actuación de un músico callejero proporciona placer incluso a aquellos que no depositan una moneda en su gorra. Los pasajeros que viajan conmigo en el ómnibus no me han ayudado a comprar mi desodorante. Y todos aquellos que se relacionan conmigo son beneficiarios de los esfuerzos que he realizado, sin su aporte económico, para convertirme en una persona digna de aprecio. Entonces, todos estos bienes que poseen evidentemente características de bienes públicos —los rosales de mi jardín, las mejoras en mi propiedad, la música callejera, el desodorante, el perfeccionamiento personal—, ¿deben ser provistos por el estado, o con ayuda de éste?

Todos estos ejemplos indican que hay un serio error en la teoría según la cual los bienes públicos no pueden ser producidos en forma privada sino que requieren la intervención del estado. Es obvio que el mercado puede producirlos. Más aun, la evidencia histórica demuestra que todos los denominados bienes públicos cuya producción está ahora a cargo del estado fueron en otros tiempos provistos por la empresa privada, y aún lo son hoy en día en algunos países. Por ejemplo, los servicios postales se financiaban en forma privada prácticamente en todas partes; las calles eran privadas (todavía siguen siéndolo en algunos lugares); hasta los famosos faros fueron antaño fmto de la iniciativa privada;[9] existen fuerzas de policía, detectives y árbitros privados, y tradicionalmente las organizaciones caritativas privadas han velado por los enfermos, los pobres, los ancianos, los huérfanos y las viudas. Por lo tanto, la experiencia desmiente una y cien veces que todas esas cosas no puedan producirse en un sistema de mercado.

Además, surgen otras dificultades cuando se utiliza la distinción entre bienes públicos y privados para decidir qué es lo que se deja librado al mercado. Por ejemplo, ¿qué pasaría si la producción de bienes públicos tuviera consecuencias negativas, y no positivas, para otras personas, o si las consecuencias fueran positivas para algunos y negativas para otros? ¿Qué pasaría si el vecino cuya casa se salvó del fuego por la intervención de los bomberos que yo contribuí a financiar hubiese deseado que se quemara (tal vez porque estaba asegurada en una suma importante); o si mis vecinos detestaran las rosas o los que viajan conmigo en el ómnibus encontraran desagradable el perfume de mi desodorante? Además, los cambios tecnológicos pueden modificar el carácter de un bien determinado. Es lo que ocurre, por ejemplo, con el desarrollo de la televisión por cable, que ha transformado en privado un bien que antes era (aparentemente) público. Las modificaciones en las leyes que rigen la propiedad —la asignación de la propiedad— pueden tener un efecto similar al cambiar el carácter de un bien público o privado. Por ejemplo, el faro sólo es un bien público en la medida en que el mar en el que se encuentra es de propiedad pública (y no privada). Pero si se permitiera la privatización de algunos sectores del océano, tal como sucedería en un sistema puramente capitalista, sin duda sería posible excluir de los beneficios que proporciona el faro a los que no pagaran por ellos, porque su luz tiene un alcance limitado.

Dejemos este nivel de análisis un tanto superficial y examinemos con más detalle la distinción entre bienes públicos y privados; descubriremos así que resulta ser totalmente ilusoria. La causa fundamental de que haya tanto desacuerdo en cuanto a la clasificación de un bien dado es que no existe una dicotomía inequívoca. Todos los bienes son más o menos privados o públicos, y el grado en que lo son puede cambiar —de hecho, lo hace constantemente— según se van modificando los valores y las evaluaciones de las personas y va cambiando la composición de la población. Para reconocer que los bienes no pueden ser incluidos de una vez y para siempre en una u otra categoría, sólo hay que recordar qué es lo que convierte a una cosa en un bien. Para que lo sea, alguien tiene que considerarlo escaso y tratarlo como tal. Esto significa que una cosa no es un bien en sí misma, sino que sólo lo es para alguien. Únicamente adquiere la condición de bien si una persona la evalúa subjetivamente como tal. De esto se desprende que, si las cosas nunca son bienes en sí mismas —si su condición de bienes económicos no puede determinarse por un análisis fisicoquímico—, es obvio que no existe un criterio invariable para clasificar un bien como privado o público. Los bienes nunca pueden ser una cosa u otra en sí mismos. Su carácter público o privado depende de cuántas o cuán pocas personas los consideren como bienes, y el grado en que son públicos o privados varía a medida que lo hacen las evaluaciones y va desde uno hasta el infinito. Aun aquellas cosas que, al parecer, son absolutamente privadas, como el interior de mi departamento o el color de mis prendas íntimas, pueden convertirse en bienes públicos si despiertan el interés de alguien.[10] Y a la inversa, bienes aparentemente públicos, como la fachada de mi casa o el color de mi overol, pueden llegar a ser muy privados apenas otras personas dejan de interesarse por ellos. Además, las características de un bien pueden cambiar una y otra vez; incluso puede dejar de ser un bien, público o privado, para convertirse en un mal, público o privado, o viceversa; esto sólo depende de cómo cambien las consideraciones acerca de él. Siendo así, no es posible basar ninguna decisión sobre la clasificación de un bien como público o privado.[11] En realidad, para hacerlo sería necesario preguntar virtualmente a cada persona si le interesa o no cada uno de los bienes en particular —en forma positiva o negativa, e incluso hasta qué punto—, para determinar quién se beneficiaría con qué y, en consecuencia, quién participaría en la financiación del bien. (¿Y cómo saber si dicen la verdad?) También sería necesario controlar permanentemente los cambios que se producen en las evaluaciones, con lo cual jamás se podría tomar una decisión definitiva con respecto a la producción de nada, y como resultado de esta teoría sin sentido estaríamos todos muertos desde hace mucho tiempo.[12]

Pero aun si pasáramos por alto todas estas dificultades y admitiéramos, en beneficio del argumento, que la distinción entre bienes públicos y privados es aplicable al agua, aquél no probaría lo que supuestamente debe probar. No proporciona razones concluyentes de por qué los bienes públicos —suponiendo que existan como una categoría separada de bienes— deberían ser producidos en modo alguno, ni de por qué debería producirlos el estado y no la empresa privada. La teoría de los bienes públicos, introduciendo la distinción conceptual referida, dice en esencia esto: El hecho de que los bienes públicos tengan efectos positivos para las personas que no contribuyen en absoluto a producirlos o financiarlos demuestra que dichos bienes son deseables. Pero es evidente que no serían producidos en un mercado libre y competitivo, o por lo menos no en cantidad y calidad suficientes, porque ninguno de los que se beneficiarían con su producción contribuiría económicamente a ella. Por lo tanto, para que sea posible producir esos bienes (que, aunque evidentemente deseables, no serían producidos de otro modo) el estado debe intervenir y prestar su ayuda. Un razonamiento como éste, que puede encontrarse en casi todos los textos de economía (incluso en los de algunos laureados con el premio Nobel)[13], es totalmente erróneo, y lo es en dos aspectos.

En primer lugar, para llegar a la conclusión de que el estado debe proveer bienes públicos que de otro modo no se producirían es preciso introducir una norma de contrabando en la cadena de razonamientos, porque si no, partiendo de la afirmación de que algunos bienes, por ciertas características especiales que poseen, no serían producidos, no podría inferirse jamás que deberían serlo. Pero al introducir esta norma para justificar su conclusión, los teóricos de los bienes públicos han traspasado los límites de la economía como ciencia positiva, wertfei, para entrar en el ámbito de la moral o de la ética; en consecuencia, podría esperarse que enunciaran una teoría de la ética como disciplina cognoscitiva, para legitimar lo que están haciendo y extraer su conclusión de manera justificada. Sin embargo, nunca se podrá destacar lo suficiente el hecho de que en toda la bibliografía existente acerca de los bienes públicos no hay una sola mención de algo que se parezca siquiera vagamente a una teoría cognoscitiva de la ética[14]. Por eso, es necesario aclarar desde el vamos que los teóricos de los bienes públicos están haciendo un mal uso del prestigio que podrían tener como economistas positivos por sus pronunciamientos respecto de temas en los cuales, como sus propios trabajos lo indican, carecen en absoluto de autoridad. ¿Es que, quizá, dieron accidentalmente con algo correcto, sin fundamentarlo en una teoría moral elaborada? Se hace evidente que nada podría estar más lejos de la verdad apenas se pronuncia en forma explícita la norma necesaria para llegar a la conclusión de que el estado debe ayudar a proveer bienes públicos. La norma es ésta: Toda vez que se demuestre de algún modo que la producción de un bien o servicio particular tiene un efecto positivo sobre alguien, pero no se lo puede producir en absoluto, o no se lo puede producir en una cantidad o con una calidad definida a menos que ciertas personas participen en su financiación, está permitido ejercer violencia contra ellas, sea en forma directa o indirectamente con la ayuda del estado, y esas personas deben ser compelidas a compartir las obligaciones financieras necesarias. No hace falta aclarar que la implementación de esta regla conduciría al caos, porque equivale a decir que cualquiera puede atacar a otro cuando le parezca. Más aun, como lo he demostrado en detalle en otro trabajo[15], esta norma nunca puede ser considerada como justa. Este tipo de razonamiento, en realidad todo razonamiento, en favor o en contra de cualquier posición, sea ésta moral o no, sea empírica o lógico–analítica, debe dar por sentado que, a la inversa de lo que dice realmente la norma, queda asegurada la integridad de cada individuo como una unidad físicamente independiente para la toma de decisiones. Sólo se puede afirmar algo, y después llegar a un posible acuerdo o desacuerdo al respecto, si cada uno está libre de agresión física por parte de otro. Por lo tanto, el principio de no agresión es la precondición necesaria para el debate y el posible acuerdo y por eso se lo debe defender racionalmente como una norma justa por medio de un raciocinio a priori.

Pero el razonamiento defectuoso que implica la teoría de los bienes públicos no es la única causa de su fracaso. Incluso el raciocinio utilitario, económico, contenido en el argumento es evidentemente erróneo. Bien podría ser que, como lo sostiene la teoría, fuera mejor tener bienes públicos que no tenerlos, aunque no debemos olvidar que no existe una razón a priori por la cual deba ser necesariamente así (en tal caso, el razonamiento de los teóricos de los bienes públicos terminaría aquí mismo). Es muy posible (en realidad es un hecho comprobado) que existan anarquistas cuyo rechazo por la acción estatal llegue a tal punto que prefieran no tener los denominados bienes públicos a tenerlos provistos por el estado.[16] Sea como fuere, aun si aceptamos el argumento hasta este punto, una cosa es afirmar que los bienes públicos son convenientes y otra muy distinta sostener que, por lo tanto, debe proveerlos el estado; esto no es convincente en absoluto, ya que la elección que se nos plantea no es ésta. En vista de que es preciso retirar dinero u otros recursos de posibles usos alternativos para financiar bienes públicos que supuestamente son convenientes, la única pregunta pertinente y apropiada es si estos usos alternativos que se habrían dado al dinero (es decir, los bienes privados que se habrían podido adquirir pero que ya no es posible comprar porque el dinero se gastó en bienes públicos) son más valiosos —más urgentes— que los bienes públicos. Y la respuesta a esta pregunta es bien clara. Desde el punto de vista del consumidor, por alto que sea el nivel absoluto de los bienes públicos, su valor es relativamente más bajo que el de los bienes privados que compiten con ellos, porque si los consumidores pudieran elegir libremente (en lugar de que se les imponga una alternativa), por supuesto habrían preferido gastar de otro modo su dinero (de lo contrario no habría sido necesario usar la fuerza). Esto demuestra, más allá de toda duda, que los recursos empleados en la provisión de bienes públicos se malgastan, porque lo que se provee a los consumidores es, a lo sumo, bienes y servicios de importancia secundaria. En resumen, aun asumiendo que existiesen bienes públicos claramente distinguibles de los privados, y si se pudiera garantizar la utilidad de determinado bien, los bienes públicos deberían competir con los privados. Existe un solo método para descubrir si son más necesarios —urgentes— o no, y hasta qué punto o, mutatis mutandis, si se los debe producir a expensas de no producir, o producir en menor cantidad, bienes privados más urgentes, y hasta qué punto: permitiendo que todas las cosas sean provistas mediante la libre competencia entre empresas privadas. De ahí que, contrariamente a lo que afirman los teóricos de los bienes públicos, la lógica nos obliga a aceptar la conclusión de que sólo un sistema de mercado libre puede salvaguardar la racionalidad, desde el punto de vista de los consumidores, de la decisión de producir un bien público. Y sólo en un orden puramente capitalista se puede asegurar que la decisión acerca de la cantidad que se debe producir (si es que se debe producir algo) será también racional.[17] Para que el resultado fuese diferente haría falta una revolución semántica de características verdaderamente onvellianas. Los teóricos de los bienes públicos sólo podrían "demostrar" lo que afirman si se interpretara que cuando alguien dice "no", en realidad quiere decir "si", que cuando una persona "no compra una cosa" es porque la prefiere a cualquier otra, que la "violencia" realmente significa "libertad", que "no hacer un contrato" implica "contratar", etcétera"[18]. Pero en este caso, ¿cómo podríamos estar seguros de que realmente quieren decir lo que parecen decir cuando dicen lo que dicen y no quieren significar exactamente lo contrario, o incluso dicen algo que tiene un sentido definido pero no hacen otra cosa que parlotear? El caso es que no podemos saberlo. En consecuencia, M. N. Rothbard está totalmente en lo cierto al hablar de los esfuerzos que hacen los ideólogos de los bienes públicos para probar la existencia de lo que denominan fallas del mercado debido a la falta de producción de bienes públicos, o a una producción cuantitativa o cualitativamente "deficiente" de éstos. Escribe que "un punto de vista como éste interpreta de manera incorrecta la aseveración de la ciencia económica de que la acción del mercado libre es siempre óptima. No lo es desde la perspectiva de la ética personal de un economista, sino desde la de las acciones libres, voluntarias, de todos los participantes, y porque satisface las necesidades libremente expresadas de los consumidores. Por ende, la interferencia gubernamental siempre, y de modo inevitable, alejará esa acción de su punto óptimo".[19]

En realidad, los argumentos con los que se intenta probar las fallas del mercado son claramente absurdos. Si se prescinde de la jerga técnica, lo único que demuestran es esto: un mercado no es perfecto y se caracteriza por regirse por el principio de no agresión impuesto en condiciones signadas por la escasez; de este modo, aquellos bienes o servicios que sólo podrían producirse si la agresión estuviera permitida, simplemente no se producen. Muy cierto. Ningún teórico de la economía de mercado se atrevería a negarlo. Pero, y esto es fundamental, esta "imperfección" del mercado es defendible, tanto en el aspecto moral como en el económico, mientras que las supuestas "perfecciones" de los mercados que preconizan los teóricos de los bienes públicos no lo son.[20] También es cierto que si el estado abandonara la práctica coniente de proveer bienes públicos, se producirían algunos cambios en la estructura social existente y en la distribución de la riqueza, y no hay duda de que esta reorganización acarrearía privaciones a algunas personas. Precisamente a esto se debe la resistencia de gran parte del público a una política de privatización de las funciones estatales, aunque ésta incrementaría la riqueza total a largo plazo. Sin embargo, este hecho sin duda no puede aceptarse como argumento válido para demostrar el fracaso de los mercados. Si a un hombre se le permitía golpear a otros en la cabeza y a partir de cierto momento se le impide hacerlo, lógicamente se sentirá perjudicado, pero esto no puede aceptarse como excusa válida para mantener las antiguas reglas (que lo autorizaban a golpear). Si bien ha sido afectado, esto significa que se ha sustituido un sistema en el que algunos consumidores tienen el derecho de determinar en qué casos a otros no se les permite comprar en forma voluntaria lo que desean con medios legítimamente adquiridos y de los cuales disponen, por otro en el que todos tienen igual derecho a decidir qué bienes se deben producir y en qué cantidad. Por cierto, desde la perspectiva de todos, como consumidores voluntarios, esta sustitución es preferible y beneficiosa.

La fuerza del razonamiento lógico, pues, nos lleva a aceptar la conclusión de Molinari de que, para beneficio de los consumidores, todos los bienes y servicios deben ser producidos por los mercados[21]. Es falso que haya categorías de bienes claramente diferenciables cuya existencia haría necesaria una corrección especial a la tesis general sobre la superioridad económica del capitalismo; aun si existieran, no sería posible encontrar una razón específica por la cual esos bienes públicos, supuestamente especiales, no deberían ser producidos por empresas privadas, puesto que invariablemente entran en competencia con los bienes privados. En realidad, la mayor eficiencia de los mercados en comparación con el estado en lo que respecta a un número creciente de bienes presuntamente públicos es cada vez más evidente a pesar de la propaganda de los teóricos de los bienes públicos. Nadie que hiciera un estudio serio acerca de estos temas podría negar, ante la experiencia de todos los días, que los mercados pueden producir en la actualidad servicios postales, ferrocarriles, electricidad, teléfonos, educación, dinero, caminos, etcétera, con más eficiencia que el estado, es decir, satisfaciendo mejor las preferencias de los consumidores. Sin embargo, las personas rehuyen la intervención del mercado en un sector en el cual la lógica indica que se la debe aceptar: en la producción de seguridad. Por eso, me ocuparé a partir de ahora de explicar por qué la economía capitalista tiene un funcionamiento superior en esa área; la superioridad ha quedado ya demostrada desde el punto de vista lógico, pero será más evidente cuando veamosalgunos ejemplos que la experiencia aporta al análisis y consideremos este asunto como un problema por derecho propio.[22]

¿Cómo funciona un sistema de productores de seguridad no monopólicos, que compiten entre sí? Es preciso tener bien claro desde el principio que al responder a esta pregunta abandonamos la esfera del análisis puramente lógico, por lo cual las respuestas carecerán en forma inevitable del carácter apodíctico de los pronunciamientos sobre la validez de la teoría de los bienes públicos. El problema en este caso es análogo al que tendría que resolver un mercado que tuviese que dedicarse a producir hamburguesas, en especial si hasta ese momento su producción hubiera estado exclusivamente a cargo del estado y por lo tanto no hubiese experiencia previa al respecto. Sólo se pueden dar respuestas tentativas. Es posible que nadie pudiera conocer cómo es exactamente la industria de las hamburguesas: cuántas compañías competidoras debería haber, qué importancia tendría esta industria en comparación con otras, cómo serían las hamburguesas, cuántos tipos diferentes saldrían a la venta y quizá desaparecerían por falta de demanda, etcétera. Nadie conocería todas las circunstancias y los cambios que podrían influir sobre la estructura de esta industria: cambios en la demanda de los distintos grupos consumidores, en la tecnología, en los precios de los diversos bienes que la afectan en forma directa o indirecta, y así sucesivamente. Es preciso destacar que aunque la producción privada de seguridad plantea problemas similares, esto no significa que no se pueda decir nada concluyente. Partiendo de la base de que existen ciertas condiciones generales para la demanda de servicios de seguridad (y estas condiciones son el reflejo, más o menos realista, de cómo es el mundo en la actualidad), lo que podemos y debemos decir es que los diversos órdenes sociales de producción de seguridad caracterizados por tener que operar dentro de distintas limitaciones estructurales, responderán de maneras diferente.[23] Analicemos primero en detalle la producción de seguridad por el estado, de carácter monopólico, porque al menos en este caso disponemos de amplia evidencia con respecto a la validez de las conclusiones; después compararemos este sistema con el que existiría si este modo de producción fuera reemplazado por uno no monopolista. Aunque la seguridad se considere un bien público, debe competir con otros bienes en lo que respecta a la asignación de recursos. Lo que se gasta en seguridad ya no se puede gastar en otros bienes que también aumentan la satisfacción del consumidor. Además, la seguridad no es un bien único y homogéneo, sino que posee numerosos aspectos y componentes. No se limita a la prevención del crimen, al descubrimiento de los criminales y al cumplimiento forzoso de la ley, sino que también implica protección contra los rateros, los violadores, los que contaminan el ambiente, los desastres naturales, etcétera. Por otra parte, no se produce "en conjunto", sino que se la puede proveer en unidades marginales. Por añadidura, cada uno asigna una importancia diferente a la seguridad, considerada en su conjunto, y también a sus diversos aspectos, y eso depende de sus características personales, de las experiencias que haya tenido con respecto a distintos factores de inseguridad, y del tiempo y el lugar en que le toca vivir.[24] Entonces, teniendo en cuenta sobre todo el problema económico fundamental que significa la asignación de recursos escasos a fines que compiten entre sí, ¿cómo puede el estado, una organización que no se financia sólo por las contribuciones voluntarias y por la venta de sus productos, sino parcial o totalmente por medio de impuestos, decidir cuánta seguridad debe producir, en cuántos de cada uno de sus innumerables aspectos, a quién proporcionar determinada cantidad de qué producto, y dónde? Y la única respuesta posible es que no hay una manera racional de resolver este problema. Si se la considera desde el punto de vista de los consumidores, la respuesta a sus demandas de seguridad debe considerarse arbitraria. ¿Necesitamos un solo policía, o un solo juez, o cien mil? ¿Hay que pagarles $100 por mes, o $10.000? Los policías, cualquiera que sea su número, ¿deben emplear más tiempo patrullando las calles, persiguiendo ladrones o recuperando objetos robados, o buscando a aquellos que cometen delitos tales como la prostitución, el abuso de drogas o el contrabando? Y los jueces, ¿deben emplear más tiempo y energía en atender casos de divorcio, contravenciones de tránsito, raterías en negocios, o en casos de asesinato y actos perpetrados contra los monopolios? Es obvio que hay que dar alguna respuesta a estas preguntas, porque como vivimos en condiciones de escasez y nuestro mundo no es un paraíso, el tiempo y el dinero que se gasten en una cosa ya no podrán dedicarse a otra. Si bien el estado también debe dar respuesta a estas preguntas, lo hace sin sujeción alguna al criterio que rige las pérdidas y las ganancias. Por eso, su acción es arbitraria e implica necesariamente enormes desperdicios de recursos, desde el punto de vista de los consumidores[25] Como todos sabemos, los productores de seguridad empleados por el estado producen lo que quieren, independientemente de las necesidades de los consumidores, que son muchas. En lugar de hacer lo que deben, prefieren holgazanear, y si tienen que trabajar se inclinan por las tareas más fáciles o por estar allí donde pueden sentirse poderosos, en lugar de servir a los consumidores. Los oficiales de policía se pasean en los coches patrulleros a la caza de pequeños infractores de tránsito, gastan enormes sumas de dinero en la investigación de delitos que no afectan a terceros y que si bien es cierto que desagradan a mucha gente (por ejemplo, a los que no los cometen), también lo es que pocos gastarían su dinero en combatirlos, en la medida en que no los perjudican en forma inmediata. Sin embargo, es notoria la ineficiencia de la policía, pese a los presupuestos cada vez mayores con que cuenta, con respecto a lo que los consumidores necesitan con más urgencia, a saber, la prevención de delitos graves (por ejemplo, los crímenes perpetrados contra las personas), la captura y el castigo efectivo de los criminales, la recuperación del dinero o los objetos robados y la garantía de que las víctimas serán compensadas por sus agresores.

Además, sea cual fuere el desempeño de la policía o de los jueces empleados por el estado, siempre será deficiente porque sus retribuciones son más o menos independientes de las evaluaciones de los consumidores respecto de sus servicios. La arbitrariedad y la brutalidad de la policia y la lentitud de los procesos judiciales son una consecuencia de esto. También es digno de destacarse el hecho de que ni la policia ni el sistema judicial ofrecen a los consumidores nada que se parezca a un contrato de servicio en el que conste en términos inequívocos el procedimiento que se pondrá en marcha en una situación específica. En cambio, ambos actúan en un vacío contractual que con el tiempo los lleva a cambiar en forma arbitraria sus reglas de procedimiento y que explica el hecho, verdaderamente ridículo, de que las controversias en las que participan policías y jueces, por un lado, y ciudadanos privados por el otro, no sean dirimidas por un árbitro independiente sino por otro policia u otro juez que es también parte interesada en la disputa por ser empleado del estado.

En tercer lugar, todo el que haya estado alguna vez en un departamento de policía o en un juzgado, para no hablar de las cárceles, sabe bien que los factores productivos empleados para proveer de seguridad al público están deteriorados por el uso excesivo, mal conservados y sucios. Como ninguno de los que usan esos factores productivos los posee realmente (nadie puede venderlos y apropiarse privadamente del producto de esa venta) y en consecuencia las pérdidas (y las ganancias) del valor incorporado en el capital utilizado quedan socializadas, todos tratarán de incrementar sus ingresos privados resultantes del uso de los factores a expensas de pérdidas en el valor del capital. Por eso, el costo marginal tenderá a sobrepasar cada vez más el valor del producto marginal, de lo que resultará un uso excesivo del capital. Y si se diera el caso excepcional de que esto no ocurriese y no se pusiera de manifiesto un exceso de uso del capital, esto sólo habría sido posible con costos comparativamente mucho más elevados que los de cualquier empresa privada similar.[26]

Es indudable que todos estos problemas inherentes a un sistema que tiene el monopolio de la producción de seguridad se resolverían con relativa rapidez si un mercado competitivo, con su estructura totalmente diferente concebida para incentivar a los productores, se hiciera cargo de una demanda determinada de servicios de seguridad. Esto no significa que se encontraría la solución "perfecta" al problema de la seguridad. Seguiría habiendo robos y asesinatos, y no todos los bienes robados podrían recuperarse ni sería posible capturar a todos los asesinos, pero en lo que respecta a las evaluaciones de los consumidores, la situación mejoraría en la medida en que puede mejorar siendo la naturaleza humana como es. En primer lugar, siempre que haya un sistema competitivo, es decir, siempre que los productores de servicios de seguridad dependan de las adquisiciones voluntarias (que en su gran mayoría tomarán la forma de contratos de servicio y seguro, concertados antes de que se produzca efectivamente un acto de agresión o que se manifieste una inseguridad), ningún productor podrá aumentar sus ingresos sin mejorar sus servicios o la calidad de su producto según la evaluación de los consumidores. Además, todos los productores de seguridad tomados en su conjunto no podrían afirmar la importancia de su industria particular a menos que, por cualquier razón, los consumidores empezaran a valorar la seguridad más que otros bienes, con lo cual asegurarían que la producción de seguridad no se llevaría a cabo nunca y en ningún lugar a expensas de la no producción (o de la producción reducida) de, por ejemplo, queso, como bien privado competitivo. Por añadidura, los productores de servicios de seguridad deberían diversificar sus ofrecimientos en un grado considerable, porque la demanda de sus productos por parte de millones de consumidores es muy variada. Como dependerían directamente del apoyo de éstos, si no respondieran del modo adecuado a sus necesidades, o a los cambios en esas necesidades, sufrirían inmediatamente un perjuicio financiero. Por lo tanto, cada consumidor ejercería una influencia directa, aunque pequeña, sobre la aparición o desaparición de productos en el mercado de la seguridad. Esto ofrecería un sinnúmero de servicios a cada uno, en lugar del "paquete de seguridad" uniforme que brinda el estado. Y esos servicios estarían adaptados a los distintos requerimientos de seguridad de los diferentes consumidores, según sus ocupaciones, su conducta más o menos arriesgada, sus necesidades de protección y seguros, y también sus circunstancias geográficas y la urgencia que manifiesten.

Por supuesto, esto no es todo. Los productos no sólo se diversificarían, sino que mejorarían en cuanto a cantidad y calidad. Estas empresas privadas brindarían a sus clientes una esmerada atención y desaparecerían la desidia, la arbitrariedad e incluso la brutalidad, la negligencia y la lentitud que caracterizan a la policía y al sistema judicial del estado. Los policías y los jueces dependerían del apoyo voluntario de los consumidores, por lo cual el maltrato, la descortesía y la ineptitud hacia éstos podrían costarles sus empleos. Casi seguramente se daría fin a la costumbre tan peculiar de que la conciliación de las controversias entre un cliente y una empresa se confíe invariablemente al dictamen de esta última, y los productores de seguridad encargarían la resolución a árbitros independientes. Lo que es más importante, los productores de esos servicios deberían ofrecer, con el fin de atraer y retener a los consumidores, contratos por los cuales estos pudieran saber con exactitud lo que están adquiriendo y que les permitieran plantear reclamaciones válidas, sujetas a comprobación intersubjetiva, si el desempeño real del productor de seguridad no se ajustara a lo especificado en el contrato. Más precisamente, como no se trataría de contratos de servicios individualizados en los cuales el consumidor paga para que se cubran sólo sus propios riesgos, sino más bien contratos de seguros propiamente dichos, mancomunados, a la inversa de lo que ocurre en la política estatal vigente, ya no contendrían ningún esquema redistributivo concebido adrede para favorecer a un grupo a expensas de otro. Si por otra parte, alguien considerara que el contrato que se le ofrece implica que debe pagar por los riesgos y necesidades de otras personas —por ejemplo, por factores de posible inseguridad que no estima aplicables a su caso personal—, simplemente podría rehusarse a firmarlo o dejar de pagar.

No obstante, después de todo lo dicho surge en forma inevitable un interrogante: "¿Un sistema competitivo de producción de seguridad tendría como consecuencia necesaria el conflicto social permanente, el caos y la anarquía?" Las respuestas pueden ser varias. En primer lugar, debe tenerse en cuenta que la evidencia histórica, empírica, no concuerda en absoluto con esta impresión. Antes del advenimiento del estado–nación hubo en diversos lugares sistemas judiciales competitivos (por ejemplo, en la antigua Irlanda o en los tiempos de la Liga Hanseática) y, por lo que sabemos, funcionaron bien".[27] A juzgar por los índices de criminalidad existentes en la época (crímenes per capita), la policía privada en el Salvaje Oeste (que, entre paréntesis, no era tan salvaje como lo muestran algunas películas) era relativamente más eficaz que la policía estatal de nuestros[28]. Y si nos remitimos a la experiencia y a los ejemplos contemporáneos, incluso ahora existen millones de relaciones internacionales —comerciales y turísticas— y realmente sería una exageración decir, por ejemplo, que el fraude, el crimen y el incumplimiento de los contratos son mayores en esta esfera que en las relaciones internas de cada país. Y esto (es importante destacarlo) sin que haya un gran productor monopólico en materia de seguridad ni un legislador supremo. Por último, no debemos olvidar que en muchos países existen diversos productores de seguridad privados que actúan paralelamente al estado: investigadores privados, detectives de seguros y árbitros privados, cuyo trabajo demuestra que son más eficientes en lo que respecta a resolver los conflictos sociales que sus contrapartes públicas.

Toda esta evidencia histórica está, sin embargo, sujeta en gran medida a discusión, sobre todo respecto de si puede extraerse de ella alguna información general. Pero también existen razones sistemáticas por las cuales el temor que suscita esta cuestión carece de un fundamento válido. El establecimiento de un sistema competitivo de productores de seguridad implica, por paradójico que esto parezca, la construcción de una estructura de incentivos institucionalizada para producir un orden legal y de observancia forzosa de las leyes que entrañe el mayor grado de consenso posible con respecto a la resolución de las controversias. Esto generaría menos intranquilidad social y conflicto que las condiciones monopólicas imperantes.[29] Para entender esta paradoja es preciso considerar más a fondo la única cuestión típica que preocupa a los escépticos y los lleva a creer en la superioridad de un sistema monopólico de producción de seguridad: cuando surge un conflicto entre A y B, ambos están asegurados por compañías diferentes y éstas no pueden llegar a un acuerdo inmediato sobre la validez de las demandas opuestas que plantean sus respectivos clientes. (El problema no existiría si se alcanzara el acuerdo o si ambos clientes fueran asegurados por la misma compañía; por lo menos, esto no diferiría en absoluto de la situación emergente en condiciones de monopolio estatal.) ¿Una situación semejante tendría siempre un desenlace violento? Es muy improbable que así sea. Primero, cualquier lucha violenta entre empresas conllevaría un costo y un riesgo muy altos, sobre todo si han alcanzado un prestigio considerable (como deberían tenerlo para que sus futuros clientes puedan verlas en primer lugar como garantes efectivas de su seguridad). Lo que es más importante, en un sistema competitivo, los costos de cualquier conflicto entre compañías que dependen de la continuación de los pagos voluntarios de los consumidores tendrían que recaer forzosamente sobre todos y cada uno de los clientes de ambas. Bastaría que una sola persona dejara de pagar porque no está convencida de la necesidad de una confrontación violenta en el caso particular de que se trata para que hubiese una inmediata presión económica sobre la compañía que la obligaría a buscar una solución pacífica al conflicto.[30] De ahí que cualquier productor de seguridad en un sistema competitivo debería ser muy cauto en lo que respecta a tomar medidas violentas para resolver las controversias. En lugar de hacerlo, y puesto que lo que los consumidores desean es que los litigios se resuelvan en forma pacífica, todos y cada uno de los productores de seguridad harían cuanto pudiesen para ofrecer esto a sus clientes y para establecer por anticipado, de modo que no quedasen dudas, el proceso de arbitraje al que se someterían, ellos y sus clientes, en caso de desacuerdo acerca de la evaluación de demandas incompatibles. Los clientes de las distintas compañías considerarían que un esquema semejante sólo podría funcionar si todos ellos estuvieran de acuerdo con respecto a las medidas arbitrales, por lo cual se desarrollaría naturalmente un sistema legal que regiría las relaciones entre compañías y sería aceptable para los clientes de todas las firmas competitivas, sin excepciones. Por otra parte, así aumentaría más aun la posibilidad de que se produjeran presiones económicas que generasen reglas representativas del consenso acerca del modo de dirimir las controversias. En un sistema competitivo, los árbitros independientes encargados de encontrar soluciones pacíficas a los litigios estarían supeditados al apoyo continuado de las dos compañías en disputa, puesto que cualquiera de ellas podría recurrir a un juez diferente, y por supuesto lo haría si estuviera insatisfecha con la sentencia dictada. Por lo tanto, estos jueces se sentirían presionados para encontrar soluciones (en este caso, no con respecto al procedimiento sino al contenido de la ley) que fuesen aceptables para todos los clientes de las firmas en disputa.[31] Si no era así, una compañía, o todas, podrían perder clientes, lo que las llevaría a buscar otros árbitros la próxima vez que los necesitasen.[32]

Sin embargo, ¿no sería posible que en un sistema competitivo una compañía productora de seguridad se pusiera fuera de la ley, es decir que, con el apoyo de sus propios clientes, comenzara a agredir a otras? Por supuesto, no se puede negar que tal posibilidad existe, pero digamos nuevamente que nos encontramos en la esfera de la ciencia social empírica y nadie puede saber con certeza si es así. Y sin embargo, la sugerencia tácita de que la posibilidad de que esto ocurra indica de algún modo una grave deficiencia en los fundamentos filosóficos y económicos de un orden social puramente capitalista, es falsa.[33]

Ante todo, recordemos que la existencia continuada de cualquier sistema social, no menos de un orden estatista–socialista que de una pura economía de mercado, depende de la opinión pública, y que en todo momento un estado determinado de esa opinión pública delimita lo que puede y lo que no puede ocurrir, así como lo que es más o menos probable que ocurra. Por ejemplo, el estado actual de la opinión pública en Alemania occidental hace sumamente improbable, o aun imposible, que se pueda imponer allí un sistema estatista similar al soviético. La falta de apoyo público lo condenaría al fracaso y lo destruiría. Y sería aun más improbable que un sistema de ese tipo pudiera instituirse en los Estados Unidos, dadas las características de la opinión pública en ese país. Por lo tanto, si queremos comprender correctamente el problema de las compañías que podrían situarse al margen de la ley, tenemos que formular la cuestión en estos términos: ¿Qué probabilidad existe de que un hecho semejante pueda producirse en una sociedad dada, con un estado específico de la opinión pública? La respuesta a una pregunta expresada de esta manera será diferente según las distintas sociedades. En algunas, que se caracterizan por el profundo arraigo de ideas de corte socialista, la posibilidad de que surjan compañías que lleven a cabo políticas agresivas será mayor, y en otras será mucho menos probable que esto ocurra. Pero entonces, la perspectiva de un sistema competitivo de producción de seguridad en cualquier caso dado, ¿será mejor o peor que la continuación de un sistema estatista? Veamos, por ejemplo, el caso de los Estados Unidos en el presente. Supongamos que el estado aboliera su derecho de proporcionar seguridad a cambio del pago de impuestos e introdujera un sistema de seguridad competitivo. Dado el estado actual de la opinión pública, ¿qué probabilidad existiría de que surgieran proveedores al margen de la ley, y qué sucedería en ese caso? Como es obvio, la respuesta depende de las reacciones de la gente a este cambio en la situación. Por lo tanto, lo primero que habría que replicar a quienes objetan la idea de un mercado privado en lo que respecta a la seguridad, sería: "¿Y qué va a hacer usted? ¿Cuál va a ser su reacción? ¿Su temor a las compañías que se autoproscriben significa que entraría en tratos con un productor de seguridad que agrediera a otros y a su propiedad, y que usted seguiría apoyándolo si lo hiciera?" Por cierto, cualquier crítica sería acallada por un contraataque así. Pero más importante que esto es el desafio sistemático implícito en este contraataque personal. Es evidente que el cambio de situación descripto implicaría una transformación en la estructura de costo–beneficio que cada uno debería enfrentar una vez tomada su decisión. Antes de la introducción de un sistema competitivo de producción de seguridad, podía ser legal participar en un sistema agresivo y sustentarlo. Ahora, esa actividad se convierte en ilegal. Por lo tanto, dado que el hombre posee una conciencia que hace que las decisiones que toma sean más o menos costosas, es decir, estén más o menos en armonía con los principios personales respecto de lo que es una conducta correcta, el apoyo a una compañía que explota a aquellos que no desean secundar voluntariamente sus acciones puede ser más costoso ahora que antes. Dado que es así, se debe presumir que la cantidad de personas, entre ellas las que en otras circunstancias se habrían apresurado a apoyar al estado, dispuestas a gastar dinero para sustentar a una compañía que procede con honestidad sería cada vez mayor, e iría en aumento en todos los lugares en los que se llevara a cabo un experimento social semejante. Por el contrario, el número de aquellos que están de acuerdo con una política de explotación, en la cual unos ganan a expensas de otros, disminuiría. Por supuesto, el grado de rigurosidad de este efecto dependería del estado de la opinión pública. En el ejemplo que hemos tomado —el de los Estados Unidos, donde la teoría natural de la propiedad está ampliamente difundida y aceptada como una ética privada y la filosofía del libre albedrío es, esencialmente, la filosofía fundacional del país y la que lo ha llevado al lugar que ocupa en el mundo[34]—, el efecto es naturalmente muy acentuado. De acuerdo con esto, las compañías productoras de seguridad comprometidas con la filosofia de proteger y hacer valer la doctrina del libre albedrío atraerán la mayor parte del apoyo público y de la ayuda financiera. Y si bien es cierto que algunas personas, sobre todo las que se han beneficiado con el antiguo estado de cosas, pueden continuar respaldando una política de agresión, es muy improbable que su número y su poder financiero sean suficientes como para que lo hagan con éxito. En cambio, es casi seguro que las compañías honestas desarrollarán la fuerza necesaria —por si solas o en un esfuerzo conjunto que será apoyado por sus propios clientes voluntarios— para poner freno a la aparición de posibles productores rebeldes y destruirlos donde y cuando aparezcan.[35]

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NOTAS:

[1] G. de Molinari, "Sobre la Producción de Seguridad".

[2] Ibid., p. 4.

[3] Pueden verse varios enfoques de los teóricos de los bienes públicos: J. Buchanan y G. Tullock, The Calculus of Consent, University of Michigan Press, Ann Arbor, 1962; J. Buchanan, The Public Finances, Richard Irwin, 1970; idem, The Limits of Liberty, University of Chicago Press, Chicago, 1975; G. Tullock, Private Wants, Public Means, Basic Books, New York, 1970; M. Olson, The Logic of Collective Action, Harvard University Press, Cambride, 1965; W. Baumol, Welfare Economics and the Theory of the State, Harvard University Press, Cambridge, 1952.

[4] Véase M. N. Rothbard, Man, Economy and State, Nash, Los Angeles, 1979, pp. 883 SS.; idem, 'The Myth of Neutral Taxation" [PDF], Cato Journal (1981); W. Block, "Free Market Transportation: Denationalizing the Roads" [PDF], Journal of Libertarian Studies (1979); idem, "Public Goods and Externalities: the Case of Roads" [PDF], Journal of Libertarian Studies (1983).

[5] Véase, por ejemplo, W. Baumol y A. Blinder, Economics. Principies and Policy, Harcourt, Brace, Jovanovich, New York, 1979, cap. 3 1.

[6] Otro criterio de uso frecuente en relación con los bienes públicos es el del "consumo no competitivo". Por lo general, ambos criterios parecen coincidir: el consumo no competitivo es posible cuando no se puede excluir a los free–riders; cuando pueden ser excluidos, pasa a ser competitivo o, por lo menos, así lo parece. Pero, como argumentan los teóricos de los bienes públicos, esta coincidencia no es perfecta. Según afirman, si bien es posible excluir a los free–riders, su inclusión no puede relacionarse con ningún costo adicional (es decir que el costo marginal de la admisión de los free-riders es igual a cero), y el consumo del bien en cuestión por los free-riders, admitidos en forma adicional, no llevara necesariamente a una disminución en el consumo del bien que se encuentra a disposición de otros. Un bien de esta naturaleza será, asimismo, un bien público. Y puesto que el mercado libre practicaría la exclusión y el bien no estaría disponible para el consumo no competitivo de quienes, en otras circunstancias, dispondrían de él -aun cuando dicho bien no tenga costos adicionales-, esto, desde el punto de vista de la lógica estatista-socialista, demostraría una falla del mercado, es decir, un nivel de consumo subóptimo. De ahí que la provisión de esos bienes recaiga sobre el estado. (Por ejemplo, en un cine medio vacío, la admisión de espectadores adicionales sin pagar entrada podría estar libre de costos; el hecho de que miraran la película no afectaría a los que pagaron, por lo cual se podría considerar a ésta como un bien público. Pero como el dueño del cine seguramente practicaría la exclusión, en lugar de permitir que los free-riders disfrutaran gratis de la película, los cines deberían ser nacionalizados.) Acerca de las numerosas falacias que se derivan de la definición de los bienes públicos en términos de consumo no competitivo, véanse notas 12 a 17.

[7] Acerca de este tema, véase W. Block, "Public Goods and Externalities".

[8] Véase, por ejemplo, J. Buchanan, The Public Finances, p. 23; P. Samuelson, Economics, McGraw Hill, New York, 1976, p. 160.

[9] Véase R. Coase, "The Lighthouse in Economics", Journal of Law and Econornics (1974).

[10] Véase, por ejemplo, el único caso que presenta W. Block en "Public Goods and Externalities", en el cual los zoquetes se consideran bienes públicos.

[11] Digamos, para evitar cualquier malentendido, que un productor único o una asociación de productores que actúen de consuno pueden decidir, en cualquier momento, producir o no un bien sobre la base de su evaluación como público o privado. En realidad, en una economía de mercado se toman constantemente este tipo de decisiones en cuanto a la producción privada de bienes públicos. Lo que es imposible es decidir si rechazar o no el resultado de la operación de un mercado libre basándose en la evaluación del grado en el cual un bien es público o privado.

[12] Por lo tanto, introducir una distinción entre bienes públicos y privados equivaldría a volver a la era pre-subjetivista de la economía. Desde la perspectiva de la economía subjetivista ningún bien puede ser categorizado objetivamente como privado o público. Ésa es, en esencia, la razón de que también fracase el segundo criterio propuesto en relación con los bienes públicos, a saber, que permiten un consumo no competitivo (véase nota 6). Porque, ¿cómo podría un observador desinteresado determinar si la admisión de un free-rider adicional en forma gratuita no implica realmente una disminución del consumo de un bien por parte de otros? Es obvio que no puede, objetivamente, hacerlo en modo alguno. Bien podría ser que si se admitiera a demasiadas personas en un cine o en una carretera se redujera en forma considerable el placer de mirar una película o de conducir un vehículo. Nuevamente, para descubrir si es así o no, sería necesario preguntar a cada uno, y no todos estarían de acuerdo (¿y qué ocurriría en ese caso?). Además, si incluso un bien que permite un consumo no competitivo no es un bien libre, la admisión de freeriders adicionales tendría como resultado, a la larga, una verdadera "aglomeración", y por eso habría que preguntar a cada uno acerca del "margen" apropiado. Por añadidura, mi consumo del bien puede verse afectado o no según quién sea la persona admitida gratuitamente, de modo que también habría que interrogarme acerca de eso. Y por Último, cada uno podría cambiar de opinión sobre estos temas con el paso del tiempo. Por eso es tan imposible decidir si un bien es o no apropiado para su producción por parte del estado (en lugar de la empresa privada) basándose en el criterio del consumo no competitivo como sobre la base del criterio de no exclusión (véase también nota 17).

[13] Véase P. Samuelson, "The Pure Theory of Public Expenditure", Review of Economics and Statistics (1954); idem, Economics, cap. 8; M. Friedman, Capitalism and Freedom, University of Chicago Press, Chicago, 1962, cap. 2; F. A. Hayek, Law, Legislation, and Liberty, vol. 3, University of Chicago, Chicago, 1979, cap. 14.

[14] En los últimos años, los economistas, sobre todo los de la Escuela de Chicago, han manifestado un interés creciente por los derechos de propiedad (H. Demsetz, "The Exchange and Enforcement of Property Rights", Journal of Law and Economics [1964]; idem, "Toward a Theory of Property Rights", American Economic Review [1967]; R. Coase, "The Problem of Social Cost" [PDF], Journal of Law and Economics [1960]; A. Alchian, Economic Forces at Work, Liberty Fund, Indianapolis, 1977, parte 2; R. Posner, Economic Analysis of the Law, Brown and Co., Boston, 1977). Sin embargo, estos análisis no tienen nada que ver con la ética. Por el contrario, intentan sustituir el establecimiento de principios éticos justificables por consideraciones de eficiencia económica (en relación con la critica de estas tentativas, véase M. N. Rothbard, La Ética de la Libertad, Humanities Press, Atlantic Highlands, 1982, cap. 26; W. Block, "Coase and Demsetz on Private Property Rights" [PDF], Journal of Libertarian Studies [1977]; R. Dworkin, "Is Wealth a Value", Journal of Legal Studies [1980]; M. N. Rothbard, "The Myth of Effíciency" [Web], en M. Rizzo [comp.], Time, Uncertainty, and Disequilibrium, D. C. Heat, Lexington, 1979). En Última instancia, todos los argumentos sobre la eficiencia son inaplicables porque sencillamente no existe un modo que no sea arbitrario de calcular, pesar y agregar las utilidades o desutilidades que resultan de determinada asignación de derechos de propiedad. De ahí que cualquier intento de recomendar un sistema particular para asignar derechos de propiedad en función de su supuesta maximización del "bienestar social" no es más que un fraude seudocientífico (véase, en especial, M. N. Rothbard, Toward a Reconstruction of Utility and Welfare Economics [PDF], Center for Libertarian Studies, New York, Occasional Paper Series No 3, 1977; también L. Robbins, "Economics and Political Economy", American Economic Review [1981]).

El "principio de la unanimidad", que J. Buchanan y G. Tullock, siguiendo a K. Wicksell (Finanztheoretische Untersuchungen, G. Fischer, Jena, 1896), han propuesto en forma reiterada como guía para la política económica, tampoco debe confundirse con un principio ético propiamente dicho. De acuerdo con este principio, sólo pueden ejecutarse aquellos cambios en la política para los cuales exista un consenso unánime; esto, con toda seguridad, parece muy atractivo; pero también determina, mutatis mutandis, que el statu quo debe ser preservado si el consenso respecto de cualquier propuesta de cambio no alcanza la unanimidad, y esto parece mucho menos atractivo porque implica que cualquier estado de cosas dado con respecto a la asignación de derechos de propiedad debe considerarse legítimo, sea como punto de partida o como situación que debe continuar de la misma manera. Sin embargo, los teóricos de los bienes públicos no ofrecen ninguna justificación de esta audaz exigencia, en términos de una teoría normativa de los derechos de propiedad, cuando se les solicita que lo hagan, por lo cual el principio de la unanimidad carece, en última instancia, de fundamentación ética. En realidad, el principio favorito de los seguidores de Buchanan resulta enteramente absurdo como criterio moral, porque reconoce legitimidad a cualquier statu quo posible (véase también, acerca de esto, M. N. Rothbard, La Ética de la Libertad, cap. 26; idem, "The Myth of Neutral Taxation" [PDF], p. 549 s.).

Buchanan y Tullock, de nuevo siguiendo a Wicksell, liquidan lo que pueda haber quedado del principio de unanimidad reduciéndolo, efectivamente, a un principio de unanimidad "relativa" o "cuasi-unanimidad".

[15] H. H. Hoppe, "From the Economics of Laissez Faire to the Ethics of Libertarianism". En: W. Block y L. Rockwell (comps.), Man, Economy and Liberty: Essays in Honor of Murray N. Rothbard, The Ludwig von Mises Institute, Aubum University, Aubum, Ala., 1988; infra, cap. 8.

[16] Acerca de este argumento véase M. N. Rothbard, "The Myth of Neutral Taxation", p. 533. Entre paréntesis, la existencia de un solo anarquista también invalida todas las referencias al óptimo de Pareto como criterio para la acción estatal económicamente legítima.

[17] En esencia, el mismo razonamiento que nos lleva a rechazar la teoría socialista-estatista, cuyo fundamento es el carácter supuestamente Único de los bienes públicos de acuerdo con el criterio de no exclusión, se aplica también en el caso en el cual estos bienes se definen mediante el criterio de consumo no competitivo (véanse notas 6 y 12). En primer lugar, para inferir, a partir de la aseveración de que los bienes que permiten un consumo no competitivo no tendrían que ser ofrecidos en un mercado libre a tantos consumidores como fuese posible, el enunciado normativo de que deberían ser ofrecidos de ese modo, esta teoría enfrenta exactamente el mismo problema, a saber, necesita una ética que la justifique. Además, el razonamiento utilitario también es evidentemente absurdo. Los teóricos de los bienes públicos argumentan que la práctica del mercado libre, en el sentido de excluir a los free-riders del uso de aquellos bienes que permiten un consumo no competitivo con un costo marginal igual a cero, indica un nivel subóptimo de bienestar social y por lo tanto se requiere la acción compensatoria del estado; este razonamiento es defectuoso, en dos aspectos relacionados. En primer lugar, el costo es una categoría subjetiva y jamás puede ser calculado objetivamente por un observador externo. Por eso, es de todo punto inaceptable alegar que habría que admitir free-riders adicionales sin costo alguno. En realidad, si la admisión de más consumidores en forma gratuita tuviese verdaderamente un costo subjetivo igual a cero, el productor privado del bien en cuestión la permitiría. El hecho de que no lo haga revela que para él el costo no equivale a cero. Esto puede deberse a que él piensa que si los admitiera disminuiría la satisfacción que pueden obtener otros consumidores y así tendería a rebajar el precio de su producto; o, simplemente, a que le disgustan los free-riders; es lo que pasa, por ejemplo, cuando yo me opongo a admitir en mi living, que no está totalmente lleno de gente, a varias personas a quienes no he invitado para que hagan de él un consumo no competitivo. De todos modos, como no se puede presuponer que el costo es igual a cero, sea cual fuere la razón de ello, es ilógico hablar de una falla del mercado cuando ciertos bienes no se distribuyen sin cargo. Por otra parte, si se acepta la recomendación de los teóricos de los bienes públicos en el sentido de dejar que el estado provea en forma gratuita los bienes cuyo consumo es supuestamente no competitivo, las pérdidas de bienestar serán, sin duda, inevitables. El estado, que no depende de las adquisiciones voluntarias de los consumidores, además de cumplir la insuperable tarea de determinar qué bienes satisfacen este criterio, debe primero enfrentar y resolver el problema, también insoluble, de decidir racionalmente qué cantidad del bien público va a proveer. Es obvio que, como ni siquiera los bienes públicos son libres, sino que están sujetos a "aglomeración" en cierta etapa de su uso, no hay un punto en el cual el estado pueda detener su producción, porque cualquiera que sea el nivel de la oferta, habrá usuarios que quedarán excluidos y que, si la oferta fuera mayor, podrían convertirse en free-riders. Ahora bien, incluso si se pudiera resolver milagrosamente este problema, de todos modos el costo (necesariamente inflado) de producción y operación de los bienes públicos distribuidos en forma gratuita para un consumo no competitivo, tendría que pagarse por medio de impuestos. Y este hecho, es decir, que los consumidores han sido obligados a disfrutar de esos bienes como free-riders, demuestra nuevamente más allá de toda duda que el valor de estos bienes públicos también es inferior, desde la perspectiva de los consumidores, al de los bienes privados que compiten con ellos y que ya no es posible adquirir.

[18] Entre los modernos representantes del lenguaje ambiguo orwelliano los más importantes son J. Buchanan y G. Tullock (sus obras se citan en la nota 3). Afirman que el gobierno se basa en un "contrato constitucional" en el cual cada uno está "conceptualmente de acuerdo" en someterse a los poderes coercitivos de aquél con la condición de que todos los demás lo hagan también. Según esto, el gobierno, aparentemente coercitivo, en realidad sería voluntario. A este curioso argumento se le pueden oponer varias objeciones obvias. En primer lugar, no hay evidencia empírica de que alguna constitución haya sido aceptada en forma voluntaria por cada uno de los interesados. Peor aun, la sola idea de que todas las personas se obliguen voluntariamente es inconcebible, asi como lo es negar el principio de contradicción. Porque si la coerción aceptada libremente es voluntaria, tendría que ser posible revocar la propia sujeción a la constitución, con lo cual el estado no seria muy diferente de un club al que uno se asocia espontáneamente. Pero si no se tiene "el derecho de no hacer caso del estado" -por supuesto, nadie lo tiene, y esto es lo que distingue al estado de un club-, entonces es lógicamente inadmisible pretender que la aceptación del poder coercitivo del estado es voluntaria. Además, incluso si lo fuera, el contrato constitucional no podría obligar a nadie, excepto a los signatarios originales de la constitución.

¿Cómo pueden Buchanan y Tullock manifestar ideas tan absurdas? Utilizando un truco semántica. Aquello que en el lenguaje pre-orwelliano era "inconcebible" o un "desacuerdo", es para ellos "algo conceptualmente posible" o un "acuerdo conceptual". En J. Buchanan, "A Contractarian Perspective of Anarchy", en Freedom in Constitutional Contract, Texas A. & M. University Press, College Station, 1977, puede verse un breve ejercicio, muy instructivo, acerca de este tipo de razonamiento "a saltos". Aquí nos enteramos (p. 17) de que incluso la aceptación de un límite de velocidad de 55 mph es posiblemente voluntaria (Buchanan no está totalmente seguro de ello), porque en ultima instancia depende de que todos nosotros aceptemos voluntariamente la constitución, y de que Buchanan no es un verdadero estatista sino, en realidad, un anarquista (p. 11).

[19] M. N. Rothbard, Man, Economy, and State, p. 887.

[20] Se debe tener esto en mente, ante todo, cuando hay que evaluar la validez de argumentos que defienden el estatismo-intewencionismo, como el siguiente, que pertenece a J. M. Keynes ("The End of Laissez Faire", en Collected Writings, Macmillan, Londres, 1972, vol. IX, p. 291): "El asunto más importante que debe atender el estado no se relaciona con las actividades que desempeñan los individuos privadamente, sino con las funciones que caen fuera de la esfera individual, esas decisiones que nadie tomaría si el estado no lo hiciera. Lo importante no es que el gobierno haga, mejor o peor, las cosas que los individuos particulares ya hacen, sino que se ocupe de las que no se hacen". Este razonamiento no sólo parece falso, sino que lo es.

[21] Algunos minarquistas partidarios del libre albedrío plantean la objeción de que la existencia de un mercado presupone el reconocimiento y puesta en vigor de un cuerpo de legislación y, en consecuencia, de un gobierno que debe tener el monopolio de la justicia y hacer cumplir las leyes. (Véase, por ejemplo, J. Hospers, Libertarianism, Nash, Los Angeles, 1971; T. Machan, Human Rights and Human Liberties, Nelson-Hall, Co., Chicago, 1975.) Por cierto, es correcto que el mercado presuponga el reconocimiento y la imposición de aquellas reglas que sustentan su operación, pero esto no significa que esa tarea deba ser confiada a un organismo monopólico. El mercado también presupone, de hecho, un lenguaje común; sin embargo, no se deduciría de ello que el gobierno debe asegurar la observancia de las normas lingüísticas. Las reglas que rigen la conducta del mercado, como el sistema del lenguaje, emergen en forma espontánea y lo que las hace cumplir es la "mano invisible" del interés personal. Si no se observan las reglas comunes del lenguaje, las personas no pueden disfrutar de las ventajas de la comunicación, y si no se obedecen las normas comunes que gobiernan la conducta, es imposible recoger los mitos de la mayor productividad de una economía de intercambio basada en la división del trabajo. Además, como ya lo he indicado, independientemente de cualquier gobierno, el principio de no agresión que es el fundamento del accionar de los mercados debe defenderse a priori como justo. Además, y sobre esto volveré al exponer mi conclusión, un sistema competitivo de administración y complimiento de la ley es precisamente el que genera la mayor presión posible para elaborar y poner en ejecución normas de conducta que entrañan el grado de consenso más elevado que pueda concebirse. Y éstas son, por supuesto, aquellas que un razonamiento a priori establece como el presupuesto lógicamente necesario de la argumentación y del acuerdo argumentativo.

[22] De paso, digamos que la misma lógica que nos obliga a aceptar la idea de que la producción de seguridad por parte de la empresa privada es la mejor solución, desde el punto de vista económico, para satisfacer las preferencias del consumidor, también nos lleva a abandonar, en lo que respecta a posiciones de carácter moral o ideológico, la teoría política del liberalismo clásico y dar (a partir de ella) un paso pequeño pero no obstante decisivo hacia la teoría del libre albedrío, o anarquismo de la propiedad privada. El liberalismo clásico, cuyo mayor representante en este siglo es Ludwig von Mises, aboga por un sistema social basado en el principio de no agresión. La doctrina del libre albedrío tambien lo hace. Pero para el liberalismo clásico ese principio debe estar respaldado por un ente monopólico (el gobierno, el estado), es decir, por una organización que no depende exclusivamente del apoyo voluntario, contractual, de los consumidores de los respectivos servicios, sino que tiene el derecho de determinar de manera unilateral sus propios ingresos, es decir, los tributos que impondrá a aquéllos para poder cumplir su tarea en el área de la producción de seguridad. Esto, por plausible que parezca, es evidentemente incoherente. O el principio de no agresión es válido, en cuyo caso el estado como ente monopólico es inmoral, o lo es el hecho de que las transacciones estén basadas sobre la agresión y giren en tomo a ella -la agresión implica el uso de la fuerza y de medios no contractuales para adquirir recursos-, y en este caso hay que descartar la primera teoría. Es imposible sostener ambos argumentos sin caer en la incoherencia, a menos que, por supuesto, se pueda enunciar un principio más fundamental que los otros dos y del cual ambos puedan derivarse lógicamente, con las respectivas limitaciones en lo que tiene que ver con sus ámbitos de validez. Pero el liberalismo nunca enunció un principio semejante y jamás podrá hacerlo, porque para argumentar en favor de algo es preciso estar libre de la agresión. Entonces, en vista del hecho de que no se puede sostener por vía de la argumentación la validez moral del principio de no agresión sin reconocer implícitamente esa validez, la lógica nos obliga a abandonar el liberalismo y adherir, en cambio, a su vástago más radical: la doctrina del libre albedno, la filosofía del capitalismo puro, que exige que la producción de la seguridad tambien esté a cargo de la empresa privada.

[23] Acerca del problema de la producción competitiva de seguridad, véase G. de Molinari, Sobre la Producción de Seguridad; M. N. Rothbard, Power and Market, Sheed Andrews and McMeel, Kansas City, 1977, cap. 1; ídem, For a New Liberty [Web], Macmillan, New York, 1978, cap. 12; W. C. Wooldridge, Uncle Sam the Monopoly Man, Arlington House, New Rochelle, 1970, caps. 5-6; M. y L. Tannehill, The Market for Liberty, Laissez Faire Books, New York, 1984, parte 2.

[24] Véase F. Murck, Soziologie der Öffentlichen Sicherheit, Campus, Frankfurt, 1980.

[25] Sin embargo, el hecho de que el proceso de asignación de recursos se tome arbitrario si no existe un criterio respecto de las pérdidas y las ganancias, no significa que las decisiones que se deben tomar no estén sujetas a restricciones y respondan únicamente a la pura arbitrariedad. No es así, y el que las toma se mueve dentro de ciertos límites. Si, por ejemplo, la asignación de factores productivos se realiza democráticamente, es obvio que se debe apelar a la decisión de la mayoría. Pero, sea que la decisión se tome de esta manera o de otra, siempre será arbitraria desde el punto de vista de los consumidores que deciden comprar o no el producto. En lo que respecta a las asignaciones controladas de manera democrática, existen algunas deficiencias evidentes. Tal como lo dicen, por ejemplo, J. Buchanan y R. Wagner (The Consequences of Mr. Keynes, Institute of Economic Affairs, Londres, 1978, p. 19): "La competencia en el mercado es constante; para cada compra, un comprador puede elegir entre vendedores que compiten. La competencia política es intermitente; una decisión es obligatoria por un número determinado de años. La competencia del mercado permite que varios competidores puedan sobrevivir al mismo tiempo [...] en la competencia política, el resultado es todo o nada [...] en la competencia del mercado el comprador puede tener una razonable seguridad con respecto a lo que recibe a cambio. En la competencia política, en realidad compra los servicios de un agente al que no puede obligar de ninguna manera [...l. Además, como un político necesita asegurarse la cooperación de la mayoría de sus pares, para él un voto tiene un significado mucho menos limpio que el que tiene el 'voto' que se le otorga a una firma privada". (Véase también J. Buchanan, "Individual Choice in Voting and the Market", ídem, Fiscal Theory and Political Economy, University of North Carolina Press, Chapel Hill, 1962; en J. Buchanan y G. Tullock, The Calculus of Consent, puede encontrarse un tratamiento más general del problema.)

Sin embargo, casi siempre se pasa por alto la deficiencia más importante (y lo hacen sobre todo quienes exaltan el hecho de que la democracia otorga el mismo valor a los votos de todos, mientras que el sistema en el cual el consumidor es el soberano permite "votos" desiguales): cuando impera la soberanía de los consumidores los votos pueden ser desiguales pero, en todo caso, aquéllos ejercen su control exclusivamente sobre las cosas que han adquirido a través de una apropiación original o de un contrato, y por lo tanto están obligados a adoptar una conducta moral. En un sistema de producción basado en la democracia, se supone que todos tienen algo que decir incluso acerca de las cosas que no han adquirido, con lo cual existe una invitación permanente no sólo a crear una inestabilidad legal, con todos sus efectos negativos sobre el proceso de formación de capital, sino, además, a actuar de manera inmoral. Acerca de esto, véase L. von Mises, Socialism [en castellano], Liberty Fund, Indianapolis, 198 1, cap. 31.

[26] Recapitulemos los conceptos de Molinari (Sobre la Producción de Seguridad, pp. 13-14): "Si [...] el consumidor no tiene la libertad de comprar seguridad donde le parezca mejor, veremos de inmediato cómo se ponen en acción numerosos profesionales especializados en la arbitrariedad y en la mala administración. La justicia será cada vez más lenta y costosa, la policía, ofensiva, la libertad individual dejará de ser respetada, el precio de la seguridad se elevará en forma abusiva y se la impartirá injustamente, según el poder y la influencia de una u otra clase de consumidores".

[27] Véanse las obras citadas en la nota 22; también, B. Leoni, Freedom and the Law [en castellano], Van Nostrand, Princeton, 1961; J. Peden, "Property Rights in Celtic Irish Law" [PDF], Journal of Libertarian Studies (1977).

[28] Véase T. Anderson y P. J. Hill, "The American Experiment in Anarcho-Capitalism: The Not So Wild, Wild West" [PDF], Journal of Libertarian Studies (1980).

[29] Con respecto a lo siguiente, véase H. H. Hoppe, Eigentum. Anarchie und Staat, Westdeutscher Verlag, Opladen, 1986, cap. 5.

[30] Esto ofrece un marcado contraste con la política estatal, por la cual se entablan conflictos violentos sin el apoyo voluntario de nadie, porque el estado tiene el derecho de imponer tributos; y pensemos si el riesgo de una guerra sería mayor o menor en el caso de que el ciudadano tuviera el derecho de dejar de pagar impuestos en el mismo momento en que considerara que la política estatal en materia de relaciones exteriores no es de su agrado.

[31] Nuevamente debemos hacer notar que las normas que tienen el mayor grado posible de consenso son, por supuesto, aquellas cuya validez se desprende del razonamiento y cuya aceptación, acerca de cualquier cosa que sea posible, es unánime, como ya lo hemos indicado.

[32] También en este caso puede observarse el contraste con los jueces empleados por el estado, cuyos sueldos se pagan con el producto de los impuestos y que, por lo tanto, son relativamente independientes de la satisfacción de los consumidores; por eso, pueden dictar sentencias que, como es obvio, no todos aceptan como justas; y preguntémonos si el riesgo de que no se descubriera la verdad en un caso determinado aumentaría o disminuiría si uno tuviese la posibilidad de ejercer presión económica toda vez que pensara que un juez que tal vez algún día tendría que juzgar nuestra propia causa no es lo suficientemente cuidadoso en la consideración de los hechos y en el dictamen acerca de ellos, o quizás es sencillamente un truhán.

[33] Acerca de lo que sigue, véase en particular M. N. Rothbard, For a New Liberty, pp. 233 SS.

[34] Véase B. Bailyn, The Ideological Origins of the American Revolution, Harvard University Press, Cambridge, 1967; J. T. Main, The Anti-Federalists: Critics of the Constitution, University of North Carolina Press, Chape1 Hill, 1961; M. N. Rothbard, Conceived in Liberty, Arlington House, New Rochelle, 1975-1979.

[35] Por supuesto, las compañías de seguros desempeñarán un papel especialmente importante en la tarea de poner un freno a la aparición de compañías infractoras de la ley. Véase M. y L. Tannehill, The Market of Liberty, pp. 11 0-1 1: "Las compañías de seguros, un sector decisivo en cualquier economía totalmente libre, tendrán un incentivo especial para disociarse de cualquier agresor y, además, para emplear toda su considerable influencia comercial para combatirlo. La violencia agresiva ocasiona pérdidas de valor, y la industria de los seguros soporta los mayores costos en estos casos. Un agresor al que no se le ponen límites es un riesgo ambulante, y ninguna compañia de seguros, por apartada que esté de su agresión original, desearía hacerse cargo del riesgo de que agrediese después a uno de sus propios clientes. Además, los agresores y quienes se asocian con ellos tienen más posibilidades de verse envueltos en situaciones de violencia y son, por lo tanto, clientes indeseables. Es probable que una compañía de seguros rehúse brindar cobertura a estas personas, por el prudente deseo de disminuir cualquier pérdida h r a que su agresión pudiese causar. Pero aunque su motivación no fuera ésta, se vería obligada a elevar drásticamente sus primas o a cancelar cualquier tipo de cobertura para evitar el riesgo adicional que implica su inclinación a la violencia. En una economía competitiva, ninguna compañia de seguros puede afrontar el riesgo de continuar cubriendo a individuos agresivos o a quienes tienen tratos con ellos, y hacer que sus clientes honestos carguen con los costos; pronto los perdería, porque preferirían firmas más honorables cuya cobertura representase un cargo menor".

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domingo, enero 29, 2006

SudÁfrica contra el control de armas

Según una noticia del SignOnSanDiego.com, llamada New lobby aims to fight gun control in crime-plagued South Africa:

“Partidarios de las armas en SudÁfrica crearon una nueva organización el martes pasado para decir que más armas son necesarios para poner freno al crimen que se produce en el país procedente de asesinos y ladrones armados.”

“El nuevo grupo, Gun Owners of South Africa, dice que la gente posee el derecho a la autodefensa en una nación que tiene uno de los índices de asesinatos más altos del mundo.”

“’Queremos que el la Ley para el Control de Armas de Fuego desaparezca en su totalidad, y queremos una enmienda a la constitución para asegurarnos tener armas de fuego para proteger a nuestras familias’, dijo el primer responsable del grupo Charl van Wyk.”

“’Los criminales en SudÁfrica tienen demasiada libertad, demasiada seguridad’ anotó Larry Pratt, director ejecutivo de un grupo de Estados Unidos (Gun Owners of America), que cuenta con 300.000 miembros.”

“’La única forma de afrontar este escenario de Salvaje Oeste es permitir a los buenos chicos tener armas’, dijo Pratt.”

Como siempre unos han sacado estadísticas en contra y los otros a favor. A nadie se le ocurrido, pero, sacar estadísticas de los accidentes de tráfico en los países occidentales, que son mucho más numerosos, y en consecuencia lógica prohibirlos. La seguridad y libertad de la gente pende de unas estadísticas y del plebiscito del mayor interesado en que la gente no se pueda defender: el estado. A esto le llaman civilización bajo el glorioso estandarte del “bien común” y tiranía de los estados.

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miércoles, enero 25, 2006

Los italianos se podrán defender

Me envía Manuel una fantástica noticia para la seguridad de los italianos: Italia aprueba una ley de autodefensa (BBC NEWS Europe). En el artículo se lee:

“La ley permite el uso de armas y cuchillos en las casas o lugares de trabajo para proteger la vida o efectos personales.”

“La reforma ha sido introducida por el partido de la Liga del Norte, miembro derechista de la actual coalición con una fuerte plataforma anticrimen.”

“La nueva ley permitirá a la gente usar legalmente las armas registradas para protegerse o proteger a otras personas, así como proteger su propiedad o la de otros de la agresión ajena. Se aplicará si hay un peligro de agresión y el ofensor no desiste en su actitud criminal.”

“El ministro de justicia Roberto Castelli ha respaldado la nueva ley. ‘Hoy los delincuentes tienen más razones para estar asustados, mientras que a la gente honesta se le reducirán los problemas’, dijo el Sr. Castelli.” Más>>

Como siempre los liberticidas y partidarios del crimen han visto la nueva ley como una aberración, así “la oposición votó en contra de la propuesta ya que los críticos creen que esto animará a la gente a tomar la ley por su mano.”

Los criminales siempre van armados (los del estado también), si prohibimos las armas tendrán carta blanca para hacer todos los delitos que les plazca como ocurre cada vez más en España.

Relacionados:

Ciudadanos armados significan una ciudad segura de John R. Lott
Las armas han salvado vidas esta noche en N’Orleans, y la policía saquea.
Las armas salvan vidas. Casos reales.
Ucrania elimina la policía de tránsito!!!
Los brasileños dicen SÍ a las armas
Alce Negro y la libertad de armas. Un relato en primera persona

Y las páginas de:

BlogBis: defendiendo el derecho a la tenencia de armas de fuego.
John Lott's Website.
John R. Lott, Jr.: Archives.
Keep and Bear Arms.
America Will Be Safer If You Give Grandma an Uzi, por Brad Edmonds.
Disarm the Police, por Gary North.
Give Me Dumb Guns and Dangerous Bullets, por Brad Edmonds.
Heck, Give Everybody a Gun! por Brad Edmonds.
Why I Love Guns And Why You Should, Too, por Brad Edmonds.
More Guns, Less School Shootings, por Brad Edmonds.
Statistics Indicate Gun Control Only Increases Crime, por Pierre Lemieux.
Why a Drop in “Gun Deaths” Cannot Justify the Gun Registry, por Gary Mauser (PDF 105 KB).
Guns for Protection, and Other Private Sector Responses to the Government's Failure to Control Crime, por Bruce L. Benson (PDF 1,79 MB).
The Why of Gun Ownership, por James Ostrowski.
• Y en fin, etc.

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jueves, septiembre 01, 2005

Las armas han salvado vidas esta noche en N’Orleans, y la policía saquea

Me escribe Manuel Lora, amigo y ciudadano de Nueva Orleáns diciéndome que la situación allí está que se sale de madre. Son las armas las que están salvando las vidas de los habitantes de Nueva Orleáns y no la policía. El estado como siempre no sirve para proteger la propiedad privada ni integridad física de los ciudadanos. Pero no sólo eso, sino que incluso la propia policía es parte del problema:

"La policía está robando. Esto ha sido confirmado por diferentes fuentes independientes. Algunos de los robos pueden ser "legítimos" si es que esta palabra tiene algún sentido en este contexto. Han roto cajeros y cajas fuertes: está confirmado. Tenemos un testigo ocular de los hechos. Han tomado docenas de negocios. Han robado en las armerías y tiendas de empeño presuntamente para 'prevenirnos de los criminales'. Pero quién sabe sus auténticas intenciones. Tenemos una fuente dentro del NOPD (New Orleans Police Department) que dice que la situación y el control no existen... El NOPD tiene fama de ser un cuerpo corrupto en Nueva Orleáns, pero con la gente que he hablado le puedo decir que no acepta ya el NOPD como fuerza de la autoridad legítimo desde el momento en que se han visto policías saquear en grandes almacenes y obligando a la gente a salir de sus comercios para robarles... Los policias son criminales".

Son las armas quienes protegen de verdad a los ciudadanos. El estado, y sus criminales, son la principal amenaza para la gente de Nueva Orleáns.

Recomiendo leer la Web de Manuel, The Swamp Land y The Interdictor.

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miércoles, agosto 24, 2005

Las armas salvan vidas. Casos reales

“Con la avalancha de historias terroríficas sobre las armas que han aparecido en los medios de comunicación en estos años, no es de sorprender que la gente no se crea las estadísticas (como las de mi libro publicado en el 2002 “The Bias Against Guns”, y tres recientes estudios académicos realizados por tres entidades independientes publicados en la revista Journal of Criminal Justice), donde decimos que hay unos dos millones de casos al año en los que las armas se han usado única y exclusivamente para la defensa: las armas han salvado más vidas que crímenes han realizado en una proporción de cuatro a uno.

John R. Lott; del
American Enterprise Institute

Algunos casos reales. Más en Keep and Bear Arms:

  • Little Rock, Ark. Después que un asaltante atacase a un hombre y a su yerno con un atizador, un reverendo de 64 años disparó contra el agresor dejándolo muerto en el suelo de la iglesia. El atacante estaba relacionado con una serie de asaltos que perpetró bajo los síntomas de la droga.
  • Corpus Christi, Texas. Una mujer dispara a muerte a su ex marido que había irrumpido en su casa. La mujer tenía una orden de alejamiento contra él.
  • Tampa Bay, Fla. Un hombre de 71 años, Melvin Spaulding, dispara a uno de 20 años, James Moore, en los brazos mientras Moore (el agresor) y dos amigos suyos se dedicaban a golpear al vecino de Spaulding de 63 años, George Lowe. Spaulding tenía permiso de armas.
  • Bellevue, Wash. Un hombre dispara a un perro de raza pit bull que arremetió contra él y su familia. La policía dijo que el perro ya había hecho varios intentos agresivos en el pasado contra la familia.
  • Jonesboro, Ga. Un padre que estaba paseando con su hija de 11 años fue asaltado por un atracador. La policía dijo que el padre disparó al atacante en defensa personal y que no presentarían cargos.
  • Houston, Texas. Andrea McNabb disparó a dos de los tres hombres que intentaron atracarla haciéndose pasar por fontaneros.
  • Philadelphia, Pa. Un farmacéutico disparó a un ladrón provocándole la muerte e hirió al otro después que éstos amenazaran a los trabajadores en asesinarlos mientras robaban el establecimiento. El atracador herido huyó.
  • En febrero de 2002, en South Benth, el tribunal de Indiana informó de la historia de un chico de 11 años que disparó y mató a un hombre armado con un cutter que pretendía degollar a su abuela. El niño sabía manejar un arma y mató al asaltante de un solo tiro, aún cuando este, estaba usando a la abuela del niño como escudo.
  • Mayo de 2001. Louisianna. Una niña de 12 años dispara y mata al ex novio de su madre cuando éste intentaba abusar de ella. El ex novio irrumpió en la casa por la fuerza y empezó a estrangular a la madre. La noticia apareció en el New Orleans Advocate.
  • Enero de 2001. En Angie, Louisianna. Un chico de 13 años logra echar a unos ladrones con una shotgun (un tipo de escopeta) que intentaban entrar en su casa hiriendo a uno de los delincuentes y haciendo huir a los otros tres. Los cuatro hombres querían atacar a la madre del chico —una mujer con cáncer terminal— para poder robarle su medicación contra el dolor.

ACTUALIZACIÓN.

Si queréis más información, podéis acceder a BlogBis: defendiendo el derecho a la tenencia de armas de fuego. Página especial sobre el uso de densivo de las armas que creó Rubén Benedetti.

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sábado, julio 30, 2005

Ucrania elimina la policía de tránsito!!!

Via el Liberal Venezolano (traducción de Larry Nieves):

El gobierno ucraniano acaba de eliminar la policía de tránsito. ¿El resultado? Un mes después, orden espontáneo ha emergido en las calles”:

“La gente maneja igual como ha estado conduciendo antes, rompiendo las reglas cada vez que puede", dijo Arnold Shapyro, un taxista de Odessa”.

“La diferencia es que ahora los policías no nos están fastidiando”.

“Para ser sincero, mucha gente está fuera de la ciudad en vacaciones de verano", dice Vadym Chabanov, un mensajero en Kiev, "pero manejarse es mucho menos costoso porque ahora no tienes que preocuparte por algún tonto en cada esquina inventando infracciones para sobornarte”.

Como sugiere Casey Khan en LewRockwell.com Blog, el próximo paso de Yuschenko es privatizar las carreteras al estilo de Walter Block, y como no eliminar todos los medios políticos para que sólo los medios económicos y la libertad reinen en Ucrania.

En cambio aquí, en España, los políticos prefieren insultar a la gente y tratarlos de asesinos en serie.

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sábado, julio 02, 2005

Las soluciones de Maragall al colapso de las cárceles

Según el Minuto Digital:

“…Maragall ha avisado a los ciudadanos que se preparen para un aumento de la delincuencia en Cataluña. Las prisiones y el régimen de sus internos están transferidos y son una competencia que administra la consejería de Justicia. Ante el colapso de las cárceles catalanas, […] para evitar más motines, la Generalidad dará más permisos. Esto, según explicó el miércoles Maragall en la radio RAC-1, ‘supone más delincuencia’.Más>>

Curiosa resolución del problema…

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miércoles, junio 29, 2005

John R. Lott: “A más armas de asalto, menos crímenes”

En un artículo, via Los Angeles Times, el conocido economista John R. Lott, Jr., ha mostrado las últimas estadísticas —extraídas originalmente por el FBI— sobre las implicaciones positivas que tiene acabar con toda prohibición sobre las armas de asalto:

“Cuando terminó la prohibición federal sobre las armas de asalto el 13 de septiembre de 2004, se cría que los crímenes por armas de fuego y asesinatos de policías aumentarían. Sin embargo, los resultados han sido los contrarios.”

“[…] Bien, han pasado nueve meses y ya tenemos las primeras estadísticas. La semana pasada el FBI anunció que el número de crímenes a lo largo del país cayó un 3,6% el año pasado: la primera bajada desde 1999. La tendencia se confirma, los asesinatos siguen disminuyendo una vez expirada la prohibición sobre las armas de asalto.”

“Incluso más. Los siete estados que tienen prohibiciones sobre las armas de asalto han tenido un descenso de asesinatos menor que los 43 estados restantes que no tienen prohibición alguna. Esto sugiere que acabar con la prohibición de armas, realmente, reduce los crímenes. Los estados prohibicionistas redujeron los crímenes en un 2,4%, mientras que los que permiten armas de asalto han reducido la criminalidad en más de un 4%.Más>>

También puedes visitar el Blog de Lott y leer sus artículos y ensayos. Sus dos principales libros sobre el tema son: “The Bias Against Guns” y “More Guns, Less Crime”.

El artículo también ha sido publicado en LewRockwell.com

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domingo, junio 26, 2005

Policía sádico

Richard W. RahnRichard W. Rahn ha escrito un artículo —que ha traducido el CATO— describiendo cuál es la vocación de cualquier sádico: ser policía del estado.

“Para un sádico que odia a la humanidad, el trabajo ideal sería ser jefe de seguridad de los aeropuertos y así:

• Contrataría a gente que le gusta estar siempre dando órdenes.
• Exigiría mostrar la identificación cuatro veces antes de subir al avión, aún sabiendo que esos documentos pueden ser fácilmente falsificados.
• Exigiría a la gente a pasar horas haciendo cola, aunque de antemano se sabe cuántas personas viajarán por cada eropuerto y a qué horas.
• Obligaría a personas en sillas de ruedas, con implantes y marcapasos a pasar inspecciones físicas incómodas y degradantes.
• Confiscaría objetos personales relativamente inofensivos, tales como pinzas, alfileres, tijeras, cortaúñas y permitiría el paso de instrumentos peligrosos en manos de terroristas entrenados.
• Acosaría a los niños, a señoras mayores, a gente enferma y a mujeres atractivas, manoseando a la gente y obligándolos a hacer movimientos difíciles.
• Y finalmente, desperdiciaría el dinero de los contribuyentes con la contratación de personal excesivo que merodea sin hacer nada.” Más>>

Rahn, excelente.

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lunes, junio 13, 2005

Las armas salvan vidas. Nueve ejemplos

John Lott, economista muy versado en el estudio sobre el derecho a llevar armas, nos muestra nueve ejemplos que ocurrieron la semana pasada en los que la tenencia de armas han salvado vidas: “Some defensive gun uses from last week”.

También podéis consultar el interesante site de Oleg Volk: Self-defense: a basic human right. Como apunta en la misma Web Julia Cochrane:

“Me ‘atraen las armas’ porque para una pequeña mujer como yo (1,55 m. aprox.), tener un arma o no puede significar la diferencia entre ser violada y asesinada, o salir ilesa de un ataque para volver a casa con mi familia esa noche”.

“Ser violada una vez ya fue suficientemente duro. No pienso permitirlo otra vez”.

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miércoles, febrero 16, 2005

Alce Negro y la libertad de armas. Un relato en primera persona

Versión nipona del libroEmotivo relato de Alce Negro extraído de "Black Elk Speaks". Esto es lo que ocurre cuando el estado, “para nuestro bien”, nos confisca nuestra capacidad para defendernos y nos convierte en sus sirvientes para su bien:

"After the soldiers marched away, I heard from my friend, Dog Chief, how the trouble started, and he was right there by Yellow Bird when it happened. This is the way it was:

"In the morning the soldiers began to take all the guns away from the Big Foots, who were camped in the flat below the little hill where the monument and burying ground are now. The people had stacked most of their guns, and even their knives, by the teepee where Big Foot was lying sick. Soldiers were on the little hill and all around, and there were soldiers across the dry gulch to the south and over east along Wounded Knee Creek too. The people were nearly surrounded, and the wagon-guns were pointing at them.

Some had not yet given up their guns, and so the soldiers were searching all the tepees, throwing things around and poking into everything. There was a man called Yellow Bird, and he and another man were standing in front of the teepee where Big Foot was lying sick. They had white sheets around and over them, with eyeholes to look through, and they had guns under these. An officer came to search them. He took the other man’s gun, and then started to take Yellow Bird’s. But Yellow Bird would not let go. He wrestled with the officer, and while they were wrestling, the gun went off and killed the officer. Wasichus and some others have said he meant to do this, but Dog Chief was standing there, and he told me it was not so. As soon as the gun went off, Dog Chief told me, an officer shot and killed Big Foot who was lying sick inside the teepee.

Then suddenly nobody knew what was happening, except that the soldiers were all shooting and the wagon-guns began going off right in among the people.

Many were shot down right there. The women and children ran into the gulch and up west, dropping all the time, for the soldiers shot them as they ran. There were only about a hundred warriors and there were nearly five hundred soldiers. The warriors rushed to where they had piled their guns and knives. They fought soldiers with only their hands until they got their guns.

Dog Chief saw Yellow Bird run into a teepee with his gun, and from there he killed soldiers until the teepee caught fire. Then he died full of bullets.

It was a good winter day when all this happened. The sun was shining. But after the soldiers marched away from their dirty work, a heavy snow began to fall. The wind came up in the night. There was a big blizzard, and it grew very cold. The snow drifted deep in the crooked gulch, and it was one long grave of butchered women and children and babies, who had never done any harm and were only trying to run away.

And so it was all over.

I did not know then how much was ended. When I look back now from this high hill of my old age, I can see the butchered women and children lying heaped and scattered all along the crooked gulch as plain as when I saw them with eyes still young. And I can see that something else died there in the bloody mud, and was buried in the blizzard. A people’s dream died there. It was a beautiful dream.

And I, to whom so great a vision was given in my youth – you see me now a pitiful old man who has done nothing, for the nation’s hoop is broken and scattered. There is no center any longer, the sacred tree is dead."

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sábado, noviembre 20, 2004

Las leyes más estúpidas

Juan Fernando Carpio ha creado un post llamando "Los 10 impuestos más estúpidos" (genial). Me ha recordado una página llamada Dumb Laws que contiene las leyes más estúpidas de muchos países. La página no ha contabilizado las españolas aún (tal vez la razón estriba en que habría llenado su servidor con capacidad para varios terabytes). Algunos ejemplos de estas leyes en Estados Unidos y Europa son:

En Alabama:

  • No se puede jugar a dominó el domingo.
  • No se puede llevar un bigote postizo que cause risas en la iglesia.
  • Poner sal en las vías del tren se puede castigar con la pena de muerte.
  • Los hombres no pueden escupir delante de las mujeres.
  • Prohibido vender cacahuetes después del atardecer de los miércoles en Lee Country.
  • Más>>

En Nueva York:

  • Prohibido pasear con un helado de cucurucho en el bolsillo (pero sólo) los domingos.
  • No se podrá salir mientras se lleva una chaqueta y pantalones que no hagan juego.
  • Las mujeres podrán practicar el top less en público siempre y cuando no sea con fines lucrativos (esta tiene narices!!).
  • Es ilegal comer en los lugares residenciales, y la única bebida permitida en la playa es agua que esté dentro de una botella de plástico transparente (esta ley pertenece a Ocean City, a unos 300 Km de NY).
  • Mas>>


Pero hay de mejores en Europa. (Sin mencionar las de la Constitución Europea).

En Francia:

  • Entre las 8 de la mañana y las 8 de la tarde el 70% de la música ha de ser de artistas franceses (no creo que sorprenda a nadie esta ley).
  • Está prohibido besar a alguien en el ferrocarril (te has de despedir de tu novia dándole la mano).
  • Ningún cerdo puede ser llamado Napoleón por su dueño.
  • Prohibido fotografiar policías o a sus vehiculo incluso cuando salgan en segundo plano.
En Alemania:
  • Una almohada puede ser considerada como una arma "pasiva".
  • Está prohibido llevar máscaras.
  • En toda oficina se ha de poder ver el cielo, "aunque sea poco" (!).

En Dinamarca:

  • Intentar escapar de la prisión no es ilegal, sin embargo, si se le atrapa tendrá que cumplir el resto de la condena.
  • Nadie puede poner en marcha su vehículo si hay alguien debajo de el.
  • Si se le cala su vehículo y sale del mismo, ha de señalarlo con un triangulo rojo reflectante. Este triangulo es obligatorio sólo en caso que se cale el vehículo. (si le revienta el motor no hace falta).
  • Los restaurantes no cobrarán por el agua a menos que no esté acompañada con algo más, como hielos o un trozo de limón.
  • Más>>
En Suecia:
  • Mientras que la prostitución es ilegal, es legal usar el servicio de la prostitución.
  • Está prohibido repintar tu casa sin una licencia del gobierno que lo permita.

En Noruega:

  • No puedes castrar a tu perro o gato, pero si a cualquier otra especie. (No dice nada de los hombres).
  • Las bebidas que contengan más de 4,75% de alcohol no pueden ser vendidas en época de elecciones.

En Finlandia:

  • Los taxistas han de pagar derechos si ponen música en su coche cuando llevan a clientes.

En fin… ya sabéis, a cumplir la ley… jaa!!!

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